Fic Twc / Toll escrito por being_destroyed
Capítulo 7: Profesor
Miércoles – 01/07/09
Bill
-¡¿ME HAS CONFUNDIDO CON UNA CHICA?!
Estaba indignado, aunque no sé de qué me sorprendía, la costumbre debería incrementar el hecho de que no me afectara, ¿no? Creía tenerlo superado. Pero esta vez la hostia la sentí doble. Y por encima de cualquier sentimiento existente sentí ¿decepción?
Sí, algo así. ¡Era el chaval que llevaba mirando un cuarto de hora seguido! Evidentemente ¿en qué iba a ser distinto al resto de la gente?
Soy un puto andrógino. Qué voy a hacerle, ¿no?
Vi que sus fracciones cambiaron. Su cara se tornó una mueca como diciendo “mierda, se ha dado cuenta”. Había cerrado fuertemente los ojos y había fruncido el labio, cosa que me hizo perderme en el brillo de su piercing, que podía ver más claro que nunca.
Fue entre abriendo un ojo, y después el otro. Miró finalmente, con sus manos apoyadas en el suelo del maletero y se disculpó.
Si hubiera sido otra situación, si hubiera sido otro día… Qué coño, si hubiera sido otra persona se lo abría perdonado, ¡pero me jodía! Me jodía muchísimo. Y no sabía porque.
Miré hacia otro lado y pasé de él.
-Hey joder, que te he pedido perdón, coño.
-Piérdete.
No quería ni mirarle, aunque me pidiera mil perdones, ahora mismo mi orgullo estaba demasiado herido, y mi orgullo tiene un nivel muy alto.
Cogí el asa de una de mis mochilas y empecé a tirar de ella, intentado arrastrarla fuera del autocar, sorprendiéndome a mí mismo de poner moverme en una cavidad tan jodidamente baja.
-Pero tiiiooo… ¿Cuánta gente se ha olvidado la maleta? ¿Aún falta más gente por bajar del autocar? ¿Por qué coño hay dos maletas más y dos bolsos? – Tom hablaba en voz alta. Me hizo gracia y no pude evitar sonreír. No Bill. No. Tenía una voz perfectamente grave, que sacaba de los pensamientos a cualquiera.
– Todo lo que queda es mío – dije entre tajante y avergonzado. Aún así con la cabeza bien alta. Me la sudaba mucho lo que pensara este hombre sobre mí. Miré con la ceja alzada su reacción.
Vi como soplaba fuertemente. Rodando los ojos.
-No sé de qué me sorprendo… – dijo sigilosamente, casi algo inaudible para mis oídos. Pero lo oí.
-No te cortes, ehh. Como si no te pudiera oír. – le dije. Qué tío, madre mía. Vi como cogía una de las maletas, remangándose un poco. Qué brazos… Ya empezamos ¿Pero qué coño estas pensando, Bill? A ver si voy a ser gay al final. De pronto me di cuenta de algo. – ehh ehhh deja mi maleta. Nadie te ha dicho que la cojas – dije mientras soltaba la que tenía entre las manos y me acercaba a donde estaba. Llegué como medianamente pude, evitando mis maletas de por medio y gateando hasta llegar. Puse mis manos justo en el lado opuesto al que estaba él y tire de mis propiedades. – ¡Dámelo! ¡Nadie te ha dicho que puedes cogerlo!
-¿Pero qué dices? ¡Yo soy el encargado de ayudar! ¡Claro que tengo permiso!
Me quedé mirándolo una vez más, pero esta vez lo miré y lo analicé. Espera, espera. Rapero, con rastas, con un piercing, con una ropa más grande que él mismo… ¿Era un tutor?
-¿Te han dado el trabajo por pena, no? – dije mientras me medio reía.
-No te importa mi vida. Y ahora, deja que te ayude o no saldremos de aquí en días. – intentó apartarme las manos de la maleta, y noté el calor de su tacto, realmente excitante. Pero no podía dejar que se me pusiera chulo.
-¡Qué no joder! – aparté sus manos de las mías mientras le pegaba un empujón.
-Pero de qué vas, nenaza – dijo empujándome a mí. Dioss, eso había dolido.
Para defenderme le pegué otra vez, pero esta vez me había pasado. Observé con horror como de su nariz salía un fino hilo de sangre. Me tapé la boca con la mano y vi como las suyas se dirigían a la zona del daño.
-¡Lo siento, lo siento, lo siento, LO SIENTO! – dije mientras me acercaba y me ponía a cuatro gatas cerca suyo, intentando verle la nariz. Busqué uno de los algodones que no había utilizado y que había dejado en el bolsillo trasero del pantalón y lo saqué. –A ver, déjame ver… – murmuré tranquilizándome, apartándole una de las manos. A cambio me la apartó en un segundo.
-No. Me sé cuidar solo, gracias. – se había enfadado… Y yo me había pasado.
Suspiré profundamente.
Genial, hace cinco minutos había sentido una especie de ¿celos? hacia Dawn porque estaba con él y ahora que estábamos hablando no le dejaba ni que me ayudara. Bien Bill, Bien. De putísima madre.
