A dos bandas 12

«A dos bandas» Fic de rubelangeltwc

Capítulo 12

Nunca me había sentido así, jamás me había puesto nervioso al tener sexo con alguien, tan solo las primeras veces, pero sentía que mis manos comenzaban sudar y mi corazón palpitaba con fuerza. 

Ambos respirábamos agitados al estar besándonos y jugando con la lengua del otro. Me encantaba el piercing que tenía Bill en la lengua, cada vez que se frotaba contra mi boca lo sentía y yo no hacía más que tocarlo también con mi lengua, le tenía sujeto con fuerza de las caderas y él tenía sus brazos alrededor de mi cuello.

Esto cada vez se tornaba mucho más caliente y excitante, y con el o también subían mis nervios, mis manos podrían estar perfectamente temblando de no ser porque me controlaba. Era mi primera vez con un chico, mi primera vez con alguien que realmente tenia relación y me gustaba, y desde ese momento supe que hacerlo con él iba a ser diferente a todas las veces que tuve sexo a lo lardo de mi adolescencia.

Se escuchaba el sonido húmedo de nuestros labios al separarse y después volverse a unirse en otro beso mucho más fogoso, Bill soltó un leve gemido que me puso a cien cuando se levantó de la sil a junto a mí y su cuerpo impactó contra uno de sus armarios.

– Oh, mierda… – susurró con una leve risa en el beso, dando un paso a la derecha porque se había dado contra el pomo de este, yo me reí también y abrí por un momento los ojos, viendo su perfecto maquillaje de sombra negra en sus párpados y sus pestañas hacía arriba, haciéndole ver jodidamente perfecto y excitante a la vez.

– ¿Estás.. bien? – murmuré de la misma forma que él, separándome de sus labios para bajar mis labios hinchados, rojos y mojados por su barbilla hasta llegar a su largo y blanquecino cuello.

– hum… si.. – sonreí cuando ronroneó y alzó la cabeza para que tuviera más espació en su piel que comencé a besar mientras sentía que me agarraba de una de las rastas y comenzaba a tocarla con sus finos y delgados dedos junto a un escalofrío que recorrió todo su cuerpo y le puso la piel de gallina.

Amaba que tuviera la piel tan blanquecina, era precioso, como si fuera un muñeco de porcelana, con los ojos grandes, una nariz respingosa y unos labios perfectos, suaves y sabrosos. Me quité sus gafas que ni siquiera me había dado cuenta de que seguía llevándolas y las dejé a un lado. Mordí levemente su quijada y volví a subir hasta sus labios, pero mi mano derecha fue bajando de su cadera, pasando por su culo, hasta llegar a una de sus muslos y hacer que la subiera y así poder caber mejor entre sus piernas. Bill sonrió y me mordió el labio inferior para después volver a unir su boca y su lengua con la mía. Sus dedos seguían entre mis rastas, y siempre me las ataba en una coleta o con una bandana que el quito y dejo caer al suelo, haciendo que ellas quedaran sueltas y algunas vinieran hacía mi cara. No me molestaban, a veces picaban, pero ahora mismo estaba tan concentrado con Bill que no me di ni cuenta de ello, el las acariciaba y las puso detrás de mí oreja.

Me moví un poco y eso sirvió para que yo soltará un gemido ahogado y que Bill volviera a ronronear al restregar levemente las erecciones que comenzaban formarse debajo de nuestros pantalones.

Joder, nunca me había restregado contra la polla de un tío, normalmente lo hacía con el culo de las tías, pero… me sorprendió darme cuenta que sentía el mismo placer.

Le bajé la pierna de mi cadera a Bill y le guié hasta su cama, abriendo los ojos y chocando su cuerpo con el a ahora no tan fuerte.

– Si quieres que pare… – susurré, dándole cortos besos a sus labios – porque no te sientes cómodo, solo… – él me agarró de la nuca y me hizo pegar su boca contra la mía – dímelo – completé.

