«Billy Future» Fic de Ignacio Pelozo
Capítulo 7: Fin de semana
Narra Tom.
¿Pero qué rayos estaba diciendo? Hablaba involuntariamente, mi corazón se desbocaba con tan solo pronunciar su nombre. Dónde había quedado ese Tom que no creía en el amor, que solo buscaba diversión, placer, beber y beber? Me lo habían robado. O no, más bien mi jefe me estaba robando, mi corazón estaba quitándomelo. Lo que me faltaba, ahora iba a ser un cursi total. Metí a la enana al baño y le dejé que se bañara, mamá le había enseñado como hacerlo sola. Me tiré en el sofá, no podía dejar de ver las fotos y mi cabeza empezó a volar, a imaginar, a fantasear…basta! Ya se qué es lo que necesito, una mujer! Eso necesito y urgente.
Departamento de Bill.
Sin maquillaje, con sus rastas recogidas veía una de sus tantas películas favoritas comiendo su adictiva golosina con la vista fija en la pantalla. Era poco más del mediodía cuando la puerta de su departamento fue violentamente golpeada.
– Bill Kaulitz abre la puerta! – gritó una voz ronca y masculina, la cual inmediatamente reconoció que era la de su padre. El corazón se le fue a la boca del susto y con los nervios a flor de piel caminó hasta la entrada y le cedió el paso. Jörg entró furioso y le tiró sobre la mesa de la cocina dos números de la revista.
-¿¡Me podes explicar en qué rayos pensabas cuando hiciste esto?! – le gritó asustándolo. Pero su hijo no le contestó, se limitó a bajar la mirada. Su padre le sacó lo que estaba mirando y comenzó a pasar canales de tv con programas de chimentos.
–“¿Acaso el diseñador más famoso del país, ese que nos tiene locas a todas patea a otra cancha?” – dijo una rubia periodista muy divertida y él tragó saliva.
-Es una vergüenza – murmuró el hombre entre dientes – no solo haces que quedes mal parado sino que también dejas mal parado al fotógrafo.
-Yo no obligué a Trümper – interrumpió el de rastas molesto – fue idea de ambos.
-Bill – suspiró tomándolo fuertemente por los hombros – te has empeñado en negarlo una y otra vez, por qué ahora esto?
Se quedó callado, sabía que estaba enamorado y completamente. Así como creía que ese amor era imposible no solo por la orientación sexual de Tom sino también por su carrera.
-Hijo – repitió el hombre – realmente eres… así?
Tomó aire dispuesto a contestarle, cuando su móvil sonó desde la sala. La excusa perfecta. Salió corriendo y atendió aún con los gritos de su padre en su mente.
-Hola…sisi no voy hoy anoche me quedé…no! Mentira! mientes – rió Bill ante la noticia que Charly le estaba dando – no es broma? No puedo creerlo…feliz me dejaste con esta noticia! okay okay, adiós.
Jörg se acercó a él, esperando una respuesta cuando su hijo sorpresivamente lo abrazó.
– El número ya está agotado! –sonrió ampliamente feliz. Sabía que para su padre primero estaban sus negocios y con semejante noticia se le pasaría la furia.
– Qué? –preguntó desconfiado– no lo creo.
– Sí, está agotado –respondió feliz– tendrán que sacar otra tanda de revistas, es increíble! Yo sabía que este tema iba a tocar hondo…
– Te felicito –fue todo lo que su padre sintiendo culpa se atrevió a decir antes de retirarse.
Y se quedó solo en casa con otra oleada de sensaciones. Sí, felicidad porque todo había salido bien a pesar de hacerlo a último momento, preocupación por lo que los medios dijeran de él, tristeza por saber que pasaría el fin de semana solo y una mezcla de algo nuevo y amor que oprimía su corazón. Qué haría con ese sentimiento que se alojaba en su corazón? Tom, Tom, Tom y más Tom lo único que desde que había llegado a la empresa tenía en su mente. Suspiró y se dirigió hasta el baño dispuesto a tomar una ducha, vestirse lo más discreto posible y salir a caminar.
