«As the lights go down» Temporada I

Capítulo 4

No podía sacarse de la cabeza lo que su hermano le había propuesto, ya había pasado una semana y seguía sin saber que respuesta darle ¿Por qué Tom le propondría algo así? Le daba muy mala espina.

– ¡Oye Bill! – llamaron

Bill se encontraba en el apartamento de su prometido, Gareth.  El chico le había invitado a pasar la tarde viendo películas, pero terminaron en su cama dando rienda suelta al deseo que sentía cada uno por el otro o al menos eso pensaba Gareth, ya que esa tarde, Bill no había estado tan participativo como siempre.

Ahora ambos descansaban en la cama. Bill le daba la espalda a su novio el cual no lograba entender por qué su amado pelinegro estaba tan callado, estaba a punto de perder la paciencia al verlo tan ensimismado, pero no quería agobiarle, el chico tenía varios problemas encima y no quería hacerlo sentir peor.

– ¡Oye cariño, te estoy hablando! – volvió a decirle tocándole la espalda

– ¡Oh! Lo siento – susurró Bill volteándose para mirarlo – ¿Qué pasa?

– Eso es lo que quiero saber yo – contestó Gareth – ¿Qué te pasa? Últimamente has estado muy callado y cabizbajo, tú no eres así amor y ya me estoy comenzando a preocupar

– Lo siento – murmuró el pelinegro desviando su mirada

– Hey, no hagas eso – susurró el otro acariciándole la mejilla con su mano – Dime ¿qué pasa por esa cabecita?

Bill sonrió débilmente – Me han ofrecido un trabajo – dijo al fin

– ¿En serio? ¡Felicidades amor! Eso es muy bueno – sonrió Gareth

– Pues sí, pero… Es en Berlín – dijo el pelinegro tristemente – Tendría que mudarme y no quiero, mi vida está aquí, en Múnich. Papá está aquí y tú también… No sé que hacer, Gareth

– Bueno – dijo el chico atrayendo a Bill contra su pecho – La decisión es tuya, debes pensar bien qué quieres hacer, si el trabajo te paga lo suficiente para solventar los gastos del hospital y demás, creo que no sería buena idea dejarlo ir – decía acariciando la cabellera negra de su amado – Por otro lado, será difícil no poder verte todos los días, pero estoy dispuesto a conducir por seis horas solo para poder visitarte

– Gareth – susurró Bill abrazándolo fuertemente

– Yo te apoyaré sea cual sea tu decisión, amor mío – sonrió

“¿Qué debo hacer?” era lo que resonaba en la cabeza de Bill. Era muy difícil tomar una decisión cuando tenías que elegir entre las personas que más amabas o dejarlas atrás para mantener con vida a una de ellas.

Después de la pequeña charla, Gareth invitó a Bill a cenar fuera para que su mente se despejara un poco, pasaron un momento tranquilo y relajante mientras disfrutaban de una deliciosa cena haciendo que el pelinegro se olvidara por un momento de sus problemas, luego decidieron dar un paseo por la ciudad que por “casualidad” los llevó a una floristería y allí, Gareth aprovechó y le compró un ramo de rosas a su novio.

– “Haces que tomar la decisión sea aún más difícil” – pensó el moreno con el ramo de rosas en la mano – “¿Quién querría irse cuando tienes al prometido perfecto?” 

Decidieron que era hora de volver a casa, así que comenzaron a caminar hacia la del pelinegro.  En el camino pasaron por lugares que les traían buenos recuerdos, pero el mejor fue cuando pasaron frente a la casa del vecino de Bill, Jude.

&

Hace cinco años atrás, Bill de 18 años se encontraba en el jardín trasero de su casa, sentado debajo de un árbol escribiendo canciones en su libreta azul o al menos eso intentaba, porque su vecino Jude, había invitado a sus amigos a jugar fútbol en el patio y hacían mucho ruido.  Siguió intentando concentrarse, pero de pronto sintió un fuerte golpe en el costado derecho de su cabeza. 

– ¡Oh mierda! – escuchó decir a un chico 

– ¡Auch, auch! – se quejaba el pelinegro sobándose la cabeza

 – ¿Estás bien? – preguntó un muchacho que llevaba su cabello rubio en un moño – Lo siento mucho

 – Sí… supongo que estoy bien – respondió Bill

 El otro chico saltó la baranda que separaba los jardines para poder acercarse a Bill – Déjame ver – dijo cuando estuvo a su altura

 – ¡Con cuidado! – dijo Bill un poco molesto

 – ¡Tranquilo! – sonrió el rubio revisándole la cabeza – ¡Rayos! – murmuró – Mañana tendrás un buen chichón, en serio perdóname

 – No pasa nada – intentó restarle importancia, pero de verdad sí le dolía – Fue un accidente

 – Y uno muy lindo – susurró el muchacho

 – ¿Cómo? – preguntó Bill pensando que el golpe lo dejó tonto como para escuchar mal

 – Soy Gareth, amigo de Jude – se presentó ofreciéndole la mano

 – Bill… vecino de Jude – dijo el moreno tontamente dándole la mano

 Se formó un silencio incómodo, ninguno decía nada porque se habían quedado embobados el uno con el otro ¿Y cómo no estarlo? Pensaba Bill, Gareth que en ese entonces tenía 20 años, era alto y bien fornido, la forma en la que llevaba su rubio cabello en un moño lo hacía ver muy sexy y ni hablar de sus ojos verdes.  El pelinegro ya se veía casándose con él y siendo el padre de sus hijos.

