«Billy Future» Fic de Ignacio Pelozo
Capítulo 30: ¿Dónde está Charly?
Había extrañado tanto sus besos. Si bien el tiempo distanciados no había sido muy extenso, para ellos había sido eterno. Sus labios se deseaban mutuamente, se unían con desesperación causando graciosos sonidos. Las manos de Tom estaban aferradas a esa pequeña cadera, acomodado entre sus piernas.
– Es…espera – jadeó el muchacho de rastas bicolores – no sigas Tomy, no si-sigas.
– ¿Qué sucede? – Respiró agitado – Dios Bill no entiendes, no sabes cuánto he extraño tus besos, tu cuerpo, todo de ti.
El director intentó detenerlo, pero era irresistible. Sus labios estaban siendo presos nuevamente, no lo podía controlar. El joven de rastas se removía sobre él sintiendo sus corazones bombear con fuerza. Pero Bill quedó inmóvil al sentir como la entrepierna de Tom comenzaba a despertar.
– ¡Pará! – Le ordenó con su rostro algo sudado, ante la falta de oxígeno y sus mejillas ardiendo notoriamente – Tomy no podemos, hay niños abajo.
– Por eso – sonrió con picardía, volviendo a acercarse a él – los niños están abajo.
– ¡No! Thomas no empieces –sonrió– recién nos reconciliamos y ya quieres todo.
– Siempre querré todo, siempre que te tenga conmigo querré todo –añadió con sinceridad. Comprendiendo el riesgo que corrían se recostó a su lado. Ambos sonrieron aun oyendo las agitadas respiraciones. Bill desvió su mirada, apreciando el rostro del fotógrafo y la preciosa sonrisa que emanaba. Sus ojos estaban abiertos mirando al techo hasta que también giraron, encontrándose con los suyos. ¿Cómo estar lejos del amor de tu vida? Se preguntaron para sus adentros. Es imposible, no existía lugar a la duda. Bill se acurrucó contra él rodeándole el torso con sus brazos, hundiendo su rostro en su cuello. El de trenzas lo abrazó con posesión, descansando su mentón sobre la cabeza del director.
– Te amo –susurraron antes de caer rendidos en las profundidades de sus sueños.
Calles de la ciudad, noche
Charly no poseía vehículo ya que era muy natural. Odiaba la contaminación y participaba en asociaciones contra ésta. Por eso mismo, manejaba una bicicleta. El frío de la noche, con el rápido andar cortaba su piel, sus ojos se aguaban y le era imposible no titiritar. Las calles estaban solitarias y oscuras, nadie pasaba por allí, solo un auto cada quince o tal vez más tiempo. Vivía alejado de la empresa, alejado de todos en una casita de pueblo tan natural como él. Su mente estaba aturdida, no lograba comunicarse con su jefe menor y el cargar con una verdad de tanto tamaño estaba ahogándolo. Dobló en una esquina justo cuando un automóvil gris de vidrios polarizados le cerró el paso, casi haciéndolo caer contra el asfalto. Atemorizando, creyendo que solo había sido un accidente montó nuevamente su bicicleta pero un hombre bajó de aquel vehículo y lo tomó con violencia de ambos brazos llevándolo hasta el interior de ese coche. Ahora, en aquella oscuridad solo quedaba la bicicleta tirada en mitad de la calle y nada más.
Casa de Trümper
Tom no había despertado a Bill. Muy temprano había llevado a todos los niños hasta la escuela mientras Simone aprovechaba para arreglar el desastre que le había quedado por casa. Cuando los primeros rayos de luz atravesaron las ventanas Gordon llegó de trabajar, exhausto aunque esta vez sin olor a alcohol. Las cosas con su mujer seguían algo distantes, ya nada era igual. Ahora él también estaba adaptado a la tecnología, y se comunicaba con aquella morena jovencita a través de mensajes de texto y messenger. La madre del fotógrafo había olvidado un pequeño detalle: la pareja de su hijo descansaba en el cuarto de arriba y justo en ese momento estaba despertando.
-Buen día mujer –saludó el hombre dejando su bolso sobre el sofá- ¿Cómo la ha pasado Melisa?
-Bien muy bien, no han roto tantas cosas como pensaba –rió dejando la escoba a un lado, levantando un par de medias pequeñas, sacudiéndolas un poco dejándolas sobre la pequeña mesa de vidrio.
-¿De quién es ese bolso? – Cuestionó Gordon – ¿Vino alguna amiga tuya? ¿Amiga de Tom?
-Oh no lo vi – contestó con franqueza – debe ser de Bill.
-¿Bill? – Añadió viéndose venir la respuesta – ¿Cuál Bill?
Simone quedó paralizada, al oír como las botas de aquel delgado pelinegro resonaban en la escalera de madera.
-Disculpe Simone… ¿Tom se ha ido? –Preguntó el muchacho de rastas en un bostezo, pero ese hombre que lo fulminaba con la mirada, lo terminó de despertar – lo siento, no lo vi. Bill Kaulitz.
Extendió su mano con sus mejillas ardiendo de la vergüenza, claro estaba que esos rasgos idénticos a los de su Tomi dejaban ver que era su padre.
