7. ¡Mira eso!: Operación G’s

Mini-Fic de LinnahxChaan

Capítulo 7: ¡Mira eso!: Operación G’s

— ¿Qué tal su desayuno queridos amigos? — Pregunto Tom, llegando a la mesa en donde estaban sus amigos Georg y Gustav. Estos le miraron extrañados.

— Eh, pues Bien… ¿Y…el tuyo?

— Buenísimo. ¿Es mi idea, o el café esta delicioso? — Sus amigos le miraron frunciendo aun más su seño.

— Pues… es el de siempre, Tom.

Entonces, al escuchar un alegre silbido, todas las miradas se dirigieron hacía un delgado pelinegro que caminaba hacía la mesa con una sonrisa de oreja a oreja.

— Hola amigos, ¿Qué tal el desayuno? — ¡Otro mas que estaba de tan buen humor! ¿Qué pasa con los gemelos hoy?

Bill se sentó y comenzó a prepararse su café.

— ¿Qué sucede con ustedes? — Pregunto Georg, mirando a ambos individuos.

— ¿A que te refieres? — Contesto con otra pregunta Tom en medio de una canción mental.

— ¿Alguien No puede estar simplemente feliz? — Añadió Bill, bebiendo su café.

— Hmm, ¿Es mi idea, o el café esta delicioso? — Gustav y Georg rodaron los ojos.

— ¿Verdad que sí hermanito? — Ambos gemelos asintieron, bebiéndoselo al mismo Tiempo.

Georg Observó cómplice a Gustav. Esa noche iban a atacar. Esa misma noche se llevaría a cabo el plan.

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— ¡No! Por la izquierda ¡No seas idiota! ¡Noo! Ah.. — Suspiro Tom, Alentando a su equipo de soccer favorito.

— Son todos unos buenos para nada. — Bebió un poco de su refresco. —Si yo estuviera allí, les meto el balón a todos por donde les caiga. — Rio en voz alta por sus ocurrencias

— Tom, ¿Puedo pasar? — Escucho la voz del otro lado de la puerta. Tom respondió con un simple Si, si, pasa Hobbit.

Pronto una cabellera brillante y castaña se vio adentrada en la habitación de Tom.

— ¿Qué haces? — Asomo su cabeza en dirección hacía el televisor encendido. Pronto sus oídos fueron invadidos por un “Goooooooooooooooooooool

— ¡No! Oh rayos… — Se quejo su compañero. — Veía el soccer. Pero está aburrido. — Apago el televisor, dándole toda su atención a Georg.

— ¿A que vienes? — Pregunto observando los brazos de Georg. Estaban sospechosamente escondidos detrás de su espalda.

— Ah… yo… Toma. — Extendió sus brazos, dejando ver una pequeña caja con muchas letras.

Tom achino los ojos, sosteniendo la caja.

— Es el celular que te debía y prometí — Sonrió Georg, recordando aquella vez. — Es el mismo modelo que arruine, así que no tienes de que preocuparte.

Tom devolvió la sonrisa, sintiéndose un poco culpable por esa vez en que se descontrolo, encarándole un sinfín de cosas a su amigo.

— Gracias Georg. — Y Tom dio un corto abrazo a su amigo.

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Luego de hablar un rato, este se fue.

Entonces, al observar su nuevo celular, una gran idea le ilumino.

¿Por qué no se le había ocurrido hablar con Sebastian por teléfono?

Y se encamino hasta su laptop, encendiéndola, iniciando sesión en Facebook, y luego, revisando la lista de chat.

Lamentablemente, Su Adorado angelito no estaba en linea. Opto por mandarle un mensaje.

Sebastian, Angelito… ¿Tienes teléfono celular? Podríamos hablar por allí ¿No es una estupenda idea? Ya quiero escuchar tu voz.

Mi numero es xXxXxXxX

¡No podía esperar! Estaba tan emocionado.

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Y así había pasado la mayoría del día nuestro querido amigo Tom, esperando la llamada de su amante virtual.

Pronto, ya había llegado la noche.

Y Todos los integrantes estaban en una misma habitación, jugando naipes… de nuevo.

Bill, quien había Leído el mensaje de Jürgen hace poco, Había anotado en un pequeño papel el número de su pretendiente. Estaba esperando el momento perfecto para llamarlo. El momento en que… — Observo a Todos sus compañeros. — … Estuviera mas a solas.

— ¡Si! He ganado chicos… — Presumió Tom, Mostrando una jugada perfecta. Todos suspiraron, rodando los ojos al mismo Tiempo.

— Felicidades Tom. Pero permiso, yo Voy al baño, vuelvo enseguida — Hablo Gustav, Parándose en el proceso.

Entonces… Georg entendió que el plan había comenzado.

Bill rio. — No hace falta dar tanta información, Gusti. — Tom se unió a la carcajada.

— Déjalo en paz, Bill. Gustav, ve y echa tu buena cagada. — Se burlo Tom.

Todos rieron nuevamente.

Gustav, quien se había ruborizado ligeramente, camino hasta la puerta, cerrándola detrás de si.

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Entonces, en ese mismo momento, cuando Gustav ya se había ido, el celular de Georg comenzó a sonar.

— Hola… ¿David? — Los gemelos miraron atentamente a Georg, agudizando los oídos. — ¡Si! Ah… ¿Los chicos? — Observo como por inercia a los hermanos. — ¿Pero, porque? ¿Ahora? Esta bien, yo les digo.

Todos le miraron extrañado.

— ¿Qué quería? — Pregunto Tom, observando su reloj y seguido, su celular, revisando alguna llamada perdida.

Nada.

— Me ha dicho que quería que ustedes se reúnan en el primer piso, según escuche, acaba de llegar.

