«Billy Future» Fic de Ignacio Pelozo
Capítulo 4: Ellos no sienten nada
– Thomas? – Repitió esta vez con un tono más frío – sos homofóbico?
Se maldijo por preguntar algo semejante y tragó saliva. Él negó con la cabeza entrando al auto y el de rastas hizo lo mismo algo confundido por la actitud. Le entregó la nota y la dejó en la guantera del vehículo, arrancando de inmediato para salir de la empresa rumbo a algún restaurante.
Bajó por la autopista mirándolo de reojo ¿Qué parte había narrado mal que se había puesto así? ¿Acaso lo había ofendido? No, no era posible.
-Vas a El Nach? – Murmuró el de trenzas rompiendo el silencio – no te he visto por ahí.
-No, yo no voy – respondió en tono cortante – es desagradable ver el estado en el que terminan mis compañeros de trabajo los viernes.
-Ah – suspiró desilusionado – pensaba invitarte el viernes pero si no te gust…
-No – interrumpió secamente – pero si me invitas puedo reconsiderarlo.
Se miraron de una manera extraña para ambos, hasta que de los nervios el delgado director fijó nuevamente la vista en la carretera.
-¿Siempre invitas a desconocidos? – Le preguntó sonriendo – a tomar algo…y esas cosas.
-No ers un desconocido –añadió Tom bajando la ventanilla para no mirarlo, ni él sabía que hacía invitando a su jefe, a un tipo que a penas conocía a tomar algo cuando él debería ligar mujeres tranquilamente– además me gustaría ser tu amigo.
-No soy amigo de mis empleados –volvió a decir en tono distante– pero podrías ser la excepción.
-Cuantas excepciones –dijo el de trenzas para luego quedarse callado y mirar a la ventana fijamente.
Bill cerró los ojos con fuerza apretando el volante hasta marcar sus uñas, qué rayos estaba diciendo? Se ruborizó por completo y encendió la radio para distraerse. Al llegar al restaurante el director pidió su mesa de siempre, junto a la ventana con una vista admirable a una pequeña costanera. Ambos permanecieron callados sumergidos en sus propios pensamientos sin mirarse, hasta que el sonido del celular de Bill los sobresaltó.
-Perdón – susurró aún nervioso el de rastas y atendió – Almorzando, Georg qué sucede?…Ah si perdón! Dile a Nick que la nota sí si la terminé, quiero que ya mismo llames a la agencia necesito dos modelos hombres. No me preguntes imbécil, consígueme los jóvenes en lo posible…emm…
Tom observaba atentamente cada movimiento de su jefe, sus delicadas manos sujetaban el móvil, sus ojos perfectamente maquillados develaban esa mirada que lo hacía sentir ‘extraño’, su nariz casi casi hecha a molde y sus labios…
– No preguntes! – Exclamó al borde del enojo – Georg escúchame, necesito dos hombres que quieran posar como pareja punto final y me los consigues para esta tarde…porque la nota sale mañana imbécil!
Bill cortó el teléfono y sintió como lágrimas se acumularon en sus ojos.
-¿Estás bien? –Preguntó el fotógrafo preocupado– ¿Qué pasó?
– Georg me dijo que era mala idea…la nota –respondió con una mano sobre la mesa un poco temblorosa y la otra sobre su frente– y me recordó que el número sale mañana, te juro que lo había olvidado con todo esto que estuve de vacaciones, sin empleados ay dios!
-No es mala idea – dijo Tom casi inconcientemente – es real y bonita.
El de rastas arqueó una ceja sintiendo sus ojos aguarse hasta nublar su visión y se tapó medio rostro con una mano rompiendo a llorar, mordiéndose el labio para intentar ser fuerte. Sus lágrimas llegaron hasta el blanco mantel, pero una extraña calidez se situó sobre la mano que descansaba en la mesa.
– No pasa nada, lo que sea imagen de la revista sabe que me encargo yo – le susurró Tom acariciándole la mano, sintiendo unas cosquillas en su estómago – de verdad Kaulitz.
– No me trates de usted – suspiró Bill secándose una lágrima, notando como sus dedos se manchaban de negro – mierda, me saqué todo el maquillaje. ¿Me corrí? ¿Me quedó negro?
– Ummm…- el de trenzas se inclinó sobre la mesa mirando fijamente esos ojos color almendra y unos de sus dedos le retiraron el resto de delineado corrido. El diseñador cerró los ojos ante el contacto comenzando a sentir su corazón agitarse bruscamente y un suspiro escapó de sus labios entreabriéndolos nervioso. Sus mejillas se tornaron levemente rosadas y por su cuerpo transitó un pequeño escalofrío – listo, ahí está.
– Gracias – agregó más tranquilo ante la distancia – y siento decirte pero si el número se me atrasa debemos trabajar toda la noche.
– Si es necesario lo haré – sonrió Trümper, cuando el mesero los interrumpió trayéndoles el plato.
Poco más de hora y media retornaban a la oficina donde ciento de trabajo los esperaban ansiosos. Pero claramente los murmullos comenzaron a correr al verlos llegar juntos.
-Mmm esos dos se traen algo – susurró Jenny como típica chusma de barrio – por algo consiguió el trabajo ese tal Thomas, qué empleado lleva unos pocos días y ya come con su jefe?