Quería hacer las cosas bien con él, joder, no me gustaría que se asustase y comenzara a llorar o a sentirse mal. Sí él quería, yo encantado iba a hacérselo, tenía ganas de probar su cuerpo y de poder tener sexo con un chico, joder, tenía ganas de hacerlo con Bill , con el pringado… Me gustaba tanto, Joder, me gustaba tanto este puto niño… y sabía que su cuerpo me iba a gustar mucho más, lo supe cuando se recostó sobre la cama y la parte en la que doblaba la pierna quedaba afuera, mientras yo me colocaba a un lado y me recostaba sobre el, aun era demasiado pronto para ponerme entre sus piernas.

No quería ir a la acción todavía, quería probarle, descubrir cada parte de él y cuál le daba más placer, quería admirarle y que se grabara a fuego en mí mente su delgado y blanco cuerpo.

– No, no quiero que pares… – murmuró, y sonreí. Seguía sin creérmelo que iba a hacerlo con él, pero justo cuando bajo sus manos muy lentamente por mí espalda y llego hasta el final de la ancha camiseta, metiendo sus manos y tocando mi piel… acabe de volverme completamente loco, acabe de creerme que esto no lo iba a olvidar nunca, porque era Bill, y aunque el resto no lo creyera… Yo sabía que era precioso, perfecto… Y que tenía suerte, tenía suerte de poder tenerle.

En ese momento me dio igual absolutamente todo, me dio igual que fuera un chico, me dio igual Georg, que él fuera el pringado del instituto, que ambos estuviéramos a dos bandas y no pudiésemos ni vernos… Solo quería tenerle, tan solo quería sentirle y saber que era mío y yo… no, yo no era de él, yo no era de nadie.

Me dejó de besar y terminó por acostarse en la cama, yo le sonreí al verle tan sumamente sexy y con un bulto que empezaba a asomarse entre sus piernas. Él tenía las mejillas más que rojas mientras evitaba mí mirada, yo me puse de rodillas y me quité la camiseta, tirándola al suelo y gateando hasta su cuerpo, él me dejó ponerme encima de él y abrí las piernas para que su cuerpo cupiera debajo del mío. Apoyé los codos contra el colchón, a cada lado de la cabeza de Bill, y le miré, pasando suavemente uno de mis dedos sobre su mejilla izquierda para que me mirara, y cuando lo hizo, no pude pensar otra cosa.

– Te juro que eres tan perfecto, joder… – me salió de dentro, y no pude evitar decirlo para ver que se ponía muchísimo más rojo. Ambos nos sonreímos y bajé unos cuantos leves centímetros que me separaban de esa boca que ahora mismo no quería dejar de besar. Sus manos se adhirieron a mí pecho y comenzó a pasar sus manos por mis músculos muy lentamente, como sí quisiera sentir cada uno de ellos.

– Y tú estás muy bueno… – y ahí estaba lo que pensé que nunca me iba a decir y juro que cuando me lo dijo, fue diferente a todas esas chicas que también lo hacían. Sentí como un calor se apoderaba de mis mejillas y que apretaba mucho más su cuerpo mientras florecía una sonrisa en mí rostro.

Sí que lo pensaba, pensaba que estaba bueno y… Dios, me gustó tanto que me lo dijera… Le mojé los labios con mí lengua y mientras el pasaba sus manos por mí abdomen y pecho, haciendo que mis pezones se pusieran duros, yo comencé a subir mis manos, pasándolas por sus estrechas caderas, subiendo por el cinturón y llegando a esa camiseta apretada, como todas las que llevaba siempre. Bill era delgado pero no rozaba lo insano, tan solo parecía que lo era aún más porque también era muy pequeño de cintura y de hombros, no tenía grandes curvas como las tías, pero era más precioso que ellas.

Comencé a subir su camiseta muy lentamente y justo cuando llegué a su cintura, comencé a subir la cabeza mientras Bill me seguía para no dejar de besarnos, me senté en un lado de la cama, con la espalda pegada en el cabezal de esta y Bill se sentó encima de mis piernas.

