«Believer» Fic TWC de MizukyChan
“Dios nos habla, algunas veces en sueños… o cuando dormitamos en el lecho”
(Job 33:15)
Capítulo 7: En sueños
Al terminar de contar, Tom abrió la puerta y salió del confesionario, abrió la puerta contigua, donde el encapuchado había estado minutos antes, y vio un pequeño papel con letras de revista pegadas.
“Exterminaré las hechicerías de tu mano, y no tendrás más adivinos”. Miqueas 5:12
—Dios mío —susurró.
Caminó hasta el pasillo central, notando que las pocas personas que estaban allí, continuaban en actitud de oración, sin siquiera levantar la cabeza a su paso. No lo han visto.
Atravesó las puertas principales y miró la patrulla todavía estacionada. Caminó hasta allá, sorprendiéndose de ver al oficial con los ojos cerrados.
—Por favor que no esté muerto —dijo en voz baja, abriendo de golpe al puerta.
El hombre se sobresaltó y miró al sacerdote—. ¿Qué pasa, Padre?
Tom pasó una mano por su cara y giró el rostro, aliviado de comprobar que seguía con vida—. Estuvo aquí —respondió y escaneó los alrededores de la iglesia. ¿Cómo puede desaparecer así de rápido?
—¿Quién?
—El hombre de la capucha.
—¿Alguien lo vio? —Preguntó el oficial, saliendo de la patrulla, sacando su arma de servicio.
—No lo creo, la gente está rezando.
—¿Y usted?
—Lo vi, pero me amenazó, por eso no pude avisarle antes. Separémonos, vaya por la derecha y yo iré por la izquierda.
—No, Padre. Usted es un civil.
—Recién no pude hacer nada, porque amenazó con lastimar a la gente de la iglesia, pero ahora estoy solo —giró, dispuesto a salir tras el desconocido, pero la mano del oficial se lo impidió.
—No, Padre. Pediré refuerzos —dijo con autoridad—. Reúna a las personas de la iglesia y pregunte si alguien lo vio salir. Creo que lo mejor será cerrar las puertas de la iglesia por el resto del día.
—Las Puertas de la casa de Dios nunca se cierran a la comunidad —respondió un poco molesto el joven sacerdote, pero el oficial volvió a sostenerlo de un brazo, apretando suavemente.
—Entiendo, Padre, pero si el asesino vuelve a utilizar a los inocentes para escapar, es mejor no facilitarle las cosas, ¿no cree?
Tom asintió y se dirigió al interior del edificio, haciendo aquello que le fue solicitado. En efecto, nadie vio entrar o salir al encapuchado, pero tampoco le vieron entrar a él, así que no eran testigos muy útiles.
El oficial llegó a su lado diez minutos después, pidiéndole cerrar las puertas de la entrada.
—Él dejó esto —dijo Tom, entregando al hombre el papel que halló en el confesionario. Creo que habrá una siguiente víctima.
El hombre leyó en voz alta, arrugando el ceño sin entender—. ¿Qué significa?
—Entregue eso al sheriff, él lo entenderá.
Cerró las puertas de la iglesia con candado y se retiró a su oficina. Estaba exhausto, tanto física como emocionalmente, pero había algo que debía hacer.
Todo esto es mi culpa y debo aceptar la responsabilidad.
Abrió el último cajón del escritorio, el único que mantenía con llave, y sacó de allí una navaja. John lo había descubierto usando un cilicio adaptado cuando era joven y, tras darle una extensa charla sobre el sacrificio de Cristo para evitar que sufriéramos como él, le sugirió que el ejercicio y el trabajo físico eran una arma mucho más efectiva para combatir la culpa.
Lo siento, John, no puedo con esto.
Cerró el cajón y llevó la navaja a su habitación. Se quitó el pantalón, tocando las cicatrices en su muslo derecho. Con la adaptación que había hecho a su antiguo cilicio, había logrado rasgar la piel, una y otra vez, hasta que su dermis no pudo sanar por completo y generó una cicatriz.
