59: ME RECUERDA
Sarah Ulrich había nacido en el seno de una familia de clase media alta, sus padres se dedicaban al negocio de la comida gourmet, desde hacía generaciones los Ulrich se había dedicado a la exportación y venta de los más selectos productos de la gastronomía, sus clientes incluían desde los mejores restaurantes de la ciudad de Berlín con sus chefs y sus estrellas Michelin, hasta las familias más ricas de la ciudad.
El buen negocio dejaba grandes ingresos a la familia para proporcionarles una vida llena de lujos, de los cuales Sarah aprovechaba al máximo, asistía a uno de los mejores colegios de la ciudad y sus amigas eran otras niñas ricas y tontas que lo único que sabían hacer era gastar el dinero de sus padres.
Pero a diferencia de estas niñas que solo se divertían con cosas vánales, Sarah prefería otro tipo de diversión, una más audaz según en su perspectiva de rebelde adolescente, había conocido a Fabian un chico rubio de ojos azules en las cercanías de una librería a unas calles de su escuela de ballet, era el típico chico que causa problemas y la había cautivado con su rebeldía, sus padres se había opuesto a la amistad de su adorada hija, con una escoria salida de alguna alcantarilla, pero eso solo había servido para que la rubia de ojos verdes, se encaprichara más con ese chico, quien la introdujo en un mundo de drogas.
La nueva vida que él, le estaba mostrando parecía ser mucho más divertida que la vida aburrida y estructurada que sus padres tenían planeada para ella, sin embargo, había un pequeño problema, al negarse a dejar de verse con ese chico problema como sus padres lo llamaban, habían recortado su mensualidad, ambos adultos habían creído ciegamente que ella regresaría al buen camino del que se había apartado.
Fabian le había dicho que siempre había otras formas de conseguir dinero y para comprar las droga, la mejor forma de conseguir dinero para pagar sus adorados dulces como solía llamarlos, consistía en tomar dinero de sus ricas amigas, ninguna de ellas se había dado cuenta de que una de sus amigas estaba robándoles dinero, sus manos se habían vuelto hábiles para tomar cosas que no eran suyas, las segundas personas víctimas de sus manos largas, fueron sus padres, pero estos si lo habían notado, su madre la había hecho arrestar y tras unas cuantas lágrimas de parte de la rubia su madre, había retirado la denuncia, por un par de semanas se había comportado como la dulce e inocente hija bien portada del matrimonio Ulrich, todo parecía estar regresando a su lugar.
Pero claro todo había sido una treta de la inteligente rubia, Fabian y ella seguían viéndose, pero esta vez Sarah había puesto su mirada astuta y codiciosa sobre un chico de cabellos negros, con un look muy particular y sumamente interesante.
No le costó mucho averiguar quién era el chico que asistía acompañado de otra rubio a fumar y beber en el parque en el que acostumbraba reunirse con un grupo de chicos que también solían drogarse solo por diversión.
Sarah confiaba en su belleza para atraer al chico, cuando averiguo su nombre, Bill Kaulitz, lo mejor es que dicho chico había resultado ser toda una minita de oro, lo único que tuvo que hacer fue presentarse y sonreír dulcemente como siempre lo hacía y tenía al chico comiendo de su mano, pero claro nada podía ser tan fácil, el chico rubio que siempre estaba pegado como lapa al pelinegro, la miraba con desconfianza, sobre todo porque para nadie era un secreto que ella tenía algo que ver con Fabian, tenía que deshacerse de ese pequeño inconveniente, y ya sabía cómo lo haría.
Alejar al molesto de Andreas de Bill, resulto ser de lo más sencillo, solo basto buscar a una de las chicas más putas del lugar, para que coqueteara con el rubio hormoneado y tenía el camino libre.
