CAPITULO 30: ERES MUY LENTO
Sofía mira el nuevo sistema de seguridad que han colocado, escucha a Marco que le explica cómo funciona el nuevo sistema, firma la factura y después lo ve salir de su departamento, suspira y mira a Lucas, echado sobre el sillón, las clases definitivamente no están dando resultado.
Lemir mira el nuevo sistema de seguridad instalado en la pared del apartamento y frunce el ceño.
— ¿A qué se debe esto?
—Más seguridad—responde, sin despegar la mirada del libro que está leyendo, Lemir hace una mueca y regresa junto a ella al sillón.
— ¿Por qué necesitas más seguridad?
Sofía chasquea y levanta la mirada fijándola en el bonito arreglo de flores blancas que aún se mantiene fresco en su mesa de centro, Lemir mira el mismo objeto y no entiende.
—Alguien dejo esas flores aquí, al principio pensé que se trataba de mi tía pero cuando le pregunte dijo que no, le pregunte a Pier y James por separado y ambos negaron haber dejado un arreglo de flores, incluso a la señora Donovan y dijo que nadie extraño, ha pasado por la entrada principal sin que ella lo haya notado. ¿No fuiste tú o sí?
— ¿Yo? No eres la chica a la yo le regalarías flores—sonríe intentando quitarle importancia al miedo de Sofía.
—Me alegro no haberte dejado enamorarme—se pone de pie coloca el libro sobre la mesa de centro y camina hacia la cocina, con Lemir detrás de ella.
—Te daría un jardín si me dejas enamorarte—dice apoyado en la entrada de la cocina
—Lastima solo tenías una oportunidad y hace cinco segundos la arruinaste—le entrega una cerveza.
—Lastima—sonríe—Eva, sin duda las disfrutara.
—Estoy segura que sí.
—Bien pero regresando al tema de las flores, ¿sospechosos?
—Mi tía, la pareja glamor (refiriéndose a Jame y Peter), Andrew, tu, incluso Ed, los cuales ya fueron descartados.
—Eso es extraño, ¿Qué hay de Rachel?
—Ella no sabe dónde vivo, además como entraría sí que Lucas se le fuera encima.
—Tienes razón, pero recuerda que se las ingenió para conseguir tu teléfono—se rasca el mentón— ¿Qué tal? No olvídalo.
— ¿Quién?
— ¿Kaulitz?
Sofía no puede evitar reír, ante la mención de Bill—No sabe dónde vivo.
—Puede averiguarlo, recuerda es hijo de uno de los hombres más importantes del país, sin olvidar que es hijastro del gobernador, conseguir tu dirección sería cosa de niños.
—Ok, supongamos que consigue mi dirección, ¿Cómo entra, sin que Lucas se le vaya encima?
—Buena pregunta, ¿entonces tal vez fuiste tú?
—Claro yo arme todo esto, para darme importancia—dice molesta—tengo traumas, no estoy loca.
—Ok, ok, guarda el cuchillo, no hay necesidad de tanta violencia, era solo una sugerencia, entonces tal vez se trate de un fantasma que está enamorado de ti.
—Ja, Ja, ja, eres muy gracioso, como sea no voy arriesgarme a llevarme un susto más—Lemir asiente— ¿Por qué no me dijiste que Eva estaría ayer en el gimnasio?
—Me llamo para saber mis planes, pero no sabía que se presentaría ahí, ¿Celosa?
—Para nada, solo me sorprendió verla.
—No veo porque, es mi novia.
—Me refiero a… solo no quiero que Edén y mi vida normal colisionen.
— ¿Colisionen? ¿No veo que te preocupe mucho que Bill, este en tu vida en Edén y fuera de él?
—Por favor, no otra vez—Se pasa una mano por la frente—Ya basta Lemir, Bill me gusta y eso no lo va a cambiar nadie, ni un nuevo arranque tuyo de celos.
—Ya entendí, no entiendo que te gusta de alguien tan narcisista como él, sin mencionar sus constantes problemas con las autoridades por drogas y a saber que más.
—Basta Lemir.
—Sabes que Sofh, mejor me voy, estoy a nada de explotar y no creo que ambos soportemos un pleito más por ese imbécil—termina de un sorbo la cerveza, deja el botellín sobre la mesada—quede de verme con Eva, solo quería ver si estabas bien. —Deja un beso en su frente y camina hacia la puerta principal, antes de salir de gira a verla—Sé que lo que yo diga, suena a celos y de todas formas algo me dice que tarde o temprano, posiblemente sea antes, tú y Kaulitz van a terminar juntos, pero te quiero Sofía, como amiga y como hermana, ya entendí que no debo quererte de otra forma y como mi hermana, siempre voy a estar ahí, para decirte que Kaulitz no es lo adecuado para ti, pero también para cuidarte de él si intenta lastimarte.
