«A dos bandas» Fic de rubelangeltwc
Capítulo 11
Me aburría demasiado en mi casa, mis padres, al ser domingo, estaban en casa, y como estaba acostumbrado a mi rutina de domingos, me desperté pronto y salí a hacer deporte. Mi cerebro tenia un puto despertador que siempre me hacia madrugar los domingos, a pesar de que probablemente estuviera resacoso después de estar un sábado por la noche bebiendo y fumando, el deporté siempre me despejaba la mente y me venía bien para mis resacas, además de venirme bien para ligar con chicas también.
No era el típico tío que en lugar de estómago parecía que tenía una tableta de chocolate, y realmente lo agradecía, a las chicas les gustaba el típico tío que se le notan los músculos, pero no demasiado que hasta raya lo insano. Eso me facilitaba el trabajo de llevarlas a la cama, con tan solo quitarme la sudadera ya estaban más que mojadas. Muchas me decían lo bueno que estaba, pero Bill nunca me lo había dicho y él me había visto ya unas cuantas veces sin camiseta. Siempre se quedaba mirándome y después actuaba normal, pero cada vez que lo hacía, se asomaba una sonrisa en mis labios.
No me gustaba ir enseñando siempre el pecho desnudo, muchos tíos lo hacían para que las tías terminaran cayendo a sus pies para que se las follara por lo bueno que estaba, pero a mí siempre me había gustado que se llevaran una sorpresa debajo de esas camisetas anchas. Y a veces resultaba mucho más efectivo que ir enseñando mi cuerpo. ¿Cómo sería el cuerpo de Bill ? Joder, tenia ganas de saberlo…
Suspiré, me había parado en un sitio para comer un poco y retomé la marcha, corriendo hacia mi casa, estaba bastante alejado, pero tenía un buen fondo, así que podría llegar perfectamente a casa sin dejar de correr.
Y así fue, en cuanto llegué me duché de lo sudado que estaba y volví a vestirme, mis padres ni siquiera me habían preguntado qué había estado haciendo, sabían que los domingos eran única y exclusivamente para mí y mi deporte. Miré la hora en el móvil y vi que ya era bastante tarde, me había quedado dormido, joder.
Eran las siete y media de la tarde y había quedado con Bill hoy, vi unas cuantas llamadas perdidas de Georg y mi pandilla que no me molesté en responder, así que me levanté de la cama y salí de mi cuarto, bajando las escaleras y encontrándome a mis padres en el comedor.
– ¿A dónde vas? – me preguntó mi madre cuando me vio cogiendo las llaves del descapotable.
– Voy a casa de Bill, no sé si cenaré aquí – y era verdad, tenía pensado ir por ahí a cenar, siempre nos quedábamos en su casa para que no nos vieran en la calle juntos, pero hoy era un buen día porque todos seguramente estaban en la fiesta de Georg. A mis padres se les iluminó la cara, seguramente impactados por no decirles que iba a una fiesta con mi pandilla y que regresaría en la madrugada. Se despidieron de mí y yo salí por la puerta sin contestar, dirigiéndome al coche y conduciendo hacía su casa. Le mandé un mensaje antes de pisar el acelerador y sentir la brisa impactar contra mi rostro, pero cuando llegué después de escuchar un par de canciones, pensando un par de veces en el trayecto que quizá era un adicto a la música, vi que no me había contestado el mensaje.
Fruncí el ceño y salté la puerta, impactando mis pies contra el asfalto, después, cuando salté la valla de su casa, impacté mis pies contra ese vivo césped. Mi jardín pude ver que lentamente salían las primeras hierbas, pero Bill me dijo que tardaría un par de meses como mucho en que saliera el césped si lo regaba diariamente, así que a eso me dedicaba cada mañana, a regarlo para que estuviera vivo y bonito, y eso, en un recóndito lugar de mi pecho, me causaba felicidad de poder hacerlo con Bill.
El césped era una gran metáfora sobre mí, ahora me daba realmente cuenta de ello.
Empezó a vivir cuando me uní más a Bill.
Y volvió a morir cuando todo se fue a la mierda.
Di la vuelta a su casa y me paré justo al frente de su ventana, viendo que tan solo una tenue luz la iluminaba y no había movimiento ahí dentro, fruncí el ceño y me acerqué al árbol que había justo al frente.