Bill en cambio no resulto ser lo que ella esperaba, no cayo tan rápido en sus redes, en realidad el moreno, solo estaba ahí por hacer rabiar a su madre, quien al parecer era una arpía y por hacer sentir mal al mal nacido de su hermano, que había preferido largarse de vacaciones con su padre en lugar de quedarse con él, estaba aburrida de escuchar las quejas de Bill sobre su familia, ella aborrecía a su madre, pero no al grado en que Bill lo hacía con la suya, estaba segura que el pelinegro podría simplemente matar a su madre y no sentir remordimiento, no iba a negar que eso logro inquietarla por un momento, pero solo fue eso un momento, interrumpir el monologo del chico fue fácil, solo necesito de una pequeña bolsita transparente, para atraer la atención del chico quien reconoció que jamás había esnifado nada, ocasionalmente un porro con su hermano y sus amigos pero solo eso.
Lo siguiente que Sarah logro fue que Bill consumiera rápidamente de ese maravillo polvo y ya lo tenía entre sus piernas, el chico resulto ser mucho mejor en la cama que el soso de Fabian, sabia moverse y darle tan fuerte como a ella le gustaba, no parecía un dulce niño de dieciséis años, follaba como un experto y estaba encantada con esos, no solía dejarse coger por niños, pero Bill la había cautivado y ella siendo ya una mujer con sus recién cumplidos dieciocho estaba decidida a manipular a tan singular chiquillo y recompensarlo con sexo algo que los haría ganar a ambos.
El sexo era algo con que manipular a Bill, el chico había caído rápidamente en sus redes y ella estaba sacando provecho de las tarjetas de dicho muchacho, nunca imagino que fuera tan rico, se estaba dando una gran vida a expensas del baboso muchacho, que por un poco de sexo rudo y unas cuantas drogas le entregaba sus tarjetas sin rechistar, incluso había logrado lo que parecía imposible, hacer pelear a Bill y al soso de Andreas, quien había dejado de aparecerse por el parque para su felicidad.
Todo estaba saliendo a pedir de boca, pero como siempre algo tenía que arruinar sus planes de darse la gran vida que sus padres, nuevamente le habían cancelado y ese era el imbécil de Fabian, quien estaba molesto porque estaba enredada con Bill.
Ambos chicos se habían enzarzado en una pelea por ella, Fabian había resultado muy mal parado, nunca imagino que cuando el moreno se agarraba a golpes con alguien, no había quien lo parara, Bill había sido arrestado y liberado sin cargos tres horas después, pues el rubio nunca presento cargos, total él tenía mucho que perder pues era un dealer y un don nadie, comparado al otro quien era un dulce chico con mal carácter proveniente de una buena familia.
Había esperado ver a Bill salir de la comisaria y poder hablar con él y pedirle que le ayudara a deshacerse del molesto de Fabian, quien ya era un dolor de cabeza para ella, pero no pudo acercarse, el chico había abandonado el lugar en compañía de una mujer rubia, la que podía asegurar era su madre y un hombre alto de cabello castaño claro, su padre, seguidos de un gran despliegue de hombres de negro, para alejar a la prensa, sus ropas incluso eran diferentes a las que había llevado ese día.
Le tomo casi dos semanas ver por fin a Bill, su cara no era de alegría cuando se vieron, pero Sarah conocía mejor que nadie como cambiar ese semblante amargado, le tomo solo darle un poco de sexo rudo y un poco más de droga, para tenerlo como arcilla en sus manos una vez más. En ese momento había decidido aplazar su plan para deshacerse de la molestia que estaba comenzando hacer el imbécil de Fabian. Pero no contaba nuevamente con el regreso del hermano de Bill y mucho menos que fueran tan unidos como una vez escucho en televisión sobre los gemelos, pensaba que era solo algo para dar de que hablar de los gemelos más conocidos de la ciudad, pero nada de eso era algo inventado, Bill había cancelado varios de sus encuentros solo por pasar tiempo con su hermano, mientras ella estaba que se subía por las paredes, sus padres tenían todo el efectivo firmemente resguardo en una caja de seguridad que solo se habría con la huella digital de su padre, no sabía ni de donde había salido semejante artilugio, pero claro con la gente que sus padres conocían no parecía nada fuera de lo normal, desde que había cumplido la mayoría de edad, sus padres se habían desentendido de ella, si aún permanecía en la casa familiar, era para no comenzar un chisme que pusiera en riesgo la buena imagen del negocio familiar.
