33: Plan de Rescate

«Billy Future» Fic de Ignacio Pelozo

Capítulo 33: Plan de Rescate

Se vistieron con calma, mirándose deseosamente con ese brillo particular en sus ojos sonriéndose. Bill lo abrazó por la espalda acariciando lentamente su pecho bajando hasta su bajo vientre volviendo a deslizar su mano hasta arriba dejándole con las ganas, dejando a su paso leve marca con sus uñas.
– Mi novio – susurró el fotógrafo pensativo – cuanto tiempo pasó desde aquella mañana.
– En la que me dijiste marica en la carretera – suspiró Bill – cuando fuiste a la empresa y me tomaste la mano, allí me estremecí.

– Hasta mañana – asintió tendiéndole la mano. Enseguida se rozaron apretándolas en un suave movimiento. Un escalofrío recorrió por la espalda de Bill subiendo hasta sus mejillas para ruborizarlas por completo. Liberó su mano y Tom se retiró caminando hasta el ascensor despidiéndolo a lo lejos con la mano en alto sintiendo una rara y nueva sensación en su estómago.

– Sentí algo desconocido, una sensación hermosa de electricidad y mi estómago se sintió inquieto. Tus ojos me parecieron los más bonitos del mundo y por primera vez en la vida un hombre me atrajo – continuó el pelinegro de rastas – pero por primera vez, que es lo más importante, sentí amor latiendo en mí.
– Yo no tenía la mínima idea – susurró acercándolo contra su cuerpo – de lo que sentía y nunca se me había cruzado por la cabeza el deseo de vivir para siempre junto a una persona.
Juntaron sus frentes sintiendo su aliento, sus tibias narices se rozaron levemente y con un pequeño movimiento sus labios se unieron con delicadeza. Tom le capturó el labio inferior mientras su lengua se deslizaba suavemente encontrándose con la igual, desatando una lenta y seductora danza. Juntos para siempre… y así lo sería. Bueno todo en algún momento tiene su final, pero ellos estarían juntos para siempre.
– Bill me voy -una voz femenina y la falta de oxígeno fueron lo justo para que se separaran del dulce beso – nos vemos.
Acto seguido un portazo sin decir más. Tom miró extrañado, su repentina huida tan temprano comenzaba a hacerle sospechar recordando las palabras de Gustav. Esperen…esperen ¿No estaba mal? ¿No que su bebé corría peligro? ¿Y de ping a pong estaba tan lúcida lista para salir a la calle? ¿Qué tipo de embarazo llevaba?
– Estúpidos – murmuró molesto. Bill giró la vista hacia él arqueando una ceja – estúpidos, sí estúpidos.
– ¿Qué te pasa? – cuestionó asustado. Caminó hasta la cocina sirviendo un rápido desayuno.
– Esta tipa estaba mal y ahora de un momento a otro sale a la calle sin decirte ni mu – respondió dudoso – definitivamente algo se trae entre manos. Llama al número de Charly intenta comunicarte con él. Tengo una corazonada.

