«Billy Future» Fic de Ignacio Pelozo
Capítulo 5: Pequeña escapatoria
Se separó bruscamente volviendo a su lugar, dando a conocer su parte más fría.
– No se, ni me interesa – se apresuró a decir el de rastas mirando el monitor– ¿Qué me trajiste?
-¿Creo yo o estás mirando un monitor apagado? –sonrió mordiéndose los labios volviendo a sentarse– bien, Bill te traje la recopilación de las imágenes de todas las notas aún sin editar, pero falta la principal y la de tapa ¿Qué hacemos?
-No se –resopló tomando el teléfono– le pedí a Georg que me consiga, pero tendré que llamar a Charly él es el único que siempre me consigue las modelos cuando me urge.
Tom asintió sentándose nuevamente, con ambas manos sobre el escritorio del director. Bill movía los dedos de unas de sus manos haciéndolos sonar sobre la madera como una dulce e impaciente melodía. Hasta que el joven Charly le atendió del otro lado.
– Hasta que atiendes maldito – bromeó el de rastas – Bien, bien…escúchame estoy en problemas y mi padre si se entera me matará…mirá necesito dos modelos nono pará, hombres que quieran posar como pareja… Uy dios! Inténtalo por favor, mañana sale la revista entiendes eso? Y ya son como las cuatro de la tarde, antes de las siete los necesito acá, mándame un mensaje al móvil cualquier cosa…Okay, gracias cuídate.
– Problemas –suspiró el de trenzas y él asintió –no será fácil conseguir dos modelos que maten su orgullo de macho para posar en la tapa nada más ni nada menos de la revista más comprada del país.
-Son tan poco profesionales –resopló nervioso– mi padre me ahorca si mañana por la mañana no ve en los quioscos de revista el maldito número.
-Y si son tan poco profesionales, porque no lo intentas – sugirió Tom con un tono calmado y natural – quiero decir, porque no posas tu?
-¿Qué? – añadió Bill riéndose – porque soy el director no modelo.
– Pero supongo que además a los modelos los vestirás con tu ropa – agregó el fotógrafo y el de rastas asintió con la cabeza – y bueno, con más razón yo te he visto posando ya y no lo haces nada mal.
– Yo posé solo una vez – murmuró tímidamente – y para ropa interior.
– Sí – se apresuró a decir – y bueno ahí está, si lo haces te costará un modelo menos.
– Nooo – negó decidido – no Thomas, no posaré de ninguna manera y no me convencerás.
Ambos rieron comenzando a chequear en la computadora el material ya terminado. Juntos casi pegados sentados entre risas mirando las fotografías comenzaban a formar una química que jamás antes Bill había podido compartir con ninguno de sus empleados. Empezaba a crecer un vínculo que a los dos los hacía sentir bien, raros por momentos con extrañas sensaciones en sus estómagos pero felices. Por momentos sus miradas se cruzaban y por segundos permanecían en silencio mirándose pero sin decir más, volvían a las risas.
– Em Bill – añadió aún sonriente el de trenzas tomándose del estómago – debo irme un momento.
– Oh no Tom – suspiró entristecido, más por el mismo que por el trabajo – no te demores, tenemos mucho que hacer.
– Busco a mi muñeca al colegio y regreso – agregó retirándose apurado, mirando su móvil. El corazón del de rastas se detuvo.
– Qué? – Pensó para sus adentros – su muñeca? Colegio? Se va de su trabajo para ir a buscar a su noviecita de colegio… Quien rayos se cree que es! Y yo soy el idiota que le da el empleo y le permito salir.
Sintió de nuevo como sus ojos se aguaron y golpeó el escritorio. Otra nueva sensación aparecía en él, una fuerte mezcla de ira, enojo y tristeza denominada celos lo azotaba.
– Maldito fotógrafo – murmuró entre dientes – te haces el galán y agr! Me dan ganas de decapitarte, poco profesional, estúpido!
Escuela primaria.