A casi un mes de no saber absolutamente nada de Bill simplemente decidió que era hora de que se volvieran a ver, además de que también era el momento de darle fin al imbécil de Fabian, decisión que llego a su punto sin retorno después de que el imbécil la forzara a tener relaciones.
Entre lágrimas llamo a Bill y le pidió que fuera a verla a su casa, al principio Bill se había excusado diciendo que tenía una reunión con su hermano y sus amigos, pero ella lloro tan desgarradoramente que el estúpido chico no se pudo negar nuevamente, escucho como al otro lado de la línea se desataba una acalorada discusión entre Bill y suponía que su hermano.
Tres horas después Bill tocaba la puerta de su casa, Sarah vestida de forma seductora y aun con unas falsas lágrimas de cocodrilo adornando su rostro, se lanzó a los brazos del pelinegro que la abrazo y beso, las cosas estaban saliendo como lo tenía planeado, tras darle a Bill un momento de placer, ponía en práctica su segunda parte del plan, Fabian entraba como siempre a su casa y en esperaba de una de sus tantas escenas, pero lamentablemente para ella, el chico estaba en sus cinco sentidos y solo quería una oportunidad, le había pedido a Bill que no saliera de su habitación por nada del mundo que ella terminaría con ese asunto, pero nunca le informo la forma de hacerlo, se encargó de elevar lo suficiente la voz para que hasta los vecinos la escucharan, Fabian por su parte no sabía que le sucedía a la rubia que seguía gritando después de que el emitiera sus disculpas, Sarah lo tomo del antebrazo y lo condujo entre gritos al despacho de su padre, donde lo tenía todo planeado.
Mientras el chico miraba confundido a la rubia estaba aprovechaba su momento, para tomar el arma pequeña de su padre de uno de sus cajones, comenzó a llorar de nuevo, antes de ser abrazada por el confundido muchacho, mientras él decía palabras que podrían surtir efecto en una alterada chica de dieciocho años, no se percató de la pequeña pistola colocándose a solo unos centímetros de su cien, solo pudo escuchar el clic antes de la detonación, cayendo lentamente al suelo, Sarah comenzó a gritar y a llamar a Bill, quien tras los gritos estaba parado al pie de las escaleras observando la acción que se desarrollaba en la entrada de la casa, corrió hasta al lugar de los gritos solo para ver al chico que le vendía la droga tirado en el suelo, Sarah con las mejillas rojas, un ojo morado, su blusa rota y un arma en su mano.
Sarah lloro y dijo que él había intentado violarla nuevamente y se había tenido que defender, Bill la abrazo y sin dudarlo tomo el arma, Sarah se alejó unos pasos de Bill, justo cuando la puerta principal se abría y los asustados padres de la rubia ingresaban a la casa tras una llamada de alerta de los vecinos, la escena que encontraron fue un caos, su hija lloraba arrinconada mientras un chico estaba muerto en el suelo y otro sostenía un arma.
Todo fue un caos entre policías, paramédicos y gente curiosa, Sarah ingresaba en una ambulancia, una bolsa negra salía de la casa directo al coche de la morgue y Bill a una patrulla esposado.
