27: Mi Revolución II

Fic Twc / Toll escrito por being_destroyed

Capítulo 27: Mi Revolución (P.2)

30/07/09

Ashley

Una hora de tormenta.

Tres cuartos de hora bebiendo tequila. ¡Ay, mamita!

Llevábamos poco menos de la mitad de la botella bebida a base de trago y trago y yo ya empezaba a no ver ni dónde tenía el morro la botella, para atinar el siguiente trago. Incluso Dawn, que era mayor que yo, estaba fatal. Se estaba riendo por todo y soltaba tonterías todo el rato. Más que bebida parecía que iba fumada de la mejor maría de todo el planeta.

-A veces me pregunto qué vi en Bill… – dijo, en un momento de reflexión profunda. Reflexión de emporrada, claro.

-Yo llevo una temporada que pienso que Bill era una tapadera a mi lesbianismo. Porque sino, no le encuentro otro sentido. Bill, es una bella muchacha. – ¡Toma sinceridad! ¡Pa’ tu body!

La risa de Dawn me dejó prácticamente ensordecida ante mi comentario. No sólo le estaba haciendo gracia, si no que el alcohol es un método fantástico para hacer reír a una mujer.

-¡Y que lo digas! Incluso follaba como una mujer, casi… Me refiero, he estado con muchos tíos, y este es el que menos me ha follado como un hombre. Es mucho más…

-…Delicado. – terminé la frase por ella. – Y que lo digas. Pero ya te he dicho, a mi eso me gusta… Yo creo que a mi es quien le gusta tomar el control, y Bill parece muy controlable. – fue una mentira piadosa, no quería decirle que Bill conmigo había sido mucho más rudo, pero apuesto lo que sea a que era porque en aquellos momentos el tema de Tom estaba empezando y se estaba cuestionando su hombría. Me utilizó para sentirse más macho. Y se comportó como un macho conmigo. Aunque lo que acaba de decir ella, es tal y como me imaginaba a Bill, mucho más sumiso.

-Wuoo… Así que tú eres la dominante en una relación. – dijo, encendiéndose otro cigarro. – ¿De verdad crees que eres lesbiana? – y me miró a los ojos durante un instante que se me hizo eterno.

-Sí, yo que sé… Igual esta obsesión es solo porque quiero asegurarme. – dije, lo más serena posible, en cambio ella tenía una sonrisa pintada en la cara todo el rato, estaba claro que estaba muy necesitada de un buen trago la muchacha. – Yo que sé, yo sólo quiero olvidarme de Bill. – hice un brindis al aire y le pegué un trago increíble a la botella. – Aaaarrrggg… – qué carraspera. Qué caliente.

-Amén hermana… – dijo, chocando el puño conmigo. – que sepas que si no estuviera borracha, esta conversación sería imposible… – y casi no pudo acabar al frase de la risa que le volvió a entrar. Yo me contagiaba de ella y poco a poco veíamos como la botella iba bajando de peso, porque todo el líquido estaba metiéndose en nuestro cuerpo. – Y mañana nos vamos… ¡Vaya resssshhaaaacaa que voy a tener! – dijo, tapándose la cara.

-¡Y qué lo digas! Voy a tener que rescatar las gafas de sol… – de pronto la observé abanicarse con la mano, porque prácticamente estaba empezando a sudar por culpa del alcohol, y sin siquiera pensárselo, se quitó la sudadera, quedándose en una camiseta de tirantes.

-Oye espera, volviendo a lo de antes. –y de pronto se puso seria, pero seria borracha claro, como cuando intentas fijarte en un punto fijo en la pared, y éste se mueve porque tu sentido de la visión empieza a flojear y a hacer que todo se mueva lentamente. Pues esa cara tenía. – ¿Has hecho algo con alguna mujer? – me preguntó, robándome la botella. Primero la miró y vio que apenas quedaba un cuarto de la botella. Puso cara triste y después se encogió de hombros. Qué mal que iba la pobre…

-Nah… cuatro besos tontos. Jamás he pasado de la primera base. – Iba a continuar pero Dawn se incorporó de golpe, algo alarmada.

-Un momeeeeento… Si yo he estado con Bill, quiere decir que ¿¡también soy lesbiana?! – prácticamente bizqueaba al mismo tiempo que miraba al horizonte. – Claro, porque si Bill es una bella muchacha, a mi me ha gustado una bella muchacha… – repitió el mismo adjetivo que había usado yo hacía un rato, pero parecía que se lo estaba preguntando realmente.

-JAJAJAJAJAJAJAAJJAAJJAJA- no pude evitar empezarme a reír como nunca antes. – ¡Dawn, vas demasiado borracha! – dije, tapándome la boca casi cayéndome de boca encima de ella, perdiendo el equilibrio. Me serené antes del impacto y me volví a erguir enseguida.

-Sht, no digas eso. Esto es muy serio. – frunció el ceño, mientras se aguantaba la risa, y se puso el dedo índice en la boca, indicándome que me callara. –Ui mira, a esto le quedan dos tragos… ¡O uno muy largo! – Dawn empezó a beber lo más deprisa que pudo.

-¡EEEH! ¡Déjame un poco! – fui a cogerle la botella, pero del forcejeo se le calló todo por la barbilla y el escote.

-Ups… mierda, lo siento. – dijo, mientras dejaba la botella encima de la mesita de noche. De pronto se me pasó una idea por la cabeza, y tenía que hacerla, porque aquella… era la excusa perfecta.

Me incliné poco a poco hacia ella sin mirarle a los ojos. No sé porqué lo estaba haciendo tan lentamente porque me podría apartar de un guantazo, pero parecía que eso no ocurría. Cuando el olor alcohol se hizo muy intenso saqué la lengua y le lamí la parte central del pecho, justo ese punto donde si bajaba un poco más la lengua, llegaría al canalillo. Pude notar que estaba aguantando la respiración pero yo sólo me dediqué a acomodarme. Sin dejar de lamer todo el tequila que se había derramado por encima del canalillo, pasé una pierna a cada lado de sus muslos y fui ascendiendo con la boca hasta llegar a su barbilla. Cuando el tequila hubo desaparecido de ahí fui pegando pequeños lengüetazos por la comisura de sus labios, donde aún había algo de esa mágica bebida transparente.

Decidí no pensármelo mucho más y la besé. Primero le di un beso casto y simple, pero después le puse las manos en las mejillas y la atraje un poco hacia mí. Dawn simplemente no se quejaba, pero tampoco parecía cooperar mucho. ¿Se habría dormido?

Como medida desesperada, le mordí el labio inferior y entonces abrí los ojos, viendo que ella ya los tenía fijos en mí. Alcé una ceja y después me separé de ella.

-Aún te queda un poco más de tequila aquí… – me lamí el labio superior, lo más sexy que pude, y le señalé con el dedo ese trozo de escote que no me había atrevido a lamer. – ¿Puedo…?

Dawn se dedicó a asentir lentamente, mientras notaba que esta vez, si su respiración se había quedado totalmente parada, ahora era cada vez más profunda y sonora. Puse las manos en sus caderas y fui subiéndole la camiseta hasta que dejó a plena vista un sujetador completamente negro. Le subí la camiseta al tope y hundí prácticamente la cara entre sus pechos. Pude notar como Dawn se elevaba un poco y tiraba la cabeza hacia atrás, emitiendo un pequeño gemido.

Casi no había tequila porque ya me lo había bebido todo, pero ahora sólo me dedicaba a lamerla a ella. Le acariciaba las caderas con un poco de delicadeza, pero eso me estaba poniendo nerviosa. Ya tenía ganas de oírla chillar.

Parecía que mis gestos conseguían tener efecto ya que de golpe, se incorporó un poco haciendo que yo me separara de ella y se acabó de quitar la camiseta. Nos miramos un instante donde yo acabé sonriendo y después me besó.

Nos besamos con bastante salvajismo, usando nuestras lenguas suciamente y mordiéndonos mutuamente los labios. Las manos de Dawn me acariciaban el pelo suavemente y yo volvía a deslizar mis manos por sus caderas, elevándolas un poco.

Llegué casi sin querer al cierre del sujetador, y con un pellizco, y sin preguntar, lo acabé desabrochando. Para mi sorpresa, Dawn se separó de mi apenas para sacárselo y tirarlo al suelo junto con su camiseta.

Tuve que volver un poco en mí, me separé de ella, mirándole a los pechos directamente. No sé si era lesbiana o no, pero noté una pequeña descarga en mi parte mas íntima que me sacudió de arriba abajo. Le atraje hacia mí haciendo presión con una mano mientras que con la otra le cogí un pecho y se lo acaricié. Pasé la yema de mi pulgar por su pezón y noté como esta se lamía los labios. Llevé mi lengua hacia allí y me divertí un rato.