Abrió la navaja y procedió a pasarla por su piel, rasgando suavemente, dejando finas líneas rojas que lentamente teñían el resto de la piel.
Un corte, sólo uno.
No se dio cuenta que presionaba con fuerzas, hasta que la sangre manó con mayor abundancia. Se detuvo al percatarse del nubarrón en sus ojos, a causa del dolor. Apretó los dientes y miró embelesado el rojo de la sangre en su piel.
Escuchó un golpe en la puerta lateral y luego la inconfundible voz de su amigo—. ¿Thomas, estás ahí?
Tom levantó la cabeza y tragó pesado. Mierda. Se levantó a toda prisa y lavó sus manos. Había visto tantas veces esa imagen en su juventud, sus manos en el agua, limpiando la sangre de sus dedos. Sus manos manchadas.
—¡Thomas! —La voz de John se oía más apremiante.
—¡Ya voy! —Gritó de vuelta y arregló su ropa a la rápida para correr por el corredor que daba a la salida del jardín lateral.
Cuando abrió la puerta, John lo miró con el ceño fruncido y le dio un abrazo apretado, que correspondió con gusto. Necesitaba a su mentor ahora y daba gracias a Dios por haberlo llevado esa noche. ¿Ya es de noche?
—John, ¿qué haces aquí? —Preguntó, haciéndose a un lado para dejarle entrar.
—No tuve noticias tuyas esta mañana, así que llamé a tu celular —explicó el hombre, notando una pequeña cojera en su amigo—. Resulta que lo atendió una mujer, muy agradable por cierto, pero me explicó lo que sucedió hoy. Que hubo otro ataque.
Tom asintió y entró a la cocina, encendiendo automáticamente el calentador eléctrico—. Lo encontré yo esta vez.
—¿Qué encontraste?
Tom estaba apoyado en el lavado, tenía las manos hechas puños, toda su espalda tensa—. Un ojo… flotando en la fuente del agua bendita.
John observó la escena en silencio y tragó pesado—. ¿Estás bien?
Tom levantó una mano y golpeó el lavado con fuerzas. John achinó los ojos, eso debía doler un carajo, pero Thomas pareció ignorar el dolor.
—No, John. No estoy bien.
—Thomas, esto no…
Tom giró bruscamente y encaró a su amigo, haciéndole callar de golpe—. No te atrevas a decir que no es mi culpa, John.
—Thomas…
—Es mi culpa. Es mi maldita culpa, porque yo sabía que esto ocurriría.
—Thomas… —El hombre mayor se levantó y abrazó al joven, logrando derribar las paredes que lo mantenían firme—. Está bien…
Thomas Kaulitz, Tom, lloró por primera vez en años. Dejó que el peso que cargaba sobre sus hombros, se fuera como las lágrimas que salían de sus ojos sin cesar.
—Está bien… shhh… —lo consoló el mayor.
Tras minutos que Tom sintió como horas, el llanto cesó.
—Ven, Thomas, te llevaré a la cama —dijo John, prácticamente cargando el cuerpo del más joven, hasta su habitación, donde procedió a quitarle la camisa, reemplazándola por una playera de algodón para dormir.
Cuando quiso quitarle el pantalón, Tom detuvo sus manos—. Está bien, Thomas, ya me di cuenta de tu herida.
Por supuesto que lo notaste. El joven sacerdote bajó la mirada con culpa, pero permitió que el mayor lo desvistiera, como cuando era un niño.
John arrugó el ceño al ver el feo corte de Thomas en el muslo—. Lo único bueno es que no vas a necesitar puntos.
Se levantó y fue hasta el baño, sacando el pequeño botiquín. Curó la herida con cuidado, limpiando todas las manchas de sangre que había por los costados del muslo y luego, puso un parche para cubrirla.
—Espera un momento —dijo, acomodando a Tom, en posición sentada en su cama—. Te traeré un té caliente. Estás helado. ¿Has comido algo?
