«Billy Future» Fic de Ignacio Pelozo

Capítulo 44: Sol y luna

Narra Tom

El tiempo realmente vuela. Jamás en mi vida llegué a pensar que ahora estaría aquí, tirado en la alfombra de mi casa. Bueno, siempre fue mi casa pero ahora suena distinto llamarla así. Ahora la comparto únicamente con mi pareja y mi hijo, es decir mi familia. Como decía, jamás se me cruzó por la cabeza que estaría en esta postura. Mirando al techo hipnotizado mientras nuestro bebé tocaba mi cara explorando sus sensaciones entre risas. Bill aún dormía, allí arriba desnudo bajo las sábanas. Nos habíamos amado con desenfreno la noche anterior. Otra cosa increíble que puedo destacar, es que con él no existe la costumbre ni el cansancio. Jamás podré agotarme de él, soy adicto a Bill. A su aroma, a su esencia, a su cuerpo, a su alma, a sus besos y a cada momento que pasamos juntos. En una semana hemos redecorado la casa a nuestra comodidad, ambientado nuestro cuarto y transformado lo que fue mi cuarto de soltero, en la habitación del bebé. Ahora las paredes son celeste cielo, con empapelado de ositos. La cuna que tanto deseó Bill, allí está toda para Brandon. Hay peluches, ropa, juguetes por todas partes.
Hemos modificado nuestros horarios de trabajo para pasar tiempo juntos y con él. Bill trabaja por la mañana y yo por la tarde. Cuando queremos salir a cenar, al cine o simplemente caminar por ahí, mi madre nos cuida al pequeño. Melisa está feliz, le hemos prometido que será su madrina.
Jane y Gustav, se han mudado a un pequeño departamento muy cerca de aquí, se los ve realmente felices y muy unidos. Derek, me he enterado que fue metido en prisión por matar a Caroline, Victoria espera un hijo suyo. Realmente una pena, no por el niño sino por ella. Natalie está muy enferma, y Bill y yo hemos hecho un pacto con ella. Nos haremos cargo de sus bebés. Estamos realmente encantados por esto.
Mi boda con Bill ya está planificada. Nos casaremos pasado mañana al atardecer. Estoy muy ansioso, en realidad nervioso. Anoche retiré el colgante. Las letras están cruzadas y son de oro blanco. La T tiene pequeños zafiros en su contorno y la B pequeños rubíes. La cadena es de plata y atrás posee la fecha en que nos conocimos ¿Creían que no la recordaba? Recuerdo cada momento, cada minuto, cada segundo a la perfección.
Esta noche iré a la oficina por él y le pediré conducir, buscando un sitio apartado de todos para entregarle el collar. Es imposible que tanta felicidad quepa en mi pecho, ya no les creo a los que dicen que lo bueno dura poco.

Narra Bill
La nueva fotógrafa ayudante de Tom es muy eficiente. Estamos conformes con ella; yo últimamente me dedico más a las pasarelas. Así es, no es de egocéntrico pero soy muy solicitado por las agencias. Antes de ayer, cerré el desfile de un diseñador canadiense. Ahora el trabajo en Billy Future es más movido, más ordenado. Yo no tengo que exigirles nada, ellos me entregan su trabajo todo en tiempo y forma.
En cuanto a mi vida personal no tengo nada más que pedir, me siento completamente feliz. Tom hace un rato me ha llamado, me ha dicho que desea verme en un rato, quiere que salga de trabajar antes y que su madre cuidara de nuestro bebé. Soy un poco paranoico con Brandon pero sinceramente si le sucediera algo yo moriría. Mi hijo y Tom son los hombres de mi vida, no necesito nada más. ¿Qué creen? La pequeña bola inquieta llama papá a Tom y a mí me dice ma-ma-ma. O como le salga.
Nunca antes me había sentido tan querido, tan lleno. Y a mí la rutina no me vence, cada noche acostamos al bebé y nos desnudamos de camino a la habitación haciendo el amor con la misma pasión, no con la misma no. Cada día nos encendemos más, es la lujuria transformada en dos cuerpos listos para unirse, para fundirse y ser uno solo. Otra de las cosas que me deja totalmente hipnotizado es ver a Tom con el niño, es ver en él el reflejo del padre ideal y derretirme con mis pensamientos. Siempre consigue que lo ame más y más.
– Era hora que llegaras – bromeó Bill sentado en la banqueta, mientras el aire fresco de la tarde refrescaba su rostro – ¿Dónde vas a llevarme?
– Nos vamos a fugar – sonrió el de trenzas abriéndole la puerta del vehículo. Él solo entornó los ojos subiéndose en el asiento del co-piloto.
– Te hablo en serio Thomas – resopló mientras el coche comenzaba a salir del establecimiento – ¿Dónde piensas llevarme?
– Es sorpresa – fue lo único que contestó. Anduvieron por la carretera bastante tiempo. Los ojos de Bill comenzaban a pesar. Enfocó su vista en las farolas de las veredas, notando lo rápido que pasaban, luego hizo lo mismo con las líneas cortas y blancas que estaban pintadas sobre el asfalto hasta que sintió como se dormía lentamente. Tom se limitó a mirarlo y sonreír. Al llegar a un semáforo, metió la mano en su bolsillo asegurándose que allí descansara el estuche forrado de cuero en el que descansaba la medalla de joyas.

