3: Una nota revolucionaria producto del corazón

«Billy Future» Fic de Ignacio Pelozo

Capítulo 3: Una nota revolucionaria producto del corazón

-Jane – llamó Bill sentado aún en pijamas en la mesada de su departamento – dios, Jane!
-Ya venía nene – se quejó la morena sentándose en frente de él mientras este le tendía una taza de té caliente – ¿Qué te pasa? desde anoche que estas así.
-Creo que tengo un presentimiento – respondió llevándose la taza de ositos a la boca y su amiga se rió sonoramente – no de verdad, siento que el nuevo fotógrafo algo me traerá.
-¿Problemas? – interrogó ella comiendo una galleta – que tal te cayó?
– No se… – dudó recordando el momento en el que estrecharon sus manos y nuevamente ese escalofrío lo invadió – es tan extraño, tal vez sean verdaderos éxitos.
Miró su taza aún extrañado, era realmente desconocido lo que le pasaba por todo su interior. Jamás había visto a nadie como él, no solo su aspecto sino eso que irradiaba, su voz, su perfume, su andar, su mirada hasta su profesionalidad.
-Olvídalo – suspiró levantándose de repente – mejor me visto, tengo una reunión y mucho que hacer, me vestiré y te llevaré al programa.
-Hoy es miércoles Bill – dijo Jane como si fuera lo más obvio del mundo y él arqueó una ceja – los miércoles no hay programa.
-Oh claro – resopló el muchacho golpeándose su frente con la palma de la mano – me ducharé y se me pasará esta idiotez.

Empresa Billy Future.
Dos días con su fotógrafo en la empresa pero por culpa del exceso de trabajo y ponerse al día con las notas no habían podido conversar. Esa mañana llegó con gafas oscuras, jeans de color negro y una remera algo suelta con pequeñas letras, sus rastas recogidas en alto sin ningún cabello en su rostro. Caminó con su paso sensual y un leve meneo de sus caderas. Sonrió al ver la puerta de la oficina del fotógrafo cerrada con el cartelito en la puerta.
– Buenos días! – saludó feliz como nunca antes a todos sus empleados – esta tarde quiero las nuevas propuestas sobre mi escritorio.
– Sí Bill – respondieron todos al mismo tiempo, como un coro de pequeños niños. Caminó hasta la puerta de Tom entrando lentamente luego de dar dos cortos toquecitos.
– Buenos días Trümper- lo saludó cerrando la puerta de madera clara con cuidado – cómo va todo por aquí?
– Bien – sonrió nerviosamente recordando las imágenes con las que inconcientemente se había exaltado, Bill vestido-Bill en boxers- Bill vestido y así una y otra vez. Empezó a respirar agitado y sus manos temblaron levemente. Abrió y cerró sus ojos repetidamente comenzando a perturbarse.
-¿Está bien? –preguntó el de rastas quitándose los oscuros anteojos, dejando al descubierto sus castaño ojos delicadamente maquillados- ¿Tom?
Pronunciar su nombre hizo que sus pies se apoyaran sobre la tierra y se sentó agitando su cabeza mirándolo nuevamente.
– S-sí – respondió nervioso – no se preocupe. Gracias por darme el espacio aquí, no quise molestarlo para darle las gracias, se la ha pasado trabajando arduamente.
-Oh no, no me agradezcas – suspiró volviendo a sonreír – bueno dejo que trabajes tranquilo, estoy seguro que serás más que eficiente
Tom asintió mientras su jefe se disponía a retirarse – em…Bill? – se animó a llamarlo por su nombre, probablemente esperando un reto.
-Dime –dijo desde la puerta aún con esa perfecta sonrisa dibujada en su bello rostro.
-Puedo almorzar conti… usted? – preguntó con un tono algo…seductor que lo incomodó.
-Em, claro – respondió nervioso – no hay problema, pero puedes tutearme Tom.
Asintió y apenas su jefe se retiró suspiró revoleando los ojos centrándose nuevamente en la computadora.

Oficina de Bill.
Entró con una amplia e inexplicable sonrisa en su rostro encontrándose con todas las posibles notas que había dejado a medio terminar antes de sus vacaciones. “Economía, sexo, mujeres, moda”. Algo estaba faltando, algo que realmente revolucionara y estallara con las ventas hasta agotar los números; eso que su padre hace tiempo le exigía, eso que lo estresaba. Esa maldita idea que no podía nacer de su mente y con forzarla solo se tensaba más. Encendió la pc, echándose hacia atrás en la silla con su cabeza apoyada en el respaldo y dejó escapar un suspiro, cuando de repente algo que jamás imaginó invadió su cabeza. Volvió a sonreír tomando el teclado entre sus manos y abrió un archivo de documento nuevo, empezando a teclear.

El amor es un concepto universal relacionado con la afinidad entre seres que dice perdurar en los años si realmente es verdadero. ¿Cuantas veces hemos escuchado de matrimonios que tienen más de 50 años, mas de 80 años o simplemente mueren de viejitos juntos?

– Permiso hijo –interrumpió Jörg sorprendido por el ánimo con el que su hijo escribía– ¿Pasó algo?

