CAPITULO 4 RESACA
Las cortinas se abren bruscamente, provocando que la luz del sol se cuele en la habitación, e iluminen todo, la intensa luz choca contra sus ojos que están rojos, por la resaca con la que se encuentra.
— ¡Levante! — el fuerte grito rezumba, haciendo que el ruido parezca diez veces más fuerte de lo que es, lastimando sus oídos y haciendo que la cabeza le zumbe— ¡Que te levantes Bill Kaulitz!
— ¡Ya Simone, no grites! — Esconde la cabeza debajo de la almohada— ¡que no ves que me siento mal! — se queja
—Me importa muy poco como te sientas—jala las sabanas y deja al descubierto el cuerpo desnudo y lleno de tatuajes de su hijo—Eres un — deja la frase a la mitad, levanta de nuevo las sabanas y las hecha sobre el cuerpo— ¡Levante Bill, si no quieres que Sakí te saque de la cama! — dice como última advertencia, antes de salir y azotar la puerta, haciendo que la pared cruja por el ruido y el bota en la cama, no le queda más remedio que salir de ella y dirigirse a su baño, sabe que su madre es capaz de enviar a todos los guardaespaldas de la casa y hacer que lo tomen de la cama y lo boten a la piscina para que despierte, no entiende a qué viene tanta molestia y gritos de su madre, se mete debajo del chorro de agua fría para que lo espabile y después la cambia hasta que comienza a salir el agua caliente que le ayuda a relajar los músculos, una vez que termina corta el chorro, y se enrolla en una toalla, toma su cepillo de dientes y comienza lavarse la boca, la siente pastosa y con un sabor a tabaco y alcohol que le asquea, con una mano, limpia el vapor del espejo, sus ojos casi salen de sus cuencas, cuando detecta el par de chupetones, que tiene ambos lados del cuello.
—¡Mierda!—masculla, escupiendo la pasta y enjugándose la boca, comienza a revolver en uno de sus cajones hasta dar con una base de maquillaje que cubra tales marcas, las cuales descienden por todo su marcado torso, hasta perderse en la línea baja de su vientre— ¿Qué carajos hice anoche? —se pregunta, se pone unos bóxer limpios y después se dirige a su armario donde toma unos jeans claros y una playera de manga larga y cuello alto de color negro, el cabello se lo acomoda con los dedos y sale de la habitación para bajar al comedor a esperar a que le pongan el desayuno y unos analgésicos, la cabeza le va estallar en cualquier momento y sus restos van a quedar esparcidos por todo el lugar.
— ¡Buenoooos diaaaaaaaaaaaas, por la mañana solecito! — canturrea Tom entrando feliz al comedor
— ¡Cállate Tom! — Masculla — ¡que no vez que me va a explotar la cabeza!
— Y es mi culpa— se sirve un poco de jugo y da un sorbo— que quisieras arrasar con medio Edén anoche —se defiende, mientras arrastra una silla y se sienta a un lado de su hermano.
—No recuerdo ni que hice— se frota las sienes—solo sé que me va explotar la cabeza— se queja— ¡Susana! — Grita para que aparezca la chica del servicio, la cual aparece tan rápido y pálida ante el grito— ¡muévete y tráeme un remedio para la cruda pero ya! —grita y le chasquea los dedos, la joven desaparece tan rápido que Tom estalla en cargadas— ¡De que te ríes imbécil!
—De ti, eres increíblemente malo Bibí, después de una borrachera— ríe
— ¡Jajajaja!— levanta el dedo medio
—Vaya parce que ya estas despierto— reclama Simone entrando al comedor, con un par de periódicos y revistas bajo el brazo — ¡Buenos días, Tom cariño! — saluda la mujer dejando un beso en la mejilla de su hijo, para después mirar la barba de su hijo, Tom le sonríe esperando una crítica, justo cuando un gemido de Bill, la hace dirigir su mirada a su hijo menor y olvida lo que iba a decirle al mayor.
—Buenos días madre—sonríe — ¿Qué traes ahí?