La noticia causó revuelo en los medios cuando se dio a conocer que uno de los involucrados era Bill Kaulitz, el hijo de uno de los empresarios más ricos del país, hijastro de un político muy importante, el juicio se realizó de forma rápida, la fiscalía pedía la cabeza del menor y que se le juzgara como adulto por la muerte del otro chico, una rubia llorosa y con un alegato de estrés postraumático, decía en la corte que ambos chicos se habían dicho de palabras y que ella estaba muy golpeada como para saber quién había disparado, pero podía asegurar que no había sido Bill, sin embargo el fiscal decía que no podía asegurar aquello, ya que el arma tenia las huella del chico implicado, que veía con grandes y confundidos ojos a la rubia a la que le había jurado amor.
Sarah bajo del estrado sin darle una mirada al menor y salió de la habitación acompañada de sus padres y un abogado. Los periódicos habían dicho que la sentencia se había modificado al ser menor de edad y tras no encontrar rastros de pólvora ni en la ropa ni en la piel del chico, no podían asegurar quien había disparado, sin embargo había dado positivo en el examen de toxicología y entre sus ropas se había encontrado diferentes gramos de drogas, le habían condenado a un año de prisión y se presumía que sus padres habían arreglado con la fiscalía sobre qué prisión para menores sería la mejor y en qué condiciones ingresaría Bill.
Después de eso sus padres decidieron que lo mejor era sacarla del país, para evitar cualquier represalia contra ella, ya que nunca fue involucrada en el crimen como autora intelectual, aun cuando la madre de Bill, grito en pleno pasillo de la corte, que ella tenía algo que ver, había sido llamada una simple victima en una serie de eventos desafortunados.
***
Simone había tenido una pésima semana o mejor dicho un pésimo mes, desde aquella mañana en la oficina de su marido y eso que aún le faltan algunos días al mes para terminar y todo indicaba que la suerte no estaba de su lado esa mañana, la estúpida chica que se encargaba de hacerle la manicura le había roto la uña y lastimado con la tijera corta cutícula, su preciado traje blanco resulto salpicado por la sangre, teniendo que regresar a su casa, por un cambio nuevo, no sin antes encargarse de que la inepta que la había lastimado fuese despedida. Si Simone Trümper fuera una mujer supersticiosa habría reconsiderado el volver inmediatamente a su casa y no salir de ella, hasta que terminara el mes o probablemente el año.
Debido al retraso que sufrió por el percance en el salón, tuvo que llamar a su asistente, para que cancelara una reunión muy importante para una de sus tantas causas benéficas, lo que incremento su molestia matutina, el tráfico que nuevamente la retraso para llegar a su oficina debió ser otra señal para esa mañana, pero ella no creía en las señales divina.
Con un pésimo humor entra en el edificio de su oficina encontrándose con su asistente quien lleva una expresión de preocupación pintada en el rostro.
—¿Qué sucede?
—Hay una persona esperándola en su oficina.
—¿Quién es?
—No quiso darme su nombre, dijo que era una amiga suya.
—¿Amiga?
—Es una chica joven, rubia—por la descripción Simone rápidamente piensa en la novia de Bill, lo que le parece extraño, pero supone que algo debe querer.
—Seguramente es la novia de Bill.
—No señora—responde la mujer, recibiendo la mirada confundida de Simone.
—¿Entonces porque la dejaste entrar a mi oficina? —La mujer balbucea, pero nada coherente sale de boca, Simone camina a pasos apresurados. —Eres una inútil.
Abre la puerta de su oficina solo para sentir como el aire abandona su cuerpo sin previo aviso, la rubia frente a ella sonríe por la expresión del rostro de Simone.
—Buenas tardes, señora Trümper.
—¿Señora llamo a seguridad? —pregunta observando a la atónita de su jefa, a quien el mal humor le ha desaparecido, y ahora luce como si estuviera frente a un fantasma.
—No te preocupes Lucy, la señora y yo somos viejas conocidas.
—¿Señora? —llama de nuevo ignorando a la rubia frente a ellas.
—No, no llames a nadie, Sarah y yo somos viejas conocidas.
—Ves, te lo dije, ella aún me recuerda.
