«Billy Future» Fic de Ignacio Pelozo
Capítulo 36: Cambios
Nublado, húmedo, sofocante, desenfrenado. Así era el ambiente en esos momentos, en ese preciso momento en el que Tom lo poseía con calma, moviéndose lenta y tortuosamente acariciándole desde abajo hacia arriba su suave y pálida espalda. Habían rodado sudorosos por el suelo, gimiendo ante el contacto de sus tibias pieles hasta dar contra la pared donde Bill sin vueltas se sujetó dándole la espalda y entregándose por completo, mientras arañaba con fuerza quedándose con pequeños rastros de pintura.
– Hmmm más Tomy… más -Casi sin respiración rogaba por más susurrando una y otra vez su nombre hasta el cansancio. El pelinegro de trenzas, le sujetaba ambas manos por las muñecas por arriba de la cabeza mientras gustoso le devoraba el cuello a medida que entraba y salía de su cuerpo consiguiéndose que se arqueara de placer y acabara allí de pie, sintiendo sus piernas flaquearse y caer rendido junto a él boca abajo a lo ancho de la cama.
– Te amo – suspiró el de rastas mientras lo apegaba a su cuerpo. Se sonrojó ante un pequeño detalle – estamos… tan mojados.
Tom sonrió ampliamente, la timidez de Bill le causaba extrema ternura y con un beso suave en sus labios, acariciándole el rostro logró que cayera en sueños. A la mañana siguiente abrió los ojos con pesadez, su cuerpo dolía fatalmente, era algo vergonzoso de decir pero hasta le costaba separar sus piernas. Se frotó los ojos con las manos e intentó despertarse sin sentir la luz penetrando en su vista. Bostezó tocando a su alrededor.
– ¿Tom? – pero recordó que Tom trabajaba desde temprano. Sonrió como estúpido al ver como lo había abrigado. Las sabanas cubrían su desnudez y por encima una de sus anchas camperas lo cobijaba. Se desperezó y una de sus largas piernas casi tiran al suelo un velador – ¡Siempre torpe yo!
Rió sonoramente notando una pequeña nota sobre la mesa de noche. Estiró su mano y la llevó hasta donde su vista pudiese leer sin inconvenientes.
“No quise despertarte, te veías realmente exhausto. Odio tener que ir a la empresa y saber que no estarás… vaya a saber con qué sorpresa me encontraré. En fin amor, toma una ducha y desayuna; no olvides que estás en tu casa. Te ama. Tom.
P/d: antes que me olvide, reconsideraré eso de posar desnudo 😉 tu cuerpo es un monumento”.
Se sonrojó de sobremanera mordiéndose el labio inferior. Su cuerpo olía a Tom, no quería bañarse aún. ¡Cuanto lo amaba! ¿Cómo era posible que lo tuviese como un tarado? Que nada ni nadie le importara, más que él, él y más él. Definitivamente sería la primera y última vez en su vida que se enamoraría de ese modo.
Empresa Editorial
-Me vale una mierda – gritó desesperado – no reconoceré al mocoso.
-¿Pero por qué? – Repitió Natalie al borde del llanto – No seas cruel, Jörg… este mocoso como tú dices ¡es tu hijo!
-Me importa un cuerno, no eres mi mujer – agregó, esta vez rompiendo todo lazo con su amante – si crees que con el cuento de la pobre imbécil y madre soltera vete. No te daré el aumento ni el ascenso.
– Eres un egoísta, eso eres ¡Un marica egoísta! – una lágrima de ira se deslizó por su mejilla. Pero la palabra marica, era el punto débil de la bestia.
– ¡Cállate! – una bofetada. El silencio reinó para los dos, y todos los empleados se detuvieron. Habían presenciado palabra por palabra toda la discusión, sin comprender mucho y los que lograban entender creían que era otro de los enredos de Natalie. El sonido del golpe dejo mudos a todos- ¿Y ustedes qué? ¡Trabajen!
Inmediatamente, el tecleo de las teclas volvió a resonar, y uno que otro susurro intentaba saber que ocurría exactamente.
– Que sea la última vez que me pones una mano encima – le advirtió mirándole fijamente.
– ¿Si no qué? – cuestionó prepotente. Ella no supo responder, tampoco tuvo el tiempo suficiente ya que Derek apareció de la nada interrumpiendo su conversación. Simultáneamente, Tom caminaba hacia su oficina.