Toda la habitación estaba inundada por el sonido de nuestros besos, nuestras respiraciones que comenzaban a ser descontroladas, los ronroneos de Bill y su jodida perfección.

Me separé un poco de él para dejar de besarle por un momento, Bill entreabrió la boca y abrió los ojos, estaba muy sonrojado, y eso le daba un toque inocente que me puso muchísimo más.

No pude resistir acercarme y morderle su labio inferior, estirándolo y soltándolo cuando subí su camiseta negra y el levantó los brazos para que se la pudiera quitar, pero se quedó por un momento atascada en su cabeza, haciendo que ambos riésemos con toda naturalidad y después pudiese quitársela, tirándola al suelo junto a la mía también.

Sin ningún tipo de tapujos o vergüenza le observé así, semi desnudo y me encantó tanto su cuerpo… Era muy fino, blanco para dejar un perfecto chupetón y demostrar que era mío, y en esa piel tan suave y que olía tan bien, podía ver dos puntos rosados apretados por el calor que teníamos, y tuve la necesidad de chuparlos, pero no lo hice, era nuestra primera vez y quería hacerlo bien, así que hice algo que probablemente me gustaba más que probar sus pezones: besar sus labios.

Los dos éramos igual de delgados, la única diferencia era que yo estaba bronceado y tenía músculos, pero él se veía tan pequeñito que me daban ganas de abrazarle y no soltarle nunca para que nadie le hiciera daño.

Já, qué irónico si al final fui yo el que le hice daño.

Bill se separó agitado de mí y me dio la mano para que me tumbase en la cama, él mismo abrió las piernas para que pudiera caber entre ellas y con una sonrisilla me puse entre ellas, él con sus manos en mis hombros y yo contra el colchón para besar su mejilla y su cuello. El calor comenzaba a apoderarse de ambos cuerpos y en cualquier momento sudaríamos, mi erección cada vez se estaba haciendo más grande debajo de mi pantalón, hasta el punto de gruñir cuando sin querer me restregué contra la pierna de Bill y me dolió. Joder, estaba más que empalmado.

Podía notar a centímetros el nerviosismo de Bill, intentaba seguir mi beso pero cada vez era más patoso y sus manos que agarraban con un poco de fuerza de los lados, dejó de besarme y con los ojos cerrados aún movió su cabeza hacia un lado y yo pasé mis labios por su mejilla y oreja, haciéndole estremecer.

– Tom… – susurró mi nombre, llamándome, yo no dejé de acariciar su rostro con mis labios y su cuerpo con mis manos.

– Si no quieres sólo dímelo y pararé… – susurré sobre su oído.

– No, yo… yo soy virgen, en todos los aspectos – sonreí y se me escapó una risa de lo jodidamente tierno que era. Sabía a qué se refería con «en todos los aspectos», es decir, que no la había metido y tampoco se la habían metido a él, nunca le habían tocado como yo estaba haciendo ahora, incluso creo que fui su primer beso… Que eso rozaba un poco lo patético el dar tu primer beso a los 19 años, pero ahora me parecía tan tierno que solo pude conectar su mirada con la mía mientras sentía que él se moría de vergüenza. Me sentía tan afortunado de ser el primero en todo, las primeras veces nunca se olvidaban, así que a mí nunca me iba a olvidar y sin saber por qué, se instaló un orgullo en mi pecho.

– Yo soy virgen en este aspecto, si eso te sirve, nunca lo he hecho con un tío – se mordió el labio inferior y dejé un beso ahí antes de bajar por su quijada, hasta su plano pecho, haciendo un recorrido de su boca hasta él. Su vergüenza pasó cuando sentí que bajaba sus manos de mis costados y las dirigía al cinturón, juguetón. Con sus delgados dedos pude notar que con movimientos torpes logró desatarlo después de un par de intentos – ¿Puedo…? – pregunté, mordiendo levemente su quijada. Él asintió, seguramente sin entender lo que quería decir, pero igualmente pregunté, no quería hacer algo que él no quisiese que hiciera.