Creo que tengo una idea –sonrió con un brillo especial en los ojos– ya sabes para el nuevo número.
-¿De qué se trata? –Preguntó su padre acercándose al monitor, pero como autoreflejo le impidió que viera algo – veo que es sorpresa.
– Sí – asintió nervioso – y si me dejas inspirarme solo te lo agradecería.
– Okay no te enojes bebito – bromeó su padre retirándose – iré a ver a Trümper ese muchacho trabajaba con una paciencia admirable.

¿Pero alguna vez has escuchado, dos personas del mismo sexo juntas, y sin ninguna aventura pasajera, juntas a pesar de los obstáculos que la vida les pone, juntas y que muera uno al lado del otro, como se lo prometieron un día? Jamás.
¿Existe el amor homosexual? El capricho es latente, la desdicha para unos, una muestra de amor para otros; el caso, es que el amor no fija razas, no fija condiciones sociales, no fija orientación sexual. El mundo no ha cambiado como se proclama con gran orgullo, el penar de los problemas sigue existiendo con más ahínco. El amor homosexual sigue siendo presa de la ignorancia, de patrones sociales que se han auto impuesto la misma gente; de humillaciones, agresiones. Qué ha pasado en los últimos años en que la población ha crecido a enormes cantidades? Solo eso, la espuma se alimenta más y más…Aún no se dan cuenta que el poder no es para humillar, pisotear, matar en guerras; no señores, el poder es para servir y vivir mejor, sí, mejor pero TODOS, no unos cuantos…

¡Vaya sarcasmo al decir que estamos viviendo en el cambio! Y sobre todo, porque es exclamado ante miles y miles de personas, ante nosotros que vivimos la verdadera realidad, una realidad forzada y maquillada. En ocasiones la televisión me da un verdadero asco, y digo asco por no entablar un dilema entre lo que creen y lo que realmente es. Asco en todos los sentidos, preocupados más por ganar dinero que una sonrisa; preocupados más porque sean famosos que sonreírle a la vida por el simple hecho de estar vivos. Y qué decir de la basura de programas, todos estructurados para crear robots, para seguir teniendo esclavos. Y qué pasa con los que logran salir de esa canasta, son desviados, son malos, son revoltosos. Esto no va a cambiar si nosotros mismos no cambiamos, si no comenzamos a ser honestos con nosotros mismos, siendo lo que queremos sin atentar, verdaderamente, a terceras personas. Lo dije ya en una ocasión, el amor entre hombres es simplemente “la otra representación del amor”. La homosexualidad no es una enfermedad, mucho menos se contagia, no es mala. Simplemente porque no estamos acostumbrados a ver algo distinto, porque inmediatamente lo tachamos de inmoral. Los homosexuales no asesinan con ese amor a un igual de sexo. Los homosexuales son como cualquier otra persona que trabaja, estudia, que se gana la vida a diario, no son basura. Los homosexuales que aman a su pareja, no tienen porque sentir vergüenza alguna, pues lo mejor de todo, pues lo mejor de todo, es luchar por lo que queremos; pero luchar con inteligencia, no con guerras, no con violencia. Protesta general: Me uno, explícitamente, a la protesta que ha hecho el mundo entero ante la reciente muerte de un joven asesinado por dos hombres en un bar por ser homosexual ¿qué clase de seres humanos son esos?. . . ¡Hasta la próxima!


Parpadeó dos veces, con su corazón agitado. Sus dedos temblaron, sabía que si su padre leía esa nota le costaría caro. Jörg era de esos tipos homofóbicos que creían en la familia modelo, el hombre empresario que mantenía a su mujer y a sus hijos. Guardó el archivo y respiró. De algo estaba seguro: La nota sería totalmente revolucionaria. Miró el reloj, era hora de almorzar con Trümper. Imprimió una copia de la nota y se dispuso a salir. ¿Por qué había cambiado el sentido de la revista? ¿Porque de hablar de moda pasó a un tema tan delicado como ese? ¿Qué lo había conducido casi inconcientemente?

– Estaba esperándolo justo iba a llamarlo – le dijo una voz sobresaltándolo mientras cerraba la puerta de su oficina – lo siento, tan feo soy que lo asusté?
– Oh no claro que no – rió nervioso, al darse cuenta un rubor invadió sus mejillas – em vamos, yo no almuerzo en la empresa prefiero salir a comer fuera.
– Okay – asintió el de trenzas- vamos en su auto?
– Como quieras – sonrió caminando hacia el ascensor.

Ambos entraron y al mismo tiempo deslizaron sus manos hasta el panel de botones presionando planta baja.
– Que calor – murmuró Tom apoyándose contra una de las paredes y Bill lo miró nervioso de reojo asintiendo con la cabeza – qué traes?
Le señaló las hojas y él sonriente se las extendió. La tomó entre sus manos cuando el ascensor se detuvo, salieron caminando tranquilamente mientras los ojos castaños del de trenzas recorrían las líneas y su corazón se debilitaba un poco. Se detuvo en el estacionamiento y lo miró con los ojos llenos de lágrimas.
-¿Qué…qué? – tartamudeó Bill acercándose a él – Tom?
-Es que… – murmuró mojando con una lágrima la impresión, corriendo la tinta.

Continuará…

por administrador

Publico con autorización del autor

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!