Encendió en volumen bajo la radio y su pecho por fin sintió paz absoluta.
No tenía idea de cuánto tiempo llevaba durmiendo, pero una frenada hizo que su cabeza diera un leve golpe sobre el cristal pero lo suficiente para despertar. Sus ojos se abrieron lentamente notando oscuridad. Giró a Tom, él solo le sonreía. Era de noche y solo podía ver muchos árboles.
– ¿Tanto me he dormido? – Preguntó con la voz ronca – ¿Ya ha anochecido? ¿Cuánto hemos tardado?
– Hemos llegado hace un rato y es de noche – contestó con naturalidad acercándolo hasta sus labios – baja del auto.
– Como usted mande señor – bromeó restregándose los ojos. Abrió la puerta luego de quitarse el cinturón de seguridad; y un miedo lo invadió. El silencio del lugar parecía de películas de terror, altos árboles se movían lentamente causando una leve brisa y a lo lejos solo podía oírse aullidos, grillos y probablemente algún río que pasara cercano. La oscuridad era alumbrada débilmente por la luna.
– To-Tom ¿¡Donde mierda me has traído!? No me gusta este lugar ¡Vámonos! – gritó y su voz se hizo un eco. Aterrorizado se lanzó a sus brazos sintiendo su perfume. Alzó su cabeza lentamente y Tom le regaló una sonrisa. Una sonrisa que jamás había brillado en su rostro. Le tomó del mentón y fusionó sus labios con delicadeza, besándolos sin prisa alguna acariciando detrás de sus dientes y buscando ese cálido roce de su lengua. Se separó con cuidado y sus labios emitieron un gracioso sonido.

Sus ojos brillaban como cuatro luciérnagas en la oscuridad y sus respiraciones se convertían en vahos blancos como el humo perdiéndose con el viento. Sus corazones latían a la par.
– Te he traído hasta aquí porque debo darte algo – se animó a decir por fin. Bill sonrió emocionado mientras el de trenzas buscaba en sus bolsillos. Sacó la alargada caja y la abrió ante él. Un pequeño brillo resplandeció en las joyas y él se llevó una mano a la boca. Con los dedos temblorosos lo sacó colgándolo frente a sus ojos. Notó claramente el detalle: eran sus iniciales unidas. El símbolo de su unión. Lo giró y con esfuerzo leyó.
– ¿Recuerdas el día que nos conocimos? – Preguntó en un hilo de voz, totalmente conmovido – “Siempre te amaré, serás mi sol y yo tu luna”.
– ¿Ahora comprendes por qué te traje hasta aquí? – sonrió tomando el colgante. Bill corrió las puntas de su cabello y le dio la espalda mientras Tom abrochaba la pequeña hebilla – La oscuridad de la noche es todo lo que hemos podido sobrepasar, el viento cada palabra que nos hemos dicho, los árboles las personas que nos rodean aquellos que nos ven y sonríen y sonreímos.
– Te amo – susurró lanzándose a sus labios – te amo, te amo con cada puta parte de mí. Juro que no sé qué haría sin ti Tom.
– Y tú eres mi vida – agregó contra sus labios. Sus besos eran diferentes, tibios, lentos, dedicados.

Las manos de Bill, no dudaron en librarse de la camisa que Tom llevaba sobre una remera de color blanco, ambas cayeron al suelo. Las caricias que se proporcionaban no dejaban espacio de su cuerpo sin recorrer y los suspiros comenzaban a ser producto del aumento de sus temperaturas.
Los labios de Tom se adueñaron del cuello fino y suave de Bill, succionándolo lentamente, besándolo, lamiéndolo hasta llegar al lóbulo de su oreja estimulándole sus sentidos al máximo.
– Escúchame – le susurró desabrochándole los pantalones – siempre, siempre que sientas que te sumerges en oscuridad allí estaré yo, iluminándote como la luna desde lo alto.
– Y…tú – logró articular sintiendo el frío de la noche colarse entre sus piernas – cuando necesites calor, afecto y luz allí me tendrás siempre. De día y de noche.
Lentamente lo recostó sobre la hierba, acostándose sobre él. Tom aún traía sus pantalones, aunque claro en un abrir y cerrar de ojos ambos estaban completamente desnud0s.
No había prisa, inexplicablemente no deseaban matarse de pasión desenfrenadamente. Las finas manos de Bill recorrían la espalda formada y bronceada del de trenzas mientras Tom ya había llevado su mano hasta la entrada para prepararla lentamente, proporcionándole una exquisita ternura. Sus alientos se mezclaban y gotitas de sudor se hallaban listas para perderse por su piel. El frío de la noche había desaparecido gracias su mutuo calor.