—También te quiero—le sonríe y ve como cierra la puerta dejándola sola de nuevo.
***
Tras asegurarse de que todo está perfectamente cerrado y colocar la alarma, Sofía sale de su departamento con una pequeña lista de compras, por años se había negado a la idea de que su tía le regalara un coche, pero ahora que veía su lista se daba cuenta de las muchas veces que tuvo que resignar sus comprar por pequeñas por la sencilla razón de tener que usar el tren o simplemente ir en bicicleta.
Recorre los pasillos del supermercado, echando artículos en su carrito que están en su lista y algunos que no están, ahora puede darse el lujo de llevarse la tienda si lo desea y no estar preocupada por como llevara todas las compras hasta el departamento. Sale del súper con un carrito cargado de compras, con ayuda del chico que le empaco todo, guardan todo en la cajuela, tras darle una pequeña propina se incorpora en el tráfico, observa la hora en su reloj de muñeca, son cerca de las tres de la tarde y su estómago esta comenzado a rugir, barajea la idea de regresar a su departamento y cocinar algo o hacer una parada en el restaurante que esta junto a su cafetería favorita, donde suele tomar un batido energético después de una mañana de correr. Sin duda el restaurante de comida italiana es la mejor opción.
Las calles están parcialmente vacías, como debe ser un domingo y claro gracias a la ligera ventisca que está cayendo, pero no parece ser nada grave, por suerte el restaurante está parcialmente vacío, lo que le asegura un lugar en una de las mesas del fondo, pide un vaso de agua mineral, mientras lee el menú, decidiendo entra la variedad de platillos para elegir.
— ¿Está ocupado este lugar? —frente a ella esta Bill que le sonríe, con todo su encanto, el cual desaparece al ver el ligero moretón cerca de la comisura de su labio.
— ¿Me estas siguiendo?
— ¿Puedo? —señala de nuevo la silla, Sofía hace una mueca dudando si dejarlo sentarse, pero finalmente asiente. —El dueño es un conocido, al que le he vendido un par de pinturas—Señala las pinturas del fondo—además aquí preparan un tiramisú de muerte y respondiendo a tu pregunta, no.
—Ummh—responde, da un sorbo a su vaso, llama la mesera, que le toma la orden, un plato de ravioles de champiñones y una ensalada caprice, Bill ordena exactamente lo mismo, pide un plato de crostinis y un vino seco, para comenzar, a pesar de ver la negativa de Sofía, la cual ignora—¿Entonces le vendes arte?
—A veces, la mayor parte del tiempo vengo por la comida—sonríe—es un lugar donde entrar sin que me topé con algún fotógrafo, que se invente una historia desquiciada, que ponga frentica a mi familia.
—Debe ser bastante fastidioso el ser acosado por los paparazzi.
—Aunque no lo creas, pero últimamente están bastante alejados.
—Bien por ti.
— ¿Por qué estás tan hostil? Hace dos días parecía que estabas encantada de verme y ahora luces molesta.
—Lo siento—hace una mueca—es solo que estoy estresada.
— ¿Qué te molesta?
—Más que molestarme, es el hecho de que alguien ha entrado en mi casa y eso me pone los nervios de punta.
— ¿Te han robado?
—No—ríe, pero es más que obvio que solo lo ha hecho por nervios—lo extraño es que en lugar de robarme lo que me alegra, ya que no poseo muchas cosas de valor, solo Lucas y mi computadora y buen tal vez la televisión de plasma y algún dinero para emergencia, y bueno tal..
—Sofía, estas divagando—la interrumpe.
—Flores.
— ¿Flores? ¿Te han robado flores?
—Me dejan flores, eso me pone nerviosa.
— ¿Unas flores?
—Sí, no, bueno si —Bill está confundido—no las flores, si no como se las ingenia para entrar sin que nadie se dé cuenta, para que Lucas no lo ataque, hace unos meses casi le arranca el brazo a Lemir y me parece ilógico que.
— ¿Qué Lucas no ataque? —Sofía asiente—No has pensado que se trate de alguien conocido.
—Claro, pero todos han negado el hecho de haber dejado flores en mi departamento—calla, cuando la mesera aparece con las entradas, las copas y el vino, Bill le pasa una copa que Sofía toma de golpe, siente el vino bajarle de golpe por la garganta y asentarse en su estómago de forma ruda.
