«A dos bandas» Fic de rubelangeltwc

Capítulo 1

Me desperté como cada día, me vestí y desayuné como otro cualquiera. Saliendo de casa con mi hermoso descapotable rojo para ir al instituto después de preguntas arrogantes de una madre arrogante.

Suspiré poniendo los ojos en blanco y sin más seguí mi monótona y absurda rutina de lunes a viernes, pero por el camino, en vez de estar con la música rap retumbando por toda la calle, me puse a pensar en la persona que justo ayer se sentó de copiloto.

Era la primera vez que tenía contacto con una persona que no formaba parte de mi grupo, con el pringado del instituto. Durante el caminó observé a Nat y a Georg, los cuales le indignaron completamente y se mantuvieron callados por el camino hasta dejar a Bill en su casa, pero sin duda, en el que más me fije fue en él. Era extraño, y no me extrañaba que fuera el pringado del instituto.

Por el camino se mantuvo callado, mirando el paisaje que seguramente hubiera visto todos los días de su vida, mientras repiqueteaba sus uñas de tía sobre el asiento, siguiendo el compás de alguna canción muy diferente a la que sonaba en ese momento en el descapotable.

A veces sonreía sin sentido y sacaba una libreta para apuntar algo. Me extrañó su comportamiento y recuerdo perfectamente su rostro antes de irse.

– Es aquí – murmuró señalando una casa como cualquier otra, pero esta tenía en el jardín algunos juguetes de niños, así que supuse que el pringado tenía hermanos pequeños -. Gracias, Tom – por un momento me extrañó que supiera mi nombre, pero pasé de ello completamente ya que era normal que lo supiera, de todas formas compartíamos alguna clase y además mi nombre lo sabía todo el instituto al ser popular.

– Eh, pringado. No te creas que este viaje te va a salir gratis – dijo Georg llamando su atención, Bill se giró para poder mirarle y vi cómo Georg metía una de sus manos en la mochila – ¿Te acuerdas el trato que tienes? Toma, haz nuestra tarea, y más te vale que esté bien, empollón – dijo dándole una de sus libretas -. Nos haces la tarea a los tres, ¿Vale? Y la quiero para mañana.

– Bill agarró la libreta y se la llevó al pecho, asintiendo con la cabeza gacha.

– Vale – dijo con una sonrisa. ¿Qué coño le pasaba? ¿Por qué sonreía? -. Hasta mañana – en ningún momento pareció enfadarse o mostrar rabia por lo que le obligó Georg, totalmente lo contrario, estuvo normal, formando siempre una puta sonrisa. Bajó del coche y yo automáticamente aceleré, yéndome de allí, lejos del rarito Kaulitz.

¿Qué idiota se quedaba de brazos cruzados mientras te obligan a hacer algo? Pues ese era el Kaulitz, el nerd que parecía idiota.

Agité levemente la cabeza y subí el volumen del rap, intentando que solo la música invadiera mi mente. Después de todo no era tan malo que el Kaulitz me hiciera la tarea porque así podría aprobar, y aprobando mi madre me daba dinero extra para hacer lo que me diera la gana.

Así que no estaba tan mal, ¿No?

Pude ver los estacionamientos del instituto a lo lejos y en menos de un minuto llegué allí, haciendo que la mayoría voltease a mirar cuando apagué el motor y me bajé del descapotable, quitándome las gafas de sol a la vez que me ponía la mochila sobre mi hombro.

No vi a ninguno de mi pandilla, así que anduve por los aparcamientos hacia el instituto, sintiendo miradas en mi nuca que me hacían sentirme importante, popular.

Cuando llegué a la entrada pude ver que no había prácticamente nadie en los pasillos, la mayoría estaba fuera ya que las clases comenzaban dentro de unos diez minutos, por ello aún no habían llegado ninguno de mis amigos. Suspiré y fui hacia mi taquilla, girando la rueda para poner la contraseña, y cuando la abrí metí los pocos libros que había traído.

Odiaba terriblemente estudiar, no era una gran inspiración para mí tener que leer un tema para después sacar una nota en un examen que dentro de un mes se te habría olvidado, pero aún así tan solo quería y necesitaba seguir estudiando para poder tener dinero y no ir pidiendo como un pringado dinero a mis padres, para poder irme cuanto antes a vivir solo.

