38: MI NOVIA

La casa Kaulitz- Trümper ubicada en uno de los barrios más exclusivos de Berlín, es todo lo que Sofía podía imaginarse, una propiedad grande, bordeada por una gran cerca de ladrillo rojo, con un enorme portón de hierro forjado blanco, un camino de piedra, que divide el enorme jardín frontal, ahora cubierto de nieve, Gustav, rodea el jardín hasta una zona exclusiva para coches, en la cual hay varios vehículos, los tres descienden del coche, Georg es el primero en adelantarse hasta la que parece ser la entrada principal, Sofía, mira en todas direcciones intentando apreciar todo en el momento, las fuentes a la lejanía, colocadas en la mitad del jardín, ahora sin agua, pero por lo que puede apreciar, parecen ser de mármol y granito.

En verano es mucho más bonito—dice Gustav a su lado, Sofía asiente. —Déjame adivinar, estás pensando en ¿Cuán diferentes son?

Eres muy perspicaz.

Soy bueno leyendo a las personas, ya te lo dije eres muy transparente, lo que me lleva a preguntarte otra cosa, que puedes responder si, así lo deseas, si no lo haces, no voy a sentirme ofendido.

¿Cuál es esa pregunta?

Sí, hoy te enteraste de lo de Bill, ¿Por qué luces, como si no hubieras dormido bien en las últimas cuarenta y ocho horas?

Eso es porque estudio medicina, puedes preguntarle a cualquier estudiante, cuanto tiempo duerme en una semana—le sonríe, pero Gustav no se traga la mentira, sin embargo, decide aceptar su respuesta.

¿Por qué son tan lentos? —reclama Georg, tomando a Sofía por la muñeca, lo que la hace sobresaltarse, pero no hace ningún intento por alejarse del agarre del castaño, Gustav, se siente más intrigado por su reacción, sobre todo por lo poco que han logrado saber de Bill, acerca del abuso de Sofía cuando era una niña, luce como si hubiera sido atacada en las últimas horas—¡Gustav, vamos! —le llama Georg, caminando con Sofía hacia el interior.

Sí pensaba que la fachada exterior era impresionante, el interior era aún mejor, las paredes claras y las estancias abiertas, el piso de mármol blanco y negro, los candelabros de cristal colgante, simplemente le quitan el aliento, caminar el interior de ese lugar, se sentía de la misma manera que cuando era más joven y Morgana solía llevarla a los museos durante el fin de semana, con la excusa de que tenía que aprender de todo y qué mejor que arte, era la misma sensación, de estar en un lugar hermoso y frio, con cosas caras que no podías tocar, solo ver.

Lo que la llevaba a la última pregunta de Gustav, acerca de si se preguntaba ¿Qué tan diferentes eran?, hasta el momento no lo había hecho, una sola vez, era consciente de que quien es Bill, pero en ese momento se preguntaba, como era crecer en un museo, si decían que su madre era un ser frio, la suya era una basura humana… bueno tal vez no eran tan diferentes la una de la otra, solo que tal vez una tenía más dinero que la otra. Asiente a su ultima conjetura y continua caminando por el largo pasillo, de la enorme casa, en el trayecto ha visto a un par de empleadas domésticas, que le han saludado con una inclinación de cabeza, pero no ha pasado desapercibida las miradas que le han dado, comienza a preguntarse ¿Sí, Georg tendría razón acerca de la ropa que llevaba puesta?, tal vez debió usar ese vestido azul claro que le regalo su tía, tal vez no era de diseñador, pero era de una buena tienda y el saco blanco que le regalo Lemir en su cumpleaños, ese si era de diseñador pero se había negado a usarlo, solo por ser de Dior, y a saber cuánto le habría costado, aunque Lemir, le dijera que no había sido realmente caro, pues lo había conseguido en la venta de saldos de Harrods.

No lucia tan mal, fue lo que se dijo para calmar sus nervios, además se encontraba en esa enorme casa, solo para ver a Bill, ese tenía que ser su único pensamiento, si a las empleadas les parecía, que no lucia de manera elegante, podían irse al diablo.