– Pero… solo uno… Si alguien lo ve… – y dejó ahí la frase, pues sí, sí que lo había entendido. Mordí un poco más su quijada y entonces succioné una porción de su cuello para hacerle un chupetón, dios, iba a quedar perfecto contrastado con su piel tan blanca y suave. Bill gimió un poco, pero fue suficiente para que sufriera un espasmo en mi erección y tuviera unas terribles ganas de que estuviese ya fuera. Mi estómago se contrajo cuando Bill, sin necesitar desabotonar el pantalón, empujó los pantalones hacia abajo con la ayuda de sus pies que ya no tenían colocados las tenis. Yo me las quité con la ayuda de mi otro pie y sin dejar de besar el cuello de Bill, logré quitarme los pantalones que cayeron en algún lugar de la habitación. Me sentí tan jodidamente liberado que suspiré sobre su piel. Me aparté de su cuello cuando dejé de succionar y vi ahí el chupetón rojo que quedaría marcado por unos días, sonreí al ver que no me equivocaba: contrastaba de puta madre con su piel.

Me erguí con las rodillas en el colchón aún y me curvé un poco para quitar el cinturón de Bill en apenas unos segundos y después desabotonar y bajar la cremallera de su pantalón más que ajustado. Podía ver que estaba igual de excitado que yo, que la tenía durísima cuando deslicé su pantalón por sus delgadas piernas igual de blancas que su cuerpo, tenía el vello muy fino y rubio, casi imperceptible, haciéndolo ver mucho más femenino si podía. Yo tenía vello pero era más castaño y se notaba, pero a él no. Sus piernas eran largas y preciosas, le quité el pantalón y los dos quedamos semi desnudos ante el otro. Los tiré al suelo junto a toda nuestra ropa y cuando miré la cara de Bill podía ver que estaba mucho más rojo que antes, sonreí por sus intentos de taparse sin que se notara y enseguida le agarré de ambas manos y volví a recostarme sobre él.

– Ni se te ocurra taparte, eres precioso y cuando tienes vergüenza y te pones rojo aún más – se rió naturalmente sobre mi oído y sentí que su pene se rozaba muy sutilmente con mi abdomen, pero fue suficiente para que Bill soltara un ronco gemido. Miré su rostro, con sus labios hinchados y rojísimos, el maquillaje comenzando a correrse en sus ojos y algunos mechones alborotados en su rostro, junto a ese chupetón que le había hecho yo a un lado… Me grabé esa imagen a fuego para que nunca se me olvidara lo sexy que podía llegar a ser sin necesitar dos tetas y un gran culo.

Volví a besar sus labios mientras le agarraba de los muslos y movía su cuerpo hacia abajo para que estuviera más cerca de mí, sus piernas se enredaron en mi cintura y rió sin esperárselo.

Y entonces pensé y me di cuenta de ello.

No llevaba condones, mierda.

Siempre cuando iba de fiesta o salía por ahí llevaba uno por si acaso, pero claro, ¿Cómo iba a saber yo que iba a acabar haciéndolo con Bill? Por supuesto que no lo esperaba, quería hacerlo con él, pero no esperaba que fuese hoy y ahora. Joder.

– Bill… – susurré su nombre, aguantando un gemido que él mismo provocó al moverse un poco y restregar mi polla con él.

– ¿Mhmm…? – preguntó, ronroneando.

– No tengo condones – murmuré entrecortadamente a causa del beso, Bill rió y me separé de él, dejando un pequeño hilo de saliva que unía nuestros labios.

Estiró su brazo hacia la mesita de noche y metió su mano en uno de los cajones, sacando de repente un condón que me hizo fruncir el ceño cuando lo puso contra mi pecho y yo lo cogí – ¿Por qué…?

