«Billy Future» Fic de Ignacio Pelozo
Capítulo 37: Venganza y fracaso
¡Perfecto! No le había gustado. Su voz había sonado fría y distante. Agachó su cabeza mientras su mirada se centraba en la alfombra de la sala. Sus ojos comenzaron a acumular agua y una lágrima viajó hasta el suelo, dibujando un círculo húmedo, y otra, y otra más. Luego el sonido de la puerta cerrarse, se había marchado. Pero cuando iba a levantar la vista vio dos pies situarse frente a él. Suspiró, pero sin tiempo a exhalar sintió unos brazos sujetarle sus delicadas muñecas y unos labios fusionar con fuerza los suyos. Sollozó dentro del beso sin comprender ¿Tom se estaba volviendo loco?
– Pensé… pensé que no te había gustado – dijo entre hipidos, mientras los dedos del fotógrafo secaban su mejilla, aún con sus pechos casi pegados.
– Me sorprendió –añadió– pero créeme que me encantas, te ves tan… sexy, tan sensual, tan… hombre…
– ¿Me estás diciendo que antes parecía una mujer? – Se separó bruscamente cruzándose de brazos – eres un idiota.
– Y tú un susceptible – rió el muchacho de ropas anchas – me encanta, ¿lo crees? Hasta me dan ganas de destrozarte ahora mismo, aquí.
– ¿Y qué esperas? – Arqueó una ceja mordiéndose el labio inferior – rómpeme.
Como dos bestias deseosas, lo tomó entre sus brazos lanzándolo contra el sofá llenándole de besos la piel, centímetro a centímetro.
– Júrame que nunca me abandonaras – le susurró al oído pero como respuesta únicamente obtuvo silencio – por favor, Tomi…nunca me dejes.
El pecho del fotógrafo se estrujó un poco – yo… yo lamentablemente no puedo manejar el destino.
En la garganta de Bill algo se atoró y los ojos del de trenzas se humedecieron – pero créeme que siempre, siempre te amaré. Siempre y nadie lo hará como yo ¿de acuerdo?
Lo abrazó con ternura, dejando de lado la lujuria. Bill pudo sentir la suave caricia que le proporcionaba, frunció el ceño, extrañado del tono de Tom sonaba a… ¿Despedida? y eso no le gustaba para nada. O tal vez él exageraba. Sí, él exageraba. Suspiró pesadamente mientras su mano se situaba en la espalda de Tom brindándole calma.
Casa Trümper
– Bueno tú me dirás – dijo con calma – ¿Seguimos o terminamos?
El auto estaba detenido frente al departamento, Bill pasaba la noche con el fotógrafo mientras ellos estuvieron a punto de tener sexo en el vehículo. Pero las cosas no eran así. Jane estaba enamorada de su amigo y Gordon era casado. No querían arruinar una familia, no debían.
– Es increíble, que pequeño el mundo – resopló el hombre apretando con saña el volante – al parecer tú, enamorada de la pareja de mi hijo… no puedo creerlo.
– Va más allá de eso – interrumpió la morena – eres casado, piensa en Melisa ¿Melisa verdad? Bueno, en esa niña, piensa en los años que te llevó construir una hermosa relación, un hogar, no lo destruyas por algo sin sentido. Seremos amigos si quieres.
– Como tú digas – suspiró y ella se marchó dejándole lleno de dudas.
– Gordon, ¿qué dices? – repitió Simone.
– Continuemos – alivio, ella se hubiera lanzado a sus brazos pero no. Se limitó a asentir – lo hago por todos. Por Meli, por Tom y por ti.
– Gracias – sonrió débilmente con una pequeña calma en su interior.
Empresa Editorial
Dos días. Dos días que Jörg no sabía nada de su hijo, dos días en los que la empresa era pura fiesta, los empleados perdían ganas de trabajar, Derek los molestaba, los perseguía e irritaba y su blanco era Tom. Vivía respirándole en la nuca, rechazándole cada imagen que le llevaba diciéndole que le faltaban detalles y le refregaba que la quería ‘perfecta’.
En cuando a Bill, dos famosas agencias lo habían llamado informándole que tenía un desfile y dos portada de revistas que hacer, una ya terminada era para una revista de mujeres en la que tuvo que posar sensualmente casi desnudo. ¡Para él, la suerte estaba de su lado!
– Llama a Thomas – ordenó Jörg a su secretaria por el pequeño teléfono. Al colgar frotó sus manos, nervioso, releyó los papeles que tenía sobre su escritorio y golpeó el puño fuertemente. A los pocos segundos dos toques ligeros a la puerta y el de trenzas se dejó ver. Lo cierto era que su mirada reflejaba furia, pero tenía que sacarse por unos momentos de la cabeza que ese tipo además del padre de Bill era su jefe.
– Dígame – dijo por fin – ¿Qué necesita?
Jörg le extendió los papeles. Tom relamió sus labios y sonrió ante el informe. Claro, él tenía razón.
– No me extraña – suspiró. El hombre lo miró con una cara de ‘este tipo es un idiota’ y se limitó a resoplar y mecerse en su silla – pues verá, solo unos días sin Bill aquí y todo se está yendo al demonio. El número que acaba de salir a la calle es un completo fracaso… ¿A quién se le ocurre que una nota como la de Derek puede ir en tapa? Y además… sabiendo que eso es lo que más llama al público.