Bill frunció el seño. — ¿A esta hora? ¿Estas seguro? — Georg asintió.

Era tardísimo, incluso ya era de madrugada.

— Sonaba molesto. ¿No han hecho nada? — Los gemelos negaron coordinadamente.

Pero sin más quejidos, se encaminaron hasta el ascensor.

Y automáticamente, Georg marco de vuelta al número, a Gustav.

¿Ya vienen? — Escucho del otro lado en cuanto atendió. — Si, ya deben estar en el ascensor. ¿Estas en posición? — Hablo mientras bajaba las escaleras velozmente.

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— ¿Qué habremos echo ahora? — Pegunto Bill, presionando el botón del piso numero uno.

Enseguida el ascensor comenzó a cerrarse, con los gemelos dentro.

— No lo sé, pero esta vez… puedo jurar que no tiene nada que ver conmigo. — Tom levanto ambas manos, en señal de inocencia, consiguiendo que Bill riera.

Sentían como el ascensor se movía paulatinamente.

El menor bostezó. ¿Qué podría querer su managert?

Comenzo a silbar, mientras se arreglaba un poco, reflejandose en el espejo del lugar.

Y entonces, un estruendoso ruido ensordecedor se impregno en los oídos de ambos.

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El ascensor se había quedado atorado.

Hubo un silencio temeroso en el lugar.

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Bill, quien era el que más pánico le tenía a esas situaciones, comenzó a escandalizarse, buscando algo entre las paredes.

Al no volver a sentir que el ascensor se movía, comenzó a caminar por el pequeño espacio del ascensor totalmente histérico, sintiendo como se acumulaban cada vez mas lagrimas dentro de sus ojos cristalinos.

— Bill… tranquilo. — Dijo calmadamente Tom, esperando lo peor.

Enseguida Bill observo hacía todos lados, cada rincón del pequeño cuadrado en el que estaban encerrados.

— Tom… Estamos…. ¡Tom! — Prontamente sus lágrimas salían de sus maquillados ojos, llevándose algo de este en el camino a sus mejillas.

— ¡Bill!… Cálmate — Tom también estaba un poco asustado. ¿Qué digo poco? ¡Muy asustado! Había visto un montón de películas con escenas parecidas, y todos se quedaban allí tres días o más.

Pero no podía demostrarlo por supuesto, solo escandalizaría aun más a su hermano — Estaremos Bien — Dijo mas convenciéndose a él que a Bill.

— ¡Tom! El ascensor se quedo atorado. ¡¿Y si no nos sacan jamás?! — Exploto Bill.

— Bill, Si no se dan cuenta ahora, lo harán mañana por la mañana, pero no pueden dejar los ascensores sin funcionar. Se darán cuenta y Nos sacarán.

— ¿Y si no lo hacen? — El mentón de Bill temblaba ligeramente.

— Estamos Juntos… — El mayor se acerco, y sostuvo suavemente el mentón de Bill, deteniendo el temblor, Sonriéndole seguro.

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— ¡Mira eso! — Señalo Georg a la pantalla de en medio. — ¡Funciono!

En la pantalla, no estaban nada más ni nada menos que los Kaulitz atorados en el ascensor.

Todo obra de Gustav, quien en el momento de ir al baño, había bajado al piso uno, llamando a Georg luego, haciéndoles creer a los hermanos que era David para conseguir que suban al ascensor.

Y cuando se enteró que ya estaban dentro. Bajo el interruptor, consiguiendo que todos los ascensores se detuvieran.

Una de las mayores preocupaciones de Gustav era que algún guardia los viera y arruinara su plan.

Por eso escogió esas horas de la noche, donde el hotel completo esta casi vacio.

Y con la ayuda del conocimiento geográfico de Georg acerca del Hotel, consiguieron adentrarse silenciosamente hasta la sala de las cámaras, donde grababan cada rincón y parte del Hotel.

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Ahora solo quedaba esperar a algo.

Si lo gemelos eran Pareja como los dos lo imaginaban, entonces aprovecharían esa oportunidad de privacidad.

.

Habían pasado unos cuantos minutos, Los más largos de la vida de los gemelos.

Bill, quien ya estaba más calmado, estaba sentado en el suelo, recargando su cabeza en el hombro de su hermano diez minutos mayor.

.

Había pasado un buen rato.

Lo habían intentado todo.

Intentaron gritar, intentaron abrir las puertas a la fuerza, presionaron todos los botones, e incluso haciendo señas a la cámara que habían descubierto en una esquina del techo, pero nada funcionaba.

También, recordando que estaban ambos con sus celulares, intentaron llamar a Gustav, a Georg o a… ¡A quien sea! ¿Pero quien diablos le iba a contestar a las dos de la madrugada?

Bill perdió las esperanzas.

¡Moriría! Moriría con su hermano y quizás nadie encuentre sus cuerpos jamás, quizás hasta se hayan olvidado de ellos. Entonces van a reemplazarlos, consiguiendo un nuevo guitarrista y vocalista y ya jamás nadie lo recordará.

Pero que bobadas estaba pensando, el sueño le estaba afectando, seguro. Quizás si estaba siendo algo dramático.

Pero ¿Y si no?

Suspiró.

<<¿Algún último deseo, Bill? >> Pensó para si mismo.

Entonces, recordó a Jürgen.

Rebusco en sus bolsillos por instinto, encontrando un trozo de papel.

Observó a Tom. Estaba con ambos ojos cerrados, parecía dormido. No estaba en sus cinco sentidos. Estaba tan cansado el pobre.

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Entonces lo decidió.

Lo llamaría.

Continúa…

Niñas, se llevaran una gran sorpresa

¡Las quiero mucho!

por administrador

Publico con autorización del autor

Un comentario en «7. ¡Mira eso!: Operación G’s»

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