Bill se limitó a resoplar, el mismo rollo lo tenía hasta la coronilla. Caminó hasta su habitación en busca del teléfono inalámbrico seguido del muchacho de trenzas que caminaba tan pegado a él que casi casi le pisaba los talones. Lo incomodaba, tenía miedo. Sí miedo de darse cuenta que era un imbécil, un ciego, que él quien se creía dominar a sus empleados se viera engatusados por ellos. Lo tomó entre sus manos buscando en la pequeña agenda junto a su mesa de noche el número de Charly… A, B, C… Carla, Cecilia, Cha…¡Charly!. Sus dedos temblaron un poco más, discó el número sentandose en la esquina de la cama justo cuando dio el primer tono. Tom estaba de pie frente a él, pero algo lo desconcertó.
– Muévete- le ordenó con un nudo en la garganta cortando la comunicación – ¡Muévete Tom!
– ¿Qué te pasa? – le gritó mientras Bill se abalanzaba contra su clóset, sacando la ropa desesperado. Notó la tapa de una caja de zapatos, justo su preferida fuera de lugar. Eso indicaba que algo andaba mal.
El de trenzas comenzaba a alterarse, no dejaba de preguntarle qué sucedía, qué buscaba, por qué su cambio repentino.
-No estés nervioso – dijo Tom, no podía negar que sus nervios también lo carcomían.
-Me faltan los quince mil dólares – Bill empalideció, su caja de dinero estaba completamente vacía – los quince mil dólares del evento que pensaba realizar ¡Mierda!
-Natalie durmió aquí anoche – añadió el de trenzas rápidamente.
– ¡Lo tengo! – gritó – sigámosla, no creo que esté tan lejos de aquí.
Ambos tomaron las llaves del vehículo de Tom, recogiendo los móviles y abrigos de prisa. Montaron el coche y salieron a máxima velocidad.

Galpón, Suburbios de la ciudad.
– Ya te dije Blacky, si esta noche continua en pesado le cortas un dedo, si para la mañana se pone aún más fastidioso le cortas la mano y si no lo matas y que lo coman las ratas – rió Jörg. Estaba algo bebido, había pasado la noche en ese lugar y sus ojos ante el cansancio se cerraban por sí solos, bostezando cada dos por tres; hasta que tres toques a la chapa de color metal gastado, resonaron en todo el lugar retumbando como eco en su cabeza despertándose de golpe ante el susto.

– Mi amor soy yo – dijo una femenina voz que automáticamente supo reconocer – no entro porque el olor que emana el puto marica es un asco.
A los pocos segundos, SU hombre salió a saludarla, besarla o más bien babearle la cara. Natalie se detuvo sonriente y le pidió que abriese la cartera con sus propias manos. Jörg no dudo un instante más y al sacar la mano notó como un fajo de dólares descansaba entre sus garras.
– Maldita ladrona – rió con sarcasmo – me encantas, me encantas ¿¡Cómo eres capaz?!
– Tu hijo y la nenaza que tiene por novio son un par de idiotas – contestó lanzándose a sus brazos.
Mientras tanto, un vehículo negro doblaba aquella esquina. Tom conducía intranquilo mientras Bll tenía sus cinco sentidos despiertos listo para lo que se avecinaba. El fotógrafo estacionó detrás de una camioneta pero claramente podían notar una rubia de espaldas hablando con un hombre, también de espaldas a ellos. Hasta que sus rostros comenzaron a acercarse y sus labios se fusionaron bruscamente.
-Mira Natalie tiene un amante – murmuró el fotógrafo impactado viendo a la rubia besar a ese hombre afuera del galpón.
– De algún lado lo conozco – susurró. Tom fijó la mirada en el tipo.
– Ese es tu padre Bill – añadió impactado. Ninguno de los dos despegó los ojos de aquel hombre cuando de repente entre risas reveló su identidad. Antes de que pudiesen decir algo Jörg la tomó por el trasero mientras claramente ella rompía a reir nuevamente.

– No…No lo puedo creer – susurró con lágrimas en sus ojos. ¿Por qué siempre tenía que sentirse tan usado?
– Se van – agregó el fotógrafo. El padre de Bill y la mujer que decía esperar un hijo suyo montaron en el vehículo arrancando lentamente. El joven de rastas sin dudar más se bajó de aquel auto con odio, ira y dolor reflejando por medio de su mirada – ¡Bill espera! ¿Dónde vas?
– ¿Estos idiotas creen que me verán la cara? – lloriqueó – iré por Charly, estoy seguro que lo deben de tener ahí. ¡Qué ciego soy!¡Que imbécil!¡Que ciego!
– ¡Espera! – le gritó intentando calmarlo, consiguiendo que rompiera a llorar de furia contra su pecho – cálmate, mi amor cálmate y escúchame.
Tom tenía razón. Había esperado a que sus lágrimas cesaran y recuperase el aliento. Un hombre morocho y corpulento había cruzado la calle dirigiendose al bar situado en esa misma esquina. Ahí, en ese preciso momento Bill secó sus lágrimas y ambos nerviosos, tensos y sin dejar de mirar a todos lados se cruzaron de calle. Tom entró primero solo encontrándose con suciedad y silencio. Tomó la mano del director fuertemente con sus dedos entrelazados y cerraron la puerta que inevitablemente no tardó en hacer el mínimo ruido. Caminaron sigilosamente encontrando a su paso unos zapatos tipo militares, un revólver, un cuchillo, un colchón, una pequeña mesa de madera, una silla… y a ella un muchacho de cabello fino atado de pies y manos.