Plaza alejada a la ciudad.
– Patea con fuerza Meli! – le gritó el de trenzas a su hermana. La pequeña amaba el fútbol casi como su hermano. Mil veces Simone le había dicho que esas cosas no eran de niñas pero ella disfrutaba de la pequeña cancha que estaba ubicada en una plaza fuera del centro con una hermosa vista al río. Sábado por la tarde y un día ventoso pero con un cálido sol dándole en sus parecidos rostros.
– Ahí te va! – Le gritó la pequeña con fuerza pero el balón solo rodó unos metros y Tom rompió a reír – no te burles! A ver hacelo vos si te sale!
– Soy un campeón profesional – bromeó el pelinegro – mira la patada de Tom Trümper!
Apoyando la pelota sobre la hierba hizo crujir algunas hojas y caminó hacia atrás mientras su hermana se reía ante la situación. Saltó dos veces sobre su lugar tomando velocidad y corrió hasta pegarle con la punta del pie y hacerla volar por el aire hasta que desapareció de su vista.
– Dónde rayos la mandaste? – Resopló la niña – voy por ella, no me alejaré.
Tom asintió sonriendo y se sentó sobre el césped esperando a su hermana para continuar el juego.
Mientras tanto Bill bajaba de su automóvil con gafas y una pequeña gorra oscura ocultando parte de sus rastas. Caminó desconcertado pensando solamente en las fotos y en su fotógrafo cuando ‘algo’ golpeó su espalda violentamente y de inmediato se giró.
Notó como una pequeña rubia corría hacia él con todas sus fuerzas, con sus rodillas sucias de lodo y su diminuta frente sudada.
– Melisa? – preguntó para sus adentros mientras tomaba entre sus manos el balón – niña!
– Bill?! – le gritó abrazándolo feliz – qué haces por aquí?
– Vine a caminar un poco y a…pensar – suspiró tomándole la pequeña mano – imagino que no estarás sola.
– Por supuesto que no – le guiñó un ojo con picardía – mi hermano está por aquí ven.
-¿Tom? – preguntó sintiendo su corazón latir muy fuerte mientras la niña lo conducía y lo pudo divisar a lo lejos. De espaldas sentado en un banco con una gran remera color morada, gorra negra con pequeña visera hacia atrás y sus trenzas sobre uno de sus hombros.
– Tomi traje a mi amigo te molesta? – le susurró su hermana mientras le tapaba los ojos con sus pequeñas manos, gracias a Bill que la sostenía entre sus brazos.
– Viniste con un mocoso? – preguntó molesto intentando liberarse, pero el de rastas bajó a la pequeña y se paró delante de él.
– No soy ningún mocoso – añadió en voz baja sonriendo.
Entonces sus miradas se encontraron y se quedaron fijas en el otro. Otra vez los latidos de su corazón les anunciaban que unos nervios estaban al borde de devorarlos por completo e inevitablemente un calor se trepó por el rostro de Bill consiguiendo que mirara avergonzado y notoriamente enamorado en otra dirección.
– Hola – murmuró el de trenzas levantándose quedando aún más cerca de él mientras su hermana los miraba con una sonrisa enorme – qué hace alguien como tu en un lugar como este?
– Me voy a jugar a las hamacas… – agregó la pequeña dejándolos solos y se sentaron en la hierba.
-¿No puedo salir a tomar aire? – Preguntó algo molesto –digo soy una persona quería distraerme, si soy molestia me voy.
– ¿Cómo vas a ser molestia? – Interrumpió Tom sujetándole del brazo en un intento que tuvo el joven de rastas de pararse – no es común estar con un famoso sentado en el pasto de una plaza un sábado por la tarde.
– ¿Viste la revista? – Suspiró tímido cambiando de tema – casi se me arma la bronca con mi padre por eso, ya no resisto más. Mi mejor amiga y mis padres unos homofóbicos del demonio!