—Veo que estas sedienta.
—Creo que lo necesitaba, estoy aterrada de pensar que algún maniaco entre en mi departamento.
—Sabes defenderte, te he visto, créeme patearle el trasero al bestia de Georg, no lo hace cualquiera— Sonríe, recibiendo una sonrisa tímida de Sofía.
—Cuando tienes un oponente de frente es fácil defenderte, pero cuando te atacan desprevenido, es difícil.
—Mas no imposible el defenderte.
—No, solo tiene un poco más de esfuerzo.
Callan, disfrutan de las entradas, seguidos de la ensalada, el plato principal, que acompañan con una nueva botella de vino blanco, Sofía siente la cabeza ligera y no para de reír, a los comentarios hilarantes de Bill, quien también ríe, llegan al postre y Bill pide un plato de tiramisú, Canolli, Panna cotta, Sofía se queja de las calorías que esta por ingerir.
—Con lo que entrenas, seguro las quemas rápido o también conozco un ejercicio muy efectivo—giña un ojo, causando en Sofía más risas.
Después de una pequeña discusión sobre la cuenta, la que terminan pagando a partes iguales, aun ante la queja de Bill, quien insistía, salen del restaurante, Sofía aún más achispada de lo debido.
Se abanica el rostro con las manos, a pesar del frio siente su cuerpo caliente, debido al vino, y las risas.
—Bueno ya tengo que irme, deje a Pumba solo y ya debe estar inquieto
— ¿Pumba?
—Sí, es mi cachorro es un bulldog inglés, detesta quedarse solo.
—Lucas también—ríe—pero ahora esta Milk, aunque prácticamente es igual.
— ¿Milk?
—Mi gato.
—Oh, eres de esas que colecciona gatos.
— ¿Qué tiene de malo?
—Nada, solía tener uno cuando era más joven, su nombre era Kasimir, pero murió.
—Lo lamento.
—Yo también, en fin, gracias por la comida, aunque no me dejaste invitarte.
— ¿Crees que Pumba puede esperar un par de horas más solo?
—Mmm, no lo sé—duda un segundo, Sofía cambia su peso de un pie a otro— ¿Qué tienes en mente?
—Invitarte una cerveza en mi casa, por las molestias —señala el interior.
—Te sigo.
Bill estaciona detrás del coche de Sofía, observa el complejo de apartamentos, no son más de diez pisos, la fachada exterior le recuerda al edificio, donde vivían los personajes de Friends, con las escaleras de emergencia en la parte lateral.
—Tengo que subir esto—señala las compras
— ¿Para eso me has invitado? necesitas un cargador.
—Puedo hacerlo sola, solo tendrás que esperar un par de minutos mientras logro subir todo.
—Te ayudo—se inclina y toma un par de bolsas.
— ¡Sofh! —Bill, se gira al escuchar el grito, frunce el ceño al ver al alto chico, de cabello castaño, barba, lentes y una mirada azul profunda.
—Hola Pier, me ayudas—señala las compras.
—Claro, solo si me dices que trajiste mi paquete de cervezas.
—Sabes que sí, están en alguna parte de aquí—sonríe, el carraspeo de Bill la hace voltear a verlo—Disculpa, Pier Carlier, Bill Kaulitz—hace las debidas presentaciones, dejando una bolsa en el suelo, Bill estrecha la mano que le ofrecen.
—Sofía, ¿de dónde sacas chicos tan atractivos? —Sonríe seductoramente, a Bill que frunce la ceño—Hetero—se queja—un desperdicio.
— ¡Pier! —Murmura Sofía, recibiendo una sonrisa de disculpa del aludido, que toma un par de bolsas y camina hasta la entrada del edificio—Discúlpalo.
— ¿Es Gay?
—Hasta las orejas, cariño—responde Pier por Sofía, que solo gruñe, Sofía y Pier saluda a la señora Donovan, que continua arreglando un arreglo de flores, le presenta rápidamente a Bill, antes de empujarlo hacia las escaleras, no desea un interrogatorio en ese momento.
Sofía desactiva la alarma y los tres pasan al interior cálido del apartamento, los ojos de Bill viajan al centro de la mesa, donde se encuentran unas flores blancas que comienzan a mostrar indicios de marchitamiento.
— ¿Sistema de alarma? —Escucha que Pier le dice a Sofía.
