
Capítulo 4. Sin remordimientos
No entendía que le pasaba, era como si estuviera poseído. Besaba en los labios a Bill, a su compañero, a uno de sus mejore amigos. Por más que quería resistirse no podía, porque le gustaba mucho el sabor de sus labios. Y ardía por estar dentro de él.
Siguió besándole desterrando en lo más hondo de su alma esa voz que le gritaba que parara, que lo que estaba haciendo no estaba bien.
Pero si lo estaba, porque tras juntar sus labios con los de Bill fue como si algo en su interior despertara, otra nueva voz que le susurraba que por fin iba a estar con la persona que más amaba.
Y esa persona era…
— Andrómeda…—susurró separando los labios.
“Bill” sonrió al escucharlo, fijo sus ojos en los de su amigo y reconoció en ellos el brillo del que se enamoró cuando le vio la primera vez, atada a las rocas por unas fuertes cadenas mientras el mar mojaba sus pies.
Su padre le iba a sacrificar para aplacar así el furioso mar. Poseidón quería inundar la tierra y ella fue entregada por su padre a modo de sacrificio.
Pero Pegasus lo impidió, estaba enamorado de ella y luchó con uñas y dientes hasta que la salvó.
Y ahora quería recompensarle por todo lo que había hecho por ella, se entregaría a él por primera vez y todas las que él quisiera.
—¡Pegasus!—exclamó sintiendo que los ojos se le llenaban de lágrimas.
—Estoy aquí, amor mío—dijo “Tom” sonriendo.
—Creí que te había perdido—susurró “Bill” arrugando la frente—La muerte nos separó y yo fui a formar parte de las estrellas. Tenía miedo de no volver a verte, de no volver a sentir el roce de tus labios sobre los míos…
—Sssshhh,…no derrames más lágrimas, estoy aquí—pidió “Tom” pasando la mano con suavidad por su mejilla—He regresado y no volveré a dejarte nunca más.
“Bill” sonrió y separando los labios recibió en ellos un profundo beso que le cortó la respiración. Empezó a moverse bajo “Tom”, a frotarse contra su cuerpo al tiempo que alzaba las caderas rogando en silencio que entrara en su cuerpo.
Y así lo hizo “Tom”, con una suave embestida entró en su cuerpo y comenzó a moverse lentamente. No quería hacerle daño, era lo que más amaba en la vida y si sufría por su culpa jamás se lo perdonaría.
Sonrió al escucharle gemir muy bajito contra sus labios, al sentir como arqueaba la espada y arañaba la suya cada vez que creía que salía de su cuerpo para no volver nunca.
Separó los labios y enterrando la cara en su cuello empezó a lamerlo mientras que aceleraba las embestidas, terminando por derramarse dentro de él con una última y fuerte embestida al sentir contra su estómago una dulce calidez.
Se dejó caer sobre “Bill” con pesadez, estaba muy agotado y le faltaba el aliento. Cerró los ojos y no pudo evitar caer dormido, sonriendo al sentir que le besaban con suavidad en la frente.
—Ten dulces sueños, amor mío….—susurró “Bill” suspirando.
Cayó el también dormido, su agitado cuerpo trataba de recuperarse tras el mágico momento vivido.
Entonces sus cadenas actuaron una vez más ellas solas, cogieron las sábanas con suavidad y arroparon a los amantes dormidos…
Fue el primero en despertarse, sentía un fuerte dolor en la herida. Bajó la mano y acarició con suavidad esa venda que recorría su vientre donde fue herido en la batalla.
Suspiró y abrió los ojos, encontrándose con que no estaba solo. Acostado a su lado Tom descansaba con una amplia sonrisa en los labios.
No lo entendía, ¿cuándo se metió en su cama? ¿Y…y por qué estaban los dos desnudos? Notaba la sabana cubrir su desnudez, y al tirar un poco de ella descubrió del todo a su amigo notando como no llevaba sus ropas.
— ¿Qué ha pasado? —se preguntó con voz ronca.
Tom despertó al oírle y se le quedó mirando extrañado, más al notar que estaba en su cama y desnudo. Se sentó de golpe tratando de cubrir su desnudez con las manos al tiempo que Shun también se incorporaba tapándose mejor con la sábana.
—Yo…recuerdo que vine a ver si estabas bien—empezó a decir Tom—Recuerdo que tenías mucha fiebre y delirabas.
— ¿Y qué decía? —preguntó Bill con curiosidad.
—Yo…no lo recuerdo—murmuró Tom arrugando la frente—Ni sé como he terminado desnudo en tu cama.
—Tal vez…viste que temblaba de frío y me diste calor con tu cuerpo—aventuró Bill.
—Tal vez…si…—susurró Tom.
Carraspeó y viendo que no había más que decir o hacer se levantó de la cama y empezó a recoger su ropa. Se vistió con rapidez y se volvió.
— ¿Estás mejor, Bill? —preguntó al tiempo que se abrochaba los pantalones.
Bill asintió con la cabeza sin apartar los ojos de ese bulto que se le marcaba. Era como si le hubiera hipnotizado, de repente tuvo una visión de ellos dos retozando por la cama, haciendo el amor…gimiendo de placer…
— ¿Bill? —llamó Tom preocupado porque no respondía.
—Estoy mejor….gracias—contestó Bill con un hilo de voz.
—Entonces regreso al campo de batalla—dijo Tom recogiendo su armadura—Tú descansa, lo necesitas.
Bill asintió de nuevo con la cabeza, vio como Tom se colocaba la armadura y una vez con ella puesta se dispuso a salir de la habitación. Pero una vez llegado a la puerta, algo le hizo volverse y regresar a la cama.
Se le quedó mirando con la respiración entre cortada. Tom se inclinó sobre él y le besó en la mejilla con timidez.
O esa sería su intención, pues en el último momento dudo y cogiéndole con suavidad de la barbilla se apoderó de sus labios y le besó dulcemente en ellos.
Bill sintió que se le iba la cabeza. Respondió con timidez al beso y una vez le soltó se dejó caer con suavidad en las almohadas viéndole salir de la habitación y guiñándole un ojos antes de cerrar la puerta del todo.
Soltó el aire retenido en un profundo suspiro, sonriendo al tiempo que cerraba los ojos y se sumergía en un extraño sueño donde estaba atado a unas rocas en el mar y Tom iba en su ayuda, cogiéndole en sus brazos le besaba en los labios y llevaba muy lejos a lomos de un caballo blanco y alado…
& FIN &
Gracias por leer!!!
Que bonito *.*