Sí, era mucho más fácil picar en la puerta y que me abrieran sus hermanos o sus padres para poder entrar, pero nunca me había gustado lo fácil y siempre había querido asustar a Bill haciendo eso.
Así que apoyé uno de mis pies sobre la dura corteza del gran árbol y mis brazos se apoyaron con fuerza contra él también, me di impulso y salté bastante hasta poder colgarme de la rama más baja que había del árbol, me sujeté con fuerza con las dos manos, haciendo fuerza y subiendo todo mi cuerpo a esa rama, cuando me senté sobre ella, ya todo fue mucho más fácil.
Las hojas las aparté con facilidad de mi cara cuando me levanté y agradecí, justo cuando miré al suelo y vi la distancia que había, que no hubiera algún insecto que pudiera picarme y que me hiciera caer del árbol y partirme la cabeza. Pisaba con decisión, mis manos se sujetaban a cada sólida rama rugosa que encontraba, así hasta poder llegar a la rama gruesa que daba justo al frente de la habitación de Bill.
Apreté las manos y las abrí sucesivamente, sentándome allí y yendo lentamente para no caerme, entonces la rama se fue convirtiendo mucho más fina hasta que pude ver que se tambaleaba, pero aún podía aguantar mi peso afortunadamente, mire al frente y vi la ventana a un lado, a un escaso metro, así que me agarré de ella con ambas manos, y di gracias a que Bill siempre tuviera la ventana levemente abierta, se me hizo fácil abrirla al completo y entonces primero metí la cabeza, odiando profundamente las putas cortinas que se me enredaron en el cuerpo cuando conseguí pasar medio de el, me las quité de encima y metí una pierna, colocándola en su escritorio, y después metí la otra. Me puse de pie y bajé de allí, cerrando la ventana y suspirando, restregando mis manos unas con otras.
No había sido del todo difícil, pero joder, la próxima vez picaría a la puerta.
Miré alrededor y no le vi por ninguna parte, pero justo escuché unos pasos provenientes del pasillo que dirigía hasta su cuarto, así que sonreí y me oculté tras la puerta, sintiendo la adrenalina en mi pecho de que entrará Bill y que le pegará un susto de muerte. Y así fue, esperé unos segundos completamente callado hasta que vi que su delgado cuerpo y su cabellera negra apareció cuando cruzó la puerta, llevaba el móvil en una mano y en la otra una bolsa de patatas, sonreí y entonces di unos pasos hacia él, poniendo mis manos sobre sus hombros.
– ¡Buu! – grité.
– ¡AAHH! JODER – dio un salto que pudo llegar perfectamente hasta el techo y se giro en tan solo un milisegundo con una cara de impresión y miedo que jamás había visto, y que me hizo comenzar a descojonarme como nunca antes me había reído. Pero Bill cuando me vio y supo que era yo, frunció el ceño y puso una cara de no entender absolutamente nada, se impresionó aún más de verme ahí sí se podía.
– ¿Cómo has subido? No, no, ¿Qué haces aquí? Y… No entiendo una mierda, ¡no te rías de mí! Casi me da un infarto y el corazón casi se me sale por la boca, enserio – yo continúe riéndome hasta que se me saltaron las lágrimas. Mi risa era muy contagiosa, así que Bill sonrió y yo me sequé las lágrimas de mis ojos, con tan solo una sonrisa ahora en mi rostro.
– He subido por el árbol, casi me mato pero ha merecido la pena por ver el grito que has pegado, has tenido que verte – y otra vez volví a reírme.
– Te odio – me dijo de coña. – Creía que no ibas a venir y que ibas a ir a la fiesta de Georg, así que me dormí y me acababa de despertar cuando bajo tranquilamente a comer un poco y cuando llego a mi habitación veo a un tío que me asusta y casi me mata del susto. Esta te la devuelvo, Trümper – me dijo evitando unirse a mi risa que se apaciguó después de unos segundos.
– Ya te dije que no iba a ir a la fiesta y no he venido antes porque estaba dormido.
– Pues vas a tener que irte otra vez, porque estoy castigado – ahora fui yo el que frunció el ceño, e iba a preguntarle cuando su madre le llamó desde abajo.