-Vale, está bien. Olvidemos todo ¿vale? Empecemos de nuevo. Lo siento… A ver, déjame ver si tienes mucha sangre.
Vi como me miraba, dudoso. Miré al suelo resignado. En fin. Lo he intentado.
-Está bien. – alcé la mirada sorprendido. Y no pude evitar sonreír. No mucho por eso, para que no se lo creyera demasiado.
Me aproximé más y puse una de mis manos en sus mejillas. Con la otra la limpie el poco de sangre que tenía, con cuidado.
-Tienes las manos suaves. – susurró.
De pronto le miré. Le sostuve la mirada y este consiguió sostener la mía unos instantes. Parecía que no aguantaba mucho mirándome fijamente. Desviaba los ojos.
Entonces sentí su mano sobre la mía. El chico intentaba romper el contacto.
-Y yo tengo la piel demasiado áspera como para que me toques… -pero por mucho que él intentara romper el contacto mi mano seguía en su mejilla, y parecía que el chaval de las rastas no se volcaba mucho en apartar su mano de la mía.
Sentía que me perdía en sus ojos. Notaba su pecho bajar y subir lentamente, notaba el respirar un poco agitado en mis manos.
No nos perdíamos detalle el uno del otro y por unos instantes sentí que me acercaba a él, que nos aproximábamos.
-A ver, que coño pasa aquí… Joder, ¿¡Aún no habéis sacado las maletas!? –nos separamos de pronto y nos dimos cuenta. El conductor, que estaba gordísimo, había aparecido por el agujero de la puerta, con una cara furiosa. – Llevo media hora esperando a que me digan que podía bajar la puerta del puto maletero y veo al maricón de folleteo. ¡De puta madre!
Me puse rojísimo, pero algo se puso por encima de ese sentimiento de vergüenza, el sentimiento de rabia.
-¡Que no soy maricón coño! ¡Que tengo novia! – grité furioso.
El conductor se puso a reír, sarcástico.
-Seh, tu reflejo… – alcancé a oír mientras la bola de sebo andante se dirigía de nuevo al autocar.
Olvide por completo al chico rapero y cogí la maleta con rabia, la arrastré fuera y de un bote me dejé caer en el suelo, terrenoso. Me estaban tocando mucho ya la moral. Me froté la frente y vi que el chaval sacaba las dos otras maletas junto con los bolsos al mismo tiempo. Joder, qué fuerte es.
-¿Dom…? – un vocecilla a mi lado me sacó de mis pensamientos. Me giré y vi como una niña preciosa de unos ojos verdes increíbles me tiraba del pantalón. Me agaché de cuclillas y mirándola tiernamente le aparté el pelo de la cara. Apenas veía. -¿Dom…? – repitió. Me miraba con el entrecejo fruncido y me tocaba la cara. Después miro al suelo y me abrazó. – ¡Dom! – dijo divertida.
-¿Mocosa? ¿Qué haces abrazando a… este? – la voz del rapero hizo girarme. Le puse cara de “¿Cómo que este?” Pero simplemente me ignoro. Genial. Bill eres invisible. Acéptalo.
Sentí como la niña sacaba la cabeza de entre mi pelo, fácilmente confundible con el suyo, y me miró con una expresión indescifrable. Puso unos ligeros pucheros antes de soltar. “¿No Dom…?” Mi cara era de incredulidad total. No entendía nada de nada.
-No mocosa, yo soy Tom.- y salió corriendo hacia él. El chico dejó mis maletas en el suelo al mismo tiempo que recogía del mismo sitio a la preciosa niña. Esta trepó hasta llegar a su cuello y se lo cogió con fuerza y recelo. Después me sacó la lengua.
Mi cara llegó al suelo. ¡La jodida niña me había sacado la lengua!
-Domdo feo. Dom mío. – dijo mirándome. El chico empezó a reírse a carcajada limpia. Mientras que giraba la cabeza hasta mirar a la criaja, que se había puesto detrás suyo, en su espalda, y tocarle el pelo.
-¿Qué coño es Domdo? –exclamé alterado. El chico se encogió de hombros y me cogió una maleta y dos bolsos.
-¿Qué más da? Es una cría. Oye, coge tú las otras dos que como ves no puedo con más…
Asentí y las cogí.
.
Empezamos a caminar por un suelo lleno de hojas, arena y mínimas elevaciones de terreno que me hacía imposible el manejo de las ruedas de la maleta, resignándome a cogerlas por el mango, justo como hacía el chaval.
-Oye… Has dicho que te llamabas Tom ¿verdad? –exclame, rompiendo el silencio que se había creado. Después de mirar un papel que este había sacado de su bolsillo nos dirigíamos hacia algún sitio, no sabía ni a donde, y no habíamos dicho nada en todo el camino.
El resto de mis compañeros, e incluso Dawn no se veían por ningún sitio.
-Sep. –contestó secamente. -¿Y tú? Oye, ¿en serio no eres gay?
-Bi… ¿PERDÓN? – no me había dejado ni acabar de decir mi nombre que me había saltado con eso. La madre que lo trajo al mundo… ¿Por qué él también lo pone en duda después de yo haber dicho que no? Jodeeer.