Los gemidos de Dawn me estaban poniendo a cien y estaba haciendo que el calor y el alcohol me volvieran irremediablemente a la cabeza.

Bill

Se volvió a abrir la puerta y mi cabeza se giró enseguida. Esta vez no pude contenerme sólo observando y dejé a Georg con los niños, levantándome enseguida para ver cómo estaba Tom.

Llegué y aún así tuve que esperarme a saliera de la cocina donde estaban dejando todos los trastos que estaban intentando rescatar del malísimo tiempo de fuera.

-Oye, ¿tenéis que volver a salir? – dije, casi tan preocupado como cuando mi madre me veía jugar fuera en el jardín y estaba lloviendo. Era un miedo estúpido porque como máximo me iba a resfriar, pero ya era una idea que me desagradaba.

Lo observé de arriba a bajo, estaba muy empapado y con trapos de cocina se intentaba secar la cara y el pelo. Estábamos saliendo fuera y me contestó.

-No no, menos mal. Aún queda toda la estructura del escenario con las tablas de madera y el soporte de metal, pero eso lo dejaremos ahí porque no se estropeará. – se puso a mirar el comedor, e hizo un repaso general de todo. – ¿Cómo ha ido todo por aquí? ¿Algún desmadre? Ningún niño ha tenido miedo de los relámpagos ni nada de eso, ¿no? – lo miré risueño, sabiendo que en el fondo, aunque a Tom no le gustara este sitio, se preocupaba y mucho. Tenía esa madera de profesor, y sobre todo de niños pequeños.

-No no, todo ha estado bien. – después me fije con toda la camiseta empapada hasta arriba, que iba goteando allá por donde pisara. No me lo pensé dos veces y le cedí la sudadera que llevaba encima. Habíamos tantos ahí dentro que aunque sí refrescaba un poco, se notaba el calor humano y no me hacía mucha falta. – Ten por dios, quítate eso antes de que te resfríes.

-Madre mía, hablas como mi padre cuando era pequeño. – se escurrió la camiseta ahí mismo, y se dispuso a quitársela. ¿pero qué coño? ¿Ahí en medio? No pude evitar mirar a todas partes y las chicas de instituto se hacían golpes las unas a las otras para que se fijaran en él. Me cago en la puta, ¡que es mío!

Cuando me giré a decirle algo, me quedé mudo. Ya lo había visto cientos de veces sin camiseta, pero todas y cada una de ellas me acaba dejando mudo. Tenía la camiseta entre sus manos y hacía fuerza con sus brazos estrujándola, haciendo que todo el agua cayera al suelo. Tenía todo el torso empapado y aunque estábamos a oscuras, las luces de las linternas (que más de una usaba para alumbrarle directamente), hacía que le brillara todo. Después se pasó la prenda por el cuerpo intentando eliminar toda el agua posible de su torso. Volví a la realidad.

-Tom por dios, date prisa que te están haciendo un repaso por todas partes. – Le tendí la sudadera bien alto, intentando taparle al máximo. Este simplemente se rió y la cogió de un tirón, con un aire bastante de burla.

-Oh vamos, ¿no quieres que nadie me vea? – se la estaba poniendo muy poco a poco.

-Joder Tom, no me hagas esto. Pues no, no quiero. – su risa burlona me estaba poniendo enfermo, por un lado porque quería que se pusiera de una vez la sudadera, y por otro porque rezaba por poder quitársela a mordiscos.

Se la acabó poniendo y luego me guiño un ojo.

-¿Contento, baby?

Asentí duramente y luego sentí un escalofrió. Mierda, parece que sí que me era necesaria esa sudadera. Pero bueno daba igual, prefería que la tuviera Tom antes de que incubara algo. Me froté los brazos para darme calor e intenté encaminarme a donde estaba antes, trayéndome a Tom conmigo. Pero este me paró en seco.

-Oye oye, ¿tienes frio? – me miró, con el ceño fruncido.

-¿Eh? Ah, no no… No te preocupes. – él supo que mentía.

-Oye esto es ridículo, te voy a devolver la sudadera.

-Que no que no, quédatela. – insistí, parándole las manos que ya se las iba a llevar a la sudadera, para quitársela.

-No mejor, vamos en un sprin hacia el edificio de profesores, que ahí yo tengo mi habitación, aunque no la use. Igual hay ropa vieja o le puedo pillar algo a mi padre, aunque no me haga mucha gracia. – dijo, muy serio. Aunque de pronto le cambió la cara. – ¿Y sabes qué más podemos hacer…? – y me guiñó un ojo.

De pronto la respiración se me cortó y nada más que pude poner cara de travieso y niño salvaje. Oh joder, claro que sabía que podíamos hacer. Asomé la lengua entre mis dientes y asentí lentamente. Le hice señales a Georg de lejos de que nos pirábamos y este simplemente asintió, riéndose. Miré por el comedor pero no vi a Ashley, ¿dónde debe de estar?

Tom fue a hablar con su padre y este le dejó las llaves de su cuarto y después se vino conmigo. Cogimos uno de los paraguas que habían usado, aunque no habían sido demasiado efectivos y salimos corriendo debajo de él. El edificio de las habitaciones no estaba lejos así que en menos de un minuto ya estábamos en la puerta, abriéndola.

Dejamos el paraguas en el suelo y Tom me indicó que me fuera al final del pasillo, y que esperara enfrente a la penúltima habitación, que esa era la suya. Mientras él, entraba en la habitación de su padre y pillaba las otras llaves.

Se acercó poco a poco a mí, e incluso antes de siquiera intentar entrar, ya me estaba besando febrilmente. Me agarró los muslos y me empotró contra la puerta, después, aguantándome con una sola mano, abría su puerta y nos metía dentro.

Me tiró encima de la cama y no tardó en quitarse la sudadera. Otra vez me quedaba embobado mirándole los abdominales.

-¿Te he dicho alguna vez las ganas que tengo de untarte chocolate ahí y limpiarlo con la lengua? – dije, mientras me erguía un poco, y le pegaba un lametón casto y húmedo.

-Humm… – gruñó. – Cuando quieras.

Ashley

Las dos estábamos sólo en bragas y nos devorábamos la una a la otra, era increíble lo bien que estaba respondiendo Dawn, y me hizo incluso plantearme el hecho si realmente yo estaba celosa de Bill pero porque él estaba con Dawn, y no al revés.

Se dejaba hacer todo y yo estaba dominando todo el rato. Le paseaba mi lengua por todas partes y ella sólo me pedía más.

-Mañana será divertido acordarnos de esto… – le dije, prácticamente besándola, labios con labios. La vi soltar una sonrisa traviesa y después se tapó la cara.

-No dejes que llegue mañana. – no sé porqué, pero esa frase me inundó el pecho. Era como si en un par de palabras ella me estuviera encomendando a mí una misión. El peso recaía sobre mí al igual que su confianza. Me estaba pidiendo que este momento fuera eterno. La separé las manos de su rostro y luego la besé dulcemente.

Abandoné sus labios y fui descendiendo poco a poco por su cuello, dando mordiscos. Bajé y bajé hasta encontrarme de nuevo con sus pechos, con algún que otro chupetón que tenían pinta de permanecer ahí al menos una semana. Le mordí ligeramente un pezón y esta gruñó de gusto.

Continué bajando y bajando y lamí la parte central de su barriga hasta llegar al ombligo.

-No sé cómo hacer que mañana no llegue nunca, pero si puedo hacer que recuerdes este momento para siempre. – le puse las manos en ambos lados de su ropa interior y se la fui quitando poco a poco. La respiración entrecortada de Dawn hacía que acelerara más las cosas y cuando conseguí retirar la prenda, la tiré al suelo. La observé atentamente. – Madre mía, te lo hacía mil veces… – y sin esperar respuesta a eso, le fui separando las piernas y tirando de ella con rudeza hacia mí.

Pasé un dedo por su zona y estaba completamente empapada. Con sólo el tacto, Dawn empezaba retorcerse. Jamás en la vida había hecho lo que estaba haciendo ahora, pero no debía de ser muy difícil, ¿no?

Me acerqué lentamente y sin pensármelo mucho le pegué un lengüetazo que hizo expirar a Dawn fuertemente, mientras apretaba las sábanas cerrando sus puños.

Lo que me esperaba es que supiera peor, así que me fui relajando. Continué con pequeñas y profundas lengüetadas mientas la oía suspirar y gruñir una detrás de otra.

Me separé un poco y decidí meter un dedo embistiendo suavemente con él.