– ¡Cariño! ¿Qué pasa ahí arriba, con quién hablas? Sabes que estás castigado – dijo, con un tono calmado, y enseguida escuchamos las pisadas crujientes al estar subiendo las escaleras.
– Eh, déjame a mí, soy muy encantador cuando me lo propongo – le dije sonriendo justo cuando su madre estuvo en la puerta.
– ¿Tom? – preguntó cuando me vio.
– Oh, hola, Simone – saludé con una sonrisa -. Bill me llamó porque mañana tenemos examen de inglés y yo sé hablar perfectamente en ese idioma, creo que es en lo único que sé más que tu hijo – susurró esto último, haciendo sonreír a Simone y a Bill dándome un codazo en las costillas-. Así que me siento orgulloso y le dije que vendría para explicarle lo que no entiende – informé, fue tan realista que su madre se lo creyó y asintió.
– ¿Tan tarde?
– Sí, es que mi rutina de domingos es salir a hacer deporte y me fui muy lejos corriendo y cuando volví ya era tarde, solo me dio tiempo a ducharme –y eso era verdad en parte, me salté la parte en la que me quedé dormido, no quería sonar como un puto vago.
– Oh, entonces está bien – me sonrió y yo me apoyé en una sola pierna, era todo un maestro de las mentiras -. Cariño, sabes que papá ha ido a una cena de empresa y me ha dicho que vaya yo también después, tus hermanos están en casa de sus amigos y dentro de un rato me iré, llegaremos tarde, así que no nos esperes – Bill asintió y se puso bien, en esa extraña manía suya, las gafas.
– Espero que sepas que van a follar – le susurré cuando su madre se fue y cerró la puerta.
– Mejor, no quiero escuchar cómo lo hacen aquí… Sería muy, muy raro y asqueroso – dijo poniendo cara de asco seguramente al imaginárselo -. Así que me tienes que dar clases de inglés, ¿No? – preguntó sonriendo.
– Sí, pero primero te voy a besar – le dije, llevaba todo el día y parte del anterior sin probar sus labios.
– ¿Qu…? – no le di tiempo a preguntar cuando me acerqué y le cogí suavemente de las mejillas, uniendo sus labios con los míos, al principio fue un casto beso que nos hizo sonreír, pero enseguida Bill impactó con fuerza sus labios y ambos abrimos la boca, besándonos húmedamente y jugando con la lengua del otro haciendo un sonido húmedo – ¿Así… es como besan los ingleses? – me preguntó un tanto agitado por el beso, yo me reí y me separé de él.
– Exacto – dije con una sonrisa, tiempo después ambos estábamos en su escritorio, Bill sacó su libro de inglés por si venía su madre y así improvisar que estábamos estudiando, pero en realidad estábamos hablando –¿Me las dejas? – le pregunté, señalando sus gafas mientras él se puso a escribir algo en la libreta, subió la mirada y me miró, frunciendo el ceño y sonriendo después.
– ¿Mis gafas? – asentí y él se las quitó y me las tendió. Las vi entre mis dedos y realmente eran bonitas, pero ahora que, por segunda o tercera vez veía a Bill sin ellas… Estaba muchísimo más guapo y precioso si se podía, simplemente porque se le acentuaban mucho más los ojos y el maquillaje, así que se veía tan… perfecto – ¿Tengo algo en la cara? – preguntó riendo y con un pequeño rubor en las mejillas.
– No, es que ya te lo he dicho, pero estás más guapo sin gafas, enserio. Los ojos se te ven más y me encantan tus ojos – sonrió y se puso rojo como un tomate, intentó ocultar su rostro y su sonrisa, pareciéndome realmente tierno cuando lo intentó.
– Puedo ir sin gafas, solo las necesito para leer… Pero me acostumbré a ir con ellas – murmuró muy bajito, y después de echarle un vistazo a sus gafas me las puse, viendo que mi vista se distorsionaba levemente, pero era aguantable.
– ¿Cómo me quedan? – pregunté haciendo una pose de diva, haciendo que riera.
– Te hace parecer listo, pero eso lo pongo en duda – se rio y yo forcé una mirada indignada.
– ¡Eh! Que yo soy igual o más listo que tú, ¿No ves que te estoy enseñando inglés? – murmuré.
– Por supuesto – dijo sarcástico, cabrón.
– Eres malo, Bill. Admítelo – le dije acercándome a él.