-¿Que eres bi? Ah, está bien eso. Sisi… -dijo mientras andaba.
-¿Qué…? ¡No! ¡No soy ni gay, ni bi! Soy hetero y tengo novia. ¡He-te-ro! ¡No-vi-a! – dije hasta separando por sílabas las palabras. Por un momento me derrumbé moralmente. Incluso él se lo preguntaba. Aunque lo acababa de conocer sentía que el chaval… el tal Tom… Era alguien como… ¿importante? Jamás me había pasado nada parecido. Miento, sí que me había pasado. Con Dawn, la primera vez que la vi. Supongo que como ella es lo más cercano que tengo a querer a alguien pues mi corazón reaccionó cuando la vio. Cuando vi a Ashley también hubo un… algo, en medio. Pero como yo ya sabía, a ella jamás la querría tanto. ¿pero por qué me pasaba con este chico? En fin. Bill, piensa en las tetas de tu novia, piensa en las tetas de tu novia.
-¿Entonces porque has dicho bi? ¿Y cómo coño te llamas? – me giré y le miré asesinamente. Este puso una cara cómica y después puso la misma expresión de antes – Va… Dímelo.
-No. Suda de mi cara ¿vale? Dime dónde coño duermo y punto.
Tom
El chaval/a de la acetona me estaba mosqueando ya. ¿Cómo me va con esos aires de diva? Ni que fuera aquí un famoso. Aunque con lo andrógino que llega a ser ya podría salir en la tele…
Le mire, y él me sostuvo la mirada. Tenía unos ojos increíblemente hipnotizantes, quizás por el color, quizás por lo magistralmente maquillados que estaban.
Parecía una chica joder… ¡Si es que hasta me ponía! El pelo liso y negro con alguna que otra punta de mecha blanca amarillenta, le sobrepasaba los hombros y caía en una preciosa cascada. La verdad es que tenía unos tattoos de la hostia, repartidos por su delgado y blanquecino torso. Tenía una estrella en un lugar realmente sugerente… pa-para una chica, claro. Y el otro tattoo era inmensamente más grande, en el otro costado, que rozaba la inmensidad. Quise leer lo que ponía pero el chico de la acetona se había puesto lo más lejos posible, lo necesariamente separados para podernos oír sin levantar mucho la voz, y me costaba bastante ver las letras. Fruncí el ceño y entrecerré mis ojos para fijarme mejor.
No… No lo conseguía ver bien.
“Wir…?”
-¿Qué miras? – su voz me sacó de mis pensamientos. Vi que se cambiaba de lado mostrándome el lado de la estrella, tapándose el gran tatuaje. Joder, ahora me tomará por un depravado, o algo raro… ¿A quién se lo ocurre quedarse mirando? – He dicho que me digas cual es mi cabaña – dijo tajante.
Ya está. Ya me estás mosqueando.
-A ver chaval, a mi no me vengas con estas, que voy por encima de ti, este es MI campamento ¿entiendes? Mi padre es el dueño de este tinglado y si me da la gana te echo, ¿está bien? Así, que o te dejas de poner chulo o te arreo dos hostias y te dejo el culo guapo, ¿sí? Y si no me dices como coño te llamas no puedo decirte donde duermes – saqué el papel de mi bolsillo y otra vez efectué la maniobra para abrirlo con una mano. Intuía que la niña estaría prestando atención aunque no se enterara de mucho, supongo que los pequeños gritos la abrían alarmado un poco.
El chico calló. Le pregunté de nuevo e irritadísimo, cuál era su nombre, pero no me lo quiso decir. Pero a ver, ¿este tío es tonto o qué?
-A ver amigo, te lo voy a poner más fácil ¿vale? Tu nombre en lista, lista decir dónde dormir, si tú no nombre, tú no dormir. ¿Vale? – decir eso me hizo sentirme totalmente gilipollas. Y no pude evitar ponerme a reír, el chaval de la acetona también se puso a reír.
Su risa era brutalmente graciosa. Y me hizo reírme más, como si su risa se me contagiara, y esta me gustaba.
Cuando nuestras risas dejaron de ser el papel importante en la escena, el chico miró hacia abajo mientras se mordía el labio inferior.
Me dedicó una mirada baja después de relamerse de nuevo el labio inferior. Como un acto reflejo hice lo mismo. El desvió la mirada hacia un lado y después de medio segundo volví a suspirar, como dejando soltar el último alarido de risa. Un leve y sonoro suspiro, mientras encorvaba los labios.
El ambiente se relajó notablemente y se acercó a mí. De hecho la tensión había desaparecido en tal grado que se puso a mi lado. Mi brazo rozaba el suyo e inclinó su cabeza un poco hacia delante, fijándose en mi papel. Con el dedo fue como marcándose los nombres que ya había leído hasta que se detuvo en un nombre.