-No digas idioteces – suspiró Victoria rotando los ojos – será profesional eso no hay duda, se nota de lejos. Pero… pero pero, estoy segura de que es una fiera en la cama, y nuestro jefecito anda necesitando acción!
-Thomas no tiene pinta de patear a ese lado – añadió Natalie cruzada de brazos y Violeta asintió.
-Que amarga que son! – le gritó Lily con una taza de café en sus manos – la verdad es que a mi me gustaría que Bill encontrara esa persona que lo haga realmente feliz, digamos que con Natalie no funcionó, quien les dice que Thomas no sea su príncipe azul?
– Ay nena –rió la rubia – tienes que crecer, qué sabes de amor si estás en pañales todavía!
– Mentira –interrumpió la jovencita secretaria– los dejé a los tres años.
– ¿Vieron quienes llegaron juntos? – Preguntó agitado Derek, quien había venido corriendo para contar el chisme pero como siempre: tarde– Bill y el fotógrafo.
Oficina de Bill.
El pelinegro se sentó junto a su computador dispuesto a terminar el trabajo antes de que su padre lo asesinara por irresponsable; cuando su mejor amiga le habló por el mensseger.
Jane dice: Esta noche no voy a estar en casa, te dejo las llaves bajo el macetero?
Bill dice: No, yo tampoco estaré tengo mucho que hacer. Creo que estaré hasta mañana, no tenemos casi nada de la revista. Falta todo lo que es imagen y diseño de tapa. Estoy muy nervioso!
Jane dice: Las vacaciones te dejaron tonto, está bien Billy tengo que ir a cuidar a mamá y me tomaré toda esta noche y mañana ya sabes…
Bill dice: Sí, si te entiendo. Jane te puedo preguntar una cosa?
Jane dice: no me asustes, sabes que sí.
Bill dice: Qué piensas del amor entre dos hombres?
Su amiga cerró sesión dejándolo con la palabra en la boca, aunque de inmediato su celular sonó y la pantalla le anunció que estaba llamándolo; simultáneamente la puerta de su oficina fue golpeada.
– Pase! – Ordenó al mismo tiempo que atendía a su celular – Jane, me dejaste…pará pará cálmate…no me grites!
Tom le hizo una seña para retirarse pero el diseñador al verlo con una carpeta en la mano le hizo un gesto para que se sentara mientras discutía con su amiga.
– No no me entendiste…no! Yo no te quise decir nada, te estaba… está bien sabes una cosa? oféndete – gritó cortando la llamada. Su labio inferior tembló, jamás su amiga, su mejor amiga le había gritado de esa manera ni lo había llamado ‘raro’.
-¿Bill? – murmuró Tom notando como por segunda vez en el día, rompía a llorar – no de nuevo… ey!
– Me tienen todos hartos! – gritó sintiendo roto su corazón – primero Georg y su crítica ‘nuestra revista es para mujeres no para maricones’ y luego mi mejor amiga me cataloga como su amigo ‘raro’, qué mierda les pasa?
Tom se levantó de su asiento acercándose de inmediato a él. Lo tomó de la mano levantándolo de su lugar para estrecharlo en sus brazos, dejando que llorara sobre su hombro. Acarició con una mano su espalda lentamente sintiendo como sollozaba con fuerza, él no era bueno dando consejos, pero su interior se estrujaba de verlo en ese estado.
– Tal vez le cause algo – murmuró tomando el rostro del de rastas – tal vez a ellos le de… no se asco.
Bill bajó la mirada, algo de la palabra ‘asco’ lo perforó internamente y dejó escapar otra lágrima.
– A ti no te dan asco – añadió el fotógrafo en tono confuso – supongo…
-A mí… no, nunca hasta hoy me había detenido a pensar en esto – negó con la cabeza secándose las lágrimas – nunca pensaste ni por un momento que no sirven para un mañana? Dos hombres teniendo sexo, qué sentido natural tiene? No hay descendencia, no hay genes que interfieran! No pretenden continuar la especie humana, solamente quererse y amarse como personas, no como perros alzados! Por eso no me dan asco, porque esa clase de amor es mucho más pura y sincera que cualquier otra. Pero ellos no entienden nada, no van a entenderlo nunca porque no sienten nada!
Tom volvió a abrazarlo esta vez más fuerte dejando que lo rodeara con sus brazos en su cintura.
-¿Y tu Bill? –preguntó aferrado a él tuteándolo sin ningún problema– ¿sentís algo como eso?
-¿Qu…qué? –añadió el director separándose lentamente de él, clavando la mirada en sus ojos – co…cómo?
– Si sentís algo como eso… – le susurró acercándose lentamente, dejando que sus labios estén separados por apenas peligrosos centímetros – sentís ese amor?
Bill sentía su corazón latir en su cabeza, comenzaba a respirar más entrecortadamente y la mirada del de trenzas estaba fija en él. Sintió como si una oleada de nervios lo azotara y se concentrara en sus mejillas enrojeciéndolas como si hubiese recibido un cachetazo, mientras el rostro del fotógrafo se acercaba cada vez más pudiendo sentir ese tibio aliento que emanaba.
Continuará…