 Por otro lado, Gareth también estaba embelesado con la belleza Bill, su cabello negro contrastaba de una manera hermosa con su piel pálida, sus ojos almendrados y lo mejor de todo su sonrisa, tenía un aspecto totalmente angelical.

 Después de esa vez, cada ocasión en la que Jude invitaba a sus amigos a jugar, Bill salía al jardín para ver “disimuladamente” al amigo de su vecino y este tiraba la pelota al otro patio “por accidente”.  Poco tiempo después intercambiaron números para hablarse y comenzaron a salir, al cabo de 5 meses, Gareth le pidió a Bill que fueran novios, al cumplir 3 años de noviazgo, le propuso matrimonio.

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Mientras tanto en un lugar en Berlín, Tom estaba en una fiesta de mala muerte con sus compañeros de banda Georg y Gustav.  El licor y drogas estaba por doquier, al igual que las mujeres dispuestas a irse con el primer chico que se les pusiera al frente.  Los compañeros de Tom lo veían con desaprobación mientras el hacía tres líneas de cocaína con su propia tarjeta de identidad y contaba con mucha gracia el reencuentro con su hermano menor.

– ¿Qué hiciste qué? – preguntó Georg

– Como te dije – contestó el guitarrista después de inhalar una de las líneas que había hecho – Le dije que se convirtiera en mi asistente personal o ama de llaves, como quieras verlo y digo “ama” porque de verdad parece una mujer – rio

– ¿Estás demente, Tom? – preguntó Gustav – ¿Quieres matarlo?

– ¡Vamos, no es tan malo! – rio – Al fin y al cabo, lo estoy sacando de esa pocilga que llama hogar

– ¡Sí claro! ¡Que bueno eres Gran Tom! – rio Georg con sarcasmo – Tom, sabes que eres un monstruo, nadie puede vivir contigo

– Corrección, Tom no puede vivir con nadie – dijo Gustav – Sabes que tienes problemas de actitud

– ¡Ay, que aburridos son! – resopló el guitarrista mientras hacía una seña a un mesero para que le llenara el vaso de nuevo con licor – Solo quiero divertirme un ratito

– Tom, pero es tu hermano – dijo Georg intentando hacerlo entrar en razón – El pobre chico ya tiene bastantes problemas como para que tenga que lidiar contigo

– Solo será por un tiempo, mientras conseguimos el nuevo cantante y nos vamos de gira – comentó Tom como si fuera lo más natural

– Tiempo suficiente para volverlo loco – añadió el bajista

– Tom, entiende que mientras no cambies tu estilo de vida no podrás convivir con nadie – empezó a decir Gustav apretando sus sienes mientras Tom daba un largo trago a su nueva bebida – ¿Ya olvidaste por qué te dejó tu ex novia?

Tom lo fulminó con la mirada – Charlotte me dejó porque la muy zorra se fue con otro – dijo con furia

– Te dejó porque no soportaba tu comportamiento – contestó Georg de la misma manera – Estuviste a punto de golpearla varias veces, Tom

– Además, hizo lo mismo con John, debiste saber que te haría lo mismo a ti – añadió Gustav

– Esa perra solo quería fama y la muy maldita la consiguió – dijo Tom terminando de un largo trago su bebida – Solo nos usó a John y a mí, hija de puta – murmuró

 – Tom, deberías parar ya – le dijo Gustav – Haz mezclado alcohol con drogas y ya sabes cómo te pones y lo peligroso que es

– ¡No me digas qué debo hacer, Gustav! – dijo el guitarrista poniéndose de pie de golpe – Los dos pueden irse a la mierda – agregó yéndose

Georg y Gustav resoplaron, sabían cómo se ponía Tom cuando se drogaba y bebía.  El guitarrista podía ser muy buen amigo siempre y cuando estuviera sobrio, pero cuando se dejaba llevar por las drogas se convertía en un ser muy despreciable, ellos tuvieron que aprender a lidiar con eso. Al fin y al cabo, era su amigo.

Todo comenzó cuando Tokio Hotel llegó a la cima del éxito, la gente detrás de la banda les exigía más.  Debían escribir canciones y no canciones cualquiera, debían ser número 1 en las listas, debían grabar, hacer entrevistas y salir de gira, sin dejar de lado los eventos a los que eran invitados.  Para poder dar la talla con todo, tuvieron que recurrir a las drogas para tener energía, pero pronto John y Tom perdieron el control, siendo el primero el más afectado por ellas, pero al menos John se aislaba de las personas cuando se ponía así para no tratarlas mal.  Cuando explotó la noticia de la infidelidad de Charlotte con Tom, John tuvo una sobredosis que casi lo mata, lo último que supieron de él fue que había entrado a un programa de rehabilitación, pero lo había abandonado, ahora se estaba dedicando nuevamente a la música buscando apoyo en ella.

&

Por otro lado, Bill se encontraba fuera del hospital con el celular en la mano después de que le dieran una noticia no muy agradable.  El doctor Johnson le había dicho que si no cancelaba al menos el 30% de la cuenta no podrían seguir atendiendo a Gordon.  Después de casi rogarle de rodillas que le dieran la oportunidad de seguir pagando poco a poco, no logró convencerlo así que solo le quedaba una opción, no era la más llamativa, pero era la única que tenía.

– “Hola” – escuchó

– “¿Tom?”

Continúa…

Gracias por leer, te invitamos a continuar con la lectura.

por Kaulitz Angel

Escritora del fandom

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