—Precauciones—la escucha responder, mas no se gira, continua observando la sala, los estantes con libros, la mesa en un rincón cerca de la ventana que da a la salida de emergencia, con una notebook, más libros y libretas, marcadores y lápices, debajo de la marquesina de la ventana una cama para perro, desde donde Lucas lo observa, el pequeño balcón, con un par de sillas y una mesa de hierro que está cubierta de nieve, en la esquina cerca de una venta una planta con flores o lo que parecen restos de flores, ya que hay una bola blanca dormitando, regresa su mirada al único mueble grande que ocupa toda la pared de la sala, el televisor de plasma, el DVD y los estantes llenos de películas, camina hacia el estante guiado por la curiosidad de las fotografías, en todas aparece Sofía, la primera esta con el idiota de Lemir, hace una mueca al ver las sonrisas radiantes de ambos, sentados en la nieve y cubiertos con lo que parece ser los restos de una batalla de bolas de nieve, en otras aparece sola, en otras aparece con dos chicos, uno es un moreno de ojos verdes y una pelirroja de ojos cafés, los tres con cara de sueño y rodeado de libros, reconoce el lugar la cafetería de la tía de Sofía, en otra esta Sofía con una mujer castaña que la abraza, es la misma mujer que está en otra fotografía con una Sofía más joven pero hay un hombre en ella, la sonrisa de Sofía no llega a sus ojos, en realidad los tres lucen cansados pero tienen un semblante de alivio, calcula que Sofía debe tener cerca de once o doce años, detrás de ellos aparece una playa, hay otra que llama su atención, una mujer rubia de ojos azules sumamente hermosa y un hombre castaño de ojos verdes sonríen con una niña rubia de ojos verdes que sonríe abrazada al cuello del hombre con un vestido rosa fucsia y dos coletas, observa las facciones de los dos adultos y reconoce las facciones de ellos en el rostro de Sofía, es rubia y hermosa como la mujer, pero tiene los ojos y la sonrisa del hombre, además de una mirada llena de astucia. Busca más fotografías de esas dos personas, pero solo encuentra esa.
Se gira a ver a Sofía, que le entrega una llave y un papel al chico que los ayudo con las compras, hace una inclinación con la cabeza, cuando lo ve salir del departamento con una bolsa llena de comida.
—Lo siento, una vez que Pier comienza hablar no hay quien lo calle.
—No te preocupes, espero no te moleste pero me tome la libertad de investigar un poco tu sala, tienes muchas fotografías.
—A mi tía le encanta tomarme fotos, en realidad lo hace con todos.
—Ellos son tus padres—señala la fotografía que llamo su atención.
—Si—es la única respuesta que recibe, pero puede darse cuenta de la tristeza de su voz.
— ¿Eras muy pequeña cuando murieron?
—Cuando murió mi padre tenía cinco, mi madre murió, cuatro años después—Bill asiente, sus ojos viajan a las manos empuñadas de Sofía, sabe que miente, pero eso lo intriga más el odia a su madre, por culparlo de algo que fue un accidente, lo cual arruino su relación madre e hijo y creó un mundo lleno de odio entre ambos, pero jamás podría decir abiertamente que está muerta—Voy por las cervezas, ponte cómodo.
— ¿Entonces vives sola?
—Sí, me mude de Teltow cuando termine el bachillerato, no era muy práctico estar en carretera dos horas diario, así que después de convencer a mi tía, conseguimos este lugar y el resto es historia.
—Eres muy valiente, mi hermano y yo compramos nuestros propios apartamentos, pero somos bastante miedosos para dejar la casa de nuestros padres.
—Oh, lo bastante flojos—se burla, dando un sorbo a su cerveza, en la mesa hay varios botellines vacíos.
—También, ¿Entonces porque medicina?
—Por mi tío Dimitri, yo tenía trece cuando le diagnosticaron cáncer y no se pudo hacer nada, además recuerdo a mi padre decir que sería una muy buena doctora cuando jugaba conmigo y fingía lastimarse—sonríe —¿Por qué arte?
—Porque soy bueno dibujando y malo en matemáticas—sonríe—Además era la mejor forma de desquiciar a mi madre.
— ¿No te llevas bien con ella?
—Antes si—sonríe sarcásticamente—por un tiempo fui su niño mimado, una tarde todo cambio y comenzamos a odiarnos—se encoje de hombros.
—Padres—murmura.
—Sip.
