42: Padre a prueba

«Billy Future» Fic de Ignacio Pelozo

Capítulo 42: Padre a prueba

– Gracias por traerme – sonrió con timidez y nerviosismo en el frente del departamento – gracias por estar conmigo y demostrarme que las segundas oportunidades existen.
– No me agradezcas nada –añadió Gustav inclinándose sobre ella, tomándole con suavidad del mentón uniendo sus labios – y ya sabes, iremos con calma.
Bill detuvo el automóvil frente a su duplex y sonrió ampliamente al ver aquel afectuoso abrazo de Jane y Gustav, después de todo ella más que nadie merecía ser querida. Volvió su mirada al pequeño moisés situado en el asiento acompañante, se había quedado dormido. Suspiró cargándolo en sus brazos, antes de bajar quería estar a solas con su bebé. Acarició lentamente su pequeña carita con el revés de dos dedos, esa cosita tan pequeña comenzaba a transmitirle una enorme paz. Ahora sentía que tenía otro motivo por el cual vivir, por el cual sonreír. Lo acomodó contra su pecho y con cuidado bajó del vehículo notando que Jane ya había entrado en la casa. Con una de sus piernas cerró la puerta y ansioso por mostrárselo a su mejor amiga aceleró el paso hasta tocar la puerta con la punta de sus botas.
– ¿¡Qué te olvidaste?! – Gritó Jane desde adentro – ¡Ya voy!
Pero al abrir y ver esa pequeña bola cubierta de celeste en brazos de Bill, se frenó sonriente para no abalanzarse contra él – ¡Aaaah! ¡Lo has traído! –gritó feliz consiguiendo que el bebé despertara y rompiera en un mal humorado llanto.
– Lo despertaste –rió Bill ingresando al departamento. Rápidamente se sentó sobre el sofá meciéndolo en sus propios brazos hasta calmarlo– sabes, no he comprado leche, ni ropa, ni carro, nada.
– Creo que lo necesitas ahora son pañales – bromeó la morena tapándose la nariz – que pequeño es.
– Es un bebé – añadió revoleando los ojos– no creo que un bebé mida un metro cincuenta.
Ella se sentó junto a él mirándolo hipnotizada – es… muy mono.
– Aún es muy temprano para buscar a Tom – agregó mirando el reloj de pared – ¿Qué te parece si me acompañas al centro a comprarle sus cosas?
– ¿En serio? ¿Me pides a mí? ¡Claro que sí! – Contestó feliz – pero tendrás que cambiarlo antes. ¿Sabés como hacerlo?
– Claro que sí – mintió – ve a arreglarte, yo podré solo.
Cerró la puerta de su habitación ¿Sí sabía cómo hacerlo?. Recostó al pequeño Brandon quien miraba el techo sonriente moviendo sus brazos, y tomó talco, loción y pañales. Lo tomó de sus piernas tirando hacia abajo aquellos diminutos pantalones y desprendió del adhesivo del pañal frunciendo el rostro. Fue hasta el baño y lo tiró en el cesto. Miró las dos botellas que traía en sus manos ¿Cuál se supone que se colocaba primero?
– Se supone que si pongo el talco primero ¿Cómo diablos pondré la loción luego? – rió como si fuera algo obvio para él y destapó con los dientes la tapa del botellón. Tomó un pedazo de algodón de su tocador y puso un poco de aquel aceite. Miró su mano y la colita de su bebé ¿Y ahora qué? Pasó con delicadeza hasta limpiarlo ¡Pues claro, era facilísimo!
Se aplaudió a si mismo y tomó el talco. Lo agitó contra el cuerpo de Brandon pero nada.
– ¿Cómo no sale si está lleno? – preguntó en voz alta.
– ¡Bill ya estoy lista! ¿Seguro que puedes solo? – le gritó su amiga desde la sala.
– ¡Sí, yo puedo! – respondió agitando con fuerza el botellón de talco inútilmente. Leyó las instrucciones – “Gire la tapa hacia la derecha para abrir, gire la tapa hacia la izquierda para cerrar” ¡Qué estúpido está cerrado!
Luego, volvió a agitarlo contra las piernitas de Brandon pero nada. Comenzaba a alterarse. Lo agitó con violencia y luego puso la tapa muy cerca de su rostro, analizándolo con la mirada. Apretó el botellón y una nube blanca impregnó en su cara. Tosió frotándose los ojos y regresó hasta frente del bebé ahora sí, colocándole un poco.
El pequeño sonrió – ¿Y tú de qué te ríes? No es gracioso –dijo Bill e inevitablemente sonrió el también. Finalmente tomó el pañal, se lo ajustó y le subió nuevamente sus pantalones.
– ¿Por qué mierda tardabas…? – Jane entró sorpresivamente observando el desastre. Miró a Bill y estalló en carcajadas- ¿Qué-qué haces?
– Le cambiaba el pañal –contestó con seriedad cargando al bebé.
– Pero…pero –no podía hablar de la ris – el talco va en el trasero del bebé no en tu cara.
– Ya lo sé, tuve un inconveniente –le golpeó la cabeza con su palma y se dejó de reír– tenlo mientras me retoco yo.
Al cabo de una hora los dos recorrían la ciudad en busca de cosas. En el auto, ya tenían un carro, ropa, juguetes y algo para la comida.
– Me duelen los pies – se quejó Jane – ¿Qué más vas a comprar?
– Estoy buscando gorritos – sonrió pegado a una vidriera.
– ¿Gorritos? – Preguntó la morena – ¿Para qué?
– ¿Cómo para qué? Quiero que tenga los mismos que tiene su papá.