-Dios… – la escuché. Volví a usar mi lengua, sobre todo por el clítoris con un movimiento frenético mientras la penetraba, esta vez con dos dedos.

Estuve un rato lamiendo y paseando mi lengua por todas partes, notando que la mandíbula empezaba a doler. De pronto empecé a succionar y esta vez Dawn empezó a chillar. Dios dios dios dios. Aumenté el ritmo porque sabía que ella estaba apunto de llegar, y tanto fue así, que Dawn me apretó la cabeza contra su coño, haciendo mucha más fricción. Empezó incluso a levantar las caderas un poco, involuntariamente, y yo aproveche para introducir un tercer dedo, y a succionar más fuerte.

-No pares, no pares, no pares… – dijo entre gemidos, haciendo casi imposible de entender lo que me estaba pidiendo. Suerte que el contexto lo era todo.

Al cavo de unos instantes, Dawn se puso a chillar y luego aflojó la fuerza de su mano en mi cabeza. Peinándome el pelo lentamente, como indicando que no parara pero que bajara la velocidad. Cuando estuvo del todo, me hizo un gesto y se acurrucó un poco, respirando fuertemente y con todo el cuerpo brillante del calor.

Sonreí de puro gozo y me limpié la boca con la mano, eliminando rastros de flujo y saliva que empezaban a chorrear.

-¿Eterno? – dije mientras e levantaba y me iba al baño.

-Eterno… – oí de fondo.

Cuando llegué al baño me miré durante un instante, viéndome reflejada pero sin verme a mi misma. ¿Era Ashley de verdad la que estaba en el espejo? ¿Una Ashley que se acababa de ¿tirar? al pivonaco más brutal de toda la puñetera universidad, y del campamento ahora mismo? Sí, esa era yo…

Sonreí y negando un poco con la cabeza, me agaché a coger agua del grifo. Me la metía en la boca, hacia gárgaras y luego la escupía. Así unas tres veces hasta que de qué poco no me di contra el grifo por un respingo que pegué. Dawn me estaba tocando el culo y se había inclinado encima mío besándome la espalda.

Sonrí al notar y eso y me giré poco a poco.

Dawn me besó en cuanto estuvimos frente a frente y me subió encima del mármol de la pica. Noté sus manos metiéndose por dentro de mis bragas y prácticamente sin tantear, me metió un dedo. Tiré la cabeza hacia atrás con un gemido y finalmente me recosté sobre el cristal, cerrando los ojos y sintiendo todo lo que me estaba haciendo.

Bill

Nos habíamos metido en el baño. Mis piernas rodeaban por enésima vez las caderas de Tom mientras este me follaba contra el espejo, yo subido encima del mueble de la pica del baño. Cada embestida hacía que temblara todo el mueble de las toallas, y prácticamente cualquier cosa con patas que estuviera cerca. Cada vez me gustaba más sentir a Tom haciéndome estas cosas, la sensación que tenía no se parecía para nada a la de estar metiendo yo la polla en ningún sitio, era totalmente distinto. Era… Dios, una pasada.

Mario tenía toda la puñetera razón.

Me dedicaba a dejarme marcas por todo el cuello, y por el pecho dejando claro que ese pedazo de carne, tenía ya un dueño. Tom no hacía más que reírse de la situación.

-¿Quieres que te de más fuerte? – dijo entre dientes, como si fuera una bestia salvaje que quisiera devorarme.

-Dame más fuerte… – puse mi mano en su nuca y tiré de él mientras que con la otra mano hacía presión en su culo para que me diera más al fondo. – DIOS… – dije, sintiendo absolutamente todo y más. Estaba siendo la hostia. – ¿Cómo puedes follar tan bien?

Tom me miró directamente con una mirada socarrona.

-¿No esperabas que follara tan bien? – alzó una ceja mientras me seguía penetrando con fuerza.

-La verdad es que sí, no esperaba menos… – dije, riéndome.

De pronto, Tom cambió el semblante y se irguió un poco, parando sus movimientos. Lo miré desconcertado pero enseguida puso un dedo en mi boca, indicando que me callara. Lo vi mirar a la nada y como a prestar atención a algo. Me callé y yo también me puse a escuchar.

De pronto unas risitas y unos gemidos se escucharon al otro lado de la pared.

-¿Qué coño…? – dijo Tom, sonriendo. – Vaya baby, me da que no somos los únicos que nos lo estamos pasando bien… – puso una risa de lado y después se acercó cada vez más a la pared. – Bueh, debe de ser Erika… Creo que después de yo, es la que más pilla cacho en todo el campamento. Espera espera. – si hubiera podido atravesar la pared, lo habría hecho, porque cada vez se acercaba más y más al espejo, prácticamente tapándose la oreja de lo cerca que estaba. – La madre que la trajo… ¡Está con una tía! – y se alejó del cristal con la mano en la boca, y riéndose escandalosamente. – ¿Las oyes? ¡Son dos chicas! – Tom parecía no poder ni creérselo -¿Bill Bill, vamos y les pedimos una orgia? – la mirada se le iluminó y realmente me pareció que lo decía enserio.

-¿Estás de coña? – Por la cabeza se me pasó una imagen en la que estaban dos tías buenorras encima de Tom, y yo me dedicaba a observar cómo se lo comían entero. Oh vamos, ni de broma. De pronto escuchamos chillidos de al otro lado del cuarto, lleno de gemidos y de “no pares no pares”. La verdad es que me estaba imaginando cosas muy sucias, y eso me estaba poniendo malo. Pero después me acordaba de que era Erika, y se me cortaba todo. –A demás, por ahí parece que ya están acabando…

-Oh vamos, les picamos a la puerta sólo en ropa interior en plan “Mmm.. alguien ha pedido un par de pollas para dos princesas?” y nos las tiramos Bill. – Tom estaba delirando y yo tenía ganas de partirle la cara.

-¿Me estás diciendo que te da igual que me tire a otra tía? ¿Te da igual que me toque el culo y todo lo que quiera? ¿Me estás diciendo que te da igual que a mi me parezca bien que te tires a otra, delante mío? – me bajé del mueble y empecé a buscar mis cosas. Esto estaba siendo demasiado.

-Eh espera espera, yo no lo veo así. ¡Yo estoy viendo un rato divertido, Bill! Tú y yo nos lo montamos, ellas se lo montan, después intercambiamos un rato y después volvemos tú y yo… – pasaba olímpicamente de sus mierdas excusas que no hacían más que estropearlo más. Ya me estaba poniendo el pantalón cuando me entraron una ganas enormes de fumar. – Bill, espera joder. ¿Dónde vas? – me vio salir de la habitación, y la última vez que lo vi antes de dar un portazo fue él intentando vestirse también. Llegué al principio del pasillo, y me encendí un cigarro.

Tom

Joder joder, la he liado un montón. Empecé a buscar mi ropa desesperadamente y en cuanto encontré los calzoncillos me los puse. Después me puse los pantalones que aún seguían bastante húmedos y me dispuse a salir por la puerta.

La madre que me trajo, sólo a mí se me ocurre proponerle algo a éste, que me acababa de echar la bronca por haberme quedado sin camiseta en el comedor. Salí disparado a la puerta.

-Bill espera yo no que…- no acabé de decir la palabra porque me quedé mudo. De la puerta de al lado acababa de salir una chica con una camiseta de tirantes puesta, y unas bragas nada más. Esta me miró con los ojos abiertos, prácticamente como si hubiera visto un fantasma. – Dawn… – dije, casi sin pensar. Enseguida escuché un “¡¿Qué?!” de fondo, que anunciaba catástrofe.

Bill se acercaba a pasos agigantados con el cigarro recién encendido. De pronto vi como su rostro empezaba a crisparse por momentos.

-¿Dawn…? ¿Qué coño…? – la miraba con una cara rara. Al cabo de un instante le empezó a apartar el pelo del cuello, como si fuera un trapo sucio. Los dos vimos cómo éste estaba lleno de chupetones y pareció no gustarle nada a Bill. ¿Y ahora que mierdas le pasaba? Lo vi acercarse peligrosamente a ella y ésta simplemente se quedó tensa. Empezó a olerla y puso cara de asco. – Apestas a alcohol… – de pronto Dawn, hizo una risilla, y se tapó la boca, claramente aún estaba bajo los efectos de aquella substancia. – ¿Y con quién…? – puso cara de enfadado pero de pronto todo el mundo se volvió negro en su rostro. Se quedó pálido y prácticamente podíamos oír sus latidos a mil por hora. Dijo una palabra que a mi también me dejó algo inquieto. – …Ashley.

Bill apartó a Dawn y casi se cae, teniéndola que coger yo. Ésta pareció algo desconcertada pero enseguida se puso a seguir a Bill que se había metido dentro de la habitación.