Tom negó con la cabeza—. Ni siquiera me di cuenta que había anochecido —mencionó, sin darle importancia—. Tal vez me dormí en la oficina después de verle.
John se mordió el labio para evitar preguntar de inmediato. Necesitaba que Thomas le contara todos los acontecimientos en orden, pero necesitaba calentarlo un poco, el chico estaba frío y no quería que fuera a coger un resfriado.
Regresó a la cocina y preparó dos tazones de té, los puso en una bandeja junto con unas galletas que encontró en la alacena.
—Bebe un poco de té —dijo John, poniendo la bandeja sobre el regazo del joven, sacando su propia taza. Se sentó a los pies de la cama y lo observó en silencio.
—Gracias —tras dar un sorbo a la bebida, Tom se sintió mejor de inmediato.
—¿Qué ha pasado, Thomas?
—Lo he visto otra vez —respondió, apretando la taza en sus manos—. Esta tarde, aquí, en la iglesia.
—¿Por eso la vigilancia policial?
Tom asintió y relató los hechos de la madrugada pasada y los de esa mañana—. Y encontré ese papel en el confesionario cuando se fue.
—Hiciste lo correcto, Thomas, no podías arriesgar la vida de los fieles. No podías enfrentarlo tú solo. Ese es trabajo de la policía, tú hiciste lo que debías hacer.
—¿Y qué es eso exactamente, John? ¿Escuchar cómo alardea de sus crímenes, sin hacer nada al respecto? —Sacudió la cabeza—. Debí encararlo. Debí golpearlo. Debí detenerlo.
—¡Él te amenazó, Thomas! —exclamó el mayor, haciendo callar al otro—. Pudo haberte matado a ti, pudo haber matado a todas esas personas inocentes de la iglesia. Pero no lo hizo, porque hiciste lo correcto.
Tom lo miró con la mandíbula apretada y los ojos llenos de lágrimas, que se negó a derramar.
—¿Por qué entonces me siento como basura?
—Porque eres un buen hombre.
—¿Si? La verdad es que no me siento nada bueno.
John se levantó y retiró la bandeja—. Duerme, Thomas. Voy a asegurar las puertas.
—¿Qué harás, John? ¿Dormirás aquí?
—No, me registré en un motel cercano.
—No te vayas —pidió, acurrucándose en la cama.
John lo miró y vio al niño que recién había llegado a la orden, tantos años atrás.
—Traeré una manta y dormiré en el sofá. Descansa, luces agotado.
—Gracias.
.
El niño abrió los ojos, sintiendo el calor de las llamas sobre su cama. Tenía miedo, en cualquier momento la viga del techo se derrumbaría sobre su pequeño cuerpo.
—Ven conmigo.
Escuchó la voz y giró el rostro, viendo los ojos refulgentes del hombre a su lado. Estiró la mano, pero fue sujetado fuertemente por detrás.
—No vayas con él, Thomas.
John lo sujetaba, impidiéndole sostener la mano del hombre de la capucha.
—Él no es nada tuyo, Tom. Yo sí. Tú y yo somos iguales. Somos la voluntad de Dios en la Tierra.
De pronto, un Tom adulto estaba de pie en esa habitación en llamas, mirando todo alrededor—. ¿Quién eres?
—Tú sabes quién soy.
Las llamas aumentaron de intensidad y la gran viga del techo colapsó, cayendo sobre él.
.
—¡NOOO!
& Continuará &
Chan, chan, chan, John ha llegado para ayudar y cuidar a Tom, quien sigue teniendo esas pesadillas que le dan pequeñas señales. Espero que les siga gustando esta historia. Gracias por leer.
Pobre Tom, me da mucha pena verlo así, vulnerable. Lo bueno es que ya llegó John para guiarlo y protegerlo, ya que él es como un papá para él.
Por qué su hermano es así?? Porque si es su hermano verdad????