– Disculpe señor, quería avisarle si tengo que ocupar mi misma oficina o trasladar mis cosas a lo que era la oficina de su hijo – murmuró con una sonrisa de oreja a oreja.
– Eres tú el nuevo director –resopló con desgano– así que tú haz lo que se te venga en gana.
– De acuerdo – asintió como un idiota repetidamente. El fotógrafo se quedó inmóvil ¿Había oído bien? Ese deficiente… ¿Director? Apuró el paso ingresando en su oficina con mucho trabajo que terminar. Pero la puerta se abrió sorpresivamente a los segundos cerrándose con fuerza.
– ¿Qué haces? – preguntó Tom algo molesto.
– Vengo a chequear que hagas tu trabajo – contestó Derek.
– Acabo de llegar – revoleó los ojos, que idiota era.
– Sí y por cierto, diez minutos tarde – reprochó el nuevo director.
– Siempre llego a esta hora, no comprendo el problema si trabajaré de todos modos.
– Ese siempre era cuando tu amado Bill te lo permitía – susurró acercándole el rostro en forma de burla – ahora yo te digo a qué hora sales y a qué horas entras.
– Sí mi general – rió – no seas idiota hombre, sal del camino.
– Si quieres permanecer aquí, fotógrafo muerto de hambre – comenzó a decir con aires sobradores – más te vale que pises derecho. Yo no soy el marica de Kaulitz, quiero las fotos a tiempo, los modelos a tiempo, la revista a primera hora y tú bien tempranito.
Dejándolo con el puño apretado y la palabra en la boca se marchó. Estaba seguro de que no se dejaría vencer por un idiota de ese tamaño.
– Muerto de hambre va a quedar Jörg –sonrió tomando el móvil– cuando la revista decaiga por ese estúpido.
Tom no se equivocaba, una mente como la de Bill llena de inspiración no cabía en la cabeza de Derek. Solo se fecundaban futuros y grandes fracasos. Jörg mezquinaba algo que pronto dejaría de tener.
Peluquería de la ciudad
– Lo que sea, algo original e innovador – fue lo único que pidió antes de entregarse a las sabias manos de los estilistas. Se había duchado y había realizado algunas llamadas presentándose a agencias dispuestas a contratar modelos. Había desayunado junto a los padres de Tom y ellos le habían aconsejado un cambio, algo que atrajera a los responsables de las agencias. Sacarse las rastas le dolería, probablemente las extrañaría pero necesitaba algo diferente.
Hace años había llevado el pelo hacia arriba y lacio hacia abajo, pero era etapa quemada. Sintió como una máquina pasaba por su perfil y se atemorizó. Sin abrir los ojos suspiró. Intentó pensar en otra cosa, pero cuando lograba concentrarse el sonido de un spray lo hizo volver a la realidad ¡¡Ya terminaban!!
– Bien – dijo la estilista – abre los ojos y dime que tal.
¿Qué tal? ¿Pero qué mierda me hicieron? ¡Es imposible!
– Me encanta – sonrió aplaudiendo como un niño – me encanta, ¡es genial!
Más que genial. Su cabello se lucía con una cresta hacia arriba, más corto y con un delicado flequillo cayendo sobre su rostro. Volvió a sonreír y sacó el móvil ¡Tom tenía que verlo! 25 llamadas perdidas. De:Tom
Se preocupó, de repente un mal presentimiento lo invadió. ¿25? que insistente…
Mi amor, te espero en mi departamento necesito que vengas un minuto tengo algo que mostrarte. Recién noto tus llamadas. ¿Sucedió algo?
Enviar. Cerró el móvil y lo metió dentro de su bolso. Al ingresar al coche sintió como la melodía perdida resonaba. ¡Leer!
Ok. Espérame, tengo algo que contarte que no lo creerás.
Justo cuando respondía ¡Batería baja! Se apagó. Algo molesto lo tiró por los asientos traseros marchándose a su departamento. Cuando llegó se detuvo frente al espejo, estaba realmente encantado.
Buscó en su closet, ropa especial. Iría por empleo y sus botas preferidas. Ante la demora del fotógrafo se vistió y al rociarse con su perfume de marca el timbre resonó. Corrió emocionado y le abrió la puerta. Tom quedó estático.
– ¿Qué rayos te hiciste? –preguntó en un tono extraño, neutro, ¿molesto?- ¿Dónde mierda están tus rastas?
Continuará…