«Believer» Fic TWC de MizukyChan

No matarás” (Éxodo 20:13)

Capítulo 6: El quinto mandamiento

Tras llamar al sheriff, Tom dio vueltas por toda la iglesia, buscando alguna señal del extraño o del cuerpo de la nueva víctima, pero no encontró nada. Caminó con cuidado por el corredor que daba al jardín lateral, recordando haber visto huellas la noche anterior, pero tampoco había rastro de ellas, ni del extraño, ni de las suyas. Era como si todo hubiese sido perfectamente limpiado, desapareciendo todo rastro del hombre de ojos de fuego.

En la estación, la secretaria había puesto un café en sus manos y una manta sobre sus hombros, pensando que temblaba de frío, pero el sacerdote no estaba así por las bajas temperaturas, temblaba porque el extraño había cumplido con su promesa, había asesinado a otra persona, aunque sólo hubiera dejado una parte del cadáver para sustentar esa teoría.

El sheriff Pileggi había repasado con él una y mil veces su declaración, la forma en que había encontrado el ojo, como fue que no abrió las puertas de la iglesia al hacer el descubrimiento, como es que había recorrido los terrenos adyacentes al edificio en busca de alguna señal del asesino o del resto del cuerpo de la víctima.

¿Qué hay del altar? —Preguntó el ayudante del sheriff, dejando otra taza de café en el escritorio para su superior.

Tom ladeó la cabeza y entrecerró los ojos—. No había ningún rastro de sangre sobre el altar, ni en ninguna parte de la iglesia, en realidad.

¿Por qué mencionas el altar, Robert? —Preguntó Mitch, dando un sorbo al brebaje, agradeciendo por la nueva dosis de cafeína. En una comunidad tan tranquila como Avery, este tipo de casos era extremadamente raro y generaban un desgaste emocional importante.

Robert Smith se alzó de hombros y respondió—. En ambos casos han dejado mementos en la iglesia, tal vez es una especie de ritual satánico.

No vimos ninguna señal de rituales, ni ayer, ni hoy —mencionó Mitch con el ceño apretado.

Espere… —dijo Tom abriendo grandemente los ojos.

¿Qué pasa, Padre? —Preguntó Mitch, enderezándose—. ¿Vio alguna marca satánica?

No, no fue eso, pero sí había algo diferente en el altar —respondió—. Necesito una biblia.

¿Qué? ¿Para qué? —Preguntó Robert.

¡Hazlo! —Exclamó el sheriff—. ¡Busca una!

Creo que puede ser algo, aunque no estoy seguro —dijo Tom, sacando el rosario que tenía en el bolsillo de su pantalón.

El oficial salió a tropezones de la oficina y regresó a los pocos minutos—. Nancy tenía una.

El sacerdote recibió el libro y rápidamente buscó el pasaje que había preparado para esa mañana, el mismo que vio durante la noche, en el libro abierto sobre el altar.

Anoche fui al altar a orar, antes de dormir y encontré el libro de las Sagradas Escrituras abierto con este pasaje —explicó—. Levítico 26: 16. Dice: “Esto es lo que yo haré con ustedes: les enviaré terror, extenuación y fiebre, que los atormentarán y les consumirán los ojos”.

Y apareció un ojo en la fuente del agua bendita —terminó el sheriff, comprendiendo—. ¿Ha sucedido antes? ¿Algún mensaje que anunciara la muerte de Zack Fuller o de alguien más?

Ahora que lo menciona… —agregó Robert—. ¿Ha dado algún sermón que hable sobre cortar una mano o algo así?

Tom cerró los ojos, sabía que sí había hablado sobre ello, que era mejor arrancarse una parte del cuerpo en lugar de caer en pecado por ella. Intentó recordar con exactitud la escritura del sermón, hasta que asintió y movió los dedos velozmente en la biblia que tenía en las manos.

Aquí, en Mateo 18:8 —leyó en voz alta—. Dice: “Y si tu mano o tu pie te es ocasión de pecar, córtatelo y échalo de ti; te es mejor entrar en la vida manco o cojo, que teniendo dos manos y dos pies, ser echado en el fuego eterno”

Entonces sí están relacionados —dijo Robert, pasando una mano por su cara.

Tom no podía contar nada sobre la confesión, pero al menos con este trabajo en conjunto había llegado a asumir lo mismo, así que podría usar una de las frases del asesino.

Tal vez… —dijo en voz baja, captando la atención de los dos oficiales—. Tal vez cree que está actuando como la mano de Dios en la Tierra.

El sheriff lo miró con rostro serio y el ceño fruncido—. La primera víctima resultó ser un pedófilo, por tanto…

Un pecador —Tom terminó la frase.

A la segunda víctima le han arrancado un ojo —agregó Robert—, por tanto su pecado debe estar relacionado con la vista, ¿verdad?

Puede ser —concordó el sheriff—. ¿Pornografía tal vez?

Nancy entró súbitamente a la oficina, logrando que las tres cabezas giraran hacia ella—. Sheriff, han encontrado un cuerpo —informó con voz temblorosa.

¿Dónde?

En un contenedor de basura —dijo la dirección mientras salía tras el hombre a paso veloz.

Voy para allá. Robert, envía a alguien de punto fijo a la iglesia.

¿Eh? ¿Por qué? —Preguntó Tom, siguiendo a los hombres hasta la entrada.

Si el asesino ha estado tan cerca de usted, nada impide que vuelva a acercarse a la iglesia —respondió el oficial, entrando en la patrulla.