—Cosas Tom no sea curioso— le mira molesta y el otro se encoje de hombros— Tú y yo tenemos que hablar— señala al rubio que se hunde en su lugar
—Al menos espera que sea persona—se queja y justo en ese momento aparece la chica con su remedio, el cual toma sin agradecer, despidiéndola con la mano— ¡Esto es una real mierda! — Aleja el vaso cuando ya se ha terminado todo su contenido— ¡puaj! — chasque la lengua
—Cuida ese lenguaje — le mira furiosa— no somos unos arrabaleros para que te comportes así.
—Pero si así sabe— se molesta — Ahora dime ¿porque tanto escándalo? — se cruza de brazos.
—Eres un imbécil — le lanza los periódicos y revistas con las que ha entrado.
— ¿Qué carajos es esto? — mira las revistas
—Bill Kaulitz y sus juergas nos cuestan el salario —lee Tom— el menor de los hijos del Gobernador, todo un playboy— lee en una revista del corazón y estalla en risas, que rápidamente calla por la mirada que le ha lanzado su madre— Alemania en crisis y el menor de los Kaulitz despilfarrando el dinero— lee en otro diario—la resección económica, no aplica para los gemelos del Gobernador— lee y le enseña el periódico donde se ve ambos salir de un bar con tres bailarinas del día de su cumpleaños— ¡Pero qué mierdas, esto fue hace dos semanas! —mira a su madre— esto tú lo sabías, en parte— se defiende.
—Si eso sí, pero las estupideces de tu hermano, no— mira al rubio que sigue moviendo los periódicos— Estamos en época de recesión y tú no sales de ese maldito lugar de mala muerte— golpea la mesa— ¿Qué carajos buscas ahí?
—Nada mamá, es un bar y me voy a divertir — aleja los periódicos— No veo porque solo me atacan a mí, no voy solo, Georg, Gustav y Andy también van, incluso Tom y a él tampoco lo atacan— señala.
—Pero Tom, no fue grabado teniendo — traga saliva antes de decir las palabra— Teniendo relaciones con una prostituta barata mientras le lanza dinero a otras, lo que le hace tragar hondo —Le lanza la última revista donde se ven imágenes de él sentado y una chica arrodillada frente a él practicándole sexo oral, en un hotel— ¡Ahora entiendes! Oh, te lo explico, con peras y manzanas— dice irónica.
— ¡Yo! — no sabe qué decir, la prensa siempre les había atacado a él y a su hermano por ser tan fiesteros, pero el parecía ser la principal fascinación de la prensa y tenía la culpa les daba todo en charola de plata, para nadie era un secreto que Bill Kaulitz era el gemelo rebelde de Alemania, tenía sus problemas incluso con la ley, en cambio Tom solo era un playboy, que le ponía los cuernos a su prometida y solo había tenido un roce con la ley — ¡Mama! — le mira preocupado. A sus 24 años a un no ha lograba sentar cabeza y no lo hará, puesto que su único problema es que se obsesiona con las mujeres que lo atraen y estas terminaban huyendo antes de que él se convirtiera en un monstruo celoso y posesivo.
— ¡Mama! — Imita el tono de preocupación de su hijo— La prensa nos come vivos y tú solo haces más grande todo, que no aprendiste nada, de la última vez, ¿Cuántas veces vamos a tener que pasar por la corte, limpiando el desmadre que haces?
Los ojos de Bill se cristalizan y Tom lo mira por un segundo, antes de volver la mirada a su madre con rabia.
— ¡Ya Simone, estaba borracho!— Tom intenta que las cosas se calmen—Mejor hay que averiguar cuál de estas zorras, vendió las imágenes a la prensa — mira a su hermano que se encoge en el asiento.
—No te preocupes que de eso ya se encargan tu padre y Gordon —Responde tomando las publicaciones— como siempre hay que limpiar el desastre que tu hermano hace— mira molesto al rubio— al menos podrías ser como Tom, afianza una relación seria y acuéstate con medio Alemania pero se discreto— se pone de pie—y tú—mira fijamente a Tom—arréglate pareces vagabundo— sale del comedor dejando a ambos gemelos sumidos en el mutismo.
—Ya verás cómo papa arregla todo y mañana la prensa lo olvida— hace presión en el hombro de su hermano en señal de apoyo.