El silencio se instala entre ellos, mientras continúan bebiendo, para esos momentos Sofía siente que la cabeza más ligera, se muerde los labios intentando contener una risa, porque en ese momento no sabe por qué demonios esta por reírse, tal vez sea por lo ridícula de la situación al pensar en lo que Bill dijo sobre su madre y lo que ella opina sobre su madre. Pero es la risa de Bill, es la encargada de romper el silencio.
— ¿De qué te ríes?
—De nosotros—Sofía se gira a verlo, levantando una ceja—Lo siento creo que estoy borracho y no sé qué digo.
—Creo que yo también estoy borracha y es tu culpa.
—Mea culpa —se apunta, Sofía asiente y ríe— ¿Por qué?
—Nos bebimos dos botellas de vino blanco en la comida y hemos terminado con dos paquetes de cerveza—se pasa la mano la frente.
—Las cervezas, son tu culpa—se inclina para dejar su botella vacía y tomar las dos últimas botellas que quedan, le entrega una a Sofía quien da un sorbo largo.
Comienza a estudiar los rasgos de Bill, su mandíbula cuadrada y firme, su nariz recta y perfecta, sus labios rojos y llenos, sus ojos están cerrados, pero sus largas pestañas negras y espesas acarician sus mejillas, tiene el cuello largo, sigue bajando la mirada hasta sus manos, lucen fuertes pero a la vez delicadas, la intrigan los tatuajes de la mano izquierda, regresa la mirada al rostro de Bill, quien ahora tiene los ojos abiertos, Sofía siente un escalofrió recorrerle la espina dorsal, la respiración de él es tranquila y apacible, mientras que la de ella comienza hacer errática, se pone de rodillas ante la atenta mirada de él.
Sin darle tiempo a reaccionar se coloca a horcadas sobre él, sus ojos están dilatados, pasa sus manos por el cuello de Bill, sintiendo como su pulso comienza acelerarse, justo como el de ella.
—Eres muy lento —murmura con la mirada puesta en los labios de Bill, observa la lengua rosa y el pirsin que salen y acarician su labio, es todo lo que necesita antes de lanzarse a la boca de Bill, de forma hambrienta, su lengua invade el interior de la boca de él, sabe a cerveza y menta y se sabor le gusta, deja que la lengua de Bill, se enrede en la suya, sus manos toman el borde del cuello de la camisa de él, se sostiene así, pero a la vez se empuja contra el cuerpo de Bill, que la sostiene por las caderas, respondiendo al beso, intenta tomar el control, pero Sofía no lo cede, paso un brazo por su cuello, la otra baja acariciando su pecho, las manos de Bill solo logran sostenerla y apretarla más contra su cuerpo, está perdiendo la cabeza por el beso y por la forma en que ella se mueve contra su miembro, el cual está más que despierto, gime dentro del beso, su mano se mueve sobre el borde de su playera, acariciando parte de su cintura, pero sin ir a más, aprieta su cadera, cuando Sofía se separa ambos tienen los labios hinchados, respiran irregularmente, la mira fijamente solo un segundo antes de que ella vuelva al ataque, mordisquea los pirsin, pasa la lengua sobre ellos y besa con hambre los labios de Bill, que solo se deja hacer y toma el mando, cuando ella empuja de nuevo su lengua en el interior, aunque le cuesta seguir el ritmo al beso y al vaivén de caderas de Sofía, sobre él.
Recuesta su espalda en el respaldo, sin perder la posición y sin perder los movimientos de Sofía, que continúa frotándose contra su entrepierna, algunos gemidos escapan de las gargantas de ambos, pero no es suficiente para que rompan el beso y la conexión que tienen sus cuerpos.
Ambos sienten el cuerpo demasiado caliente y nada tiene que ver con que este puesta la calefacción, los labios de Bill se separan de Sofía, cuando siente como se derrama dentro de sus pantalones, Sofía molesta vuelve a tomar los labios de Bill con mayor agresividad, esta vez dejando que sus dientes muerdan el labio inferior el cual jala, cuando siente como el orgasmo la golpea, deja escapar un gruñido sin soltar el labio, el cual comienza a morder ligeramente y succionar de manera cansada, su pecho se pega al de él, quien la sostiene con una mano y la otra le acaricia la espalda de arriba abajo, de manera laxa.
Sofía envuelve sus brazos en torno al cuello de Bill, esconde su cabeza contra su cuello y hombro, comienza a besar la parte de piel que tiene al alcance, pasa lengua y deja pequeñas mordidas—Déjala—murmura con los labios contra el lóbulo y Bill solo es capaz de asentir y cerrar los ojos, dejándose llevar por las caricias de ella.
& Continuará &