– Nunca – me sonrió, y yo comencé a hacerle cosquillas mientras él se retorcía de la risa debajo de mi cuerpo, casi cayéndose de la silla en la que estaba sentado. Pataleaba y rogaba que dejara de hacérselas, pero me había contagiado su risa y ahora estábamos riendo los dos. Sin embargo, unos toques en la puerta son interrumpieron y vi a su madre detrás de ella, mirándonos con una leve sonrisa.
– ¿Así estudiáis? – preguntó en forma de broma. Yo me alejé de Bill, sin sentir vergüenza – Vaya, Tom, te quedan bien las gafas de Bill – dijo cuando me vio con ellas.
– ¿No ves? Admítelo tú también, incluso tu madre lo dice. Si es que yo nací para que todo me quedase bien – dije con aires de diva, mientras veía que su madre y él reían.
– Cariño, la pastilla – Bill asintió y la cogió de la mano de su madre.
– ¿Agua?
– Ahora te la traigo – y desapareció de nuevo. Supuse que la pastilla era porque estuvo enfermo el viernes, aunque ahora estaba perfectamente.
– Venga, dímelo – dije picándole -. Admite que soy guapo contra antes lo digas será mejor – y me incliné un poco más.
– Pero yo soy más guapo – murmuró acercándose él también hacia mí muy lentamente, casi compartiendo el aliento mientras hablábamos en susurros.
– Mhmm… Quizá… – miré sus labios, pudiendo ver perfectamente que llevaban gloss ahora que me fijaba un poco más en ellos, sintiendo ganas y deseo de probarlos, de tenerlos contra los mío de nuevo a pesar de haberle besado hace prácticamente poco. No sé si lo hizo inconscientemente, pero vi que pasaba su lengua por su labio inferior, mojándolo. Le miré a los ojos achocolatados y pude darme cuenta de que él también me estaba mirando los labios, pero al darse cuenta de que le estaba observando conectó su mirada con la mía enseguida, cubriendo sus mejillas de un color rosáceo de lo más adorable. Yo sonreí al darme cuenta de que estaba avergonzado y totalmente sonrojado, así que me acerqué un poco más hasta que sentí que nuestros labios se tocaron levemente, pero justamente escuchamos la voz de Simone y la puerta siendo arrastrada y nos separamos antes de que su madre nos viera así.
– Cariño, toma – dijo cuando entró y le tendió el vaso de agua. Bill lo cogió y enseguida se tragó la pastilla – ¿Te encuentras bien? Estás rojo, quizá tienes fiebre – posó su mano sobre la frente y no pude evitar esconder la carcajada que quería salir de mi garganta.
– N-no, estoy bien – dijo tapándose con el vaso de agua cuando se tomó la pastilla, tendiéndole de nuevo el vaso vacío a su madre.
– Está bien, yo me voy ya que tu padre me está esperando. Por la hora que es si queréis poder cenar luego y ha empezado a llover un poco, así que si empieza a llover mucho puedes quedarte a dormir si quieres, hay una habitación de invitados justo al lado – claro, si me quedo a dormir no iré precisamente a la de invitados, já -. Adiós, cariño, cualquier cosa me llamas – le besó la mejilla a Bill dejando el color carmín del pintalabios marcado en su mejilla que él mismo se frotó -. Estudiad si mañana tenéis examen –gritó cuando se despidió también de mí y comenzó a bajar las escaleras, y cuando ambos escuchamos el leve portazo que dejó al irse y toda su casa se quedó en absoluto silencio, ambos nos miramos.
– ¿Por dónde íbamos? – pregunté con una sonrisa pilla, Bill sonrió y nos acercamos ambos.
– Creo que me estabas enseñando a cómo se besan los ingleses – joder, cuando se ponía así me encantaba, sonreí mucho más y me mordí el labio inferior
– Puedo enseñarte más cosas si quieres…
– Sí quiero – joder, lo dijo tan jodidamente sensual… Que no pude evitar agarrarle de la nuca y comenzar a besarle muy guarra y húmedamente que él siguió perfectamente.
Algo me decía que no íbamos a estudiar inglés.
Y no, por supuesto que no lo hicimos.
Te juro que repetiría esa noche una y mil veces más durante toda mi vida.
Continúa…
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