-Bill Trümper. – pronunció lenta y ¿sensualmente?. La cuestión, ahora ya sabía su nombre. Bill. Qué curioso, ese era el nombre que le había gustado a mi madre si hubiera tenido un hermano… O eso me decía Jörg de pequeño. – Cabaña número 45. Vaya, la última de la lista. – se acercaba más a mí y sentía su contacto muy próximo. Su respiración golpeaba en los dedos que sostenían el papel y me hacía unas mínimas pero placenteras cosquillas. -¡Aahhh! –de pronto el trance en el que me había metido desapareció. ¿Pero qué…? – ¡Me cago en la niña de los huevos! – el chico de la acetona, que diga, Bill, se apartó de mí y se puso las manos en el pelo, frotándose en una zona de este. Le miré sin entender.
-¿Y ahora qué te pasa?
-¡Me ha tirado del pelo! –exclamó alzando un brazo, señalando a la niña en cuestión.
Miré hacia arriba y noté aún más sus brazos rodearme posesivamente. ¿Estaría celosa de Bill? ¿De que se me hubiera acercado? Empecé a carcajearme enseguida. Cogí la niña y le removí el pelo, se me ocurrió soltar algo en voz alta.
-Muy bien, apartándome a las moscas gays que se han enamorado de mí nada mas verme… – miré a Bill. ¿Pero qué me pasaba? Le estaba picando por… ¿morbo? Por… ¿”jugar”? Dios mío, parece que me esté intentando ligando al gay este.
-¿Perdón? Qué no soy gay, hostia puta ya, joder – tuve que pararme a pensar en todas las palabrotas que había dicho en una frase. ¿Cómo no se traba? -y mucho menos me he enamorado de ti nada más verte… Tss… Pues no tienes el ego alto ni nada. – dijo riéndose. Se mofó de mí unos instantes y después de un silencio de intercambiar miradas soltó una última cosa – más quisieras que yo te fuera detrás.
Abrí la boca indignado, divertido. Esto se ponía interesante, era una especie de “a ver quien dice la última palabra”.
-Antes me quedo con la niña, que contigo… – ojalá no me haya entendido la cría. Bill me dedico una mirada a modo de escáner repasándome de arriba a bajo con una ceja alzada, como si me chuleara.
-Eso no te lo crees ni tú. Que yo tengo un encanto natural. Si me lo curro, acabarás a mis pies antes que se acabe el campamento. – amenazó.
-¡Ja! Yo no soy marica, amigo.
-Yo tampoco. – sonrió.
Sonreí.
.
Me dirigía de nuevo, y por segunda vez en esta mañana a la oficina de mi padre. Estaba alejado de donde estaba yo y tuve que caminar al menos cinco minutos de reloj. Bueno, realmente, era la zona de los mayores la que estaba alejada, algo así como mi cabaña. Pero esta, estaba en otra dirección.
Después de colocarle las maletas en su cabaña a Bill había salido de allí, casi pitando. El despido fue un simple “bueno, ya nos veremos por ahí”.
Me había puesto tenso. ¿Qué me pasaba?
Por lo poco que conocía de Bill, se podía apreciar que era una especie de chico con complejo de diva, que él es el centro de todo, y que siempre lo consigue todo. Nadie puede estar por encima de él, y a más parece una tía. Una puñetera tía. Se maquilla, se pinta las uñas, tiene un corte de pelo de tía…Y un cuerpo… La madre que lo trajo, ¡era una chica al completo! ¡Si lo había confundido nada más verlo!
Definitivamente, este chico era algo de otro mundo. Me había llamado la atención. Sí, y mucho. Y eso no podía ser.
Mis nudillos picaron a la puerta. Dos segundos después abrí, sin preocuparme si podía o no podía entrar. Encontré a mi padre con gafas mirando una serie de papeles en la mano, mirándolos a fondo.
Cuando oyó el ruido de la puerta levantó cabeza y me miró. Inmediatamente dejó las gafas en la mesa y se levantó, aproximándose a mí.
-A ver, hijo, no tengo mucho tiempo, pero es cierto, te tenía que comentar lo de la niña.
-¿Cómo se llama? – pregunté, estaba arto de no saberme su nombre.
-Anna. –asentí, analizando la información. Ahora lo recordaba, era la última de la lista. – Su profesora ya me ha advertido. Se ve que no se relaciona mucho, apenas habla, y se apega bastante a quien muestra interés por ella.
-Creo que ya me había hecho una idea de eso. –ironicé. Mientras bajaba a Anna de mi espalda y la dejaba en el suelo, sin soltarle la mano, más que nada, sin poder soltarle la mano. -¿y qué puedo hacer para que se despegue de mí? No puedo ir con la niña todo el día. Imagino que lo sabes.
-Sí, sí… La profesora me dijo que simplemente hay que decirle que volverás. O sea, que tú ahora la dejas en su cabaña, y le dices que se entretenga, y que volverás a por ella, esta noche por ejemplo. Y lo cumples. Así hasta que le pones un plazo de tiempo más largo. Y no tienes que ir a buscarla.
Asentía. Perfecto tema solucionado.
