38: Pasado y futuro

«Billy Future» Fic de Ignacio Pelozo

Capítulo 38: Pasado y futuro

El bullicio se desató, todos comentando y hablando entre murmuros y risas ante la expresión furiosa que tenía el dueño de la empresa. Tom por su parte luchaba por quitarle de las manos el número de esa revista a ojos deseosos de ver un bello cuerpo que no les pertenecía. Lo mataría en cuanto lo viera ¿Cómo se atrevía? Pero claro… nadie comprendía que sus celos dolían. Se levantó dejando la revista sobre la gran mesa y salió con la cabeza hacia abajo intentando esconder las lágrimas de ira que batallaban por salir de sus ojos.

Departamento de Bill
Tarareaba en la ducha. Algo que había adquirido desde pequeña ya que a ella también le gustaba cantar. Salió con gotas corriendo por su moreno cuerpo y continuando la melodía comenzó a secarse el cabello en medio de la sala. Su mente comenzó a irse, y el movimiento de sus manos en su cabello fue haciéndose más lento hasta detenerse. ¿Y si fallaba?… ¿Si intentaba olvidar a Bill pero jamás podría? ¿Si una vez que ella estuviese con alguien más y en un futuro él ponía los ojos en ella? Un mal presentimiento la invadió. Una sensación de que ella sería quien calme lágrimas largas e intenso llanto de Bill… ¿pero por qué? No lo sabía, solo lo sentía. Sabía que tendría que cuidarlo y apoyarlo mucho tiempo.

Jamás me abandonarías… ¿Por qué lo haces? ¿Por qué me dejas?

Los vellos se le erizaron. Pudo oír la voz del pelinegro en sus pensamientos, suplicando, sollozando, rogando… y una lágrima cayó por su mejilla. Regresó hasta su habitación a vestirse justo cuando el timbré sonó dos veces.
– ¡Ya voy! – Gritó desganada y al abrir la puerta recibió una grata sorpresa – ¿Gus…Gustav?
– No, el chapulín colorado – bromeó.
– ¡Ah! No contaba con tu astucia – sonrió dejándole pasar con las mejillas ruborizadas – ¿Qué te trae por aquí?
– Vine a traerle este humilde obsequio – y detrás de su espalda le extendió una rosa color carmesí. La observó fijamente y no pudo evitar recordarlo.

Flashback, primavera de 1996
Corría, lo veía acercarse. Se notaba que sus piernas ya no daban más y cuando la alcanzó cayó al piso, pinchándose el rostro con el pasto.
– ¿Qué te hiciste? ¿Estás bien Billy? – se arrodilló ante ese niño de siete años, que lo único que pudo hacer fue ponerse de rodillas emitiendo un quejido – ¿Billy?
– Es…es para ti – susurró extendiendo una flor color roja carmesí ante la mirada de la niña. Su pequeña mano sangraba por las espinas y sus rodillas estaban cubiertas de lodo – te quiero.

Sin decir más, hundió su rostro en el pecho del moreno de gafas rompiendo en un incesable llanto. Entreabrió sus llorosos ojos y solo pudo ver el azul de la camiseta del muchacho.
– Calma… – dijo Gustav acariciándole la cabeza – si necesitas llorar llora.
– ‘No te preocupes jamás te abandonaré’ – pensó para sus adentros sin dejar de sentir ese espantoso dolor en su pecho – ‘siempre me tendrás Billy, siempre’

Casa hogar
Grandes y altas puertas de madera se abrieron dándole paso. Una monja se acercó a él brindándole una cálida sonrisa, guiándole a través de un grande jardín. No tardó en entristecerse al ver a los niños juguetear por doquier. Como quisiera poder cambiarles el destino y conseguir que tuvieran una familia… o tal vez llevárselos todos para él y criarlos junto a Tom. Pero lamentablemente no podía y de todos ellos tendría que escoger solo uno. La anciana que lo recibió le indicó la oficina de la directora y anduvo observando a su paso las fotografías, que lugar tan frío y doloroso. Sus ojos se aguaron y suspiró. Tocó la puerta tres veces y una dulce voz le ordenó pasar.
– Buenas tardes señor – saludó una joven monja extendiéndole la mano.
– Buenas tardes – sonrió Bill mientras le indicaban que tomara asiento – bueno yo vengo claramente por una adopción.
– ¿Es usted casado? – golpe bajo. Por lo visto tendrían claramente un inconveniente. Negó con la cabeza y bajó la mirada – ¿concubinato?
– Sí – sonrió – tengo pareja estable y hemos hablado largamente sobre esto y…
– Está perfecto – interrumpió intentando aliviarle el nerviosismo. Y sacó una planilla de entre unos libros – necesito datos.
Bill asintió con el corazón latiéndole demasiado rápido. Colocó sus brazos sobre el escritorio a medida que respondía los datos personales de él y de Tom.
– Me duele admitirlo – su voz sonaba triste – pero prefiero un niño pequeño, inferior al año.
– Es normal no te preocupes – lo consoló – ven, sígueme.
Se puso de pie, caminando lentamente tras ella. Mientras ilusionado imaginaba a un bebé en brazos de Tom, padres. ¿Su felicidad sería por fin completa? Sí, estaría con Tom para siempre.
Caminaba con lentitud y nerviosismo. Hasta que la monja se giró para sonreírle y hacerle entrar en el sitio más cálido y dulce de todos. El silencio de esa pequeña sala le encantaba. Miraba una a una las pequeñas cunitas, todos los bebés dormían.

