«A dos bandas» Fic de rubelangeltwc
Capítulo 10
– Tom – Bill susurró mi nombre con la cabeza apoyada en mi pecho mientras se miraba las uñas pintadas de negro. Yo estaba cansado, así que tenía los ojos cerrados, casi a punto de dormirme.
– Dime – murmuré tallándome los ojos.
– Tenemos que inventarnos un idioma secreto – quitó la cabeza de mi pecho y se levantó de la cama, él se veía entusiasmado, pero yo en ese momento estaba demasiado cansado como para tomármelo en serió.
– Sí, el idioma de los neandertales, no te jode – dije volviendo a cerrar los ojos mientras me acomodaba en la cama.
– ¡No! Enserio – dijo sonriendo, acercándose a mí y tirando de mi brazo para que no me durmiera.
– Bill… – murmuré alargando la única vocal que tenía su nombre, quejándome como un niño pequeño.
– Mira, en el instituto cuando queramos saludarnos o algo podemos agitar la mano.
– Eso ya está inventado, cerebrito – abrí los ojos y le miré – No decías que tu eras el romántico? Pues invéntate algo, y cuando lo sepas me despiertas, ¿Vale?
– No te duermas – dijo haciendo un puchero, oh no, ese puchero no… Me podía.
– No hagas eso – dije apuntándole con el dedo en forma de advertencia.
– ¿El qué? ¿Esto? – volvió a repetirlo y hundí mi cara contra el colchón.
– Buenas noches – dije sonriendo sabiendo que él no me iba a ver, Bill suspiro y entonces sentí su peso, que a pesar de no ser mucho, dolió que se tirara contra mi espalda.
– Joder, me has roto una costilla, bruto – me queje levantándome de la cama, Bill se quitó de encima de mi espalda mientras se reía y yo le enseñé el dedo del medio – Déjame hacer lo del pez y te presto atención – dije cruzándome de brazos, ahora chantajeándole yo mientras hacía un puchero que salió terriblemente mal cuando Bill rio.
– No, lo del pez no que me molesta – me puso ojitos, pero no iba a ser déBill.
– Entonces buenas noches – le di la espalda, planeando tirarme de nuevo en la cama y dormirme, el cansancio se apoderaba de mi cuerpo después de estar toda la tarde en el jardín de mi casa, arreglándolo para que tuviera un poco de vida.
– Vale, pero solo una vez – me giré con una sonrisa y entonces alargué mi mano hasta su cara, apretando con los dedos sus mejillas, haciendo que pareciera un pez. Me reí y Bill intentó sonreír, me encantaba hacerle eso.
– ¡Eres un pez! – grité riendo, dejando de hacer fuerza para que estuviera normal, para después volver a apretar.
– No soy un pez – le entendí a la perfección, pero aun así, al estar apretándole las mejillas, no se entendía muy bien cuando hablaba.
– Pareces súper adorable así – y era verdad, los labios se le juntaban y los ojos se le achinaban, sus mejillas eran jodidamente suaves y blandas, así que hacerle eso era lo más jodidamente adorable que había visto alguna vez en mi vida.
– Ya está – me dijo apartándome la mano, pero antes de quitarla bese sus labios, Bill me miró sonriendo, y la mano que antes estaba en su rostro la puse en su cintura justo cuando Bill se acercó a mis labios para continuar besándonos.
– Cuando… cruce los dedos… – decía entre el beso, pero cada vez que se separaba para hablar yo le interrumpía volviendo a juntar mis labios con los suyos – es para… – y volví a impactar mis labios contra los suyos – decirte que… – le agarré el labio inferior y se lo mordí – estoy enamorado de ti – no me lo esperaba, para nada. Le solté el labio inferior y nos miramos, yo impactado y Bill sonriendo.
Desde la primera vez que nos besamos nunca más me había dicho que estaba enamorado de mí, y solo él, en toda mi vida, me había dicho que estaba enamorado de mí. Muchas me decían que me querían o que les gustaba mucho, pero sabía que no me querían a mí, querían a mi polla, y yo estaba más que encantado con ello, no quería ninguna relación. Ahora era diferente, Bill no me había dicho nunca que me quería, tan solo que estaba enamorado de mi, y yo le había dicho unas cuantas veces que él me gustaba mucho. Y era verdad, pero tan solo estábamos saliendo, Bill no era mi novio ni mi pareja, no estábamos en una relación, tan solo… salíamos juntos y ya está. No estaba tan loco como para llamarle «novio», nunca tendría pareja, lo sabía a la perfección.
Qué equivocado estaba.
Que idiota era.
– Me tengo que… ir – me dijo separándose de mí, yo le solté, quitando mis manos de su cintura y Bill se acercó a la cama, cogiendo la mochila que había traído.