-Vale, a las nueve todos a cenar y a las diez todos en la hoguera. –dije, repasando el planning de cada año. – ¿A qué hora voy a avisar a las cabañas? ¿Cómo siempre? A las ocho y media ¿no? – mi padre asintió. Volví a acoger a Anna y salimos fuera, ahora tenía que llevarla de nuevo a su cabaña, y abandonarla dentro.
Bill
Vale, ¿qué coño acaba de suceder? El chico de las rastas había estado hablando conmigo, habíamos estado… ¿coqueteando? Pero, pero no lo entiendo. No sé qué me pasa, la verdad. Por muy mal que hayamos empezado parece que hemos de estar bien, si o si. A más, es tan gracioso… Tiene cada salida… ¡Pero joder! ¿¡Qué es esto!?
Esto parece sacado de otro mundo.
Mis maletas restaban estiradas en el suelo. Estaban abiertas totalmente y la ropa asomaba por ellas. Me veía toda la tarde colocando la ropa.
Lo peor de todo es que Dawn no consiguió colocarme con ella. Estaba solo en la cabaña. Era pequeña y acogedora, y la cama era bastante grande, pero seguía estando solo. No es que tuviese miedo ni nada pero la soledad es algo que me deja muy triste. No me gustaba.
Y a más, a última hora ya no me dejaban ponerme con Georg y Ash, y ellos están en la cabaña de dos.
-Juju… – dije en voz alta al recordarlos. Georg con Ash… A ver si se le declara de una puñetera vez. Tiene un puto mes entero, como no se le declare lo mato.
Oí como alguien llamaba a mi puerta.
“¿Tom?”
Fue lo primero que pensé. Después me sentí gilipollas. Caminé hasta mi puerta mientras me maldecía a mí mismo por ese pensamiento.
Al abrir la puerta puse dos caras, primero de pena/frustración que duró una milésima de segundo. La siguiente cara era de alegría y lujuria.
Dawn se hallaba tras el marco y se mordía el labio.
-Creo que tenías algo en el pantalón…¿no? – dijo. No contesté, simplemente le cogí la mano y la atraje a mí. La besé ferozmente y la estiré en mi gran cama.
Tom
Mi cama era lo más cómodo que podía haber, de hecho me gustaba más que la de mi casa. Me hallaba estirado con mi preciosa guitarra. Mis ojos cerrados permitían a mis oídos ser más conscientes del sonido, y a cada nota improvisada que desprendía de los amplificadores más me daba cuenta de mi estado de ánimo. Estaba nervioso, estaba alterado, estaba excitado, estaba… ¿cohibido? No entendía que me pasaba.
Bill, Bill, Bill…
No tenía otra palabra en mi cabeza.
¡Joder!
Encima la niña…
Abandonar a la niña en su cabaña había sido difícil. Casi se me puso a llorar y no me soltaba el cuello.
Pero lo más raro de todo es que me habló. Osea, pasó del típico “Dom” y palabras sueltas.
Flashback
-Dom… ¿Dónde vas? – por unos instantes me quedé parado. ¿Qué ha dicho? ¡Habla! ¡Habla bien!
-Sí… he de irme. Pero volveré ¿vale?
-¿Vas con Domdo? – su tono era lastimero, apunto del llanto.
-¿Quién es Domdo? – recuerdo que antes también lo había nombrado.
Me miró con sus ojos, brillantes, verdes, grandes, increíbles.
-Puess… Chico… antes… – dijo, como si le faltaran palabras. ¿Chico, antes? ¿Se refería a Bill? – Es como… ¡como Dom! ¡Como tú! Es un Dom… – y me señaló – do… – y con esa misma mano alzó dos dedos.
-¿Dom dos? ¿Tom dos? – estaba alucinando. ¿Qué me parecía al maricón ese? ¡Yo no me parecía a Bill! ¡Bill parecía una tía! ¡Vamos no me jodas, eh! – Yo no me parezco a él. – dije riéndome. Le toqué el pelo, colocándose bien. – Y se llama Bill.
-No.
-Sí.
-Domdo… Y a más… Domdo feo. Domdo quiere a Dom, y Dom mío. – alcé las cejas. Esta niña era una monada. ¿pero que dice de que Bill me quiere? Bah, está cantado, este es gay. Pero si hasta Anna lo había visto.
-Anda criaja, que me tengo que ir. Te prometo que volveré a por ti, ¿vale? Hoy hay cena a las 9, así que te iré a buscar un poco antes. Mientras tu estas por aquí y te diviertes ¿vale? Te prometo que volveré a por ti.- me miró con una mirada baja, mientras me abrazaba el brazo. Le di con la punta del dedo en la nariz antes de decir: – a más… A una niña tan guapa como tú no la puedo dejar mucho tiempo sola.
Abrió mucho los ojos enseguida y se tapó la cara. Estaba avergonzada. Qué graciosa. Después me dio un beso en la mejilla y me fui.
Fin Flashback
*Toc, toc*
Una llamada me distrajo de mi mundo personal. Me incorporé dejando la guitarra a un lado y me desperecé. No tuve que pensar mucho para saber que sería Erika. El primer día siempre venía saludarme.
Esta apreció por la puerta.