– Tranquilo –susurró Tom rodeándole por los hombros con su brazo hasta dejar que recostara su cabeza cerca de su cuello– nadie entenderá que estamos en el siglo veintiuno.
Bill podía sentir la respiración del muchacho en como su pecho subía y bajaba consiguiendo que su cuerpo también se moviera un poco. La mano de Tom estaba deslizándose lentamente por su brazo mientras lo acariciaba para brindarle contención, pero solo causaba que sus mejillas ardieran y sus finos vellos se erizaran debido al escalofrío que lo azotaba entero. Cerró los ojos escuchando el bombeo de su corazón y la masculina voz del de trenzas hablarle y hablarle siendo de gran apoyo. Las seis de la tarde, faltaba poco para que faltara la noche y Melisa se había distraído jugando con unas niñas a las escondidas mientras ellos hablaron entretenidamente. Bill se sentía en las nubes.
– Bueno nos vemos el lunes – sonrió el de rastas despidiéndose de Tom, sintiendo como sin darse cuenta le besaba extremadamente cerca de la comisura de sus labios – que descanses, gracias por todo.
– Igualmente Bill – añadió el de trenzas devolviéndole la sonrisa – te queremos, no Meli?
– Demasiado – saltó feliz la niña – ya eres como mi amigo.
– Soy tu amigo – le afirmó besándole la pequeña frente y caminó alejándose hasta su vehículo.
Cerró la puerta y una vez oculto gracias a los vidrios polarizados se dio aire con una revista que tenía en la guantera y apoyó su cabeza en el volante.
– Te amo Tom Trümper – susurró con ilusión saliéndole por los poros – sí te amo y lo peor es que no me sale decírtelo.
El domingo fue aburrido para todos. Sobre todo para Bill solo en su casa, pero se la pasó durmiendo mientras soñaba con su fotógrafo con el dueño de todos sus pensamientos.
Tom salió al cine con Melisa, a jugar al patio de su casa y comer pizza mientras jugaban a los videos juegos. Pero el lunes llegó y a Bill le esperaba una importante junta, la llegada a la empresa de la nueva inversionista era una bola de nervios para todos. Su padre le había comentado algo al respecto ese fin de semana, poco ya que su relación se había tornado distante luego de la salida de la revista.
– Sí papá en un rato salgo… – se quejó el de rastas terminando su café – mi miedo ya te dije cual es, ella trabajó para los diseños de la competencia y para unas de las editoriales que quebró… no es que tire malas energías, me parece raro su interés. Okey la conoceremos y no digas idioteces. Adiós.
Terminó de arreglarse, cogió su bolso y salió a la oficina. Algo en su interior le anunciaba un día excesivamente pesado. Condujo alterado, esa sensación extraña estaba poniéndolo de mal humor y en lo único que pensaba era llegar y ver a su Tom.
Empresa editorial Billy Future.
Entró como siempre con su aire a superioridad y su perfume impregnado en todo el ambiente laboral cuando la secretaria le interrumpió el paso.
– Bill, Bill – dijo agitada Lily – en tu oficina está la inversionista, dijo que quería antes hablar de puntos particulares de los contratos.
-¿¡Qué?! – Gritó aún más alterado – la próxima vez no hagas pasar a nadie, menos gente que no sea de aquí.
Caminó a paso acelerado, le hubiese encantando ir a darle un buenos días a ese hombre que lo tenía loco pero no podía perder más tiempo. Entró a su oficina encontrándose con una rubia que le daba la espalda ya que tenía la mirada pegada en la ventana.
Su silueta algo provocadora se giró enseñándole una sonrisa, la cual Bill de inmediato percibió como fría y calculadora.
– Buenos días, Bill Kaulitz – agregó el pelinegro extendiéndole la mano – director editorial y diseñador.
– Buenos días – saludó la muchacha, tomando la mano del de rastas – Chantelle Paige, inversionista.
Continuará…