«Billy Future» Fic de Ignacio Pelozo
Capítulo 32: Celos, obsesión y propuesta
Los tres sentados en el sofá de la sala. Bill ya vestido en medio de los dos que no paraban de gritarse e insultarse. Tom solo llevaba puesto los boxers y su enorme camiseta que le llegaba hasta las rodillas, realmente era muy cómico verlo así y con los naranjas calcetines puestos, uno más arriba que el otro.
– Okay sigue diciendo estupideces no te escucharé – dijo molesto – Bill yo no me iré de aquí, vine a dormir contigo la que sobra es ella.
– Pero yo soy la madre de su hijo –remató Natalie sonriendo mientras con una mano acariciaba su abdomen.
– ¿Y? – El de trenzas alzó los hombros – Yo soy su pareja ¿Y qué?
– ¡Paren! – Gritó harto – ¿Pueden terminar esta estúpida discusión? Parecen dos niños, llevo minutos esperando a que la terminen y me dejen hablar.
El fotógrafo no dijo ni mú. Se recostó sobre el sofá y apoyó sus pies sobre la mesita de madera. Bill arqueó una ceja, eran tan evidentes sus celos. Tom revolvió entre las revistas en los pequeños cajones de aquella mesa y sacó un par con el único fin de ignorar a la rubia.
– ¿Cuándo has visto al médico? – resopló el de rastas desviando la mirada hacia ella.
– Esta mañana – mintió – más bien, después del mediodía.
– ¿Tienes el número? – Cuestionó y la rubia se limitó a asentir nerviosa con la cabeza – pásamelo, ve a mi habitación le diré que venga y veremos como va todo.
Fingiendo dolor se levantó arrastrando los pies, y cerró la puerta de la habitación del director para luego sonreír triunfante.
– Bien lo tuyo – murmuró entre dientes fijando su vista en el trasero de Bill justo cuando se agachó un poco a recoger el teléfono del suelo, que con sus pies el joven de trenzas lo había tirado.
– Me das gracia – rió sonoramente.
– ¿Gracia? – fingió seriedad pero esa sonrisa que tanto amaba lo contagiaba – A mi no me da risa ¿Por qué tiene que estar ella aquí?
– Estás celoso – interrumpió discando el número aún entre risas.
– No es cierto, no estoy celoso – añadió volviendo a mirar la revista frunciendo los labios.
– Está al revés – rió llevando el tubo a su oído – ¿Lees al revés?
– Sí, yo puedo todo – resopló.
– Celoso – repitió solo para molestarlo.
– ¡Que no soy celoso, que no tengo celos! – gritó impidiéndole oír – ¿Crees que de todo el mundo tengo celos? Pues siento decir que…
Bill necesitaba escuchar, presionó sus labios haciéndolo callar. ¿El teléfono? El teléfono quedó perdido por el sofá mientras unían sus labios con desesperación. Tom focalizó su furia, su enojo y sus celos en aferrarlo contra él, abrazándolo con fuerza y posesión.
Galpón, suburbios de la ciudad
Su labio estaba roto. Una pesada mano lo había golpeado sin motivo alguno y ahora sangraba incesablemente. Ardía de manera fatal y para su suerte entre sollozos le costaba respirar. Continuaba sin ver la luz, con un dolor en toda su mano por el corte en su muñeca y las lágrimas que alcanzaban a mojar sus mejillas se perdían en la tela que le impedía hablar. Tenía sed, tenía hambre. Se sentía morir.
– ¿Hola? – Dijo una voz, reconoció que aún Jörg estaba ahí – ¿Cómo va todo Natie?… perfecto perfecto. Bueno eso es fácil, le dices a mi hijo que te da vergüenza que los deje solos… ¿¡Qué!? Que muerto de hambre descarado, si no fuera porque es un Dios trabajando y prácticamente quien impulsa las ventas de Billy Future, lo pondría de patitas en la calle… ¿Vino? Okay okay mi reina, luego mándame un mensaje de texto. Besito…y yo a ti.
Caminó hasta donde estaba él atado, sus pasos lo atemorizaban. Se acercó a su rostro haciéndole sentir su aliento y rió fuertemente consiguiendo que temblara del miedo.
– No te mataré – le susurró – me rogarás morir, solito irás desintegrándote. ¿Te creíste que te amaba? Pobre e inocente Carlos. El zorro se comió el cuento, aunque si debo aplaudirte la mamas muy bien.
Charly expulsó otra lágrima, se sentía utilizado, sucio. Sintió la mano de ese hombre acariciar suciamente su entrepierna y se removió.
– El día que te mueras escribiré en tu tumba… – volvió a reír – que descanse en paz el juguete preferido de Jörg Kaulitz.
Las ganas de vivir de Charly acaban de esfumarse, apretó sus ojos con fuerza, gritando para sus adentros. Su corazón estaba hecho pedazos.