Como cada tarde se sentaba en la banqueta en frente de la escuela de su hermana. Melisa había sido desde siempre uno de los motivos de su vida, había cuidado y defendido a la niña hasta de sus propios padres. Cuando Simone y Gordon discutían, él prefería tomar a la pequeña y a su auto y sacarla a pasear, no quería que nadie le hiciera daño. Tocó la campana de salida y a los pocos segundos la puerta principal de la escuela se abrió dejando paso a miles de niños de todas edades correr como animalitos en libertad. Buscó a su hermana con la mirada y allí la vio, sonriéndole ampliamente corriendo hacia él.
-Tomi! – le gritó trepándose dejando que la alzara – pensé que no vendrías por mí hoy.
-¿Por qué no muñeca? – le preguntó el de trenzas quitándole la mochila – si es por el trabajo, le pediré un permiso a mi jefe para seguir viniendo cada tarde.
La pequeña lo rodeó del cuello apoyando su cabeza en su hombro agotada por la jornada escolar y caminó con su hermana hasta su coche. La dejó en el asiento de atrás y salieron rumbo a su casa.
– Y te gusta tu trabajo? – le preguntó Melisa derepente – te tratan bien?
– Sí – respondió en un suspiro, viniéndole a la mente la sonrisa de Bill – muy bien, un día te presentaré a mi jefe.
-¿Es malo? – cuestionó la niña colocándose de rodillas en el espacio que quedaba entre los dos asientos delanteros.
– No, es un ángel – dijo inconcientemente y se sorprendió ante sus propias palabras – quiero decir, es muy buenito.
No dijo más nada, no entendía porque su mente y su corazón trabajaban de esa manera. Miró su reloj, se estaba demorando y probablemente le costaría muy caro. Llegaron a su casa como siempre pero nadie los recibió. Tom se extrañó, Simone siempre dejaba la puerta abierta mientras limpiaba su hogar, pero ahora estaba hasta con llave.
– Mamá? Papá? – preguntó la pequeña rubiecita tirando su pequeña mochila rosa en el sofá – Tomi, ellos no están?
Tom se dirigió hasta la cocina donde encontró una nota enganchada a un imán escrita con la letra de su madre.
“Disculpa Tom, pero tu abuela tuvo un inconveniente ya sabes como es la madre de Gordon y sus problemas con el alcohol. Siento haberte dejado solo con Melisa pero no volveremos hasta el lunes. Te dejé dinero en la canasta de mimbre que esta sobre la cocina, lamento que tengas que pasar un fin de semana completo con la niña pero no quisimos llevarla por su escuela y los problemas que cargaremos. Los queremos. Mamá y Papá”.
– No no están – añadió el moreno de trenzas pensativo – fueron a la casa de la abuela hasta el lunes, así que enana pasaras todos estos días conmigo.
– Genial! – gritó la niña saltando sobre el sofá y su hermano echó a reír – pero pero ahora me dejarás sola aquí? Tengo miedo, mucho miedo.
– No – negó mordiéndose el labio mientras marcaba su celular – le diré a mi jefe que tendré que llevarte esta tarde.
Oficina de Bill.
Sus empleados le habían dejado todos sus trabajos sobre su escritorio, completos para que el termine de chequearlos les adjunte las imágenes de Thomas y las mande a edición listos para salir a la venta. Aún le faltaban las fotos de tapa y de su nota sobre el amor, pero los modelos y el fotógrafo no llegaban. No sabía porqué pero en su interior solamente sentía una especie de ira que aún no cesaba cuando sonó el teléfono celular.
-Thomas necesito que te apures – dijo de inmediato – qué? No podes venir con mujeres…
-Me cortó – murmuró furioso – estúpido! Atrévete a venir con esa puta y te dejaré de patitas en la calle. Apenas unos días trabajando y se cree que puede hacer lo que se le venga en gana? Me vas a escuchar Trümper y te vas a arrepentir.
