35: Nuevo e independiente camino

«Billy Future» Fic de Ignacio Pelozo

Capítulo 35: Nuevo e independiente camino

-Vete, lárgate – murmuró entre dientes Jörg frotándose el puño dándole la espalda – no quiero que vuelvas a poner un pie en la empresa, un pie en esta casa ¿Qué parte no entiendas? ¡Fuera!
Inevitablemente comenzó a llorar. Claro que renunciaría a todo, nada más le importaba. Estaba tan harto, tan cansado de el puto interés de su padre. Era el único miembro de la familia que le quedaba vivo, pero acababa de morir. Su mano volvió a su labio, no paraba de sangrar. Ya había manchado parte de su camiseta. Iba a decirle algo, la furia no había salido por completo, pero no. Permaneció en silencio, negó con la cabeza y salió casi corriendo.

Departamento de Bill
– Claro…yo…yo le diré – la morena estaba nerviosa, suspiraba a cada palabra emitida por el desconocido del otro lado del teléfono – ¿yo? Hummm…mi nombre es Jane…sí ajajá exacto, soy la conductora de ‘Chusmeteando con Jane’ – ¿Nervios? Maldición corta, corta, corta – perfecto, le diré. ¡No! El gusto es mío. Adiós… ¿Gustav? Gustav.
Se detuvo mirando el teléfono, podía oír los latidos desesperados de su corazón en su garganta y en su cabeza, palpitando en sus sienes. Tragó saliva y con su mano temblando como una gelatina colgó. Se sentó sobre el respaldo del sofá ¡Hasta sus piernas temblaban! Basta. Basta. Basta. Respiró profundamente dándose aire, pero si esa voz era tan sensual que… ¡No! Definitivamente estaba loca.
Pero un portazo y un sollozo la hicieron salir de la burbuja. Bill entró con el rostro cubierto de negro, su maquillaje manchaba su rostro y su labio…roto.
-¿¡Qué te pasó?! – gritó corriendo hacia él. Solo pudo limitarse a hablar entre hipidos y sollozos ahogados – ¿¡Te pegó!?
-Sí – fue lo único que logró comprenderle – llama…llama a Tom.
-Espera, te pondré hielo. Se ve fatal – interrumpió arrastrándolo hasta la cocina – ¿Y qué te ha dicho? ¿O qué le has dicho para que te golpee?
-Lo que sentía en el momento, me dijo que no me dejará nada – contestó frunciendo el ceño quejándose lo que el frío del cubito producía.
-No puede hacerlo…o bueno sí puede pero tienes la empresa – le sonrió intentando animarlo.
-No – sus ojos volvieron a llenarse de lágrimas – no la tengo. Mamá le dejó todo a él y de ser así he renunciado, me ha echado. No tengo nada. No tengo mi dinero, no tengo mi empresa, ni mi puesto, ni mis sueños. Solo un asqueroso departamento y lo que me queda en el banco.
-Te equivocas – suspiró – tienes algo más valioso que todo eso.
-¿El auto? – Cuestionó quitándose el hielo – puede ser.
-No – contestó tensándose – tienes a Tom. Tienes su amor.
Sus ojos brillaron, tenía razón.
-Pero Tom no vale oro – añadió yendo en busca del teléfono – Tom no tiene precio.

Casa Trümper
-¡Eres terco como una mula! – Gritó Melisa riendo, de rodillas sobre la silla del comedor – ese azul que tienes es del mar, lo que estamos armando es el cielo.
-Mocosa – murmuró entre dientes el fotógrafo – es un rompecabezas, mira los extremos. Oye… ¿Cuántas malditas piezas tiene?
-Dos mil – respondió con naturalidad – creo o más.
-Es broma – resopló – ¡Y recién hemos unido diez!
-¡Tom, teléfono! – Gritó Simone desde la sala – ¡Es Bill!
-Dile que venga y nos ayude – sonrió, pero el de trenzas negó con la cabeza. Melisa unió sus manos en forma de suplica y apoyó su rostro sobre ellas – por fi.
-Está bien – agregó entre risas. Al atender notó como aún sollozaba y hablaba con dificultad – ¿Mi amor? ¿Estás bien? ¿Qué sucede? … Dime. No espera, ven a casa. Cálmate, bebe algo y ven. Yo a ti.
-¿viene, viene, viene? – Saltó feliz la pequeña tirando lo que con mucho ingenio y esfuerzo su hermano había armado – lo siento.
-Te mataré – bromeó Tom – corre o te mato.
Estuvo persiguiéndola hasta que la atrapó y la alzó haciéndole rozar la espalda contra el techo, escuchando sus súplicas entre risas para que la bajase hasta que la tiró contra el sillón matándola a cosquillas. Hasta que el timbre resonó y Simone dejó pasar a un decaído Bill, que no dudo en romper en llanto cuando Tom lo abrazó fuertemente casi leyéndole el pensamiento. Al separarse le besó dulcemente los labios, dándose cuenta de su herida.
-¿Qué te hizo? – preguntó sintiéndole la sangre hervir – no permitiré que nadie te haga daño ¡Nadie!
-Tomi cálmate – susurró nervioso.
-¡No! Yo no dejaré que ese bestia te haga esto – alterado dispuesto a tomar las llaves solo consiguió que Bill se pusiera más nervioso – está bien, lo siento amor. Pero… mira no más como te dejó.
Simone le tomó la mano a Melisa, dejándolos conversar en la sala, advirtiéndoles que haría algo para comer. El ex director comenzó a contarle palabra por palabra, sintiendo un nudo en su garganta al recordar con tanta precisión lo que su padre le había dicho.