Cerré la taquilla con fuerza y me giré, escuchando el sonido de pisadas y voces, una voz que la reconocí al instante por su tono levemente agudo y pacífico.

Le miré y estaba entrando junto al Schafer, el otro nerd. Estaban hablando alegremente mientras el rubio reía, miré alrededor mientras se iban acercando a mí, pero Bill no se había dado cuenta de que estaba justo frente a él, a unos cuantos metros. Sin embargo, pude ver cómo el otro se quedaba serio cuando me vio y le daba un codazo a Bill, quien le miró extrañado a la vez que subía la mirada y me miraba.

– Hola – saludé justo cuando estuvieron frente a mí, mirando alrededor, asegurándome de que nadie me veía con estos dos.

– Me tengo que ir a clases, nos vemos luego – dijo el Schafer, despidiéndose de Bill quien alzó la mano para despedirse.

– Ehm… Supongo que quieres la tarea – me sonrió casi forzadamente y se descolgó la mochila del hombro, abriéndola.

– Oye, me disculpo por Georg, a veces se comporta como un imbécil – le dije sin dejar de mirarle, seguramente intimidándole. Me miró y se subió las gafas, sacando una libreta.

– Oh, no pasa nada – me contestó también sonriendo, ¿Qué coño le pasaba? -. Así puedo distraerme un…

– ¡Tom! – escuché una voz llamándome desde atrás, y pude sentir un brazo sobre mi hombro, viendo a Georg a mi lado. Mierda, me había visto con el pringado. Enseguida cuando enfocó la vista al frente y le vio, su rostro cambió a una mueca de casi asco – ¿Qué hacías con este? – preguntó.

– Yo… Solo me pidió la tarea – le dijo y pude ver que el poco miedo que tuvo conmigo, con Georg se incrementó.

– Perfecto – estiró la mano y le agarró casi con violencia la libreta a Bill, pasándomela a mí la cual cogí – Ya está, ya la tiene, ahora vete – demandó.

– Adiós, Tom – se despidió de mí con una fugaz mirada y justo cuando me quise despedir yo de él también, ya había comenzado a andar. Me quedé un momento mirándole mientras veía que arrastraba los pies hasta la siguiente clase.

– Eh, tío, ¿No crees que es genial? Mis viejos ahora ya no estarán tocándome los cojones por no hacer la tarea – dijo riendo, y le miré -. Bueno, yo me piro, nos vemos luego – me dio un par de toques en el hombro para después desaparecer.

– Sí, genial… – murmuré, despegando los pies del suelo para irme a mi respectiva aula.

Había algo en Bill que era sumamente extraño, ¿Estaría mal de la cabeza o algo? Quizá le faltó aire al nacer, pero aún así sacaba muy buenas calificaciones, joder, era el mejor de todo el instituto, y ahora Georg lo aprovechaba para beneficiarse él y, en consecuencia, a mí también. No me quejaba, me gustaba aprovecharme a mi favor, pero no podía evitar sentirme un poco mal al mirarle a los ojos y verle tan jodidamente inocente.

¿No se daba puta cuenta de que nos estábamos aprovechando o qué? Quizá lo que le faltaba de realista lo tenía en listo.

Suspiré y entré al aula, sentándome en esa puta silla de la cual durante una hora no me podría mover, hasta la siguiente clase. Puse las cosas sobre el escritorio y el profesor enseguida entró, dando su estúpida clase de matemáticas que seguramente suspendería.

No presté ninguna atención a la explicación, así que abrí la libreta que me dio Bill en la cual estaban los apuntes. Su letra era buena, parecida a la mía, había dos copias, supongo que para Georg y para mí. Sin embargo, al ver tanta letra ya quise cerrar de nuevo la libreta, pero pude ver una hoja suelta en el medio que sobresalía levemente. Fruncí el ceño y la saqué, viendo que estaba allí suelta.

Leí el título y pude diferenciar que estaba en inglés, había varios párrafos con pequeñas frases, como si fuera un poema. Gracias a que mi madre me apuntó a clases muy estrictas de inglés cuando era pequeño, pude descifrar completamente esas frases y entenderlas a la perfección. Era una canción, y estaba escrita con la misma letra de Bill, ¿Lo habría escrito él?