—Retírate Lucy, y no me pases llamadas.
—Si señora, ¿le ofrezco algo señorita?
—Solo retírate —dice Simone recuperando su actitud y caminando hacia su escritorio, la mujer asiente y cierra la puerta tras ella.
—Tiene una bonita oficina—comenta sentándose frente a ella.
—¿Qué haces aquí?
—Tenia curiosidad por ver a Bill.
—¡No te acerques a mi hijo! —advierte en tono serio
—Eso debería decidirlo él, ¿no le parece?
—Bill te odia, arruinaste su vida.
—Yo no arruine su vida, él fue quien tomo el arma.
—Arma que tu pusiste en sus manos.
—No puede probarlo—sonríe.
Simone entrecierra los ojos, sabe que la rubia frente a ella, solo está disfrutando en molestarla y no le va a dar ese gusto.
—Tal vez no, pero te aseguro que mi hijo, estará dispuesto a sacarte esos ojos de víbora, Bill te aborrece.
—No creo que Bill pueda aborrecerme, más de lo que a usted—sonríe.
—Te equivocas, querida—el rostro de Sarah, sufre un ligero entumecimiento ante eso—mi hijo te odia aún más que a mí.
Sarah levanta la barbilla y recompone su gesto estoico, pero solo consigue que Simone sonría aún más al ver como la chica no sabe que decir.
—¿Qué es lo que quieres?
—Quiero que usted pague por lo que le hizo a mi familia.
Una divertida risotada abandona la boca de Simone, que se estremece ante la petición de la rubia frente a ella—¿yo, pagar por lo que le hice a tu familia? —dice entre risas—No seas estúpida niña, lo que le paso a tu familia, fue obra tuya, en verdad pensabas que ibas a irte tan campante, mientras mi hijo pasaba un año de su vida en prisión, por supuesto que no.
—Mi padre se suicidó, cuando usted y su marido se encargaron de llevarnos a la ruina, usted y su marido…
—Se suicidó por tu culpa—la interrumpe—tú y tus malas compañías arruinaron a mi hijo, destruiste al buen chico que era y mi ex marido y yo no íbamos a dejarte disfrutar de una vida tranquila, al aire libre. —La respiración de Sarah es errática, es como si ninguno de sus argumentos surtiera el efecto deseado en Simone. — Escúchame bien, niña estúpida, porque solo lo voy a repetir una vez, no te acerques a Bill, sabes perfectamente que conmigo no se juega, no voy a dudar en destruirte como una cucaracha, si te acercas nuevamente a mi hijo, ¡ahora lárgate!
Sarah se pone de pie, temblando de rabia hasta que recuerda un detalle—Si Bill me olvido, que hace con una rubia muy parecida a mí—se cruza de brazos.
—Solo el físico, Sofia es una chica adorable, con un futuro brillante y ha logrado encausar a mi hijo, sabes algo, no le llegas ni a la suela de los zapatos —Por mucho que le cueste reconocerlo, la chica si ha servido para alejar a Bill de los problemas.
—Esto no se va a quedar así, usted me va a pagar todo el daño que le hizo a mi familia, así sea lo último que haga.
—Lucy, llama a seguridad—ordena Simone tomando su teléfono.
—No hace falta tanta rudeza de su parte—toma su bolso y camina hacia la puerta, cuando esta se abre y dos hombres altos y vestidos de negros aparecen—caballeros.
—Asegúrense de que esta mujer no vuelva a poner un pie en mi oficina—ambos hombres le indican la puerta a la rubia, que sale echando chispas del lugar—Lucy, llama a Jörg y dile que necesito reunirme con él que es urgente y también llama a Oli y dile que venga ya.
—Sí, señora, anota rápidamente todo en su libreta, ¿Algo más?
—Averigua donde se encuentran mi hijo y su novia y también llama a Tom—La mujer asiente.
