«Believer» Fic TWC de MizukyChan
Capítulo 4: Consumirán los ojos
Tom regresó a casa de Zackarías, donde el sheriff se hallaba pidiendo refuerzos y un equipo forense, no había cadáver, pero había suficientes pruebas para pudrir a Fuller en la cárcel si es que era encontrado con vida.
—Mitch —dijo el sacerdote con voz cansada—, no puedo creerlo.
—Como le dije esta mañana, Padre, esta es la verdadera maldad —pasó una mano por su frente—. Un demonio con un disfraz de maestro de primaria.
—Dios mío, esos niños.
—Vuelva a casa, Padre, no piense más en ello. Deje eso en nuestras manos. Si este mal-nacido está muerto, entonces esa mano cortada fue su recompensa. Se merecía esa tortura y más.
Tom tragó pesado y asintió. Giró y caminó en silencio, deteniéndose sólo cuando la voz del sheriff gritó—. ¿No quiere que llame un taxi, Padre?
El sacerdote giró el rostro y negó con la cabeza. Necesitaba pensar, aclarar sus ideas. Necesitaba un momento a solas de la gente y a solas de Dios…
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En medio de un callejón, un hombre acechaba la ventana de la más joven de la familia Stevens. Jennifer acaba de salir de la ducha, con nada más que una toalla. Encendió su laptop y sonrió a la persona al otro lado del chat.
—Oh, sí —susurró el hombre, jadeando agitado, mientras se acercaba más a la habitación, escuchando los susurros de la chica, que tenía la ventana abierta, ajena a la presencia de aquel extraño que la espiaba.
—Que no pueda salir esta noche no significa que no tendremos diversión, cariño —dijo la chica, sonriendo mientras tomaba la punta atada de su toalla y la quitaba, dejando caer la tela con suavidad sobre su esbelto cuerpo.
—¿Por qué no pudiste salir? ¿Es por la mano que encontraron esta mañana? —Preguntó el joven de la pantalla.
—Sip, mis padres se asustaron con el sermón del Padre Kaulitz y decidieron ponerme un toque de queda para las noches.
—Que bueno que ese toque de queda no incluya a la computadora —respondió el chico, ajustando la cámara para mostrar su miembro endurecido.
—Alguien está ansioso —susurró la chica, gimiendo con exageración.
Fuera de la habitación, el hombre de rostro sucio, pasó la mano por su entrepierna, siseando en silencio, mientras se preparaba para disfrutar de su acostumbrada sesión de voyeur.
Él no era un delincuente, jamás intentaría violar a una chica. A él le gustaba mirar y no era la primera vez que disfrutaba a costa de Jennifer, la joven Jen era muy activa sexualmente pese a sus escasos diecisiete años, sabía como hacer disfrutar a alguien, aunque fuera a través de una pantalla de computador, o en su caso, a través de la ventana.
Se masturbó mirando a la chica y, una vez satisfecho, se retiró, ocultándose entre las sombras del callejón.
No obstante, no logró avanzar demasiado, pues algo pesado le golpeó por detrás, dejándolo caer inconsciente al suelo.
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Tom siguió el camino más largo hasta la iglesia y entró, cerrando todo con cuidado. Estaba seguro que ese día el extraño de la capucha había entrado allí y había sacado su rosario, dejándolo caer en el jardín de Ben, cuando huía de él.
Caminó hasta el altar y se puso de rodillas—. Él… —dijo, deteniéndose para elevar a la vista al Cristo en la pared—. Ese hombre está conectado conmigo.
Tom esperaba una respuesta divina, algo que le dijera que estaba en lo correcto, o que estaba equivocado, cualquier cosa habría estado bien, pero desde que tenía uso de razón, ningún crucifijo, ni ninguna imagen había respondido a sus interrogantes… nunca.
—Tengo que hacer algo, Señor.
Se levantó con lentitud y regresó a su cuarto, estaba cansado, le dolía la cabeza y tenía cientos de dudas en la mente. Sabía que no podría dormir, así que se prepararía para ejercitar. Estuvo al menos un par de horas alternadas entre la barra y los abdominales, pero su cuerpo estaba acalorado.
—Tal vez el aire frío me ayude a despejarme un poco —dijo para sí mismo y, tras ponerse una playera, salió al jardín del costado de la iglesia.
Estaba oscuro, pero no lo suficiente como para tropezar, así que tomó una respiración profunda y comenzó a trotar una y otra vez, hasta que las piernas le fallaron y se dejó caer al suelo, respirando con dificultad. Tenía los ojos cerrados, así que sus otros sentidos se pusieron en alerta cuando escuchó el ruido de pisadas. Abrió los ojos y se sentó. No veía nada.
—¿Quién anda ahí? —No hubo respuesta.
Se levantó y regresó a la iglesia, mirando continuamente a los alrededores, buscando al extraño de la capucha negra, sin hallarlo.
Se metió al baño y comenzó a lavar sus manos y, al igual que durante la mañana, tuvo una visión en la que veía sus manos cubiertas de sangre. Ha pasado de nuevo.