Era una chica realmente atractiva. Y llevaba rastas, como yo. De hecho era una amiga mía de la infancia (aunque ella fuera mayor que yo) y nos hicimos las rastas juntos. Ella las llevaba al aire, sin gorra ni nada pero aún así las llevaba recogida en una coleta realmente curiosa, y chula. Era un poco más bajita que yo y tenía un cuerpo de escándalo. Iba siempre de rapera y hacía unos graffitys geniales. De hecho el Zimmer 483 de la cabaña me lo había hecho ella.
Era mi chica ideal, por decirlo de algún modo, pero aunque nos habíamos acostado muchas veces había algo que fallaba. Supongo que era una relación que se basaba en el gusto musical y en follar. Nos llevábamos bien, éramos íntimos, pero follábamos. Estaba muy bien.
-Eri… -no me dejó acabar de decir su nombre que ya se me había lanzado a los labios. Sonreí sin poderlo evitar. La verdad es que una sesión de folleteo no me vendría nada mal ahora. Joder, estaba pasando por una crisis emocional importante. ¡No me quitaba al chaval de la acetona de la cabeza!
La rodee y le seguí el juego. Estaba ansioso y ya me disponía a lanzarla sobre mi cama cuanto esta me paró.
-Eeehhh – dijo separándonos – Sólo he venido para decirte hola, – ¿me ha dicho Hola? Creo que me he perdido esa parte… – y para avisarte de que vamos ya la cabaña de Gustav para ensayar.
Pero esta vez la interrumpí yo con mi beso. ¡Necesitaba follar ya!
-Vamos… Uno rápido. -me traspasé a su cuello y le lamí toda la longitud. Esta gemía levemente cada vez que le mordía. Me apretaba en la camiseta, y en un descuido suyo la estiré en mi cama. Le levanté la camiseta y sin quitarle el sujetador, le comí las tetas, con apartarle un poco el sujetador ya me valía.
Me puso la mano en el paquete y empezó a apretarme. Aparté la mirada, y esta me miró con el labio de abajo cubierto por sus dientes. Se estaba mordiendo el labio inferior… Como Bill… ¡JODER! ¡¿Pero que coño es esto?! Que lo acabo de conocer, coño.
-Uno rapidísimo –contestó por fin.
-De puta madre.
.
Cogí mi guitarra, la metí en su funda y me la puse en la espalda. Posteriormente cargué con el amplificador y salimos de mi cabaña. Bajamos los escalones y nos encaminamos a la otra punta del campamento.
Caminaba sin fijarme mucho en el camino que debería seguir. La verdad es que me lo sabía tanto de memoria que podría cerrar los ojos y llegar sin problemas.
El inconveniente es que si cierras los ojos no se evita que puedas oír.
Y un sonido me llamó la atención.
Estábamos pasando por una zona en la que habían bastantes alumnos, tanto mayores como pequeños, y una voz destacó entre la de todo el mundo.
-¡Ash! ¡Pero no te muevas que te estoy intentando dibujar!
Mi cabeza se giró enseguida hacia donde provenía esa voz y no puede evitar volver a apartar la vista. Pero demasiado tarde.
Bill ya me había visto.
Volví a mirarle y este me saludó con la mano, tímidamente, y sin apenas mirarme a los ojos.
Yo le correspondí con un típico saludo militar, y una media sonrisa.
Este también se rió y volvió a fijar la vista en el bloc de dibujo que se hallaba entre sus manos.
De pronto me había puesto como tenso… Se le veía una sonrisa de la hostia.
.
Estuve toda la jodida tarde con la imagen de Bill en la cabeza. Gustav se había sorprendido muchísimo, porque yo estaba tanto en mi mundo y me calentaba tanto la cabeza que me flipaba yo solo con la guitarra. Me saltaba totalmente las notas, y me montaba un solo sin querer. Todo este tema me estaba poniendo de los nervios.
Y lo peor es que tenía algo en el estómago que me decía que quería volver a verle. Hablar con él. Tenía una especie de chulería en la voz que me recordaba a las típicas chicas que no se dejan, y eso me ponía mucho. Y tenía una manera de actuar que me hacía babear.
-Me estoy volviendo loco… – susurré para que nadie me oyese.
Bill
Vimos al fondo una gran multitud de gente, y nos dirigimos para allí. A medida que nos acercábamos nos dimos cuenta que estaban ahí los cinco grupos que compartiríamos campamento, y estos estaban todos sentados en el suelo, mirando a un sito fijo, esperando a que llegaran todos los alumnos.
Era de noche y lo que servía para alumbrar era una gran hoguera que había enmedio. En un gran tronco en el suelo estaban sentados todos los profesores. A un lado, alejado, y de espaladas a los alumnos habían unas mesas vacías.
Los niños pequeños estaban delante, y los mayores, y donde me tendría que poner yo, estaban más atrás.
En medio de la pequeña hilera de profesores sentados en el troco, había un hombre que me sonaba mucho, supongo que el jefe de todo esto. A su lado vi a Tom, iluminado por el fuego. Se me hizo raro verle sin la niña. Y al lado de este había la chica de las rastas que iba delante de él cuando lo había visto esta tarde con una guitarra a cuestas.