– Gordon Trümper – cogió la delicada mano con una seria expresión, pero de la nada comenzó a reír.
– ¿Qué te pasa? – Dijo molesta Simone – ¿De qué te ríes?
– Es que…yo lo conozco a este muchacho – respondió sin dejar de reír. Bill sonrió ante aquella risa contagiosa.
– ¿De dónde?
– El hijo de un compañero de trabajo tiene sus fotos en su habitación – rió aún más fuerte, consiguiendo que Bill se ruborizara aún más. Pero de repente la risa de Gordon se apagó – ¿Así que eres el novio de mi hijo eh?
El jovencito tragó saliva, asintiendo con la cabeza.
– ¿Qué quieres de desayunar? – le sonrió Simone, tomándole maternalmente de los hombros llevándolo hasta la cocina.
Galpón, suburbios de la ciudad
El susto aún se apoderaba de él. Había pasado más de ocho horas con una tela tapando su vista, sus manos atadas a una silla de madera al igual que sus pies. Intentó gritar varias veces, pero algo oprimía en su boca robándole hasta el aliento. No le costó saber quién era el responsable de todo esto, solo un cobarde sin sentimientos era capaz de tanto.
– Sáquenle la venda – ordenó una voz masculina y de inmediato, Charly sintió como sus ojos podían abrirse, aunque con un poco de dificultad– mira hasta donde llegaste zorro, y todo ¿Por qué? Por no hacerle caso a tu amo.
– No eres mi amo – dijo en un hilo de voz, remojando sus labios ante la falta de aire– mátame, haz lo que quieras dejé un testigo que sabe lo que yo investigaba. Mátame, haz lo que quieras.
– ¿Crees que te mataré únicamente para hacerle un bien a la humanidad? – Rió Jörg acercándose hasta él, hasta el punto de hacerle sentir su aliento – no soy tan bueno, te torturaré hasta que aprendas la lección.
El hombre sacó de su bolsillo una navaja y la apoyó sobre una de sus inmóviles muñecas.
– Bill sabrá que ese niño no es su hijo – murmuró con valentía, pero ese filo hirió su piel mientras un hilo de sangre comenzaba a correr – Ah, ¡asqueroso! Eres lo peor ni siquiera aceptas lo que eres. Eres una mierda ¿oyes? Ni siquiera te defino como hombre.
– Atenlo – ordenó cansado- y ciérrenle la boca a este mariquita o me enfureceré más de la cuenta.
Empresa Editorial.
Bill y Tom sentían una interna paz. Los padres del fotógrafo los aceptaban sin rodeos, a ellos y a cualquier decisión que tomaran para su felicidad. Natalie, no había vuelto a hablarles ya que se encontraba en el galpón cuidando que el joven secuestrado no se escapara. Pero el que notaba la ausencia de Charly luego de dos días era Gustav. La noche anterior, no había conseguido conciliar el sueño. Su amigo le había comentado que se quedaría aquella noche, que atraparía al par de manipuladores y que le diría la verdad al director. Luego de eso, jamás pudo volver a comunicarse ni siquiera le daba tono; seguramente Jörg se había deshecho del móvil. Pero tenía muchas desventajas. Bill nunca estaba solo como para comentarlo todo aquello que sabía, porque desde que él y el fotógrafo se habían reconciliado estaban a los besos por los pasillos. Al dueño tampoco podría decirle nada, ni preguntarle porque levantaría sospechas y realmente temía por su vida.
Esa mañana, luego de dos días se propuso a hablar con ambos, a decirles todo y a cada segundo que se demoraban sus nervios crecían y sus uñas desaparecían ante los nervios.
– Buenos días – pudo oír a lo lejos. Y ese caminar de un modelo con experiencia le dejó reconocer que era él.
– ¡Bill, Tom! – llamó el pelinegro de lentes.
– Dime – dijo el director sin soltar la mano del muchacho de trenzas – espera. Ven a mi oficina.
A los segundos los tres atravesaron la puerta. Tom los observaba en silencio.
– Escúchame, escúchenme – dijo nervioso – hace dos días que no sé nada de Charly, ni he podido comunicarme con él temo que tu padre le haya hecho daño.
– ¿Mi padre?- preguntó sin comprender, y el fotógrafo frunció el ceño – ¿Por qué?
– Charly tenía sospechas de que tu padre y Natalie te mentían. Me dijo que hace dos noches los seguiría para saber que se tramaban y luego de eso no ha regresado a trabajar. En recepción, me han dicho que dio parte de enfermo, pero estoy seguro que eso también es obra de tu padre. No me atiende el teléfono de su casa, ni el móvil, ni ha respondido mis e-mails.
Tom estaba anonadado, mientras que Bill intentaba procesar el “Jörg y Natalie.
– ¿Qué creía Charly? – Preguntó con la voz temblorosa – ¿Qué creía que mi padre me decía?
– Él estaba seguro que el niño que ella espera no es tuyo – respondió – estaba casi seguro que era de Jörg. Charly me repitió muchas veces que ellos quieren separarlos como sea.
Tom abrió los ojos como platos, mientras Gustav miraba de uno al otro esperando una ayuda para su amigo.
Continuará…