Casa Trümper
-Melisa, ahora mismo vas a ponerte hacer la tarea – ordenó Simone mientras guardaba cosas en cajas de cartón para la futura mudanza- ¡Ahora!

– ¡No quiero! – Le contestó – yo haré la tarea si viene Tomy, sino no la haré una mierda.
– ¿Qué has dicho? – Preguntó su madre molesta – ¿Qué te dije de usar esas palabrotas?
– Buenas noches – saludó Tom llegando en el momento justo – ¿Qué tal todo?
– Bien, agotada – contestó la mujer mientras su hijo le besaba con fuerza la mejilla– evita babearme Thomas.
– Mamá quiero hablar contigo sobre algo – suspiró el de trenzas – quiero que me des una opinión y un consejo.
– Melisa, ve arriba, ponte a hacer la tarea luego tu hermano subirá a chequearla –al decir esto, la pequeña resoplando subió pesadamente las escaleras– No me asustes Tom.
Ambos se sentaron sobre el sofá, Simone corrió con su pie una de las cajas mientras observaba atentamente como su hijo buscaba algo en su bolso. Sacó un papel y se lo extendió. Claramente estaba dibujado o más bien diseñado por él. Una B y una T unidas, casi superpuestas.
– ¿Qué es? – Sonrió su madre – se ve precioso.
– Un colgante. Lo que coloree de gris es oro blanco, los pequeños círculos son diamantes y el hilo que lo sostiene es de plata – respondió – detrás quisiera poner alguna frase especial.
– ¡Wow! Debe costar una fortuna – Tom asintió con la cabeza – ¿Y lo mandarás a hacer?
– Sí, mañana mismo – volvió a sonreír – Bill ama las joyas y con este colgante deseo pedirle matrimonio.
– ¿Ma-ma…vas a-a pedirle que…? – tartamudeó Simone.

– Quiero estar con él – agregó asintiendo con la cabeza – de modo que cuando ya vivamos aquí y estemos tranquilos con nuestro hijo se lo pediré.
– No lo puedo creer – los ojos de su madre se habían llenado de lágrimas – tú que siempre dijiste que el matrimonio estaba fuera de tus planes, que vivirías eternamente de la soltería… ahora vienes y me dices esto. ¡Te felicito hijo! No te das una idea de cuánto me alegra que Bill te haya cambiado de esta manera.
– Él hizo que mi vida de un giro de trecientos sesenta grados –sus ojos brillaron con tan solo nombrarlo– jamás podría arrepentirme de todo lo que viví y vivo con él.
Simone lo abrazó sorpresivamente – como creció mi pequeño – añadió feliz.