Hasta que uno consiguió llamar su atención, un varón de tres meses cabello negro, piel clara y ojos verdosos. Sonrió emocionado y se acercó hasta la él. «Brandon».
– Él… – suspiró y volvió a mirarlo, con sus ojitos abiertos y sus piecitos moviéndolos un poco – pronto tendrás dos papás bebé… muy pronto.
– Perfecto, tramitemos todo – dijo feliz la monja. Mientras él no dejaba de observarlo emocionado.

Empresa Editorial
– Termina tu estupidez – dijo enojado Jörg – admite, Thomas tiene más razón que tú. Es muy buena idea esa de llamar modelos… ¡Hazlo! No te quedes mirándome. ¡Coge el puto teléfono y llama!
– Lo haré, lo haré – resopló Derek tomando el teléfono que se situaba sobre el escritorio marcando el número telefónico correspondiente – Hola…llamo de Billy Future…Oh… entiendo. Verás necesitamos un modelo, guapo, alto para una tapa digamos que atractiva, lo mejorcito que tengan, gracias. Mañana por la mañana. Adiós.
Molesto se dispuso a salir, pero Jörg lo tomó del brazo rápidamente arrinconándolo con fuerza contra la pared.
– ¿Qué… qué hace? – susurró tenso.
– Eres obediente – le sonrió acortando la distancia entre sus rostros – sumiso, haces todo lo que te digo.
– ¿Eres mi jefe no? Es lo correcto – sus piernas temblaron al notar, como una de las de ese hombre se situaba cerca de su entrepierna – déjeme retirarme, déjeme…

Pero fusionó sus labios con fuerza y en ese momento solo tuvo una opción. Dejarse.

Departamento de Bill
– Gracias – suspiró Jane – siento habernos visto en estas circunstancias.
– No me agradezcas, ni te disculpes – sonrió Gustav desde el umbral de la puerta – siempre que me necesites me llamas y listo. No olvides avisarle a Bill la carpeta que le he dejado, son unas cosas que le prometí hace mucho tiempo y se las he traído.
– De acuerdo – asintió besándole la mejilla – nos vemos.
– ¡Gustav! – Exclamó Bill apareciéndose de repente sobresaltándolos – ¿Qué haces por aquí?
– Vine a traerte lo prometido – rió – debo irme, los veo luego. Adiós.
– Adiós – saludaron los dos al mismo tiempo. Al entrar el móvil del pelinegro comenzó a sonar.
– Me encanta tu cabello – sonrió la morena.
– ¿Hola? – Atendió sonriente – Oh ¿de veras? Mañana… ¿Por la mañana? No claro, no tengo ningún inconveniente… ¿Y dónde es? Vaya vaya, que interesante. ¡No! Claro que no, no tengo ningún problema en ser fotografiado por el staff de Billy Future… ¿Puedo pedirles algo?…No les digan que iré. Okay, okay. Adiós.
– ¿Billy Future? – preguntó Jane sin comprender.
– Me han pedido que sea modelo ¿Puedes creerlo? –Rió con ironía– al parecer a mi padre le está yendo peor de lo que imaginaba. ¡Qué grata sorpresa se llevará al verme!

Jane sonrió, a Bill se lo veía feliz de ese modo. Pero algo pincharía su felicidad. Su móvil vibró. Un mensaje… ¿Tom?

No logro comprenderte, dices que eres mío, que tu cuerpo es mío ¡Y te expones cuando se te de la puta gana y sin decirme nada! Pues ¿Sabes qué? O tu carrera de modelo o yo. No permitiré que me tomes el pelo posando desnudo.

Abrió los ojos como platos, y antes de poder gesticular una palabra llegó otro mensaje.

¿Cuánto te costó que el fotógrafo se te tire? Dos, tres, cuatro fotos ¿O más? Gracias Bill. Quédate con tu puta fama.

Su corazón palpitó nervioso y comenzó a expulsar lágrima tras lágrima.
– ¿Por qué mierda? –sollozó. Jane lo miró apenada – ¿¡Por qué no puedo ser feliz?!

Continuará…

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