– Tom Trümper – dijo señalándome de repente el profesor. Guardé la hoja dentro de la libreta de nuevo rápidamente y le miré – ¿Sabría la respuesta de esta fórmula? – preguntó ahora señalando la pizarra, y al ver números y letras juntos, sin tener ni puta idea de lo que era, negué con la cabeza.

– No – respondí.

– Trümper, ha estado suspendiendo absolutamente todos los primeros exámenes, este es su último año de instituto y si sigue así me temo que repetirá. Así que empiece a ponerse las pilas si quiere aprobar.

Siempre el puto mismo discurso de siempre, en el instituto, en mi casa…

Estaba harto de absolutamente todo, ¿No se daban cuenta de que no me gustaba estudiar esto? Mis padres estaban decepcionados conmigo, y no me importaba mucho, porque mi vida era mía, no de ellos.

Así pasaron las horas, aburridas y sin más diversión que media hora de descanso, en la cual ni me molesté en salir, me quedé dentro de una aula fumando. No quería juntarme con nadie ni ver cómo Georg se lucraba de los de primer año.

Me quedé releyendo ese poema o canción que había escrito Bill, no es que fuera relativamente feliz y bonito, iba sobre sufrimiento y algo de amor, haciendo que más cuestiones aparecieran en mi mente y que más cosas me confirmarán que, completamente, era raro.

Cuando sonó el último timbre el cual anunciaba que ya podríamos salir del instituto, todos comenzaron a recoger sus cosas para irse rápidamente, al igual que yo.

Quería devolverle esa libreta a Bill sin que nadie me viera, lo cual lo veía un poco imposible ya que a estas horas todo se acumulaba en la salida. Salí del aula rápidamente, y pudiendo escuchar perfectamente que el profesor me llamaba desde atrás, seguramente para darme otra puta charla o, en el mejor de los casos, tan solo decirme que quería hablar con mis padres para decepcionarles aún más, así que hice como que no le escuchaba y seguí andando, saliendo de esa puta aula que me tenía más que agobiado.

Miré a un lado y a otro, sin ver a Georg y mi grupo por ningún lado. Hoy había venido Gustav, y en consecuencia los dos se iban juntos con su coche, así que posiblemente no podría darle la puta libreta si no era rápido y, por un milagro, no había nadie alrededor que pudiera verme con los pringados nerd del instituto. Me daría vergüenza que me vieran con esos dos.

¿Y si iba a casa de Bill? Después de todo ayer le dejé allí y me acordaba perfectamente del recorrido. Era la mejor opción, así descubriría algo más del rarito ese.

Pasé por todo el cúmulo de gente, y empujé a unos cuantos para que me dejaran espacio, me ponía muy nervioso que hicieran un tapón en la salida del instituto y que no pudiera salir de ahí. Algunos me miraron mal, pero nadie me dijo nada.

Pude salir del tapón que se formó y suspiré aliviado, joder, puta gente.

Anduve por los aparcamientos hasta que vi mi precioso descapotable allí aparcado, me acerqué a él y tiré la mochila al asiento del copiloto, saltando yo mismo la puerta para sentarme directamente en el asiento del conductor.

Puse las llaves y arranqué, haciendo que retumbara automáticamente la música hip hop y rap. Hice rugir el motor con fuerza, ganándome la atención de todo el mundo mientras cogía el móvil y le mandaba un mensaje a Georg, inventándome que mi viejo hoy me daba la paga del mes y si no llegaba pronto a casa no me la daría.

Sin más tiré el móvil al otro lado del coche y aceleré, saliendo de allí, poniéndome las gafas de sol mientras conducía.

Durante todo el camino me distraje con la música, y tardé más de media hora en llegar a esa casa en la cual ayer le dejé simplemente porque me perdí un par de veces, y cuando llegué suspiré aliviado.

El tabaco me estaba matando las neuronas, si seguía así a los cincuenta ya no sabría ni sumar.

Agarré la jodida libreta, y en el momento en el que alcé la cabeza para ver esa casa tan normal, me di cuenta de que lo que tenía entre mis manos tan solo era una excusa para saber un poco más de la vida de Bill . Siempre había sido muy cotilla, y al ver lo rarito que era Bill, junto al deseo de cotillear, hizo que me interesara en saber de su vida.

