6 As The Lights Go Down

«As the lights go down» Temporada I

Capítulo 6

– ¡Bill! – llamaba Tom – ¡Mierda, Bill! – seguía al ver que su gemelo no llegaba a su lado

El pelinegro llegó al cabo de unos segundos donde estaba su hermano, casi se desmaya al ver el desastre que había hecho Tom con su habitación, la cual Bill había arreglado en la mañana – ¿Qué sucede? – preguntó

– Necesito que planches este pantalón y esta camisa – dijo lanzándole la ropa al moreno para que la atrapara – Y quiero que me prepares café – seguía diciendo mientras rebuscaba en los cajones del walk in closet – Y cambia las sábanas blancas por las negras

– Tom, sé que me pagas por esto, pero agradecería que valoraras un poco lo que hago – dijo Bill – Ordené tu habitación esta mañana y mira como está

– ¿Disculpa? – dijo Tom volteando a ver a Bill como si hubiera escuchado mal – Esta es MI casa y puedo hacer lo que se me dé la puta gana – decía acorralando a su hermano contra la pared – Si no te gusta, puedes largarte

Ambos se miraban fijamente a los ojos, Tom con una mirada amenazadora y Bill con una de resignación. Había pasado dos semanas desde que llegó y desde el primer día, el mayor se había encargado de hacerle la vida imposible.

Todos los días después de que Bill terminaba sus quehaceres, Tom hacía lo que fuera posible para que tuviera que repetir al menos la mitad de sus tareas.  Ponía excusas ridículas como “no sabía dónde estaban las frituras así que saqué todo de los gabinetes ¡acomoda todo!” “¿sabes? Ya no quiero comer Gebratene Fleisch, prepara otra cosa”.

Para alivio de Bill, su hermano saldría esta noche así que podría darse un pequeño respiro. Mientras el mayor se daba una un baño, el menor preparó el café que le pidió y planchó la ropa que le entregó.  Minutos después, Tom apareció para pedirle que le planchara otra camisa, ya no quería ponerse la que le había dado anteriormente.

Milagrosamente, Tom pudo servirse el café, pero volvió donde estaba su gemelo planchando, se colocó al lado de él observando detenidamente lo que hacía sabiendo que al pelinegro le molestaba eso.

– Mira, te falta allí, hay una arruga – dijo señalando una diminuta arruga

– ¡Gracias Tom! No la habría visto si no me dices – dijo Bill con sarcasmo – ¡Déjame planchar!

– ¡Qué humor, hermanito! – exclamó Tom – ¡Qué amargado eres!

Bill resopló, a Tom le encantaba provocarle y lo lograba, pero si él intentaba defenderse, el mayor le decía que podía irse cuando le diera la gana, porque sabía que no podía hacerlo, así que le tocaba soportar todas las tonterías de Tom.

– Te pareces tanto a mamá – dijo Tom con un tono de nostalgia que el menor no supo cómo interpretar – Claro, ella era hermosa, no como tú que eres… Ahm…

– ¡Toma! – dijo el moreno lanzándole bruscamente la ropa lista

Bill salió del lugar dejando a su hermano atrás con una sonrisa burlona, si hubiera tenido más tiempo le hubiera seguido molestando, pero debía irse a la fiesta que había sido invitado y ya estaba bastante retrasado.

Cuando el guitarrista dejó la casa, el pelinegro al fin sintió un poco de paz.  Esas semanas habían sido muy difíciles y estresantes, había pensado en salir corriendo de allí varias veces, pero debía recordar que su padre necesitaba su ayuda.  Tom ya había pagado la cuenta y una de sus tarjetas de crédito estaba a disposición para cargar los gastos futuros automáticamente, eso había sorprendido a Bill hasta que su hermano le dijo que tendría que pagar hasta el último centavo. Era demasiado bello para ser real.

– ¡Vaya! – resopló Bill al entrar a la habitación del mayor – ¡Qué desastre!

La habitación de Tom era hermosa.  Sus paredes estaban pintadas de color negro mate que combinaba con un alfombrado gris oscuro, del lado izquierdo había un sofá negro con cojines blancos, en el centro estaba la enorme cama con un grueso cobertor blanco con negro y muchas almohadas de los mismos colores, a cada lado de ella había una mesita de noche con una lámpara, en una de ellas había un reloj y en la otra un portarretrato sin foto, del lado derecho de la habitación estaba la entrada al walk in closet y al baño.  Era una recamara sencilla pero con mucho estilo.

– ¡Lástima! – susurró Bill

Había ropa por doquier; pantalones, medias y zapatos en el suelo, sobre la cama había chaquetas y camisas.

– ¡Maldito Tom! – murmuró al ver la cama deshecha – ¿Por qué deshaces la cama si no te has acostado en todo el puto día?

Comenzó a guardar la ropa ordenándola por color, como Tom le había ordenado desde el principio. Cuando la habitación estuvo libre de prendas fue por las sábanas negras, eso significaba que Tom traería a una chica esta noche.  Siempre le ordenaba que cambiara las sábanas por negras porque odiaba que las mujeres mancharan las blancas con maquillaje.