– Es de mis padres – contestó antes de acabar la pregunta, como siempre hacía, yo puse cara de, seguramente asco e impresión, ¡Ni de coña iba a ponerme un condón de su padre! Es como si me estuviese mirando mientras se la metía a su hijo o… Bill empezó a reír y pasó sus brazos por mi cuello para después subir un poco y besar mi boca -. Tranquilo, me lo dio Gustav porque sabía que esto iba a ocurrir y… me lo guardé – joder, si me decía eso ya me quedaba más tranquilo, puto Gus, era mi salvación.

– Quítate eso ya – murmuré sobre sus sonrisa mientras bajaba mis manos por su cintura y cadera, hasta llegar al principio de su bóxer negro tan apretado y sexy.

– Quítamelo tú o moriré de vergüenza – reí y besé su mejilla, agarrando el dobladillo y tirándolo hacia abajo, haciendo que sintiera su dura polla contra mi estómago. Besé sus labios para acallar el gemido y deslicé el bóxer por sus suaves piernas hasta que cayó al suelo. Puse una de mis manos en su cabello y se lo puse detrás de la oreja mientras le comía la boca, y él intentaba alargar sus manos para quitármelo a mí también, dejé el condón a un lado de la cama y sin dejar de besarle me quité yo mismo mis bóxer para quedar desnudo también. Y lo siguiente que hicimos fue mutuo, dejamos de besarnos y nos miramos a los ojos antes de mirar hacia abajo y observarnos a los dos así, desnudos, y por primera vez en mucho tiempo sentí vergüenza de que alguien me mirara desnudo. Bill supongo que la tenía normal tirando a grandecita, quién lo diría que el chico afeminado la tuviera así, eh. Tenía vellos muy finos y rubios alrededor de ella, igual que en las piernas, pero estos eran más oscuros y se notaban más, pero aún así no tenía mucho pelo. Yo la tenía más grande que él, aunque no mucho, pero aún así se notaba, pero él ni de coña debía sentirse acomplejado. Lejos de sentir asco por tener el cuerpo de un chico entre mis brazos, sentí excitación, excitación de cómo sería tocar otra polla que no era la mía.

Joder, ahora sí que quería pasar a la acción ya.

Agarré a Bill del culo y besé desenfrenadamente su boca, alzándole y haciendo que se sentase entre mis piernas, yo me puse una almohada detrás de mi espalda para no tenerla apoyada contra la pared y él me rodeó las caderas con sus piernas, abiertas. Ambos cerramos los ojos y llevé una de mis manos a nuestro beso, Bill lo entendió y se separó un poco para poder untar dos dedos de saliva, y mientras los chupaba, mi pene se volvió un poco más grande si podía de lo jodidamente sensual que se veía.

Según el porno que había visto, para que no le doliera ni a él ni a mí, debía dilatarle con los dedos y cuando estuviera abierto, metérsela. Fácil y sin duda disfrutaría las caras de placer de Bill cuando le metiera los dedos.

Le agarré con la otra mano de un moflete del culo y se lo apreté, abriéndolo mucho más mientras tanteaba esa zona y cuando encontré su entrada, metí uno de mis dedos que, para mi sorpresa, entró a la perfección. No iba a tardar mucho en dilatarle, desde luego.

Metí otro dedo y los hundí lo más hondo que pude, Bill gimió y colocó su frente contra la mía mientras respiraba agitado y cerraba los ojos. Sus manos se adhirieron con fuerza a mi pecho y al echarse hacia delante, nuestros penes se friccionaron entre ellos, haciendo que un gruñido saliera de mi garganta y Bill curvase la espalda a la vez que abría los dedos y le dilataba mucho más.

A cualquiera le daría asco hacerlo con un tío o meterla por ese agujero, pero a mí, nada de Bill o de su cuerpo podría darme asco, nada.