Georg, no se detiene cuando llegan a una puerta de madera oscura, simplemente abre la puerta y entra, arrastrando a Sofía al interior, la habitación es sumamente enorme, no tanto como su departamento pero si tal vez las tres cuartas partes de él… ¡oh a quien quiere engañar! es increíblemente grande, y al igual que el resto de la casa es de paredes claras, el piso es de mármol oscuro, contrastando con las paredes claras,  incluso tiene una sala que divide el lugar, además de un mini bar, en las paredes hay algunas pinturas que deben ser sumamente valiosas, en el centro de la habitación se encuentra una enorme cama con un edredón blanco de plumas, Bill está recostado en la cama, con la mirada fija en la pantalla de su Mac, demasiado divertido como para prestar atención a los recién llegados, desviando de vez en cuando la mirada para ver a Tom, sentado al otro lado de la habitación en una mesa de madera blanca, con sillas negras, aún hay resto de lo que parece ser el almuerzo.

¡Hola Bibi! —grita Georg, llamando la atención de los dos hermanos, pero Sofía no puede evitar la carcajada que brota desde el fondo de su garganta, contagiando a los otros dos chicos, el castaño se hace a un lado, para que Bill vea a la razón por la que se están riendo.

¡Te voy a matar! —gruñe entre dientes, al ver como Sofía, intenta controlar su risa—En verdad Georg, en cuanto pueda volver a usar mí otro brazo, te voy a matar.

Que malo eres Bibi—responde sin dejar de reírse, contagiando esta vez a Tom, que está disfrutando de ver como su hermano esta por fin relajado, e incluso al ver que esta rojo, debido a la vergüenza que el apodo, le ha causado, cuando nunca antes había pasado por eso.

Hola Sofía—saluda a la rubia, que ahora solo tiene una ligera sonrisa pintada en sus labios, sonrisa que desaparece ligeramente, cuando desvía la mirada de Bill hacia él.

Hola, Tom—su tono de voz es ligeramente cohibido, lo que lo hace preguntarse la razón, dirige su mirada a sus amigos y por la sonrisa de Georg, sabe que algo hicieron, para que obtuviera esa reacción.

Bueno chicos, será mejor que dejemos a los tortolos solos—Georg, empuja a Gustav que rueda los ojos y camina hacia una pared de la habitación, la cual empuja y se abre, Sofia mira boquiabierta la escena, mientras los otros tres desaparecen por ahí.

¿Sorprendida? —pregunta con una voz divertida, sin dejar de observar el rostro asombrado.

¿Sus habitaciones están conectadas?

Sí, por la sala de juegos.

Los caprichos de los ricos y famosos—responde.

Bill frunce el ceño, pues no es el encuentro que había imaginado. Bueno tampoco es que esperaba que ella, apareciera con los ojos velados en lágrimas, pero esperaba que fuera un encuentro un poco más cálido.

¿En algún momento, te vas a acercar y me vas a saludar como corresponde? —se pone de pie y camina hacia ella, que lo mira con un ligero rubor.

Hola— susurra contra sus labios, lo envuelve cuidando de no lastimas su brazo, para fundirse en un beso.

Eso estuvo mejor—dice tomándola de la mano, camina hacia la cama, pero ella lo jala en dirección a la sala que está del otro lado de la habitación—La cama es más cómoda, el doctor dijo que debo permanecer en reposo.

Te operaron el brazo, no las piernas—levanta ambas cejas— y aunque te creo que es más cómoda, prefiero estar aquí—responde sentándose en el sillón blanco, Bill suspira y se sienta a su lado. — ¿Cómo te sientes?

Se supone que debería estar en un grito de dolor—apoya la espalda en el respaldo, mete la mano en el bolsillo del pantalón—pero Tom, me dio esto—le enseña un cigarrillo blanco, no hace falta ser un sabio para saber que es—hace milagros para el dolor, mejor que las pastillas que me dieron, que solo me adormecen.

Te recetaron, antibióticos y antiinflamatorios, que tienes que tomar, no estar fumando esa estupidez.

Bill se encoje de hombros—Pero esto es mejor. —vuelve a guardarlo

Tú hermano es un idiota y tú eres otro, ¿cuándo tomaste por última vez el medicamento, que te indicaron?

Como—se rasca la frente—Ayer.

¡Bill!, tienes que tomarlo a tus horas, no dejarlo, ¿dónde están? —Bill señala el otro lado de la habitación, se pone de pie y como si estuviera en su habitación camina hasta una de las mesas de noche, encuentra los frascos de los medicamentos, junto con la receta, lee las indicaciones y toma los dos frascos y el vaso con agua que está en la mesa, regresa junto a Bill y le entrega el vaso con agua.