-¡Bill, ¿qué haces?!

-¡ASHLEY! ¡ASHLEEY!– se puso a gritar furioso, buscándola dentro. La encontramos con la cara de estar muy sobresaltada, también vistiéndose. Pero en este caso, ella había empezado por abajo, yendo prácticamente como nosotros, pero con sostén.

-Bill…- dijo enseguida. Después reaccionó a su cara. -¿Bill, qué pasa?

Bill

¿Que qué pasa? ¿Que qué pasa? ¡¡NO LO SÉ!! ¿Porqué coño me estoy poniendo tan de los nervios? Está claro que le di mi consentimiento para esto, pero… ¿así?

-¿De verdad, Ash? ¿Alcohol? – dije, señalando la botella de tequila que estaba encima de la cama. – ¡¿Has emborrachado a mi ex para tirártela?! – no pude evitarlo y le pegué un empujón, aunque tenía mil ganas de partirle la cara, pero no podía. Básicamente porque me habría podido. En aquel momento intervino Tom.

-¡EEHH! ¡EEH! – de repente me agarró de la cintura y me apartó de ella, como si fuéramos a empezar una pelea. – Más vale que ni se te ocurra intentar nada. – me dijo, con voz de cabreado.

-Tú déjame en paz. De hecho puedes aprovecharte también de Dawn que aun sigue bastante borracha y te la tiras, ya que echas tanto de menos un coño. – dije pegándole un codazo en la barriga, separándome de él, con asco. Aquellas palabras me salieron sin querer, pero estaba tan cabreado que todo lo que decía era fruto de mi odio hacia el mundo en esos momentos.

-Serás gilipollas, yo no me he aprovechado de ella. – Saltó Ashley, y me pegó una bofetada. Me giró la cara y me dejó mirando hacia mi ex, que estaba tapándose con la manta y empezando a llorar. Me olvidé del resto de la habitación y de aquellos que estaban dentro y me acerqué a ella, dándole un abrazo. Esta, se quedó tiesa, sin saber qué hacer.

-Dawn, ¿estás bien? – y la miré a los ojos, poniéndole las manos en las mejillas. Algo en mi interior sentía como si me la hubieran violado. No esperaba que Ashley usara el truco del alcohol con alguien que lo está pasando mal porque lo acaba de dejar con su ex. Dawn me miró seriamente y asintió.

-¿Pero tú eres tonto? – La mano de Ash me tiró del hombro y me obligó a mirarla. – Bill, que esto ha sido solo, te lo juro. Ni lo he planificado, ni la he obligado a nada. ¿Porqué mierdas te estás poniendo así? – Ashley me miraba desconcertada.

-Porque quedamos en que si le hacías daño, te mataba. – le solté, con voz temblorosa. No sabía muy bien porque me estaba afectando todo tanto, pero estaba con los nervios a flor de piel. – Y lo siento, pero emborracharla es caer muy bajo.

-Bill, oye al principio hablábamos de ti, ¿vale? – ahora era Dawn la que intentaba intervenir – encontramos la botella de tequila, y hacía bastante frío, así que simplemente empezamos a beber… Se me derramó el tequila encima y… – su voz se tornó de broma, y se mordió el labio mientras miraba a Ashley, que le devolvió a la sonrisa.

-Putas borrachas… – dije, soltando a Dawn. Empecé a buscar el cigarro desaparecido y de pronto lo vi en el suelo, consumiéndose. Lo agarré y me puse a fumar mientras ordenada mis pensamientos.

-Bill, si yo no hubiera querido nada, no habría dejado que pasara. – me temblaba la pierna y no paraba de sacudir el pie en un claro tipo de tik nervioso.

-No me sirven tus palabras ahora, estás borracha.

-Me la pela que no te sirvan, imbécil. – la miré, desconcertado. – Tú y yo ya no somos nada y si lo que te preocupa es la lealtad de tu amiga, plantéate un poco tu situación hace un par de semanas.

-¡Y dale! ¡Todo el mundo con lo mismo! ¡Que ya lo sé! – dije, exasperado. – No hables sin saber, vale ¿Dawn?, Ashley y yo hablamos hace un par de días sobre esto vuestro. Y me pidió permiso por la lealtad de colegas. – notaba como Ashley se estaba poniendo colorada por momentos.- y le dije que no me importaba siempre y cuando no te hiciera daño. ¡Por el amor de dios, te ha utilizado! – dije, señalándola. – Me acabas de decir que hablabais de mí. Seguro que hablabais de lo bien que follo, ¿no? ¿O igual os quejabais de mi? ¡Compartiendo penas! ¡¡Lo acabamos de dejar, por el amor de dios!! Que yo sepa, la gente de mierda se aprovecha de las chicas en esa situación porque son más fáciles. Pero es que no es sólo eso, es que la has emborrachado. – y eso último lo dije mirando a Ashley fríamente.

-¡Bill, que no hemos abierto el alcohol para poder follármela más facilmente, ¿vale?! Lo hemos abierto porque nos estábamos helando de frío y sabíamos que meternos la botella evitaría que muriéramos por congelación. ¡QUE YO NO QUERÍA QUE ESTO PASARA ASÍ, JODER!

-Debiste parar. Y no lo hiciste. – dije secamente. Me levanté y tiré la colilla al váter. Cuando quise ser consciente del resto del mundo, un portazo ensordecedor me devolvió a éste de golpe.

Salí corriendo del baño y vi que la habitación en la que estábamos seguía abierta, y corrí a la habitación de Tom, que también estaba abierta. Entré y lo busqué por todas partes pero no había rastro de él, ni del resto de su ropa. Me calcé rápidamente y me puse la camiseta.

Las dejé dentro de su habitación y salí corriendo a la calle. Me encontré con la sorpresa de que fuera, apenas estaba chispeando, haciendo que pareciera mentira, el infierno de agua y piedra que acababa de caer hacía una hora. El comedor ya tenía luz y no sólo eso, si no que de ahí venía un fuerte olor a comida. Miré la hora, y marcaba que ya eran las diez de la noche.

Entré dentro, buscando a Tom, y lo encontré bastante feliz, hablando con una chica de mi clase, pero antes de que pudiera ir y asaltarle, apareció Georg delante de mí.

-Eh tío, ¿qué coño está pasando? – Georg me cogió de los hombros y me hizo que lo mirara directamente a los ojos. – Algo muy gordo está pasando y nadie me lo vais a explicar ¿o que? Acaba de llegar Tom, hecho una furia y le he ido a preguntar qué le pasaba y me ha dicho que ni te acercaras a él, y que te preguntara a ti. Y después me ha dicho que llamara a Ashley para decirle que era la hora de cenar, y que vinieran ya. ¿Vinieran? ¿Cómo que vinieran? ¿Con quien está? – por un instante se me olvidó seguir escuchando a Georg después de la frase “Ha dicho que ni te acercaras a él”, pero su tono de desesperación después de saber que Ashley estaba con alguien en un sitio que ni sabía, me hizo sentir tan mal por él, que casi me puse a llorar ahí mismo. Lo miré fijamente.

-Ven, vamos a recoger la cena y te lo explico antes de que llegue ella. ¿La has llamado? – dije mientras Georg y yo nos dirigíamos hacia la estantería de bandejas. Por el rabillo del ojo observaba como aquella zorra seguía hablando con Tom, y éste se ría con ella, a saber de qué.

-Le he enviado un mensaje, tenía miedo de que al llamarla sonara demasiado nervioso o algo así. No me ha respondido aún. ¿La llamo…?

-No no, lo leerá, créeme. – buscamos un sitio y desgraciadamente lo más alejado de Tom era una mesa en la que jamás habíamos estado y que la vez que más próximo habíamos estado a la mesa de profesores. Y aún estando tan cerca, que podría lanzarle el tenedor y darle en un ojo, me puse mirando hacia él. No lo pude evitar. Sentía que tenía que controlarlo.

Nos sentamos y Georg suspiró fuertemente.

-¿Qué ha pasado, Bill? – su tono de pánico fue sustituido por uno muy serio y prácticamente triste. Miré el plato de comida y lo removí entero hasta que volví a fijarme en sus ojos.

-Georg, olvídate de ella. – dije muy seriamente. Jamás en la vida pensé en decirle algo así y de esa manera, pero no le veía otra posibilidad. Georg me miró extrañado. – Hace… cosa de un par de días, Ashley mencionó la gilipollez de que creía que al final acabaría siendo lesbiana. – dije casi riéndome de ello. Georg alzó una ceja.

-Ya bueno, me lo ha dicho más de una vez eso. – dijo, seriamente.