– ¿¡Charly?! – no pudo evitar gritar y corrió hasta él. Tom lo siguió asustado. El pelinegro de rastas le quitó la venda de los ojos y la misma de la boca. Charly abrió los ojos con pesadez tosiendo con fuerza ante la sequedad de su garganta – ¿Mierda estás bien?
Tom de inmediato tomó el cuchillo que estaba a su alcance comenzando a cortar la soga que amarraba sus pies.
– Muévelos – le ordenó – deben de dolerte. Luego continuó con sus manos oyendo el doloroso quejido del muchacho notando la profunda e infectada herida de su muñeca – se ve fatal.
– Vamos vamos – susurró nervioso Bill. Tom lo sujetó de un brazo y el director de otro así cargándolo hasta afuera. Rápidamente abrieron la puerta del vehículo cuando Blacky salió del bar divisándolos furioso.
– ¡Arranca Tom arranca! – gritó con el corazón a mil y al fotógrafo le temblaban las manos de los nervios no pudiendo tomar la llave correspondiente – ¡Mierda Tom apúrate!
Cinco minutos después, se alejaban por la carretera respirando agitadamente ante el susto.
– Gracias – habló por fin, aún con su cuerpo tembloroso y asustado – ¿supongo que saben ya la verdad?
– ¿La verdad? – mitad pregunta, mitad afirmación los enamorados cruzaron una mirada.
– Algo le dije a Jane , tu amiga – añadió Charly.
– Ella se ha ido, de vez en cuando va hasta el pueblo a cuidar a su madre – dijo desviando el tema – pero … dime Charly, ¿Cómo sabes que el hijo de Natalie es de mi padre?

Tom lo fulminó con la mirada, era tan obvio lo que acababan de presenciar ¿Qué duda podía quedarle?
– Yo fui amante de tu padre – carraspeó y sintió la peor de las vergüenzas – hace mucho tiempo teníamos un rollo y se podría decir que hasta llegué a sentir amor. Iba por su casa cuando Caroline salía con amigas o dormía incluso y hacía de mí lo que quería a su antojo. Siempre decía que dejaría a tu madre por mí, como también sospeché siempre que tendría otra mujer. Otro hombre era inconcebible, ya que pocos sabemos la bisexualidad de tu padre. Pero un día me dejó con la excusa que sería padre, luego te oí a ti hablando con Natalie en la cocina, algo no funcionaba. Algo sucio se traía. Una noche me quedé estupefacto al escuchar el plan. Luego fui hasta tu casa, necesitaba decírtelo todo pero no estabas y no podía involucrar a tu amiga. Te llamé pero fue inútil. Esa misma noche desaparecí. Siento no habérselos dicho a tiempo y evitar esto – sollozó.
Un idiota, utilizado, un juguete, la marioneta de su padre ¡Un imbécil! Así se sentía, sus ojos comenzaron a nublarse ¿Por qué el mundo estaba empeñado en jugar con él? A pisar sus ilusiones y desinflar sus sueños siempre así, siempre igual… siempre.
Pero para Tom por fin podrían ser felices, sin nada ni nadie que interfiriese. O al menos eso esperaba.

Continuará…

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