Pero me van a producir sueño y ahora no quiero dormir—Se queja como un niño pequeño— estas aquí y hace días que no te veo.

De acuerdo—cede, poniendo los ojos en blanco, ante el comportamiento infantil—solo toma el antibiótico y antes de irme te tomas la otra pastilla.

Ok—responde de mala gana, extiende la mano y toma la pastilla, que traga con un sorbo de agua—Me alegra que estés aquí.

A mí que estés bien—apoya su cabeza en el hombro derecho— cuando me entere, me preocupe demasiado, incluso llame al hospital, pero la idiota de la recepcionista, se negó a darme información sobre ti, porque no soy nada tuyo.

Debiste decirle que eras mi novia—le toma la mano.

¿Tu novia?

Sí, mía—se acerca y la besa suavemente, antes de alejarse—Creía que eso estaba claro.

Creo que es muy rápido.

¿Rápido? Sofia, nosotros ya hasta hemos dormido juntos, ser novios es el siguiente paso.

Compartido la cama—le aclara—además ¿Ya has terminado con Tabatha?

No la he visto, la he llamado, pero no contesta y no he recibido llamadas de regreso.

Bueno, hasta que no termines lo que sea que tengas con ella, tú y yo solo somos amigos.

Con derecho a roce—sonríe, Sofia solo rueda los ojos.

¿Cómo fue que terminaste en el hospital?

Me hice el valiente con un ladrón—repite la mentira que ha dicho desde que despertó y si sigue diciéndolo tantas veces, puede que se haga realidad.

¡Eres un idiota, pudo haberte matado!

Eso le habría gustado—murmura en voz baja.

¿Qué, has dicho?

Que no tengo tanta suerte.

No, digas estupideces.

De acuerdo, ya no lo volveré a decir, ¿Hace cuánto que no duermes?

¿Qué?

Tienes ojeras— le acaricia la mejilla, pasando ligeramente los dedos, por el contorno de su ojo derecho. —Luces cansada.

Tengo, muchas cosas en la cabeza y esta semana he tenido mucho trabajo.

Hoy es lunes.

Sí, ya lo sé.

Y yo sé, que me estas mintiendo—Bill, la toma por el mentón, fijándose en sus ojos, observando un ligero destello de miedo en ellos— ¿Qué tienes?

Nada—responde soltándose del agarre y poniéndose de pie—Ya es tarde y tengo cosas que hacer, tus amigos dijeron que me llevarían a casa.

Aún es temprano, no te preocupes, si te lo prometieron te llevaran—la toma de la mano, sentándola a su lado.

Tengo que irme, ¿Puedes llamarlos, por favor?

¿Porque no me dices que estas ocultando?, la última vez que te vi, estabas bien, ahora tiemblas como hoja, ¿Sofia, que paso en los días que no, nos vimos?

No te estoy ocultando nada, y no pasó nada, Bill enserio llámalos, además ellos dijeron que no era buena idea que tu madre, me encontrara aquí.

Bien, los llamare, pero esto no se queda así, esta conversación no ha terminado—se pone de pie y Sofia con él, cruzan la misma puerta por la que salieron los chicos y entran en el salón de juegos, Tom y Georg están jugando pin pon, mientras Gustav y otro chico castaño los observan. —Gustav—llama Bill, el chico gira el rostro al igual que el otro, Tom y Georg detienen su partido—Sofia, tiene que irse.

¿Tan pronto? —pregunta Tom, observando el reloj de su muñeca, no ha pasado ni media hora desde que esos dos se quedaran, solos. — ¿Aún es temprano?

Ya, pero tiene cosas que hacer—responde, desviando la mirada hacia la rubia que hace una mueca, los otros cuatros se miran y por la forman en que esos dos se miran, parece que Bill está intentando no explotar, mientras ella es como si intentara escapar de algo.

Puedo llevarla—se ofrece Andreas, todas las miradas se centran en él—Georg está jugando y de hecho yo ya me iba, solo venía a ver como estabas, por cierto, soy Andreas—se presenta.

Creo recordarte—responde estrechando la mano del castaño.

Gracias a él, me diste los diez puntos en la cabeza—responde Gustav, con cara molesta, provocando la risa de los demás.

¡Oh! —es todo lo que dice Sofia.