-¿Enserio? – la verdad es que no me esperaba que esto lo hubiera comentado con más gente. – El caso es que… Bueno, Tom y yo cuando nos hemos ido, nos hemos metido en el baño de su habitación en el edificio de los profesores, a… bueno, ya sabes a qué. Y de pronto oímos algo que provenía del otro lado de la pared. Y digamos que lo que oímos, era bastante parecido a lo que estábamos haciendo nosotros. Pero, eran voces femeninas.

-¿Ashley? ¿Con otra tía? – la cara de Georg era un poema. Primero le entraron ganas de reír, pero a medida que le daba vueltas volvía a caer en la cara de decepción profunda que tenía cada vez que Ashley había empezado a salir con algún chico. El pobre moreno, no había manera de que aprendiera las cosas.

-El problema con Tom ha venido porque ha sugerido hacer una orgía con las “dos chicas misteriosas” y yo me he puesto celoso, porque no sólo lo ha dicho una vez, si no que ha intentado rebatir su idea, como intentando convencerme de verdad. – a Georg le volvió a cambiar la cara de nuevo, con una mueca de risa, que intentaba asomarse entre su mal estado de ánimo.

-Puto Tom. – pinchó un poco de patatas fritas y empezó a comer, bastante a desgana.

-Salí de la habitación bastante enfadado y cuando él salió tras mi, alguien salió de la habitación de la lado. – la imagen de Dawn en ese momento, aún rondaba por mi cabeza como una peonza que no paraba de girar y girar, penetrando en mi cerebro como una puñetera excavadora. La cara de Georg se iba crispando a mediad que pasaba el tiempo. – ¿Has notado que falte alguna profesora ahora mismo? – mi cara creo que se lo dijo todo. Se quedó en shock más de 10 segundos, y yo pensé que le había dado un ataque al corazón. Después soltó una sonrisa cínica que me atravesó.

-¿Qué tal sabe tu propia mierda, Bill? – de golpe Georg había vuelvo a poner la misma expresión que estas semanas atrás, y sentí que volvía a perderlo.

-No no, ella… ella se portó bien conmigo en ese sentido. El mismo día que mencionó lo de su cambio de acera, dijo la absurda teoría de que si yo le he gustado alguna vez a alguna mujer es porque realmente le iban las tías y sumó dos y dos fijando como objetivo a Dawn para su “cacería” o como quieras llamarlo. – Este simplemente me escuchó en silencio.

-¿Porqué no me lo dijiste?

-Porque no quería decirte más mierda sobre ella… Y menos algo que creía que sería lo menos probable en este planeta. Le “di mi bendición” bajo la promesa de que no jugaría con ella ni le haría daño, y bueno… Hoy Dawn apestaba a alcohol que lo flipas. Me he enervado porque enseguida me he imaginado a Ashley emborracharla para tirársela, y creo que casi le pego o yo que sé… La he empujado de la rabia. – Georg puso cara de no creérselo. – Lo sé, lo sé… Se me ha ido la olla. Después ella me ha partido la cara diciéndome que en ningún momento la quería emborrachar. Y Tom… Bueno, ha intentando calmarme pero a la primera de cambio lo he mandado la mierda y le he dicho más o menos algo como “aprovéchate de Dawn también si quieres, porque veo que echas de menos un coño”. – puse cara de circunstancias y después me perdí dentro del vaso de agua, mientras me bebía todo el contenido, esperando a que Georg asimilara lo que acababa de decir.

-¿Y no te ha contestado nada?- negué con la cabeza.

-No recuerdo a Tom en ningún momento después de eso. No sé si se quedó ahí observando la bronca con Ashley, no sé si se fue a la otra habitación… nada. No recuerdo nada de él. He estado completamente fuera de mi mismo. De pronto he oído un portazo de fuera y ha sido cuando me he acordado de que existía… Me he tenido que acabar de vestir para salir fuera y bueno… He llegado aquí, y ahora está hablando con esa… Zorra. – dije, señalándola sin ningún tipo de pudor.

-En conclusión, Ashley te odia por pensar que ha intentado emborracharla cuando no ha sido así, Dawn seguro que te odia por montarle una escena de algo que ya no te incumbe y a lo que le habías “dado la bendición”, y Tom te odia porque estás con él y lo has mandado a la mierda a la primera da cambio, dándole más importancia a tu ex que a él.

-Bingo señor Listing. – sonrió de lado. No pude evitar hacerle la pregunta. – ¿Estás bien? – lo miré a los ojos y en ellos pude ver un destello de desilusión y ganas de olvidarse del mundo.

-Bueno, me consuela pensar que estás bastante más jodido que yo. – nos reímos los dos, porque valía más la pena reír que llorar. – No te voy a negar que me ha jodido, pero bueno, prefiero la imagen de Ashley con una tía que con hombres. Y sí, está claro que me tengo que olvidar de ella.

-Amén, hermano.

-Oye, sé que te mueres de ganas de ir a hablar con él, así que te agradezco que te hayas quedado conmigo y me hayas explicado esta mierda antes que dejarme tirado. – simplemente asentí mientras le tocaba el pelo de la cabeza, despeinándolo.

-He aprendido que tú estas por encima de muchas cosas, tío.

-Calla tío, que me vas a amariconar a mi también. – dijo, dándome un puñetazo en el hombro. Yo no pude más que sonreír, sabiendo que era una manera de agradecerme las palabras.

Volví a mirar a Tom, y esta vez aunque seguía hablando con la misma chica, estaba rodeado de otra más. Al estar tan cerca, pude escuchar que le decían cosas del concierto, de lo bien que había estado, de lo bien que tocaba la guitarra, que les había encantando la parte en la que cantaba en una de las canciones… Groupies de toda la vida.

-Oye… ¿Tom no pensará tirarse a ninguna de esas chicas, no? – la voz me empezó a temblar y tuve que morderme el labio inferior, porque empezaba a hacer pucheros de sólo imaginármelo. Los ojos se me empezaban a poner rojos, y tenía miedo de que me pusiera a llorar.

-Eh tio tio, tranquilízate. No te pongas así, como mucho intentará ponerte celoso ahora, pero ya está. – yo asentía mientras intentaba aguantarme las lágrimas. Me sentía como una mierda después de lo que había pasado pero después recordaba la absurda idea de la orgía y me hervía la sangre. Me hacía plantearme si Tom realmente no tenía suficiente conmigo, y necesitaba unas tetas que ponerse a sobar. Al fin y al cavo, no soy más que un puto palo sin un gramo de chicha a la que poderse agarrar. – Ve y habla con él. Ahora igual se ha tranquilizado un poco. – asentí y sin pensármelo empecé a levantarme. – Oh, recuerda que mañana a las 12 salimos de aquí, así que has de estar sobre las 12 menos cuarto enfrente del comedor con todas las maletas listas. No te vayas a dormir muy tarde.

Tom

Estaba muy muy cabreado. Si Bill se me intentaba acercar podría meterle una hostia y me acabarían suspendiendo hasta el sueldo. Pero tenía una impotencia encima que empezaba a darme igual las puñeteras consecuencias.

Nada más llegar al comedor y decirle a Georg que me dejara en paz, se me había acercado una gilipollas de turno de la clase de Bill. Me estaba diciendo no se qué mierdas del concierto y yo no le hacía puñetero caso. Estaba tan absorto en mis pensamientos que no sé ni qué me decía. De pronto por el rabillo de ojo, vi que Bill acababa de llegar y tuve que ponerme a fingir que le estaba prestando atención. Si hacía falta quería que el gilipollas de Bill se pensara que la rubia me la estaba poniendo dura. ¿No quería que buscara un coño? Pues toma coño.

¡No me podía creer lo que acababa de pasar! ¡Me ha mandado a la mierda a la primera de cambio! ¿Es imbécil o que le pasa? Pero encima eso ha sido un ataque de celos clarísimo. Le ha dado celos que Ashley se tirara a Dawn, y no lo ha podido controlar.

Creo que Bill no tiene claro aún las cosas. Y lo siento, pero conmigo no se juega de esa manera. ¡En mi vida alguien se había reído así de mi! No, lo siento pero un tío no iba a ser el primero.

De pronto, pude ver como el moreno se levantaba de su sitio, mirándome fijamente, y se iba aproximando. No tuve reparo en pararle los pies, incluso delante de ellas.

-Ni te muevas. Pírate. – Bill parecía un poco arrepentido, pero en cuanto le dediqué esas palabras, pareció que se enervó un poco.

-Oye, quiero arreglarlo, ¿vale?

-Que te pudras. – le contesté, sin mirarle. Las dos chicas nos miraban como en un partido de tenis, de un lado al otro.