Cómo me ha gustado verle con la guitarra. Me imaginado tocándola y dios, me estaba empezando a preocupar seriamente.
-Mirad, ahí hay buen sitio. – Ash habló señalando un hueco, había poca gente, y apenas niños delante, asique enseguida nos dirigimos ahí.
Al llegar miré inconscientemente a ver si tenía una buena perspectiva de Tom. Y efectivamente estábamos más cerca de lo que me había esperado.
Estaba nervioso, quizás me saludaba si me veía. O quizás no.
Dawn se hallaba al otro lado del señor mayor que estaba anexo a Tom. Ella si me vio, y me dedicó una preciosa sonrisa. Se la devolví sin dudarlo.
-Vale. Veo que estamos todos aquí. – empezó a hablar el señor. – Yo me llamo Jörg y soy digamos “el jefe” de todo esto. Este año, como el resto, os damos la bienvenida a todo este pequeño mundo, donde podréis hacer todo lo que queráis. Los más pequeños tendréis unos monitores pero los grandes, ya que confiamos en vuestro uso de razón y vuestra responsabilidad, os moveréis libres por todo el campamento. El lago está prohibido ser usado después de las once de la noche, puesto que a esa hora el agua esta helada. Como podéis ver, todos estamos pasando un poco de frio ahora, aun teniendo chaquetas y demás.
No sé porque pero al ver que Tom no se había fijado, no sólo en mi persona, si no ni siquiera en la zona en la que estábamos, empecé a dar pequeños saltitos. Como si con ello intentara captar su atención. También movía mucho las manos, como para hacerme notar. Pero no entendía porque. Me salía solo.
Ash me miraba sin entender nada, y me preguntó con la mirada. Simplemente paré de saltar, y escondí la cabeza.
-Soy ridículo… – me di golpecitos en la frente con el puño. ¿Desde cuándo intento hacer cosas de estas? Yo llamo la atención sin tener que moverme, joder. Soy como un circo andante.
-Como todos los años hay un día que se trae a un artista medianamente famoso, pero aun estamos barajando el día, y a quién traer. Otro evento importante es que los peques, siempre hacen una obra de teatro, que se representa el penúltimo día. Pero que aunque no sea obligado a asistir, chicos, id. Pobres niños.
La imagen de la niña de Tom me vino a la mente. Bueno, algo por el estilo, me vino a la mente, la niña disfrazada de princesita y a Tom en el escenario, del palo: esta niña nunca me deja en paz, he tenido que subir con ella.
Me empecé a reír casi escandalosamente, tuve que taparme la boca con la mano y todo.
Ahí si que se giraron todos, o al menos la mitad, a mirarme. Entre ellos Dawn, Jörg y… Tom.
La cara de Dawn era de risa, como si se riera conmigo, la cara de Jörg era como de sorpresa y concentración, como si hubiese visto a alguien que hacía mucho que no veía.
Y la cara de Tom era de… No sé de que era. Solo sé que me miraba. Primero alzó las cejas en un saludo, y después me dedicó una sonrisa. Una sonrisa jodidamente encantadora.
-Bueno… – siguió hablando, como medio shockeado. Después negó con la cabeza y siguió hablando – En fin. Ahora os diré quienes son los profesores de este año ¿si? Empezaré por los del final, los de los extremos, y avanzaremos hasta la mitad ¿vale? –dijo mirando a sus compañeros. De un lado a otro. Los dos chicos de los extremos asintieron. – Vale, el primero es Gustav. – este se levanto y saludó con la mano. – este será el profesor de los más pequeños, y hará una combinación con otro de los tutores en el grupo que es una mezcla de muchas edades. Osea se, que su grupo fijo es el uno y el que les tocara variar será el tres. El siguiente tutor se llama Erik – un chaval de unos veintitantos largos años se levantó, tenía el pelo corto y bastante oscuro, delgado y con barba de un par de días. Sonrió y le asomó una sonrisa que deslumbraba. Saludó con la mano diciendo un simple hola. – Él es el profesor del grupo de los idiomas. Osea, grupo 4, prestad atención porqué el os enseñará durante este mes el idioma que hayáis escogido ¿bien?
De fondo se oyeron algunos “si” y mucha gente que asentía. Pero apenas me fijaba en ellos, porque yo, miraba a Tom. En sus ojos se veía reflejado el fuego de la hoguera, era una imagen que prendaba, que te hipnotizaba. Alguna vez tenía que apartar la mirada, porque no podía evitar embobarme. Sobre todo cuando él se giraba a verme y me veía fijo en su figura. Era bochornoso que te pillaran en esa situación.
Cuando este me veía y concedíamos apartaba la vista enseguida, sonriendo de lado. Era adorable, joder.
Vi que Gustav le daba la mano a Tom y se iba. ¿Se iba? Erik repitió el mismo gesto y se largó. Joder, qué raro ¿no?