Esa era otra cosa que Bill odiaba. Cada noche que Tom salía terminaba metiendo en su cama a una extraña, lo que conllevaba a una noche sin dormir por los ruidos de la cama chocando con la pared o lo gemidos exagerados de las chicas, seguramente fingían, Tom no podía ser tan bueno como ellas lo hacían ver.  A la mañana siguiente, Bill tenía que cambiar las sábanas llenas de sudor y fluidos de su hermano y quien sabe quién más.

¿Acaso a Tom no le daba miedo que le contagiaran algo?

Cuando terminó de ordenar la habitación por segunda vez en el día, decidió ir por unas galletas y leche, luego subió a su habitación a ver si encontraba algo bueno en la televisión.

Cuando Tom le mostró la que sería su habitación casi que gritó de la emoción, no era tan grande como la de su hermano, pero tampoco tan pequeña como la suya en Múnich.  Tenía un gran ventanal que daba al patio trasero de la casa. Estaba pintada de color gris y tenía un alfombrado de un tono más claro, en las paredes había varios cuadros colgados, también tenía un espejo de cuerpo entero y lo que más amaba Bill, su cama; era estilo chino con un edredón negro con blanco y muchas almohadas como la de Tom, pero los suyos eran blancos con puntos negros.  Amaba su habitación, jamás en su vida pensó que podría dormir en un lugar así, aunque sabía que no era suya oficialmente, era temporal.

Al no encontrar nada bueno en la televisión, dejó un canal que presentaba un aburrido documental sobre insectos, pocos minutos después se empezó a quedar dormido.

Al cabo de dos horas era despertado por el ruido del auto de Tom, después de unos segundos escuchó que entraba a la casa y subía a su habitación con paso acelerado, luego escuchó como buscaba algo en el baño con desesperación.

– ¡Mierda! – gritó Tom, luego se escucharon cosas caer al suelo

Decidió levantarse para ir a ver si Tom necesitaba ayuda. Salió de su habitación y lo que vio lo preocupó, había pequeñas manchas de sangre en el suelo que se perdían de vista en la puerta de la recamara de su hermano.

– ¿Tom? – llamó

– No vengas, vete a dormir – dijo Tom rápidamente

– Tom, hay sangre en el suelo – dijo Bill nervioso acercándose más a la puerta

– Vuelve a la cama – le mandó el mayor con un tono cansino

Bill lo ignoró y decidió entrar en la habitación y cuando pudo ver el rostro de su hermano ahogó un grito.

– ¡Dios mío, Tom! – dijo asustado

– Te dije que te fueras a la cama – gritó Tom mirándolo con furia

El mayor tenía un corte en la frente y sangraba moderadamente, su ropa estaba manchada al igual que sus manos en las que sostenía gaza y alcohol.

– ¿Qué te pasó? – preguntó Bill acercándose a él

– ¡No te me acerques! – le mandó yendo hacia él para sacarlo de la habitación – No pasó nada que te importe ¡Lárgate!

– ¡NO! – gritó Bill enfrentándolo – ¿Qué no te das cuenta de que necesitas ayuda, imbécil?

– ¡No te necesito! – bufó Tom volteándose para ir a sentarse en la cama – Yo puedo solo

– Te voy a ayudar – dijo Bill imitándolo

– ¡No quiero! – chilló el mayor

– ¡CÁLLATE! – le mandó Bill enojado, algo que dejó perplejo al otro – Ahora me darás esa puta gaza y el puto alcohol

El guitarrista obedeció al instante ¿cómo se atrevía a gritarle? peor aún ¿por qué le había obedecido? El pelinegro tomó el alcohol y la gaza y comenzó a curar la herida

– ¡Arg, con cuidado idiota! – le mandó Tom quitándole el brazo de un manotazo

– Aguanta – le mandó el menor con un poco de preocupación poniendo de nuevo el alcohol – No es grave, pero creo que necesitarás puntos

– No necesito puntos – dijo Tom de mala gana

– Tom pero… –

– Tampoco te necesito a ti – le quitó la gaza y el alcohol – Yo puedo solo, ahora largo – gritaba mientras lo jalaba del brazo hasta la puerta

– Tom, déjame ayudarte – decía el moreno forcejeando

– ¡Que no! –

– ¡TOM! –

¡SLAP!

Silencio…

Bill lo miraba con decepción, sorpresa e ira ¿Tom le había bofeteado?

– Bill… – susurró Tom viendo como el menor se acariciaba la mejilla – Largo ¡ahora!

El pelinegro salió dando un sonoro portazo que retumbó por toda la casa ¿Cómo se atrevía? ¿Cómo pudo su hermano gemelo levantarle la mano?

Definitivamente ya no quedaba nada del Tom que él quería.

Continúa…

Gracias por leer, te invitamos a continuar con la lectura.

por Kaulitz Angel

Escritora del fandom

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