¿Entonces Sofh? ¿Puedo llamarte así? —Sonríe, a la mirada molesta que Bill, le dedica, Georg codea a Tom, para que observe la cara de su hermano, y no puede evitar sonreír, sobre todo al ver como Sofia entrelaza su mano con Bill, como si con eso bastara para calmarlo y de hecho funciona perfectamente.

Esta por responder cunado la puerta se abre y Gordon, seguido de Dunja entran en la habitación, Sofia intenta soltar su mano, pero Bill no la deja.

Buenas tardes, chicos—saluda, con una sonrisa, para después mirar a Bill y la hermosa chica rubia que está tomada de su mano, por un momento frunce el ceño, pero se recompone rápidamente—Bill, deberías estar en cama, ¿Quién es esta bella, jovencita?

Mi novia—responde, Gordon mira impresionado a Bill al igual que los demás, pues no esperaban, esa respuesta. —Gordon, ella es Sofia.

Mucho gusto, Gordon Trümper —estrecha la mano de la chica y deja dos veces en sus mejillas, sonríe al verla ruborizarse—el segundo padre de este par.

Sofia Sacks, un placer—estrecha la mano con Gordon.

¿Bill, porque no me habías dicho, que tenías una novia tan bella?

Porque hace unas horas le pedí que fuera mi novia—responde, volviendo a tomar la mano de Sofia—y Ella es Dunja, la mujer más importante de esta casa, sin ella no sabríamos ni que días es.

Dunja Pechner, mucho gusto—estrecha la mano de la chica y deja dos besos en su mejilla, como hiciera Gordon—, no le hagas, caso, solo lo hace por quedar bien.

Sabes que no es verdad—responden Bill y Tom al mismo tiempo, Dunja levanta la mano, restándole importancia.

¿Y dónde se conocieron ustedes dos?

En el hospital, donde hacía mi servicio.

¿De verdad? —su voz, denota que no está muy convencido de ese encuentro, rápidamente comienza a preguntarse, si esa bonita chica, que luce como una oveja directo al matadero, no será un nuevo lobo disfrazado con piel de oveja.

Sofia, es estudiante del hospital general de Berlín, donde Bill estaba jugando a pintar—aclara Tom.

No estaba jugando, si pinte—se defiende.

¡Vaya! Eso es sorprendente, además de bella, una futura doctora.

Tiene una mano, para hacer suturas sin dejar cicatrices, que es genial, te lo digo de primera mano. —Gustav, le sonríe a la rubia.

Sacks, ¿de dónde viene tu apellido?

Mi abuelo es inglés, pero mi abuela es alemana, mi familia es de Dresde.

Es un bonito lugar—Sofia asiente—Aun vives ahí.

No, vivo, con mi tía en Teltow.

Lo conozco, es un pueblito muy lindo. ¿Qué hay de tus padres?

Ellos, ellos fallecieron cuando era niña—responde mirando el suelo, Bill, mira a Gordon y este cierra los ojos, maldiciéndose.

Lo siento, no quise ser impertinente.

Está bien, ya es tarde y mi tía detesta que maneje de noche en carretera.

¿Por qué vas a Teltow?, si tu departamento está al otro lado de la cuidad. —Bill pregunta confundido al escuchar eso.

Amm, te cuento luego, Andreas puedes llevarme a recoger mi coche—El castaño asiente—Mucho gusto, Señor Trümper.

Gordon, y el placer es mío Sofia, eres bienvenida cuando quieras visitar a Bill.

Gracias, No olvides que tienes que tomarte el antiinflamatorio, con los horarios que ya te indicaron—le dice a Bill, provocando que el chico, ruede los ojos, pero asiente al tiempo que la chica sonríe y le deja un beso en la mejilla, Gordon, mira a Sofia con una nueva mirada de asombro, Bill es testarudo y sabía que no había querido tomarse los medicamentos y había inventado un sinfín de excusas—Bien, confió en que lo harás.

Lo hare, Sofh—responde y frunce el ceño al verla estirar la mano— ¿Qué? —Sofia levanta una ceja y Bill suspira, sacando el cigarrillo, de su bolsillo y dejándolo en su mano.

Usted sabrá, mejor que hacer con esto—le entrega a Gordon el cigarrillo—No tiene tanto dolor, como para que lo esté usando, sin indicación médica.

Esta chica me agrada—responde Dunja, provocando la risa de los demás y que Gordon asienta.

A mí también—responde Gordon—Deberías quedarte a cenar y así conocer a la madre de estos dos, estoy seguro que Simone te va adorar.