Los movía como una tijera y cada vez que se los metía con fuerza, curvaba la espalda y gemía mientras cerraba los ojos aún más y se mordía su hinchado labio inferior. Su maquillaje estaba más que corrido, pero joder, yo no podía dejar de ver su cara comprimirse de placer, era lo más caliente que alguna vez había visto en mi vida. Ambos estábamos ya sudando, y su cabello largo y negro se pegaba a su cara, haciendo que viese una vista tan sensual, que seguramente si tocaba mi pene podría correrme ahí mismo.

Escuchaba a la lejanía las gotas repiquetear contra la ventana, estaba lloviendo, y en este preciso momento me importó tan poco si se mojaba mi descapotable o si el mundo se iba a la mierda en apenas cinco minutos, ahora solo me importaba Bill, ahora mismo solo pensaba en él.

Estuve casi un minuto seguramente dilatándole con dos dedos, así que ahora metí el tercer dedo, lo cual ya era bastante grueso tener tres ahí dentro, pero su cuerpo lo aceptó con naturalidad, y lejos de encontrar alguna mueca de dolor en su cara, tan solo vi placer, ¿Tanto placer daba que te petasen el culo? Joder, ahora tenía curiosidad.

Los moví por un tiempo más, hasta que dejé de hacerlo y besé sus labios.

– ¿Estás listo? – le pregunté, Bill abrió los ojos y jamás había visto tanta perfección en mi vida, tan cerca de mí.

– Sí… – susurró asintiendo, me sorprendía que estuviese tan abierto si era virgen, supongo que cada cuerpo era diferente. Porque sí, sin duda Bill era virgen, le creía a ciegas, él era incapaz de mentir, además se notaba en sus movimientos patosos sin saber realmente qué hacer. Joder, qué mono era.

– No te voy a hacer daño, si te duele me lo dices – asintió y apareció una sonrisa ladeada en su rostro. Creo que era la primera vez que me preocupaba realmente por la otra persona y que no se hiciera daño.

Saqué los dedos de su entrada y le agarré del culo, joder, era pequeño, pero me encantaba su jodido culo. Lo abrí y lo alcé con su ayuda, llevé una de mis manos a mi pene y antes de metérsela subí y bajé mi mano sobre mi polla unas cuantas veces para que no fuera precoz, estiré la mano y agarré el condón que había en la cama, rasgando el envoltorio y colocándomelo en la polla.

Entonces llevé la punta hasta su entrada dilatada y él mismo fue bajando mientras me apretaba el pecho y hacía muecas con la cara.

Bajó hasta que estuvo toda dentro, dios, estaba tan apretado que sentí cómo me apretaba levemente la polla. El puto placer era muy grande y gemí con fuerza cuando bajó hasta abajo, nunca había sentido tanto placer por meter la polla en algún agujero.

Apreté su culo y besé su boca, Bill subió su cuerpo después de unos segundos y volvió a bajar, haciendo que ambos gimiésemos. Quería que esto no acabara nunca.

Bill bufó de placer contra mi cuello y me apretaba del pecho mientras él subía y yo le ayudaba a hacerlo, para después bajar. Estuvimos un tiempo haciéndolo lento, ambos gemíamos descontrolados y el placer nos hacía elevarnos hasta las nubes. Se sentía como en el puto cielo, hasta que cuando ambos nos acostumbramos, aceleramos las penetraciones y cuando Bill subía, yo alzaba la pelvis y se la metía hasta lo más hondo, joder, así seguramente le estaba machacando la próstata. Cerré los ojos y llevé una de mis manos desde su culo hasta su polla, la cual agarré sin ningún tipo de tapujo y por cada penetración le masturbaba al compás. Estaba caliente entre mis dedos y Bill soltó un gemido ronco cuando la sostuve en mi mano. Su cuerpo estaba tan cerca del mío que ambos rozábamos nuestros pezones contra los del otro.