Salté la puerta del descapotable y lo cerré, andando hacia ese jardín que seguía igual que ayer; llenó de algunos juguetes. Abrí la puerta del jardín y anduve por el camino que había rodeado de un césped muy bien cuidado. Era una casa normal, dos plantas y supongo que un sótano, con un jardín repleto de césped y no mucho más que resaltar.

Me quité las gafas de sol y subí el par de escalones, tocando el timbre sin más preámbulos.

Pasaron un par de segundos en los cuales esperé pacientemente, hasta que escuché una voz al otro lado.

-Identifícate – sin duda era la voz de un niño, un niño intentando poner voz de hombre, haciendo que riese.

– ¡Contraseña! – gritó otro, y de repente la puerta se abrió, saliendo dos niños de parecida edad con pistolas de mentira mientras corrían a mi alrededor, haciendo el sonido el os mismos de disparos. Me reí simplemente por lo infantiles que eran y es que no tendrían más de siete y ocho años.

– Intruso, ¡Intruso! – gritaron.

– ¡Disparadle! – y de repente las balas de goma indoloras impactaron contra mi cuerpo.

– ¡Chicos! ¿Quién ha picado? – de repente escuché una voz, la cual fue exactamente una voz totalmente femenina que apareció frente a mí, saliendo de alguna habitación mientras observaba todo el escándalo que se había formado fuera con, imagino, los hermanos pequeños de Bill – Oh, por dios. ¡Chicos! – gritó suspirando, y por su cara deduje que no había sido el primero en recibir un asesinato con pistolas de plástico. De repente los niños pararon de tirarme balazos y miraron atónitos a su madre, supuse.

– ¡Es un intruso, mamá! Hay que eliminarle – sí, era su madre.

– Oh, todas las personas que pican a la puerta no son intrusos ¿Bill no os había quitado las pistolas? – por un momento dudé de que esta fuera la casa del pringado, pero al escuchar su nombre la descarté por completo.

– ¡Pero las encontramos! ¡Bill y esconde muy mal las cosas! – dijeron ambos, riendo mientras salían corriendo dentro de casa. La mujer, con apariencia joven y el cabello igual de negro que Bill , volvió a suspirar antes de alzar la mirada.

– Lo siento, es que…

– Tranquila, no pasa nada. Ojalá hubiera tenido yo eso también cuando fui pequeño – dije, y el a sonrió.

– Bueno, soy Simone – dijo estirando la mano.

– Encantado – contesté estrechándosela.

– Y tú eres..

– ¿Tom? – no podría haberlo dicho en mejor momento, sin duda. Vi a Bill bajando las escaleras con el cabello atado en una coleta mientras sostenía las pistolas de sus hermanos.

– Ese mismo – dije mirando a Simone, quién río.

– Bill , te dije que guardaras las pistolas de tus hermanos, ¡Sabes cómo se ponen si alguien pica a la puerta! – le dijo.

– Me tenían la cabeza echa mierda coreando sin parar que donde estaban las jodidas pistolas – dijo bajando el último escalón.

– ¡Ha dicho una palabrota! – gritaron los niños desde el sofá.

– Ay, qué tonta soy. Pasa, no te quedes fuera – me invitó a pasar Simone, y le hice caso sin dudarlo. Entré a esa casa y el a cerró la puerta. En lo primero que me fijé fue en que no había nada extraño en ese hogar, algo que pudiera afectar en Bill y que me explicara por qué coño era tan raro. Era un prototipo de casa, moderna y un tanto desordenada, como cualquier otra.

Bill me miró con una ceja alzada desde el otro lado del salón, seguramente preguntándose por qué estaba en su casa si nunca nos habíamos hablado, el único contacto que tuvimos fue ayer, y ni siquiera hablamos de algo más importante que donde estaba su casa.

– ¿Así que eres amigo de Bill ? – me preguntó su madre a mi lado, sonriente. Yo dejé de mirar a Bill y enfoqué mi vista en el a. ¿Y ahora qué tenía que decir?

– Sí, del instituto – contesté sin más.

Continúa…

Esta fue una grata bienvenida, sin duda, a la vida de Bill , y un comienzo de nuestra historia.

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