Simone se lleva las manos al rostro deseando que lo que sucedió hace unos momentos sea solo una pesadilla, pero el sabor amargo de la bilis subiendo por su garganta le recuerda que no se trata de un mal sueño y la estúpida chica que arruino la vida de Bill, está de regreso en Berlín, toma su teléfono y busca entre sus contacto el número de David Jost, aunque aún está furiosa con el hombre por lo que le contó a Gordon, sabe que nadie mejor que él puede darle la información de donde se encuentra Sarah y si tiene alguien que la ayude acercase a su hijo.
Bill será un desastre de hijo y ambos podrán tener sus diferencias, pero no va a dejar que ninguna estúpida vuelva arruinarlo, esta vez no va a dejar que esa chica arruine la vida de su hijo, primero la mata antes de que eso suceda.
***
Sarah lanza el primer adorno que tiene al alcance de su mano, dejando escapar toda su frustración. Esa reunión no salió como ella esperaba, Simone no quedo asustada por su visita y ella salió como perro apaleado de ese lugar.
—Te dije que era una mala idea—Tabatha, le da un sorbo a su vaso de whisky, observando divertida la rabia de su amiga.
—¡Cállate estúpida!, que las cosas se arruinaron por culpa de tu maldito embarazo, debiste hacer lo que tenías. Te pagué suficiente para hacer todo lo que te dije y no hiciste ¡tú trabajo! —grita
—Hacer mi trabajo, tu siempre dijiste que él era alguien manipulable y ya viste que no fue así, me alegro haber terminado con él, porque el dinero que páguese no cubría la golpiza que me dio. Además, suficiente es que aún no me haya sacado de aquí.
—Tengo que hacer algo, Simone tiene que pagar el daño que le hizo a mi familia, el daño que me hizo a mí.
—Tú no aprendes, esa familia mando a la tuya directo a la ruina, tus padres nunca pudieron recuperarse gracias a ellos y tu aun planeas seguir jodiendolos. Deberías rendirte.
—¿Rendirme? Claro que no, ellos me van a pagar por todo, tu deberías odiar a Bill, casi te mata.
—Debería, pero no soy estúpida qué caso tiene ponerme con sansón a las patadas, Otto dijo que lo mejor que me podía pasar era terminar con Bill.
—Otto, Otto, siempre Otto, desde que le abriste las piernas a ese imbécil, arruinaste mis planes.
—¿Tus planes? No tenías nada bueno, drogar a Bill, hasta que cayera muerto de una sobredosis—da un sorbo a su bebida—te lo dije, dejo de consumir, por más que yo le insistía nunca acepto nada, era como si quisiera mantenerse limpio por alguien más.
—¿Qué sabes de la rubia simplona que tiene por novia?
—Lo que ya te dije todo, no hay nada más que contarte.
—Simone no se va a quedar tan campante me ha costado mucho trabajo averiguar cómo fue que mi familia se arruino, como echarme para atrás.
—Pues entonces tendrás que pensar otra forma de lastimar a los Kaulitz, tal vez…
—Tal vez ¿Qué?
—Es una tontería.
—Dímelo.
—Sofia.
—¿Qué hay con esa?
—Podrías averiguar más de ella, que tan estrecha es la relación con Bill, tal vez por ahí, aunque lo dudo.
—¿Por qué lo dudas?
—Porque para nadie es un secreto que él no está con una mujer por mucho tiempo, mírame a mí, no estuvimos juntos ni medio año.
—Tabatha tu eres una puta barata, comparada a ella.
—Te recuerdo que para saber lo que le paso a tu familia, tuviste que acostarte con un ex cliente de tu padre uno muy asqueroso y grotesco, así que no te muerdas la lengua y sabes que ya vete de mi casa, no quiero que Otto te encuentre aquí, y deberías tener cuidado si ya te plantaste enfrente de Simone, te aseguro que deben estar buscándote.
—No me voy a esconder.
— Como quieras, es tu decisión.