Departamento de Bill
– Apúrate Bill se me caen las bolsas –lloriqueó Jane intentando ingresar por la puerta- ¿Por qué dices ‘Esto es lo último’ y luego te apareces con cincuenta cosas más?
– Estaban todas las cosas muy bonitas –dijo Bill revisando los paquetes– y eso que no me dejaste traer la cuna ¿¡Viste lo que era!? Una monada… digna para un príncipe.
– Apuesto a que si la traías yo tenía que volver a pie –rió la morena situándose a su lado sacando cosas de las bolsas– No saques todo, cuando te mudes tendrás que volver a empaquetar.
– Prepárale la leche, lo acostaré sobre mi cama y llamaré a Tom -ella asintió con la cabeza buscando entre las cosas el biberón. Fue hasta la habitación y al sacar el móvil del bolsillo tenía dos mensajes de texto.

Le dio leer al primero. Era Tom.

Mi amor, pasaré por mi casa antes de ir. Tengo algo de qué hablar con mi madre, ayudo a Melisa con la tarea, prometo cenar contigo. Te amo mi sex simbol.”
Sonrió tontamente y le dio click a ‘responder’.
“Perfecto, tengo algo que enseñarte que de seguro te encantará. Prepararé algo delicioso entonces. Mándale saludos a tus padres y a la ternura con patas de tu hermana. Yo te amo a ti, mi nuevo empresario”.
Se sentó sobre la cama acariciando la cabecita de su hijo, mientras preparaba una de las prendas que le había comprado. Recordó que tenía otro mensaje y le dio leer. Era… ¿Natalie?
“Necesito hablar contigo. Enseñarte unos exámenes médicos apenas puedas, tendré mis hijos aunque mi miserable vida corra peligro. Me encantaría que se queden contigo, tú serás un buen hermano mayor. Espero que leas esto y en cuanto puedas llámame”
Suspiró pesadamente, le dolía. ¿Natalie iba a dar su vida por sus gemelos? No lo creía. Pero ahora no era el momento de amargarse. Volvió la mirada a Brandon quien nuevamente tenía los ojos abiertos.
– Mira que eres un jodido, ¿Por qué no te duermes? –Rió Bill– mira lo que te he traído, ropa igual que la del también jodido de tu padre. Se derretirá si te ve con esto puesto.
Comenzó a sustituirle la ropa. Le resultaba tan tierno. Eran los jeans más diminutos que había visto en su vida. La remera se la había comprado algo grande a propósito y por último la pequeña gorra.

Sonrió embobado y le besó la mejilla logrando que el niño le regalara otra sonrisa. Lo cargó en sus brazos y fue hasta la cocina.
– Pobrecito – dijo Jane – ¿Cómo no sabes que le incomoda?
– No se ha quejado – contestó tomando el biberón que la morena le extendió – es una monada, mira no más. Un diminuto rapero.
– Por eso mismo, pobrecito – repitió – en fin. Acabo de decirle a Gustav que ceno en su casa.
– De acuerdo – ¡Genial! Noche solos… cuantas cosas se cruzaron por su mente.
Todo estaba más ordenado, Jane le había ayudado antes de marcharse, la cena servida. Y el pequeño acostado sobre el sofá-cama rodeado de cojines; el timbre sonó y ansioso con el corazón agitado le recibió.
– Buenas noches – susurró sensualmente rodeando su cuello para besarlo ansiosamente.
– Buenas noches – sonrió Tom. Se besaron con deseo en el umbral de la puerta hasta que un llanto hizo que se separaran. El de trenzas se quedó estático mientras Bill mordía su labio inferior ante el rostro de Tom. Su respiración se aceleró al igual que su pulso, su mirada se perdió y sus manos comenzaron a sudar.
– ¿Lo…lo trajiste? – preguntó nervioso, pero en vez de responderle le tomó la mano y lo guió. Brandon al verlo dejó automáticamente de llorar y movió su cuerpo con una pequeña sonrisa dibujándose en su pequeño rostro.
– Es…- sonrió ampliamente- es jodidamente precioso.

– Le presento a su hijo señor Thomas – añadió Bill impostando la voz– este es el pequeño Kaulitz Trümper.
– Por fin se cumplió mi sueño – agregó cargándolo en sus brazos.
– ¿Cuál? – se sentó a su lado totalmente emocionado.
– Tener mi propia familia – suspiró abrazándolos – mi propia familia y contigo.

Continuará…

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