Pero no me ha dañado hasta ahora —alegó Tom.

Y roguemos que siga así, Padre, pero no me voy a arriesgar a perderlo a usted a manos de un loco —afirmó—. Si me disculpa —cerró la puerta y encendió la sirena.

Cuando el coche partió, Nancy puso una mano en el hombro del sacerdote y dijo—. Creo que él tiene razón, Padre Kaulitz, es mejor que esté protegido, si el asesino sabe que lo están acorralando puede asustarse y atacarlo a usted. Esta comunidad lo quiere mucho, si le hacen daño a usted, terminarían arruinando la fe de las personas.

Tom la miró y asintió—. Gracias, Nancy.

&

Casi una hora después, Tom regresó a la iglesia, la patrulla de vigilancia ya estaba ahí y el hombre frente al volante le saludó, inclinando levemente la cabeza, Tom respondió agitando la mano y procedió a entrar.

Caminó por el pasillo de la nave central y se inclinó ante el altar. La iglesia estaba fresca, no tan fría, pero lo suficiente para provocarle la calma que siempre sentía al estar ahí. Le gustaba esta edificación, era una iglesia de piedra, quedaban muy pocas como estas y él tenía la suerte de poder predicar y vivir allí.

Dejó las puertas principales abiertas y se dirigió a su oficina. Tras comprobar los datos que le había dado al sheriff, de acuerdo a los apuntes que siempre guardaba de sus sermones, regresó a la iglesia, notando que había algunas personas en las bancas, rezando, asustadas probablemente.

Caminó hasta el confesionario y soltó un suspiro, esperando que alguna de aquellas personas fuera hasta él. Pero ya había alguien al otro lado.

Padre Thomas —dijo la voz.

Tom giró de inmediato, mirando por la ventanilla, notando la capucha oscura—. Tú.

Ssshhh —dijo, llevándose un dedo a los labios. Tenía las manos cubiertas con guantes negros y la capucha nuevamente cubría casi todo su rostro—. No querrá asustar a sus fieles, ¿verdad?

Hay una patrulla justo afuera de la iglesia —dijo el sacerdote.

Lo sé —respondió el hombre, con algo de diversión en su tono de voz.

¿Qué haces aquí? ¿Qué quieres de mi? —Preguntó Tom, intentando no alzar la voz.

Vengo a confesarme, Padre —dijo el hombre, agregando con tono de burla—. ¿No es eso obvio?

¿Por qué haces esto? —Preguntó Tom, mirando al frente y pasando la mano por su barbilla que ya empezaba a mostrar una nueva sombra de barba—. Si deseas confesar tus pecados, puedes hacerlo en la comisaría.

Pero, Padre, ellos no comprenderían la importancia de mi misión —dijo el hombre, sin dejar su tono burlón.

¿Qué misión es esa?

Ser la mano de Dios en la Tierra. Castigar al impío y proteger al inocente.

Convirtiéndote tú en un impío. ¿O piensas que Dios ampara al asesino? ¿Qué dice el quinto mandamiento?

No matarás —respondió el hombre, sosteniendo el crucifijo que brillaba en su pecho.

¿Y qué has estado haciendo tú?

Rescatando inocentes. Primero los niños y luego a las chicas.

Tom arrugó el ceño y giró el rostro hacia el hombre encapuchado—. ¿Qué chicas?

Las niñas tontas de su congregación. Ya sabe, Mandy, Tamara y Jen.

¿Qué? ¿De qué las protegías?

Del pervertido voyeurista del callejón —dijo con un toque de desprecio en la voz—. Una basura como esa merecía una sepultura ad hoc.

¿El cuerpo que encontraron en el contenedor de basura?

Bingo —El hombre sonrió y Tom sintió que su piel se erizaba. Vio con perfecta claridad un lunar bajo su labio y, por un segundo, le pareció inmensamente familiar.

¿Y qué harás ahora?

Espero.

¿El qué?

El siguiente nombre.

¿Quién te lo dará?

Ya se lo dije, Padre, Dios me indica a quién hay que enviar al lago de fuego y azufre —respondió—. Entre tanto…

Tom giró y lo miró—. ¿Qué?

Lo estaré vigilando.

¿A mi? ¿Por qué?

Porque tú eres especial para mi, Tom —dijo con suavidad, levantando la mano para ponerla sobre la ventana que los separaba—. Tú fuiste salvado de las llamas, tú eres especial para Dios y para mi…

Tom vio nuevamente los labios de aquel hombre, el lunar, su cuello y el crucifijo que colgaba de él y tragó pesado—. Yo…

Cierra los ojos, Tom —pidió con suavidad—. Tengo un arma, pero no dañaré a nadie que esté aquí si cierras los ojos y cuentas hasta cincuenta.

El sacerdote asintió y comenzó a contar en silencio… rogando que el policía de la patrulla lograra detener al encapuchado.

& Continuará &

¿Y bien qué piensan? Hoy salieron varios detalles al baile, espero que les guste lo que viene. Besos y gracias por seguir leyendo la historia.

por Mizuky

Escritora y traductora del fandom

2 comentario en “Believer 6: El quinto mandamiento”
  1. Por Dios!!!!! Es Bill, tiene que ser él, nadie más tiene un lunar bajo el labio, y además él sabe lo que le sucedió años atrás a Tom.
    No fue a la chica, más bien fue al chico que la estaba espiando.
    Ya quiero saber más, ahora me voy a leer el siguiente 😍😍😍😍

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