-Joder, Tom no seas así. – se cruzó de brazos. Me entraron ganas de abofetearle después de poner esa pose de diva cabreada.

-Bill, que te pierdas, ¿no me oyes? Cuando me has mandado a la mierda te he hecho caso a la primera, ¿porque no me dejas en paz cuando te digo que te mueras en otra parte? – Bill se estaba poniendo colorado, y no sé si de rabia o de ganas de llorar, pero a mi me estaba dando igual.

-Bueno, ya sabes donde voy a estar. – y dicho esto le mandó un saludo a Georg, y se piró de ahí. No va a llegar vivo a su cabaña ni flipando.

.

Era la una de la madrugada y la cabaña de Bill seguía iluminada. Llevaba un buen rato enfrente debatiéndome a mi mismo si ir o no ir dentro. Tenía muchísima rabia contenida pero después se me ablandaba el alma cuando pensaba que mañana ya nos íbamos a separar.

Reuní valor para no entrar dentro y pegarle, e intenté hacerme una lista de las cosas buenas y positivas a las que aferrarme si me entraba un ataque de rabia.

Me puse delante de su puerta, e hice un par de golpes con los nudillos. Podía sentir el repiqueteo de mi corazón contra el pecho, y eso empezaba a doler ya no sólo físicamente, si no en el orgullo. Vaya marica te estás haciendo, Tom.

Suspiré cuando noté que la puerta se estaba abriendo. No sabía “qué” Bill iba a haber detrás de la madera, si uno triste, enfadado, lloroso, feliz… Nada.

Pero me abrió la puerta un Bill impasible. Entré dentro y vi que tenía todas las maletas abiertas por el suelo, pero que ya no quedaba nada en los estantes. Parece que justo estaba acabando de empaquetar todas sus cosas. No me podía creer que el final del campamento hubiera llegado de verdad. Me senté en la cama y esperé a que hubiera acaba del todo. Las cerró y las dejó en una esquina de su habitación, junto con millones de cosas de pinturas.

Se sentó a mi lado y después de unos segundos de espera, habló él.

-Estaba muy enfadado contigo por lo de la orgía, aquello lo dije porque me salió solo.

-Mira Bill, que te jodan. No sé ni porqué mierdas me ha presentado aquí. Eso no ha sido una disculpa, y algo me dice que no tienes ni intención de hacerlo. – dije, levantándome enseguida y dándole la espalda. Me llevé la mano a la frente y no pude evitar empezar a frotármela, intentando pensar en cosas positivas. Su silencio corroboraba mi teoría. – Tsk… Lo que imaginaba. Bill, eres demasiado creído para esto y creo que merezco una disculpa.

-¡¿Y yo no merezco una disculpa?! – Bill se levantó a mi lado y empezó a chillarme. Tom cálmate, Tom cálmate. – ¡¡No me ha hecho ni puñetera gracia tus ganas de la orgía!!

-¡No me ha dado tiempo! ¡Enseguida ha aparecido Dawn y a ti se te ha ido la puñetera olla!

-¡Pero en el comedor podrías haberte acercado! – Bill seguía poniendo poses de chulo y de estar completamente a la defensiva y eso me estaba enervando hasta los niveles más altos.

-¡EN EL COMEDOR ESTABA CONTROLÁNDOME PARA NO MATARTE!- le chillé, en la cara, casi escupiéndole. Éste se quedó un poco parado pero no bajó la mirada, la cual estaba fija en la mía, ardiendo en llamas de pura rabia.

-Ah sí, ya lo he visto, coqueteando con las dos gilipollas esas. – me dijo, con desdén, poniendo una mueca de asco.

-Ah, igual malinterpreté tus palabas… Creí que me habías pedido que fuera a por un coño. Pues eso he hecho. – dije con ironía. Bill se quedó tieso y luego habló con la voz temblorosa.

-¿Te la has tirado…? – casi pude notar como los ojos se le ponían rojos y vidriosos. Lo que me faltaba ahora.

-Claro que no… – dije con la voz cansada. – Pero si me lo he planteado más de una vez. – y no era mentira. Pude ver como suspiraba, medio aliviado.

-¿Es que yo no te valgo? –dijo muy fríamente.

-¿Podemos dejar el tema de la orgía? ¡No es ni de lejos el tema importante! – me dieron ganas de apalear la cama, porque Bill como siempre se ponía en plan acaparador de atención. ¿Porqué mierdas estaba siendo así?

-¿Porqué no me contestas a la pregunta? – Bill me pegó un pequeño empujón, con una fuerza de mierda, intentando que le prestara más atención, y empecé a contar hasta diez mentalmente. -¡¡TOM!! ¿¡Me quieres contestar!?

-¡Bill, por el amor de Dios! ¡Si no me valieras hace siglos que te habría dejado! ¡Eres un tío, Bill! ¡¿No entiendes lo difícil que es para mí?! ¡Y aun así seguimos juntos, joder! ¡Claro que me vales! ¡Era… una proposición tonta! – me giré para no verle la cara. Estaba empezando a disculparme y no me daba la gana. Y a demás no habíamos tocado el tema importante, y él parecía que no pensaba sacarlo. – No pienso volver a hablar de esto Bill, mi enfado no va por ahí y ya has tenido suerte de que te conteste estas mierdas.

Hubo un silencio que me hizo replantearme salir por la puerta. Si Bill no pensaba hablar de esas cosas más valía que me fuera de ahí, y dejar que se pudriera ahí dentro.

-¿Ha sido el codazo? – dijo Bill dubitativo. Ante eso no pude más que intentar calmarme y respiré lo más hondo que pude.

-Mira, mejor cállate. Dime una cosa y me piraré después. ¿Aún quieres a Dawn? – me giré lentamente, y pude ver el cambio de su expresión casi en cámara lenta. Primero se había quedado estático, pero luego empezó a abrir los ojos como con impresión. Esperé a que contestara, y cada segundo que tardaba en hacerlo se iba clavando en mi pecho dolorosamente. ¿Tan pillado estás Tom? ¿Tan cogido por los huevos te tiene?

-No… Yo, jamás he llegado a quererla. – parecía que estaba buscando unas palabras que no sabía cómo decir. – A ver, sí, claro que sí la he querido… Pero no como… a ti. – esa última parte la hizo señalándome vagamente, pero sin atreverse a mirarme. – Le he tenido mucho aprecio y cariño, pero ella siempre supo que no estaba enamorado.

Bu-bum Bu-bum

Ha dicho enamorado. ¿Está enamorado de mí? El pulso se me empezó a acelerar mucho y sentí que toda la fortaleza que estaba creando con firmeza se desmoronaba a la mínima de cambio. Como si toda una estructura de fuerte roca, se destruyera por el susurro de un pequeño ángel. Mierda tío… Mierda.

Tom, serénate.

-¿Y porqué mierdas te has puesto así? ¡Deberías haberte alegrado por ella! – de hecho, con ella ha sido con la única que he hablado bien en toda la noche. En cuanto ha aparecido por el comedor he ido a ver cómo estaba y le he dado un abrazo. La pelirroja estaba bastante mal pero se ha alegrado de que le apoyara de esa forma. Le he preguntado un poco qué tal, y me ha dado un par de detalles. Me parecía genial que Ashley se lo hubiera montado con Dawn, era una pasada, joder.

-Pues no… Porque no me lo esperaba. ¡Creí que todo se iba a quedar en una fantasía de Ashley! ¡En mi vida me habría imaginado a Dawn con una chica! Aparte joder, Tom, que la ha emborrachado tio.

-Y dale. ¿No quieres ver la realidad o qué te pasa? – Bill me estaba exasperando. – Ashley no la ha querido emborrachar. Han sacado la botella y Ashley se habrá lanzado cuando ha podido. La jugada le ha salido bien, pero no lo ha hecho a propósito.

-Oh venga va, como si el resultado de una borrachera pocas veces fuera por otro camino. Era evidente que si le daba de beber iba a tener más posibilidades. Que no es tonta.

-Bueno Bill, ¿Y qué? Ella te pidió permiso. Y a ti Dawn ya no te importa, ¿no? ¡¿Porqué entonces te comportas así?! Como muchísimo podrías haber apartado a Ashley después, en el comedor por ejemplo, y haberle dicho algo en plan “joder, tía, mira que usar el truco del alcohol…” ¡¡Y ya está!! ¡Las dos intentan olvidarse de ti y tú encima te pones en plan celoso! Venga hombre, no me jodas. ¿¡No ves que a Dawn debes de haberle jodido la vida?! – Bill me escuchaba pero no parecía procesar demasiado. O Quizás lo contrario, quizás escuchaba absolutamente todo lo que le estaba diciendo pero no sabía ni qué responderme. Quizás porque sabía que yo tenía toda la razón.