¡NO! —responde Bill y Tom al mismo tiempo, provocando que Gordon se sobresalte.

Mejor otro día—dice Bill—Además ya es tarde y si tienen que conducir una hora hasta Teltow, no quiero que se le haga tarde. Ya Andreas llévala a la recoger su coche.

Tienes razón, Bill, en fin, Sofia, espero verte nuevamente por aquí—sonríe, Sofia se despide del resto y sale de la habitación con Andreas.

***

Creí que vivías en un edificio, al otro lado de la cuidad—dice Andreas, cuando se incorpora al tráfico.

Así es, pero por el momento estoy en casa de mi tía, te digo que calles tomar.

A Bill, le sorprendió—responde, siguiendo la indicación que le ha dicho.

Me mude este fin de semana, también por eso no me había enterado de su accidente, gira a la derecha—indica— ¿En verdad, sorprendió a un ladrón en su estudio?

Sí, ¿No, crees en su palabra?

Sí, claro que sí, es solo que me sorprende que alguien sea tan estúpido, como para atacar a Bill Kaulitz.

Pues ya vez hay gente estúpida en este mundo, a pesar de que sea el hijastro del gobernador, aún hay gente mal de la cabeza.

Parece ser un buen tipo, aunque aún principio me puso nerviosa.

Gordon, es un pan, que sea el gobernador, no quiere decir que sea un ogro en casa, eso es en solo política, ese hombre adora a sus hijos. Más que Simone.

Georg y Gustav, me advirtieron sobre ella. ¿Tan mala es?

Esta, algo trastornada.

¿Trastornada?

Digamos, que es una mujer que se preocupa por el que dirán.

¿El qué dirán? Con Bill, como hijo y sus juergas que son la comidilla de todos, ¿No, crees que sea algo hipócrita?

¡Bienvenida, al mundo de los ricos y la política!

Eso no tiene gracia.

Pero así son las cosas, sobre todo con ellos, Simone te va a hacer la vida de cuadritos, si te cree una amenaza, para su perfecta vida.

¿Una amenaza? —Andreas se encoje de hombros—Creo que si tengo mucho que hablar con Bill—el castaño, asiente nuevamente, decide cambiar de tema, porque algo le dice que Andreas no, le dirá más acerca de la madre de su “Novio”— ¿Bill, ha visto a Tabatha, últimamente?

¿Ya, se lo preguntaste a él?

Me dijo que hace semanas que no la ve.

Ahí, tienes tu respuesta.

En eso, no le creo.

Bueno ese es tu, pequeño problema, no él mío.

Está bien, le creo—Andreas, ríe y niega.

No, me lo digas a mí, yo le creo, eres tu quien, tiene esa duda, es como lo que yo me pregunto.

¿Qué te preguntas?

¿Qué hay contigo y el otro chico de la barra?

¿Lemir? —Andreas, asiente—Solo somos amigos.

A Bill, no le agrada.

Es mutuo, Lemir, tampoco es fan, de Bill.

Tú, no vas a tomar partido, ¿cierto? —Sofia asiente—Es bueno saber eso—detiene el coche, frente al edificio, Sofia, le agradece el aventón, y baja del coche, para entrar corriendo a su edificio.

***

Sofia, empuja la puerta del bistró y sonríe al ser invadida por el olor a pastel y café recién hecho.

¿Dónde estabas? Dijiste que estarías aquí, a las seis y son las nueve, Sofia. —Una preocupada Morgana, la mira de pies a cabeza—Estaba a punto, de enviar a Lemir a buscarte—dice, Sofia, mira el lugar, encontrando al mencionado, sentado en una mesa, con la hermosa morena.

¿Qué hace ella aquí? —pregunta.

¿Qué?

Eva, Tía, esa chica, trabaja en Edén y no sabe que, yo soy Nina.

¿Trabaja en Edén? —Sofia gruñe y asiente—Eso, no lo sabía—mira de nuevo, a la dulce chica, que conociera esa misma tarde—No, aparenta ser una chica, que trabaje en ese lugar, bueno Sofia, tampoco luce como esas chicas, Lemir desvía la mirada y tras decirle algo a Eva, se pone de pie y camina en dirección a las mujeres.

¡Vaya! Ya era hora, tía Morgana, estaba preocupada por ti.

¿Qué hace, Eva aquí?