Departamento de Bill
Tom se había recostado a lo largo del sofá con una Playboy entre sus manos, con el objetivo de devolverle los celos a Bill. El jovencito de rastas bicolores cruzado de brazos apoyado contra la pared lo observaba molesto ¿era necesario ver mujeres desnudas? El médico ya llevaba varios minutos con la rubia dentro de su habitación.
– ¿Se irá o se quedará a dormir? – cuestionó el de trenzas pasando una página sin mirarlo.
– No lo sé – respondió pensativo, se acercó hasta él y le susurró al oído – algo en mí me dice que este tipo es mandado por mi padre lo conozco. ¿Qué te parece si mañana le seguimos los pasos a Natalie? Tal vez nos lleve a algo.
– Ajam – fue toda la respuesta del celoso Tom – está bien, como digas.
Bill entornó los ojos, comenzaba a fastidiarle la actitud del fotógrafo. El médico salió de la habitación.
– Bien – suspiró – le recomiendo que se quede acostada, hace mucho frío y lo mejor es que descanse y haga reposo.
– Genial – agregó Tom con ironía. El médico quedó estupefacto al ver la mujer desnuda de la tapa. Bill mordió su labio ruborizándose ¡lo iba a matar!
– No hay problema doctor – añadió – ¿el niño está bien?
– Ya me iré yendo, y sí Bill tu hijo está bien – contestó caminando hasta la puerta.
– ¿Segurito? – Volvió a abrir la boca Tom deslizando sus pies nuevamente a la mesa – pobre niño.
– No hay de que preocuparse – repitió el médico – tu hijo estará bien.
– Muy bien doctor – añadió en un suspiro Bill – lo veo luego.
– Ese bebé no estará bien con la madre que tiene – dijo Tom desde el sillón con una revista pornográfica en sus manos, y los pies sobre la mesa – ya me lo imagino todo así rubio diciendo su primera palabra: mi madre es una puta, mi madre quiere dinero, mi madre quiere un macho.
– No es gracioso Tom – retó el director. El médico lo miraba con los ojos muy abiertos y así impactado se retiró.
– Claro que no, ¿gracioso yo o lo que dije? – sonrió irónicamente – lo primero que te pedirá tu hijo será un cheque.
Por supuesto que no iba a seguir tolerando esa actitud, él también tenía sus sospechas pero ese hijo sea o no suyo no dejaba de ser un bebé, una vida. Molesto cerró la puerta donde Natalie descansaba y empujó un poco al fotógrafo desplegando el sofá para convertirlo en una cama. Tomó unas mantas, encendió el televisor y apagó las luces. Acto seguido se quitó su camisa quedando solo en esos cortos y finos pantalones y también se acostó en el otro extremo del sofá.
– Estoy leyendo – se quejó divertido el joven de trenzas.
Los ojos de Bill se aguaron, mientras harto cambiaba de canal – ¿dormimos? – susurró.
– ¿Crees que vine a dormir? – le sonrió dejando a un lado las revistas, esta vez en un tono más dulce acercándose a él.
– ¿Ah no viniste a eso? – cuestionó sonriendo ante el cambio de actitud. Tom negó con la cabeza – ¿Y a qué has venido entonces?
¿Creyeron alguna vez que este par tenían límites? Pues no, definitivamente no. El fotógrafo se lanzó sobre él besándolo con posesión, acariciando su piel con obsesión, con desenfreno. ¿Y adivinen qué? Sí, lo hizo suyo sin importar que Natalie estuviese a solo unos pasos de él.
Descansaba desnudo debajo de las mantas con Tom abrazándole por la espalda. Estaba despierto pero esa comodidad y paz absoluta brindada por los cálidos rayos de la mañana y la suavidad de la piel de su enamorado en contacto con la suya, eran la gloria. Hasta que algo le impidió la claridad y abrió los ojos lentamente.
Natalie los miraba de costado apoyada en el marco de las ventanas.
– Me asustaste – susurró el muchacho de rastas tomando las mantas cubriendo su pecho – ¿Te sientes mal?
Ella sonrió negando con la cabeza – ¿Tienes hambre? Ve a la cocina, iré a hacer el desayuno. La rubia miró el cansado rostro de Tom y con la misma sonrisa malévola se retiró.
– ¿Tom? – susurró girando contra él – ¿sigues dormido?
– No – murmuró abriendo los ojos con lentitud – me desperté hace un ratito y me quedé pensando.
– ¿En qué? – le sonrió dándole cortos besos sobre sus labios.
– ¿Qué somos exactamente? – Preguntó acariciándole con suavidad la espalda – porque…amigos no somos. Un rollo simplemente tampoco. ¿Pareja? Bastante desparejos somos. ¿Novios?
– ¿Tú quieres ser mi novio oficial, con corona y todo? – le dijo en voz bajita con su cara echa un tomate. Tom sonrió mirándolo fijamente, despejándole el cabello del rostro con una mano para apreciar su belleza natural, su delicada piel. Besó su nariz causándole unas cosquillas y luego sus labios con fuerza.
– Claro que quiero – contestó feliz – ¿eso significa un juntos para siempre?
– Juntos para siempre – repitió Bill con el corazón acelerado.
Continuará…