– El domingo voy a tu casa – informé.
– ¿El domingo? Creía que había una fiesta de un chico del instituto – se puso la mochila colgada en su hombro y se giró.
– Últimamente siempre hay fiestas los domingos, la semana pasada fue la de Berner y esta semana es de Georg – le había dicho que iría para que se cal ara, pero no, no iba a ir.
– Entonces tienes que ir – negué con la cabeza, apoyándome contra la pared.
– Paso, son aburridas, siempre es lo mismo.
– Oh, venga, y nosotros siempre hacemos lo mismo también, seguro que llevas mucho sin ir a una fiesta y seguro que te diviertes mucho más al í que conmigo – su móvil sonó y lo miró -. Mierda, me tengo que ir ya – murmuró.
– El domingo en tu casa – confirmé mientras le acompañaba a la puerta.
– Vale – abrí la puerta de mi cuarto y Bill antes de irse agitó la mano.
– Eso no es un mensaje secreto – grité cuando bajaba las escaleras mientras reía. Se giró cuando bajó el último escalón, enseñándome el dedo del medio y justo iba a responderle grotescamente cuando, justo después lo cruzó con el índice, entonces sonreí y se giró, yéndose de mi casa con un suave portazo.
«Estoy enamorado de ti» eso me había dicho antes de irse, y eso me decía cada día en el instituto, no sabía si lo hacía por joderme o porque quería recordármelo.
– Eh, tío, no te olvides de ir el domingo a mi casa, eh. Va a ser un fiestón – y otra vez con su puta fiesta, miré a Georg y asentí. Los dos estábamos al final del aula, era una de las clases que compartíamos los dos; inglés.
Pero una cosa tuve clara en ese instante, ni de coña iba a ir a esa fiesta. – Te guardaré una habitación para Berner – la verdad es que no me importaría follar con ella, llevaba más de un mes sin acción, tan solo besos con Bill que nunca llegaban a más, y no era por él, era más por mí. Pero sabía que no iba a follar con Berner cuando estaba saliendo con Bill , yo no era esa clase de tío, echar un polvo con Berner me haría sentirme como una puta mierda cuando mirara a Bill y él, para joderme, cruzará los dedos. Era el primero que realmente me gustaba como persona, no como objeto sexual, y eso le hacía especial. Estas largas semanas sin sexo… realmente no me importaba, quizá no era tan adicto como pensaba, quizá… lo hacía porque ya estaba acostumbrado a ser el típico tío que solo utiliza a las tías para follar, en realidad no lo era. Joder, no lo sabía ni yo. El sexo me gustaba, por supuesto, a quien no?
Pero con Bill… No lo sentía como una opción primordial, necesitada, me gustaban sus besos y sus ojos, y… ¿Me gustaría tener sexo con él? Pues… si, me gustaría hacerlo, algo me decía que sí alguna vez llegaba a hacerlo con él sería diferente a todo el sexo que había tenido en mi vida, y no porque fuera un tío, sino porque mi relación con él era diferente, era más cercana. – Tío, oye – Georg me pasó la palma de la mano por el frente de mi vista, haciendo que apartara la mirada de ese sitio vacío en el que me sumí en mis pensamientos, puto Bill y mis ganas de tenerle.
– Lo siento, estaba pensando en que tendré que comprar condones para el domingo – ¿Y si realmente los necesitase? ¿Y si… tuviera sexo con Bill ?
¿Condones? Había visto pornografía gay y me puso bastante cachondo, casi igual que la pornografía hetero, y sabía qué se tenía que hacer, pero aún así… No, aún no iba a hacerlo con Bill , aún no, era demasiado pronto y… podía conformarme con mi mano de momento.
– Qué hijo de puta – me golpeó suavemente con el codo en un lateral, y yo reí nervioso, sin que él se diese cuenta, pero afortunadamente sonó el timbre, haciendo que todo el mundo se levantase de sus asientos -. Me piro, esta es mi última clase y paso de estar más tiempo aquí metido – asentí y me despedí de él, él salió primero junto a toda la clase y yo me quedé allí, metiendo lentamente las hojas y el estuche, porque sí, ahora me llevaba hojas para apuntar en clase, Bill me forzó y bueno, al menos no me aburría tanto.
– Tom, ¿Puedo hablar contigo? – mierda, se me había olvidado que estaba el puto profesor ahí, bufé sin que se fuera cuenta y asentí, llevándome la mochila a la espalda, mi profesor de inglés también era mi tutor, así que sabía todas mis mierdas aquí.
– Dime – murmuré, intentando ser respetuoso.