Marcaron las ocho de la noche y el único en la oficina era Bill. Inútil, preocupado con un nudo en la garganta por dos motivos: la agencia de modelos le confirmó que no le mandaría a nadie y su fotógrafo no había aparecido. Resopló en su asiento cuando pudo oír a lo lejos el sonido de las puertas ascensor abriéndose. Se paró fugazmente cruzados de brazos esperando una explicación.
– Pase – ordenó seriamente al escuchar el llamado de Tom del otro lado.
– Perdóname – se disculpó entrando – pero tuve problemas en casa…
– Los problemas de casa se dejan en casa – interrumpió dándole la espalda sintiendo que iba a llorar si escuchaba algo referido a su novia.
– Y mi muñeca tuve que traerla ya sabes – agregó y una pequeña niña salió tímidamente detrás de él – Melisa él es Bill, Bill ella es mi hermanita.
– Thomas te dije que no trai… – giró ya con lágrimas en los ojos y empalideció al ver a la pequeña – tu… hermana?
– No, es mi abuela, lo que pasa es que se pasó con las cremas y rejuveneció demasiado – bromeó sonriendo, robándole una pequeña risa a la niña y a su jefe.
– Es idéntica a ti –suspiró sonriéndole a la pequeña quien no tardó en tomar confianza – Ah antes que lo olvide, tenemos problemas.
– Los modelos – resopló casi seguro y el de rastas asintió con la cabeza – ya te dije, tendrías que posar.
– Pero necesitaría a alguien más – añadió triste. Se quedaron en silencio cuando la pequeña niña y Bill se miraron y sonrieron al mismo tiempo.
– Ni lo piensen – agregó de inmediato Tom también sonriendo – yo no sirvo para esas cosas.
– Vaaaaamos Tomi – protestó Melisa – luego podré presumir en la escuela que mi hermano salió en una revista.
– No! – gritaron los dos jóvenes al mismo tiempo. Y rompieron a reír.
Al cabo de quince minutos, la sala de fotografía estaba lista y decorada por Bill. El de rastas se encargó de los decorados y trajo maquillaje, peines, secadores y unas tantas cosas. Tom preparó la cámara a una altura considerable mientras su hermanita revisaba los vestuarios.
– Me gusta esta – gritó feliz señalando una camiseta enorme, color negra con grandes letras blancas – esta te quedará bien.
Una vez ambos vestidos se miraron satisfechos, el de rastas maquilló naturalmente al de trenzas sintiendo su respiración dar en su rostro sintiendo como sus manos temblaban sin poder sostener el pincel.
– Genial – aplaudió como un niño al ver todo perfectamente echo – ahora…em las tomas.
Tom se dirigió hasta la cámara y la programó con veinte segundos. Se paró junto a Bill, colocó una de sus manos en su cintura mientras el de rastas la apoyaba sobre uno de sus hombros y con las miradas fijas una sonrisa tímida se dibujó en ambos justo cuando el flash los iluminó. Ya se habían sacado unas doce fotografías cada vez más cercas. Melisa miraba el resultado sonriente, la pequeña era la única capaz de darse cuenta del roce entre ellos.
– Yo diría una más cerca todavía– sugirió el de trenzas preparando nuevamente la cámara para una última imagen. Se situó rápidamente frente a él pegándolo a su cuerpo mientras acercaba su rostro.
Bill cerró los ojos sintiendo esa sensación en su estómago y justo cuando el de trenzas estuvo a punto de fusionar sus labios otro flash los hizo separar. Sin decir más corrieron a la computadora de la oficina de Tom para darle pequeños retoques y mandarlas a edición. Poco más de veinte minutos y todo estaba terminado. Melisa se había quedado dormida en el suelo y ellos estaban exhaustos.
– No doy más – murmuró el director caminando hasta llegar junto a la pequeña – es idéntica ya lo dije pero es que es igual.
Tom caminó arrastrando sus pies bostezando junto a ellos y se sentó en el suelo.
– Es muy hermosa – sonrió el de rastas acariciándole su pequeño rostro.
– Tu eres demasiado… -susurró acercándose a él con la mirada clavada en sus labios dispuesto a esta vez fusionarlos con los suyos– demasiado…
Continuará…