—Mamá me odia desde lo de Sarah— murmura
—No es eso, es solo que — busca que palabras decir—Bill lo de Sarah, no fue tu culpa— toma su mano y le da un apretón— pero jamás debiste involucrarte con una chica como ella, mira que por eso terminaste preso.
—Tenía dieciséis años y Simone no deja de referirlo como si hubiera sido ayer — se pone de pie y sale del lugar, Tom deja escapar un suspiro antes de salir tras su hermano.
***
— ¿Se puede? —Tom, se asoma por un costado de la puerta, Bill que está recostado en la cama, revisando su teléfono, lo mira un segundo y asiente — las chicas no son de Edén —se recuesta a su lado, Bill sigue mirando su teléfono, pero Tom, sabe que tiene toda su atención. — las tomaste de la calle, me lo dijo Gustav.
—Él estuvo anoche conmigo en ese lugar — murmura — pero yo me marche antes—deja el teléfono en la mesa de noche— me hubiera quedado, de no ser por la estúpida chica de la barra, que me dejo hablando solo— se pone de pie — ¡A mi Bill Kaulitz! — Se apunta— una zorra de quinta me dejo hablando como un vil imbécil, tras negarse a pasar la noche conmigo.
— ¿¡Estas de broma!? — Le mira sorprendido — ¡no me jodas, es en serio!— ríe
—No imbécil, llegamos a Edén y tomamos lo de siempre, Gustav se fue con una mesera y yo espere a que Tabatha bajara del escenario y nos fuimos a una de las habitaciones— dice mirando a su hermano que lo incita a seguir — después ella regreso a bailar y yo me acerque a la barra, había una chica que jamás había visto, le dije que si era nueva y negó, me dijo que el nuevo era yo, pero no lo creí hace más de dos semanas que vamos ahí y jamás la había visto, así que le propuse una oferta y la muy puta, me dijo que no, ¿sabes lo que eso significa? — lanza un cojín
—Tu orgullo de macho está herido—ríe— ¿cómo se llama la zorra esa?
—No sé, me largue en cuanto se marchó, le deje el dinero sobre la barra y me fui, tome el coche de Gustav, que por cierto me va a matar—gruñe— después fui a una licorería, compre una botella de vodka y del resto no me acuerdo, no tengo idea de cómo llegue aquí. Pero eso si la muy puta tiene un cuerpo de infarto y unos labios de ensueño y sus ojos son de un dulce verde, diría que tiene el rostro más hermoso, que he visto—Tom, frunce el ceño ante la última parte de la frase— pero llevaba un antifaz —hace una mueca y se deja caer de espaldas en la cama
—Creo que es hora de que dejes de beber y jugar con los polvos mágicos— aconseja y el rubio niega —al menos cuando no estemos juntos, necesitas que alguien te cuide.
—No estoy alucinando, te lo digo, es hermosa.
—Ya creo que si—le da una palmada en el brazo y se pone de pie—Escucha, llamo Jörg y dijo que no te preocuparas que ya se había encargado del problema.
—Claro como siempre y que espera que vaya a darle las gracias, de rodillas, por mí que se vaya al diablo junto con la estúpida de Simone—Tom rueda los ojos, la voz de Bill está cargada de rabia.
—Ok, me voy a ir porque estas de mal humor y en verdad hoy no tengo ganas de aguantar tu ciclo menstrual, cuando estés de mejor humor, tal vez puedas acercarte a la casa de Georg—Bill observa a Tom, salir de su habitación.
— ¡Maldita zorra, esto es tu culpa!—hace puños sus manos— pero me las vas a pagar, la próxima vez que te tenga en frente, vas a enterarte de quien es Bill Kaulitz—se pone de pie y se acerca a su escritorio, debajo de todo el desastre de hojas y libros, saca un viejo cuaderno de dibujo, lo abre hasta dar con el dibujo de unos ojos verdes tan intensos que parecen esmeraldas, siente un nudo en el estómago y luego una ola de rabia y odio envolverlo—En realidad mi vida es una mierda por culpa tuya—susurra y busca una hoja nueva y un lápiz, para volver a dibujar.
& Continuará &
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