– Este es el segundo trimestre y sabe que la semana pasada fueron los exámenes finales – oh sí, los putos exámenes finales de la semana pasada, esos días estuve toda la tarde en casa de Bill, y no precisamente hablando o haciendo música, sino estudiando. Sí, yo estudiando… Joder, ese niño me había cambiado.
– Sí, lo sé.
– Cuando empezaste, te quedaron cinco asignaturas – uf, sí, me acordaba, mis padres casi me quitan mi precioso descapotable -. Y ahora has aprobado todas y con muy buenas calificaciones.
– No me jodas – murmuré.
– ¿Perdón? – preguntó con una sonrisa ladeada.
– Nada, nada.
– Se te nota un gran avance y has mejorado muchísimo, y eso se ha visto reflejado en tus calificaciones, así que felicidades, sigue así – me dio unos cuantos leves toques en el hombro y después se fue de allí con una sonrisa.
Joder, había sacado buenas calificaciones, ¿Enserio? Ya estaba acostumbrado a suspender unas cuantas, así que aprobar todas… Significaba un coche nuevo, oh sí. ¡Un puto coche nuevo! Joder, estaba eternamente agradecido con Bill.
– ¡Bien, joder! – dije vitoreándome a mí mismo, feliz, joder, estaba más que feliz. Mis padres dejarían de meterse en mi vida, y mi padre me regalaría un coche nuevo, yo seguiría estando con Bill y gracias a él seguiría sacando buenas calificaciones, todo perfecto, todo estaría jodidamente perfecto. Con una sonrisa que probablemente no se me iría del rostro hasta mañana agarré la mochila y salí del aula, andando rápido hacia los aparcamientos para ir a casa de Bill, al cual no había visto en todo el día, ¿Qué le habría pasado? Y ahí, justo al lado de mi precioso descapotable el cual sería cambiado por otro aún más precioso, encontré a Gustav, así que me acerqué a él, observando que no hubiese nadie alrededor – Oye, Gustav – dije acercándome a él, me extrañaba que no estuviese con Bill, siempre estaban juntos.
– Joder, Tom – se asustó cuando le cogí del brazo y le di la vuelta.
– Lo siento, oye, ¿Dónde está Bill? – sí, al pequeño hijo de puta le salió una sonrisa de los labios, y sabía perfectamente lo que quería decir.
– Me robas mucho a mi amigo últimamente, eh.
– Eh, no te quejes que te ganaste cincuenta pavos – le dije alzando una ceja
-. Venga, de hombre a hombre, dime ¿Te la has tirado ya? – pregunté con picardía, apoyándome sobre el descapotable.
– ¿Y tú te lo has tirado ya? A Bill – sonreí y jugué con la llave del descapotable que tenía en mi mano derecha.
– Juegas bien, Gustav…
– Schäfer – completó.
– Gustav Schäfer – repetí -. Pero, ¿Dónde está Bill? No le he visto en todo el día – volví a preguntar, evitando la pregunta de si me había tirado a su mejor amigo, me daba vergüenza decirle que no, que no me lo había tirado cuando él creía que yo pensaba con la polla.
– Hoy se encontraba mal y se ha quedado en casa – asentí, así que se encontraba mal… Abrí la puerta del descapotable y me metí.
– Te llevaría, pero… – dije, sabiendo que alguien me podía ver con él.
– Tranquilo – afortunadamente lo comprendió, así que meneé la cabeza y encendí el motor -. Oye, sé que leíste la conversación, y retiro lo dicho, no piensas con la polla – sonreí y puse la radio.
– ¿Y qué te hace pensar eso?
– Porque sé que no te lo has tirado – pisé el acelerador, dando marcha atrás.
– Quiero hacer las cosas bien, te juro que me gusta mucho, pero no se lo digas que sino se lo cree – reí, y antes de que contestara, cambié de marcha y volví a pisar el acelerador, saliendo de allí. Conduje hasta la casa de Bill, y en medio del trayecto subí un poco más el volumen de la radio cuando una canción que Bill cantaba apareció, pero él cantaba mucho mejor que el cantante ese, estaba más que seguro de ello. Conduje con una radiante sonrisa siempre en mi rostro hasta que llegué a su casa, entonces salté la puerta del descapotable como siempre hacía y sentí que, de repente, algo vibraba y sonaba en mi pantalón, lo miré y pude ver que era él – ¿Bill? – pregunté cuando me llevé el móvil al oído y descolgué la llamada a la vez que andaba hacia su casa.
– Oh, Tom – pues no, no era Bill, era su madre -. Lo siento por llamar, cariño, pero ¿Ya has salido del instituto?
– Sí – respondí, saltando ahora la puerta del jardín.