– No te preocupes mi vida – intentó aliviarlo – tú conseguirás otra cosa. No dependes de él. Eres precioso, joven y con miles de talentos.
– Oh Tom, no digas bobadas – sonrió. Cerró sus ojos sintiendo la calidez de sus labios brindándole paz – humm…, gracias por estar conmigo. Eres lo único valioso que me queda.
-Siempre me tendrás – agregó acariciándole el rostro con el revés de su mano – te amo.
Entre besos y besos consiguió robarle una que otra amplia sonrisa, provocándolo haciendo que olvidara todo el dolor y se sumergiera en él.
-Chicos – tosió Simone sonriente – vengan.
Ambos se levantaron con esfuerzo, Tom despeinándolo en el camino pegándose a su espalda apretándolo contra su pecho.
– Tomi – le susurró sonrojándose – estás…apoyándome.
Él se rió entrando en el comedor, notando a su hermana que continuaba luchando contra el rompecabezas.
– Hola Meli.
– Hola Billy – sonrió la pequeña – ¿Me ayudas?
– Después de comer – advirtió la madre.
– No, no mami ahora – insistió – quiero acabarlo.
– ¿Cuántas piezas son? – cuestionó observando la mesa repleta.
– Dos mil – contestó Tom rápidamente reprimiendo una risa.
– ¡Ah! Poquitas – dijo con ironía.
Al cabo de un rato, los cuatro comían con tranquilidad. Bill le había contado todo a la madre del fotógrafo y su noble corazón no lograba comprender como un padre puede hacerle algo semejante a su hijo.

Por momentos se quedaba pensativa, deteniéndose en las sonrisas que su hijo y el jovencito se regalaban sin poder evitar y suspirar ante el notorio y sincero amor.
– En resumen ahora soy pobre – bromeó el muchacho de rastas – lo siento Tomi no tendré ni una miga de pan que dejarte cuando muera.
– A mí no me importa tu dinero y lo sabes – agregó Tom llevándose otro bocadillo a la boca.
– Se notas que tienes talento – sonrió Simone apoyándolo – ¡Ya encontrarás algo que hacer! Tienes potencial como modelo por ejemplo, siempre que salías en las fotos eras como un muñeco, súper perfecto, tu carita de porcelana y tu sonrisa de galán de televisión.
– Oh…que dice- suspiró ruborizado.
– ¡Exacto! – gritó el fotógrafo sobresaltándolo – A partir de ahora, postúlate como ¡MODELO!
– Ni loco – negó con la cabeza entre risas.
– Debes…tú debes hacerlo – rió con picardía.

Mansión Kaulitz
-¿Puedes dejar de molestarme? – Jörg continuaba nervioso – no me veas así, tú me miras y me incomodas, sabes bien que hice lo correcto. ¡Oh claro! En el fondo aún lo quieres…te comprendo, pero no aceptaría jamás a Bill como marica. Y pensar que tú me lo decías y nunca lo quise ver. Pero sabes… no puedo echar de la empresa a Thomas, él…él es realmente eficiente, como nadie. ¿Y el niño? El niño no lo reconoceré porque… porque todo es mío, porque tú me dejaste todo a mí.

El hombre se levantó del sofá dejando el portarretratos del lado al revés.
– Basta Caroline, no me convencerás deja de apoyarlo – la locura en la mente de Jörg comenzaba a desatarse.

Casa Trümper
– Sabía que te iba a convencer – susurró abrazándolo por la cintura, subiendo las escaleras con cuidado – te imagino en la portada de una revista… mmm que sexy.
– ¿Me imaginas desnudo? – dijo en voz bajita con sus mejillas ardiendo – ¿O algo más formal?
– Tú sales desnudo y te ahorco – bromeó abriendo la puerta de la habitación con una mano sin despegar sus cuerpos– aunque pensándolo bien, podría presumir y decir que este bello cuerpecito me pertenece.
– Suena interesante – sonrió besándole los labios. La puerta fue cerrada por el peso de sus cuerpos. Las manos de Bill se aferraron a sus hombros mientras comenzaban a sentir la temperatura subir abruptamente. Sus dedos acariciaron con delicadeza el pecho bien formado del fotógrafo tomando las puntas de la amplia camiseta estirándola hacia arriba. Con algo de torpeza, Tom lo empujó hacia atrás hasta hacerlo caer a la cama para despojarle de sus botas junto con sus pantalones.
– Oye Tom, espera –susurró- ¿Te gustaría que fuésemos padres?
El pelinegro de trenzas empalideció y abrió los ojos como platos. Bill sintió que había metido la pata hasta el fondo.

– Bueno…em – tartamudeó ante los nervios – no ahora porque no tengo empleo, pero tal vez cuando tú lo sientas, o cuando…
– Me encantaría – sonrió interrumpiéndolo – tú y yo… sí, créeme que me encantaría.
Y sin decir más lo besó con fuerza dispuesto a amarlo a su modo. Al fin y al cabo, la historia recién comienza.
– Ahora cállate y hazme el amor – dijo Bill sin dinero en el bolsillo pero con todo el amor de Tom para él.

Continuará…

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