Entre risas sarcásticas, Tom tomó el ejemplar que estaba sobre el escritorio y leyó en voz alta.
– “Una de cada tres mujeres tiene sexo ocasional” – volvió a reír – me parece un idiota, disculpe la expresión. Es una ofensa al público femenino.
– ¿Y tú que tienes para proponer? – preguntó molesto, quitándole la revista y arrojándola a un lado.
– Sencillo – contestó – atraer nuevamente a ese público femenino.
– ¿Y cómo? – añadió Jörg.
– Con estética, con belleza… masculina claro. Ya sabe modelitos perfectos, caras bonitas. Una entrevista a algún modelo o actor tal vez – respondió seguro y el jefe asintió satisfecho – déjeme a mí, yo me encargo.
Departamento de Bill
Todas las noches, cuando la emisión de su programa finalizaba ese ‘Gustav’ la llamaba a su móvil, el cual le había pasado luego de la segunda llamada. Sus manos sudaban al oír su voz y una sonrisa torpe se dibujaba en su rostro cuando el teléfono celular le mostraba: “Un nuevo mensaje. Leer. Gustav”.
Mariposas revoloteaban por su estómago y en el fondo temía olvidar a Bill; ya que en el fondo no deseaba quitarlo de su corazón.
– ¿Y dime cuando podemos vernos? – le susurró tímidamente, estaba ansiosa y nerviosa – No quiero incomodarte, sabiendo que trabajas para Billy Future seguramente hasta el fin de semana no podrás.
– Así es – respondió apenado – me gustaría que fuese ahora mismo, pero no puedo bonita. Yo muero por verte, no sabes mi rostro de imbécil por las noches cuando te miro por televisión.
– Oh que dices – se ruborizó como si lo tuviese en frente suyo. Cerró sus ojos y caminó hacia atrás tirándose en el sillón – eres un osito, un dulce de leche.
– No te conozco mucho – murmuró – pero ya te quiero ¿sabes?
Al finalizar la llamada se miró al espejo pensativa. Fue hasta el baño y arregló un poco su cabello, tomó el móvil y se sacó una fotografía. Nerviosa y sonriente la adjuntó con un mensaje.
“Un completo desastre, pero quiero que tengas una. Y yo te quiero a ti.”
Se arrepintió al darle ‘enviar’. ¿Qué tal si lo espantaba? No respondía, cinco minutos y no respondía. Genial, le había dado un infarto, se había muerto del susto o hasta…
El sonido ¡Un mensaje nuevo! Sus dedos temblaron y le dio leer. Él también le había enviado una fotografía. Lucía su cabello oscuro y sus gafas, tan bonito y sencillo. Su débil sonrisa y la luz de esos ojos bastaron…
“No seré el príncipe de los cuentos…pero créeme princesa que este ogro puede enamorarse de usted”.
– Aaaah me derretí – gritó dando saltitos por toda la sala – ¡Bendita sea la tecnología, los celulares! Bendito sea el que creó la oficina, el que te dio el puesto… Bueno no, eso lo meditaré.
Empresa Editorial
Todos, inclusive Tom estaban en la sala de juntas. La competencia lanzaría su número nuevo y si realmente era buena esta era la oportunidad para aplastarlos como insectos cada uno de los que componían Billy Future. Como siempre esperaban a Derek.
– Comienzo a alterarme – murmuró Victoria, Georg asintió.
– ¿Quieren café? – preguntó amablemente Lily.
– No – respondieron todos al unísono.
– ¿Galletitas? – volvió a cuestionar.
– ¡No! – gritaron todos más tensos.
– Está bien…- resopló y la gran puerta se abrió y todos se pusieron de pie desesperados causando un gran bullicio. Pero solo era el señor de la limpieza, al cual sobresaltaron y no dudo en salir corriendo. Tom comenzó a pensar, Bill le había dicho el día anterior que no podría verlo, trabajaría duro para un lanzamiento, no no podía ser. O mejor dicho si podía ser. Bill era hijo de Jörg por lo tanto sabría cómo cobrar venganza de su padre, hacerlo rabiar, darle donde más le duele… su sagrado orgullo.
– ¡Perdonen la demora! – Derek entró corriendo – ¡no me lo van a creer!
Pero Jörg ya no tenía uñas de los nervios. Le quitó el número de ‘Style’ de las manos y empalideció.
– ¿Qué mirda es esto? – Murmuró – ¿¡Qué mierda hace aquí!?
Todos centraron sus miradas en la tapa dorada. Bill posaba como todo un profesional. Su desnudez se cubría detrás de rojas telas de seda que resaltaban la palidez de su cuerpo. Su mirada a cámara reflejaba la sensualidad misma y sus labios entre abiertos provocaban el máximo deseo. El piercing de su pezón brillaba levemente gracias al flash producido por la cámara. Y se notaba de lejos que casi no tenía photoshop. Esa belleza era la más pura y natural. Todos embobados, y Tom comenzaba a irritarse. Tomó la revista entre sus manos buscando las fotografías resoplando celoso.
– Lo mataré – susurró Jörg – marica traidor.
Continuará…