– Te amo – susurró guiando su miembro mientras Bill separaba más sus piernas dándole paso, enredándolas en las caderas de Tom.
– Yo a ti – dijo sintiendo como se deslizaba en su interior y ese lento vaivén comenzaba a desatarse. Sintiendo como se hundía en él, Tom lo abrazó con fuerza uniendo nuevamente sus labios para no separarlos nunca más. Sus manos se desesperaban tocándole a cada centímetro. Bill comenzaba a extrañarse, jamás habían sido tan ‘cursis’. Tom le repetía palabras y frases dulces contra sus labios, lo acariciaba como si temiera romperlo y hasta le hacía el amor con todo el cuidado del mundo.
De pronto, no pudo reprimir un grito al sentir como lo penetraba hasta el máximo corriéndose en su interior, y él haciéndolo sobre el abdomen del fotógrafo. Aún desnudo, se recostó a su lado ambos con la mirada en el oscuro cielo.
– Ha sido la primera vez, que hacemos el amor… tan… perfecto – suspiró Bill sonriente – tal vez sea por el contexto pero jamás lo olvidaré. Fue como otra primera vez.
– Tal vez sea porque cada día te metes más en mí – nuevamente con ese tono meloso – y toda la vida permanecerás allí.
Lo abrazó con dulzura feliz. Completa e inmensamente feliz. Pasaron varias horas, allí semidesnudos acariciándose hablando entre susurros sin dejar de repetirse cuan enamorados estaban hasta que la madrugada cayó y el frío comenzó a hacerse notar.
– Vamos amor – le dijo Tom y ambos comenzaron a vestirse y caminar hasta el vehículo.

Pero al llegar se encontraron con una sorpresa. De inmediato Bill entrelazó sus dedos a los del de trenzas. Un hombre de aspecto vagabundo observaba su vehículo con detenimiento, llevaba una caja de vino barato en sus manos y olía mal.
– Disculpe – carraspeó Tom – ¿Necesita algo?
– Dame todo el dinero que tengas – contestó sin vueltas tambaleándose un poco. Bill comenzó a asustarse – ¡Denle par de maricones, denme todo el dinero!
Bill sacó de sus bolsillos unos billetes, Tom le imitó.
– Dame tu reloj – ordenó señalando el preciado y caro reloj de pulsera que el fotógrafo llevaba. Bill inmediatamente recordó su medalla y la escondió debajo de su camiseta. Luego le entregaron los celulares – No te hagas el idiota y dame la joya.
Bill negó atemorizado con la cabeza al mismo tiempo que el vagabundo llevaba una de sus manos a su bolsillo de la vieja y sucia chaqueta – ¡QUE ME LA DES!
– ¡No! – Gritó Bill dando dos pasos hacia atrás – ¡llévese todo pero esto no!
– ¡Que me la des! – y todo sucedió muy rápido. El hombre dejó ver un revolver apuntándole directamente al pecho de Bill. Tom como acto reflejo, como si su corazón le mandara, tal y como le había prometido protegerle, se puso delante de él. Y un sonido mortal que determinó el final. Un final no deseado, un hecho fuera de los planes.
– Yo… – el borracho salió corriendo espantado. Bill con sus piernas temblando ante el estruendo sintió como el peso de Tom caía sobre su cuerpo.

– Mi a-amor – susurró con lágrimas desbordando por sus ojos – ¡NO! ¡Mi amor! ¡Mi amor! ¡No , no mi amor ¡
Tom cayó sobre sus rodillas con los ojos abiertos y un hilo de sangre escapando por la comisura de sus labios – ¡No mi amor! ¡No me dejes! ¡Tú no te irás! ¡Lo prometiste! ¡Mantén los ojos abiertos! ¡Mírame Tomi!
– Re-recuérdalo – susurró con las últimas gotas de aire.
– No hables mi amor, ¡No te despidas Thomas! ¡Cállate, déjame ir por auxilio! – Lloró abrazándolo, manchándose con su sangre – ¡Te amo mi amor, no me dejes!
– Recuerda…que-que siempre te ama-amaré – fueron las últimas palabras. Sus ojos se cerraron. Y la luna fue la única testigo de la más cruel despedida.

Continuará…

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