Veníamos, a comprar un pastel, pero tía Morgana, me dijo que estaba preocupada por ti y me pareció, lo correcto quedarnos a esperarte, no has estado bien.

Estoy bien—responde, comenzando a molestarse—Ya dejen de preguntar, lo mismo.

De acuerdo, Pero ¿dónde estabas?

Estaba con Bill.

¿Fuiste a verlo al hospital?

¿Tu, sabías que estaba en el hospital y no me lo dijiste?

No, me pareció importante, decir eso—le resta importancia.

¿No entiendo, que, hacia Bill, en el hospital?

Lo asaltaron, y lo hirieron—le cuenta Sofia

Eso, te dijo.

Sí, eso me dijo y yo le creo.

Yo, más bien, creo que se metió en alguno de sus típicos líos.

¿Líos? —Morgana, se preocupa ante eso— ¿Sofia, que clase de chico es Bill?

Es un chico, como todos Tía, y tú debiste haberme dicho.

No, soy yo el que sale con él, por mí como si le pasa un zamboni por encima.

¡Lemir! —le regaña Morgana—Es un ser humano, no te puedes expresar así de él, ¿Cómo está, el chico?

Eres un idiota, está bien, ya está en su casa.

¿Fuiste a la casa Kaulitz? —Pregunta, Andrew incorporándose a la conversación-discusión—Vaya que te mueves rápido.

Muy rápido—murmura Lemir.

¿Qué quieres decir con eso? —se acerca, a Lemir y le mira furiosa.

¡Ya basta! Ustedes dos—Morgana los separa—No se van a pelear, Lemir, tú tienes una dulce chica, sentada en una de las mesas, será mejor que la lleves a casa, yo tengo que cerrar y tenemos que irnos a casa. Y no te permito, que hagas una acusación como esa, a mi sobrina, la próxima vez, te voy a lavar esa bonita boca con cianuro.

Está bien, lo siento, Sofh, no volverá a pasar—Sofia, suspira y lo abraza, gesto que es correspondido—Solo me preocupo por ti.

Ya lo sé, pero estoy bien.

Bien, entonces nosotros nos vamos, te veo el viernes de acuerdo—Sofia asiente y saluda a Eva, que le regresa el saludo, pero no se pone de pie, hasta que Lemir se acerca y ambos salen del lugar.

Pobre chica—es lo que dice Andrew, antes de girarse y apagar la luz de la cocina—Lemir sigue, enamorado de ti.

No digas tonterías, tú también—dice—Tía te espero afuera—camina hacia la puerta, pero al ver una figura al otro lado de la calle, la hace detenerse y congelarse en su lugar.

¿Sofia? —Morgana, camina hacia su sobrina, al ver la forma abrupta en la que se ha detenido— ¿Qué sucede? —Pregunta, mirando hacia la calle, pero no ve nada—Cariño, me estas asustando, ¿Qué viste?

Sofía, sacude la cabeza y parpadea varias veces—Yo, nada, ya vámonos—pide, Morgana asiente.

El silencio invade el auto, de Sofia, Morgana es la encargada de conducir, detrás de ellas, va Andrew en el coche de la castaña, esa noche se quedará con ellas, por petición de la mujer, Sofia cierra los ojos y recarga la frente contra el frio, del cristal.

¿Sofía, estas bien?

Sí, Tía estoy cansada.

¿Qué tal te fue en casa de Bill? ¿Debe ser una casa hermosa?

Es bonita, se parece a los museos, que solías llevarme de niña—Morgana desvía la mirada, pero Sofia sigue en la misma posición—Conocí al Gobernador.

¿Conociste a Gordon Trümper? ¿Es tan guapo, como se ve en la televisión? —Sofia se ríe y Morgana, suspira al escucharla y se relaja.

¡Tía! No me fije en eso, pero es agradable, de hecho, me dijo que era bienvenida a su casa, las veces que quisiera y que le alegraba saber que era la novia de su hijo.

¿Ya son Novios? Eso no me lo habías contado, pensé que se estaban conociendo.

Bueno, aun no lo somos, pero creo que pronto lo seremos, Bill, le dijo eso, para presentarme.

¿De verdad, es un buen chico? —No puede evitar volver a preguntar, sobre todo después de las palabras de Lemir. Sofia asiente y decide no preguntar, confía en ella y si ella dice que lo es, no tiene por qué dudar, de su juicio.

por administrador

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