-Yo de verdad que no…

-¿Y qué coño era ese abrazo? – no le dejé terminar. De pronto sentía que iba a empezar a soltar toda la mierda que estaba reteniendo, y tenía miedo que esto se fuera a las manos. Aún me dolía el codazo. -¿A qué mierdas ha venido? ¿Intentabas calmarla con tu presencia o algo así? Eres tú el que ha perturbado su paz, egocéntrico de mierda. – noté que se le crispó la cara.

-En aquel momento, sentí como si se hubieran aprovechado de ella, y nada más que quería…

-¿…Protegerla? ¿Qué eres superman? Lo siento pero Lois Lane intenta olvidarse de ti yéndose con la mujer maravilla. Supéralo.

-Tom, joder…

-¿Cuándo te has dado cuenta de que no estaba en la habitación? – dije, achinando los ojos, temiéndome la respuesta. Vi que tardó en contestar y puso la mirada gacha, fija en el suelo.

-Con… Con… Con el portazo.

-Tsk… – me lo temía. – Después soy yo el que se ciega por un par de tetas. Vaya, tú tenías cuatro delante tuyo. Está claro que aun desapareciendo la polla que te ha estado follando una semana entera sin parar, no ha servido de nada para que te distrajera.

-Tom, estaba enfadado… Estaba cegado por la rabia. Yo…

-¿Sabes? Las pocas personas en todo el campamento que saben que nos lo estamos montando ahora se piensan que te da absolutamente igual que yo intente hacerte razonar, y que a la primera de cambio me dejas tirado. Ahora se piensan que tu ex está por encima de mí. Y eso me hace pensar que es verdad. – estaba realmente celoso. Estaba claro que sí. Tenía ganas de descuartizarlo en mil pedazos.

-Eso no es verdad… – dijo, conteniendo el llanto.

-Pues no lo has sabido demostrar una mierda. – le dediqué una sonrisa muy cínica y me giré. Me dirigí hacia la puerta y abrí el pomo. Cuando empecé a salir de la cabaña noté sus pasos corriendo hacia mí.

-¡TOM, TOM! ¡¿Dónde vas?! – me tiró del brazo y me obligó a mirarle a la cara. Tenia los ojos rojos y estaba empezando a hacer pucheros.

-A mi cabaña, Bill. Necesito despejarme y pensar un poco. – pegué un tirón del brazo y me liberé de su opresión. Volví a ponerme en camino.

-¡No, Tom, por dios, quédate! – ésta vez me abrazó por la espalda, rodeándome y arañando mi pecho con sus uñas. Enterró la cabeza y empezó a hiperventilar. Notaba como poco a poco se me estaba mojando la camiseta por culpa de sus lágrimas. – Quédate… Quédate… Lo siento. – de pronto se congeló todo. ¿Qué?

-¿Qué has dicho? – dije, serio e impasible. Al menos, lo máximo impasible que podía ser. Notaba que todas las barreras iban cayendo una a una, y la única arma de Bill parecían sus suspiros. Tanta piedra para que llegue él y me desmorone prácticamente con sus ojos. Unos ojos llorosos.

-Que lo siento… Tom, perdóname… perdóname… – dejó de reprimirse el llanto y se estaba convulsionando detrás de mi espalda. – No quiero a Dawn, te lo juro. Ha sido… No sé qué ha sido. Perdóname… Tom no te vayas. Quédate conmigo.

-Bill, lo último que necesito es quedarme. – empecé a cogerle las manos pero simplemente con el fin de deshacerme de su abrazo.

-¡NO! ¡NO, TOM! Por favor… Que mañana nos despedimos. No te alejes de mí la última noche… – me cogió él las manos con tanta fuerza que no pude ni soltarme. Volvía a rodearme fuertemente y después a continuar llorando en mi espalda.

Poco a poco yo también iba poniéndome rojo, y sentía que si no me liberaba rápido de ésta tenaza, yo también me iba a poner a llorar. Pero bueno, supongo que es normal ¿no? Parece que no se ha olvidado de su ex, y aunque yo no quiera admitir que me fastidia, pues sí lo hace. Y mucho. Muchísimo.

-Bill…

-Por favor, Tom.

Yo quería salir huyendo pero tenía toda la razón. No íbamos a volver a vernos al menos en un tiempo ya que teníamos que decidir cómo quedar en algún punto entre Berlín y Düsseldorf, y ésta iba a ser la última noche y la última mañana que me iba a despertar con él a mi lado. Era muy difícil negarme. Pero el orgullo estaba haciendo de las suyas. Y cada vez que recordaba la experiencia de hacía unas horas, se me revolvía el estómago y me hervía la sangre.

Me giré poco a poco y me quedé mirándolo. Le temblaba el labio inferior y se lo mordía irremediablemente para intentar cesar su nerviosismo. Le negué con la cabeza y suspiró sonoramente. Lo vi alejarse de mi y meterse en la cabaña. A los pocos segundos la luz se apagó.

No me moví de ahí en al menos media hora. No podía, el cuerpo no me dejaba avanzar. No podía ni girarme y ponerme a mirar en otra dirección. No, algo en mí sabía yo debía meterme ahí dentro y dejar la mierda para mañana. La mierda para cuando estemos separados. Ya tendré tiempo de analizar las cosas cuando no estuviéramos juntos, ¿no?

Pero tampoco podía entrar y estar como si nada. No podía meterme en su cama y empezar a besarle para acabar echando un último polvo. No, no podía. No podía mirarle a la cara. Pero tampoco quería mirar a nadie más.

Estaba dolido, mucho. Pero… Bill estaba ahí, llorando, y esperando a que llegara.

Bill

Estaba temblando de los nervios, justo en el lado de la pared de la cama, sin atreverme a mirar hacia fuera. Quería que todo mi mundo se redujera a esa esquina, y que nada pudiera entrar o salir de él. Estaba abatido, y desorientado.

En parte aún seguía enfadado con él pero su enfado se triplicaba al mío, y tenía todo el derecho a desaparecer. La verdad es que yo me habría puesto mucho peor en su caso. Muchísimo peor. Bueno, nada más hay que ver como me he puesto por lo de la orgía…

Intentaba respirar profundamente y me apartaba las lágrimas constantemente de las mejillas. A veces no podía evitar sentir el sabor salado en la comisura de mis labios.

No podía ni dormir.

La puerta se abrió de golpe. Me giré, y con el corazón a mil por hora pude ver la silueta de Tom adentrarse en la cabaña. Cerró tras de si y empezó quitarse las zapatillas. Yo sólo le observaba atento, intentando secarme las lágrimas de nuevo. Se acercó a mi cama con un paso lento.

-¿Tom?

-Sigo enfadado. Simplemente… quiero dormir aquí. Mañana volveremos a hablar.

No pude más que asentir mientras notaba la manta separase de mi cuerpo porque Tom la había levantado para poderse meter él. Me estiré mirándolo y nos aguantamos la mirada unos instantes. Me acerqué mucho a él, temeroso de que me apartara de golpe, pero este simplemente continuó con la mirada fija en mis ojos. Enterré la cabeza en su pecho y este puso su mano en mi pelo, me lo acarició suavemente hasta que me quedé dormido. Yo sabía que él no iba a dormir en toda la noche. Ayer mismo nos habíamos quedado dormidos en esta misma posición, y qué distinto estaba todo ahora de entonces. Esta noche Tom no intentaba hacerme sentir mejor con frases alentadoras sobre nuestro futuro. No, esta noche Tom estaba callado, dando pie a que todas aquellas inseguridades volvieran a mostrarse.

Esto era una puñetera pesadilla.

.

Los rayos de luz me desvelaron y tuve que abrir los ojos en el momento en que empezó a ser demasiado molesto. Poco a poco recuperaba la visión y el sentido. Noté unos brazos rodearme y vi que se trataba de Tom. Parece que durante la noche habíamos adoptado la postura de la cuchara, y yo tenía mi espalda recostada en su pecho, mientras él me rodeaba. Casi siempre nos despertábamos en esa postura.

Miré mi móvil que estaba cerca de mi alcance y cuando intenté darle a un par de teclas éste no respondió. ¿Hacía cuanto que me había quedado sin batería?

-Son las 9, aún puedes dormir un poco más. – la voz impasible de Tom me sobresaltó. Me giré bruscamente y lo vi, con los ojos aún un poco rojos, y unas ojeras terribles de no haber dormido absolutamente nada.

La imagen era bastante devastadora y no pude más que coger mucho aire de la impresión, y tener que soltarlo poco a poco mientras asimilaba el presente.