-Esta bien, la siguiente se llama Erika – la chica que había entre Gustav y Tom se levantó. Era escandalosamente sexy, era rapera de arriba abajo y llevaba, al igual que Tom, rastas por toda la cabeza, recogidas en una graciosa coleta, un tanto curiosa. No pude evitar levantar el labio en símbolo de asco, a lo que creo que Tom se dio cuenta puesto que sonrió, ya que ella era la chica que iba con él esta tarde.– Ella es la tutora del grupo novedad de este año, aparte del de los mayores. Mañana llegará un grupo nuevo, el seis. Hemos decido aceptar a un grupo de seis chicos discapacitados para que vivan un verano en un campamento. Hemos aprovechado la ocasión ya que Erika se está sacando esos estudios para que practique un poco. Y si os podéis fijar, ella es la hermana pequeña de Erik.
Muchos de los alumnos empezamos a aplaudir. Era genial que la sociedad se mostrara a favor de esa pobre gente, teniendo en cuenta el pasado de Alemania. Erika se sintió orgullosa y se mordió la lengua. Pe-pero… ¿Qué…? ¡Llevaba un piercing en la lengua! ¡Como yo! Jodeeeer… Me fijé y también llevaba un piercing de aro en la nariz, y un seguido de múltiples pendientes en la oreja, desde el cartílago hasta el lóbulo. Unos cinco más o menos. Apostaba lo que fuera a que llevaba uno en el ombligo… Como lleve uno en el pezón la mato. ¡Ese me lo quería hacer yo!
Erika apoyó una mano en la pierna de Tom y se levantó. Siguiendo los pasos de sus dos compañeros y abandonando esa “bienvenida”.
-A mi lado se encuentra la profesora del grupo cinco, tanto aquí como en la vida real. La tutora de los mayores se llama Dawn y estará con nosotros para supervisar un poco. He de decir que me encanta tu nombre. – Mi preciosa Dawn se levantó un poco cohibida. Qué mona coño.
Los de mi clase empezamos a silbar y a piropearla un poco. Madre mía, que engañados vivían los pobres. Mi novia miró en mi dirección mientras se tapaba un poco la cara, de la vergüenza. Sonreía plenamente.
Le lancé un beso, que ojalá nadie lo haya visto. Ésta simplemente sacó la lengua. Por desgracia todo ese piropeo había hecho que Tom ya no se fijara en mí, sino en Dawn… Bueno, como mínimo no había visto que le lanzase un beso.
Dawn también se largó.
-Y por último, y no por ello menos importante… – Tom le dio un golpe de codo a Jörg. Este rió – Mi hijo, Tom. – El nombrado ni se molestó en levantarse, simplemente alzo la mano y saludó, sonriendo. No puede evitar morderme el labio. El de las rastas me miró y me sostuvo la mirada. Pero no pude, no podía aguantársela.
De pronto, recordé la dos palabras que había pronunciado Jörg antes de decir Tom; “Mi Hijo.”
¡Hostia! ¡Él era su padre…! Era cierto que aquel era su campamento.
-Él es el tutor del otro grupo de pequeños, el número dos. Y a más es el que compartirá grupo con Gustav, como antes he dicho, el grupo tres.
>>A más a más, el grupo dos será el de los niños que harán la obra de teatro, puesto que mi hijo ya tiene experiencia en hacer de profesor de teatro con niños – Jörg miró a Tom y este simplemente se colocó bien la gorra. –Pero si algún niño del grupo uno quiere participar que se lo diga a Gustav. Igualmente, tú recuérdaselo a Gustav, que se lo mencione a sus niños– dijo mirando a su hijo. Este asintió.
Tom se levantó finalmente y también salió por patas. No me miró.
-Y bueno, hasta aquí todo, creo. – estuvo un segundo callado -¡A sí! El día que venga el artista invitado, por decirlo de algún modo, el grupo de mi hijo, que por cierto no tiene nombre – algunos nos reímos, divertidos – Tocarán como todos los años. Bueno todos los años desde que se formó el grupo, unos… cinco años. Pero entre nosotros, ahora que no están, solo son un guitarrista, Tom, un batería, Gustav, y una cantante, Erika, si hay alguien entre vosotros que quiera ser parte del grupo y que tenga una variación de instrumentos, decídmelo porque los intento convencer.
Nos reímos más. Era muy enrollado este tío. Me caía bien.
-Y ahora sí, que empiece la fiesta de bienvenida. – se levantó y por unos instantes pensé que también se iría pero lo que hizo fue señalarnos detrás nuestro.
Todos obedecimos y observamos maravillados como los cinco profesores se hallaban en las mesas que mientras desaparecían uno a uno fueron llenando de patatas fritas y bebidas. Como en una fiesta de cumpleaños.
-El alcohol se sirve sólo y únicamente a los mayores ¿vale? Así que lo sentimos por el resto. –fue lo último que oímos por su parte. El siguiente sonido que nuestros oídos oyeron fue la música que salía por unos altavoces graciosamente colocados en unos árboles que bordeaban la plana de tierra que había, donde estábamos.
Tom y yo estuvimos todo el rato intercambiando miradas fugaces que no podíamos evitar. Vi como su rostro se enojaba más y más.
Y mi interior me decía que había algo que iba mal.
Continúa…