Entró en la ducha y dejó que el agua fría recorriera su cuerpo. No podía evitar pensar en lo que el asesino había dicho. “Soy la mano de Dios en la Tierra, sólo castigo a los pecadores que él me indica”.
El agua helada despejaba sus ideas. Quizás esas personas sí merecían esas muertes. Pasó las manos por su rostro, quitando el exceso de agua, hasta que decidió que era suficiente y salió, casi tiritando de allí.
Se acostó, intentando buscar calor en las mantas, pero el agua helada había hecho un buen trabajo y no pudo evitar temblar de frío—. Será mejor que tome un té caliente —dijo en un susurro.
Se levantó y caminó hasta la cocina, donde encendió la luz y puso el calentador eléctrico. Cuando se dispuso a sacar una taza, vio el corredor que llevaba hasta el jardín del costado, estaban sus huellas y había otro par…
En silencio, retrocedió hasta el gabinete de los cubiertos y sacó de allí el cuchillo más grande que encontró. Tomó una respiración profunda y comenzó a caminar por el corredor, para observar mejor las huellas, sus huellas, no había de salida, sólo de entrada, porque la tierra se había humedecido con el rocío, dejando un poco de barro allí.
El otro par de huellas no pertenecían a sus zapatos, eran las de otra persona y también iban de salida, lo que significaba que había entrado por otro lugar. Esos fueron los pasos que escuché afuera.
Acomodando el cuchillo en sus manos, caminó por el corredor, buscando más huellas, siguiendo el posible sendero del extraño. El pasillo llevaba a su habitación y de ahí directo a la iglesia, pues la oficina continuaba con llave. No recordaba haber visto nada raro en su habitación, así que guió sus pasos hasta la iglesia, encendió todas las luces y caminó a paso veloz hasta el confesionario. Nada.
Suspiró aliviado, sabía que el extraño se había ido, había oído sus pasos en el jardín lateral, se suponía que ya no estaba ahí, pero tenía la sensación de que había llevado un recuerdo de su crimen a la iglesia, tal como había hecho por la mañana, con esa mano cercenada.
Caminó por los alrededores, mirando cada banca, cada pasillo de la iglesia, pero no había nada.
Dios, estoy paranoico. Se dijo mentalmente, apretando los ojos, el cansancio lo estaba venciendo.
Decidió regresar a su habitación y tratar de dormir un poco. Retrocedió sobre sus pasos y, al llegar al altar, se inclinó para mostrar respeto y vio algo inusual. El libro con las sagradas escrituras estaba abierto.
Levítico 26: 16
“Esto es lo que yo haré con ustedes: les enviaré terror, extenuación y fiebre, que los atormentarán y les consumirán los ojos”.
No recordaba haber escogido esa escritura, ni siquiera recordaba haberla leído, pero sentía que era perfecta para su sermón del día siguiente, así como estaban las cosas por el reciente hallazgo en la casa del pedófilo Zack Fuller, la gente estaba en un estado de terror, extenuación y fiebre, quizás esta muerte serviría para que los miembros de la comunidad se arrepintieran y regresaran al Señor, con corazones humildes.
Regresó a la cocina y tomó su té, de pronto ya no se sentía tan preocupado por el extraño de ojos de fuego, sino más bien, aliviado porque esta situación, en cierto modo, sería benéfica para la congregación.
Se acostó en calma y se durmió a los pocos minutos.
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Había fuego, sentía las llamas crepitando, su cuerpo infantil estaba pegado a la cama, aterrado por lo que vendría. Sabía que la viga que estaba sobre su cama caería y lo quemaría. Giró el rostro y lo vio, aquellos ojos refulgentes.
—Ven conmigo.
Vio como le extendía la mano. Estuvo a punto de hacerlo, de tomar la mano del extraño, pero entonces, la viga cayó sobre él, justo sobre su cuerpo, quemándolo, destrozándolo.
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—¡NOOO!
Con la respiración agitada, Tom aguardó a que su corazón dejara de latir tan rápido, y abrió los ojos. Miró el reloj que estaba en su mesita de noche, las cinco de la mañana. Se sorprendió, hacía mucho que no dormía tanto. Se levantó con una sonrisa y se preparó para dar el servicio de las seis.
Cuando estuvo vestido y listo, salió de su cuarto a la iglesia, encendió las luces y caminó hasta la entrada, dispuesto a abrir, pero cuando se acercó a una de las fuentes de agua bendita, junto a la puerta, vio con horror como un ojo, cuidadosamente cercenado, flotaba ahí.
—¡Oh, Dios mío!
& Continuará &
Chan, chan, chan, tenemos nueva víctima, señoras y señores. ¿Creen que la policía haga avances? ¿Creen que el asesino regrese a la iglesia a ver al Padre Kaulitz? Están invitados a leer la continuación y muchas gracias por seguir apoyando la historia.
No inventes, me recordó un poquito solamente a la película 7, pero no mucho, el fic está más bueno y tiene mucho suspenso, Dios!! Ojalá no le quieran hechar la culpa al padrecito,ya que están apareciendo las partes de los cuerpos ahí.
La víctima del ojo sera la chica promiscua????
Esto está súper buenísimo.
😘😘😘😘😘