Anoche había sido una mala noche. Después del mejor concierto de mi vida, todo se había ido a la mierda en cuestión de un par de horas.

-¿Porqué no duermes tú un poco y te despierto a las 11? Yo me voy a ir a duchar ya. Igual si no estoy cerca consigues dormir un poco. – mi comentario hizo que se riera de lado, con ironía. Después se encogió de hombros y miró a otra parte.

-Probaré.

Me levanté con cuidado y Tom deshizo muy rápidamente el abrazo. Me apartó casi como aun trapo y se giró hacia la pared. Se tapó entero y yo e fui a las ventanas a intentar taparlas con las cortinas, haciendo que entrara la menos luz posible. Cogí toda la ropa que iba a usar y me metí dentro del baño.

Me quité el maquillaje corrido, que debería haberme quitado por la noche y después me metí en la ducha. Esperaba salir de ahí y ver a Tom feliz y contento, y darme cuenta que todo lo que había pasado en realidad era una pesadilla, pero sabía que no era así. Ni siquiera la fantasía me hacía sentir mejor, porque era como intentar premiarme a mi mismo por una fechoría.

No salí del baño hasta después de dos horas. Había estado bajo el chorro del agua por lo menos una hora entera y no me atrevía a salir a la realidad.

Cuando estuve cambiado y arreglado del todo, salí de ahí.

Me encontré con un Tom dormido completamente. Me entraron ganas de llorar otra vez, no soportaba la situación. Con algo de miedo me acerqué y le besé muy rápido en los labios.

Este se sobresaltó de golpe y cuando pudo mirar fijamente a algo siendo completamente consciente, ese algo fui yo. Pero me miró con bastante frialdad. Se dio una ducha fría y en menos de un cuarto de hora, me estaba ayudando con las maletas.

Avanzamos en silencio hasta el triangulo de los edificios principales y ya vimos al bus ahí, preparado para devolverme a mi mundo.

Recordé perfectamente el día que nos conocimos y un escalofrío me recubrió el cuerpo cuando juntos, nos metimos en el maletero a colocar las maleta. Ambos compartimos una mirada cómplice, pero no se mencionó nada. Simplemente volvimos a salir.

Aún no había casi nadie porque imaginaba que todos estarían aprovechando al máximo los minutos que les quedaban en ese paraíso apartado.

Aun faltaba media hora para salir y Tom y yo no nos decíamos nada. Tenía ganas de meterme en el bus y esperar ahí dentro. Desaparecer ya, desear que pasara un tiempo y que todo volviera a estar como antes. Invitar a Tom a casa, que él me invitara a la suya. Estar todo el día juntos otra vez, pero sin ningún problema.

-Oye… Creo que me voy a meter en el bus ya. – yo sabía que él también se quería ir. Esto estaba siendo demasiado incómodo. El silencio era sepulcral y odiaba vernos así. No podía. Si Tom necesitaba tiempo, yo se lo daba ya mismo, y así cuanto antes, todo volvería a estar como siempre.

Me miró largo y tendido unos instantes y después asintió.

-Oye, no llevo el móvil encima. Apúntate el mío pero no me llames hasta dentro de tres o cuatro días. Necesito pensar.

-Mi móvil lleva sin batería días. Y está en el maletero. – Tom simplemente asintió y me indicó con un gesto que le siguiera. Lo hice así hasta que acabamos dentro de la oficina de su padre. No había nadie. Sentí un portazo fuerte tras de mí, y el sonido del seguro.

Me giré sorprendido y lo siguiente que vi fue a Tom abalanzándose sobre mi. Me besó con fuerza y con ansias y yo al principio no sabía ni cómo reaccionar. No tardé ni cinco segundos en corresponderle igual. Odiaba esto, lo odiaba, lo odiaba, lo odiaba… Necesitaba recuperar al antiguo Tom, pero algo en él se había quebrado y yo era el culpable de ello.

Intenté seducirle con sexo, y empecé a bajar mis labios por su cuerpo. Le lamí el cuello entero pero empezaba a ver como este se retorcía ante la idea.

Yo hacía caso omiso a sus pequeñas quejas y empecé a levantarle la camiseta.

-Bill, para. – Yo seguía sin escucharle y al ver que me estaba cerrando el acceso a su camiseta, bajé las manos y le empecé a desabrochar el cinturón. – Bill, joder.

-Tom yo sólo quiero que estés bien conmigo. – intenté ponerle voz sensual mientras me empezaba desnudar yo. – ¿No me lo quieres hacer?

-No, no quiero. – y antes de que me acabara de bajar el pantalón, Tom ya me lo estaba volviendo a colocar en su sitio. – Deja de hacer el imbécil.

Esta vez intenté meter la mano directamente dentro de su pantalón, y se la empecé a acariciar. Me decepcionó mucho ver que la tenía blanda y flácida. Ahí no había emoción ni nada. Realmente Tom no quería hacer nada. En cuanto notó que se la había cogido me apartó de sopetón con un golpe que me propinó entre las costillas, a mano abierta y yo me di contra el pico de la mesa.

-AAAHHH… – dije enseguida. Tocándome en el lateral, donde había recibido el impacto puntiagudo. Tom se quedó ahí sin hacer nada.

-Te he dicho que me dejaras. – dijo sin más.

-¿Pero porqué? ¡¿De verdad no quieres ni un polvo?! – de nuevo sentía el pánico apoderarse de mi cuerpo. Otra vez las inseguridades de no ser suficiente para él volvían a atacarme fuertemente. ¿Estaría volviendo a su estado de “heterosexual”? ¿Es que acaso se acababa el verano y con eso lo que había entre nosotros? Ni siquiera el sexo hacía que se le olvidara lo que había pasado… El dolor de la situación y de mi costado me acabaron arrancando unas lágrimas que me había jurado no soltar. Pero no lo podía evitar.

-No Bill, no quiero. Ahora mismo sólo quiero que te vayas.

-¿Y porqué me has besado? – esa pregunta me estaba carcomiendo las entrañas. Tom me miró con seriedad y luego, algo cabizbajo, me acabó contestando.

-No recordaba cual había sido nuestro último beso. Aparte… Así nos decimos adiós ya. – ¿Decirnos adiós? Nada de eso, esto tenía que ser un “hasta luego”. ¿Despedimos? ¿Cómo que nos despedimos? Las fuerzas empezaban a flaquearme.

-¿No vas a pedirme perdón por el empujón? Me he hecho daño.

-Ayer me clavaste el codo en el estómago. Tuve arcadas por lo menos durante una hora después. Y tampoco me has dicho lo siento.

-Acabas de rechazarme de mala manera.

-Ahora no quiero nada tuyo. Ya te lo he dicho. Era para despedirnos.

Ante eso, me entró una ataque de ansiedad. De golpe las paredes empezaron a hacerse cada vez más y más pequeñas, haciendo que necesitara salir de ahí corriendo. Abrí la puerta y me apoyé contra el árbol más cercano, sintiendo unas ganas de vomitar inminentes. Se me había llenado el cuerpo de calor y sudor, y sólo con un poco de brisa se me acabó calmando el cuerpo. Al final me erguí e intenté respirar profundamente.

Pude ver a Tom salir de ahí apresuradamente después de unos instantes, y miró como loco a todas partes. En cuanto su vista se posó en mi, soltó aire con tranquilidad.

Me di la vuelta e intenté caminar de vuelta al bus lo más aprisa posible pero el brazo de Tom me agarró con fuerza y no me dejó continuar.

-Tres o cuatro días, Bill. – me dio un papel donde pude reconocer un número de teléfono. El suyo, claro está. Suspiré, ya ni me acordaba. Lo guardé en el bolsillo y después lo miré desafiante.

-Ya veré si te llamo. – aquello lo dije fríamente y Tom simplemente rodó los ojos, con algo de cansancio. Sabiendo que aquello no era verdad al cien por cien, pero que tenía que seguir demostrando que tenía algo de orgullo después de haberle llorado toda la noche.

-Adiós. – me dio un beso en la mejilla.

-Adiós. – me giré y desaparecí de ahí.

En menos de dos minutos me encontraba en el bus, esquivando las miradas de todo el mundo. Sabía que había pasado por al lado de Dawn, pero no quise girarme. Llegué al piso de arriba del autobús, e intenté divisar a Georg. De nuevo, estaban al final de todo y el moreno me hacía señas con las manos. Me dirigí con los pies cansados y abatidos sintiendo que me pesaban cientos de quilos. Aún no me creía que acaba de decirle adiós a Tom de esa manera.

Llegué a mi sitio y tampoco miré a Ash.

Me senté en mi sitio, me crucé de brazos e intenté ponerme a dormir.

Recé por no ponerme a llorar en sueños.

Continúa…

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