– Siento molestar, pero, ¿Podrías hacerme el favor de venir a casa y cuidar de Bill? Tengo que irme a trabajar y desde esta mañana se encuentra mal y le ha subido un poco la fiebre, si no puedes no pasa nada…
– Mamá, que ya me encuentro mejor – se quejó Bill desde la lejanía. Sonreí y entonces piqué al timbre.
– Un momento, han picado – y en menos de cinco segundos Simone abrió la puerta – ¿Tom? – preguntó sorprendida.
– El mismo, justo estaba al frente cuando me has llamado, iba a venir igualmente – dije encogiéndome de hombros, en estos meses había cogido la suficiente confianza con los padres de Bill como para hablarles como si fueran mis tíos.
– Joder, ¡Acosador! – escuché que Bill gritaba desde la planta de arriba y yo me reí.
– ¡Calla, enfermo!
– ¡Que te jodan! – yo seguía con una sonrisa en el rostro y no me di cuenta que Simone seguía a mi lado cuando también escuché su risa.
– Bueno, yo me voy, ¡Cariño, si te encuentras mal me llamas! – gritó escaleras arriba a Bill – Muchas gracias, Tom – me sonrió cálidamente y me dio un pequeño abrazo que me pilló de improvisto antes de despedirse e irse.
Así que cuando cerró la puerta, yo subí las escaleras y me dirigí a su habitación.
– Qué irónico, el que quiere ser médico está enfermo y yo tengo que hacer de médico entonces – aún mi sonrisa estaba en mi cara y Bill me miró con una cara de mierda que nunca le había visto.
– Ya le he dicho a mi madre que estoy bien.
– Uy sí, se te nota mucho en la cara mierda que tienes – dije riendo, y él, sabiendo que lo decía de coña, rió.
– Te odio – murmuró, y joder, mi puta felicidad era tanta que me tiré en su cama, encima de él – Joder, ¡Bruto! Que me rompes una costilla – me reí y las mantas que tenía encima me dificultaron un poco el abrazo que intenté darle, pero al final lo conseguí, y él me lo devolvió.
– ¿Y esa felicidad? Oh, ya sé, un rapero de esos viene a dar un concierto aquí – negué con la cabeza y me separé un poco de él para darle un casto beso en los labios, para después quitarme con los pies las tenis que llevaba y meterme entre las mantas con él.
– Estás sudando.
– Lo sé, pero tengo frío, cosas de estar enfermo – y sí, por supuesto que tenía frío, notaba que temblaba debajo de los quilos de manta que tenía.
– Tienes fiebre.
– Lo sé, me he tomado una pastilla y espero que me haga efecto, normalmente cuando me pongo enfermo tan solo estoy un día y al siguiente ya me encuentro bien – ahora que me daba cuenta, su voz era cansada, no era tan energética como antes -. ¿Me vas a decir por qué estás tan feliz? – preguntó, girándose y mirándome a los ojos.
– Hoy he hablado con mi tutor y me ha dicho que he aprobado todas las materias y con buenas calificaciones – informé, ensanchándose mi sonrisa mucho más, Bill sonrió con los labios agrietados y de verdad se sintió muy feliz por mí.
– ¡Felicidades! – gritó entusiasmado, casi tanto o incluso más que yo, y ahora fue él el que me abrazó – Soy un genial profesor – me carcajeé y pasé la palma de mi mano por su espalda, seguía tiritando.
– No, yo soy un genial alumno – pero no, realmente era porque él era un buen profesor, pero no se lo diría, jamás se enteraría de ello. Asintió y pude sentir que sus brazos alrededor de mi cuerpo cada vez cobraban menos fuerza –
¿Estás cansado?
– Llevo todo el día durmiendo y sigo teniendo mucho sueño… – murmuró.
– Entonces duerme – le dije, apegándole más a mi cuerpo para darle calor, él asintió y al poco tiempo se durmió, y detrás de él, me dormí yo también, los dos aún abrazados, muy cerca el uno del otro.
Qué cursi, ¿No?
Pues descubrí que eso no era ni una cuarta parte de lo romántico que podía llegar a ser.
Muy cliché, pensé yo mismo.
Y sí, lo era.
Todo era un cliché con él, ventajas de estar enamorado.
Y también descubrí que uno de los efectos secundarios de estar enamorado y aún no saberlo, era que te volvías más idiota de lo normal.
Así que ahí estaba, como un doblemente idiota abrazando a la persona más perfecta del mundo y sin darme cuenta que la puta respuesta estaba delante de mis narices.
Y os voy a dar una pista.
La respuesta era que estaba enamorado de él.
Aunque supongo que eso ya lo sabía todo el mundo, menos yo.
«Cosas del amor» supuse.
¿También eran «cosas del amor» necesitarte justo ahora a mi lado, cuando ya no estabas para abrazarme?
Pues no lo sé.
Realmente no lo sabía.
Continúa…
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