Se escuchaba el sonido húmedo de sus huevos contra mi piernas y mi polla metiéndola y sacándola de su entrada junto a nuestros gemidos descontrolados.

– Ahh… Tom… – gimió mi nombre cerca de mi oído mientras se sentaba con fuerza y se la clavaba hasta el fondo, curvó la espalda y yo le masturbé con más insistencia.

Llevábamos solo cinco minutos penetrándole y ya sentía que no faltaba mucho para que me corriera. Aceleramos más las penetraciones hasta el punto que yo le sujeté del culo y empecé a subir la pelvis una y otra vez con fuerza e insistentemente, follándole con fuerza.

– Joder… – gemí dejándole caer sobre mi erección para que ahora él subiera y bajara, y cuando lo hizo, mientras yo le masturbaba con insistencia y le toqué la punta con el pulgar, se corrió y salpicó mi estómago y parte de mi pecho, soltando un fuerte gemido que le hizo caer rendido sobre mi cuerpo, y después de que yo le penetrara una vez más y él apretara las paredes alrededor de mi polla, me corrí dentro de él, en el condón. Gemí y me abracé a su cuerpo mientras sentía el placer recorrer mis venas y él seguía apretando su entrada alrededor de mi pene y me provocaba mucho más placer.

Respirábamos descontrolados y cuando sentí que su pene dejaba de ponerse duro entre mis manos, yo salí de dentro suyo soltando un quejido y quitándome el condón que tiré a un lado, junto a todo.

No me creía ni yo lo poco que había aguantado, cinco minutos y ya me había corrido, joder, todo por mirar su jodida cara tan sensual y meterla en un sitio tan estrecho.

Besé su mejilla y estiré el brazo para deshacer las mantas y poder meternos los dos ahí. Estaba muy cansado, el sexo siempre me dejaba cansado, y ahora mismo solo quería dormir y abrazarle. Le cogí la mano y con un suave movimiento nos metimos entre las sábanas y cogí la almohada que me servía para apoyar la espalda para ahora ponerla debajo de nuestras cabezas. Bill puso su cabeza sobre mi pecho y yo pasé mis brazos por debajo de su cabeza y el otro alrededor de su cintura.

– Me he encantado – susurré sobre su oído, y vi que se le formaba una sonrisa en sus labios y escondía un poco su rostro en mi pecho.

– Mhmm… A mí también – ronroneó y él pasó uno de sus brazos por mi pecho también, abrazados, a la vez que ahora ambos cerrábamos los ojos a causa del cansancio. A fuera ya era de noche, y lo que tenía claro era que por mucha hambre que tuviera, ni de coña iba a romper este momento, se sentía tan bien… Nunca me había abrazado y me había quedado en la cama con la otra persona con la que tuve sexo, después de hacerlo siempre me iba, y ni siquiera me desnudaba, tan solo me quitaba la camiseta y me bajaba un poco los pantalones y los bóxer para meterla y ya está. Suspiré, sintiendo aún la viscosidad del semen de Bill en mi estómago, pero tan solo me limité a que el sueño me invadiera y a relajar mis músculos -. Tom… – escuché que susurraba Bill a lo lejano de mi mente, me estaba quedando dormido. En respuesta me moví un poco para estar más juntos y ahora fui yo el que ronroneó – Te quiero – tenía tanto sueño que no fui capaz de procesarlo en ese momento, pero supe lo que me dijo antes de caer dormido.

No sé cuánto tiempo dormimos, pero un sonido me despertó y abrí levemente los ojos, mirando por la ventana y viendo que ya había dejado de llover. El sueño todavía me invadía, pero escuchaba voces fuera que enseguida puse reconocer cuando escuché que se abría la puerta. Bill seguía abrazado a mí, pero estaba ya en el séptimo o octavo sueño.

– Jörg… – era la madre de Bill, pero estaba tan sumamente aturdido que no podía procesar nada.

– Oh, por favor, Ana, no te sobresaltes que tampoco ha ocurrido nada grave.

Bill es adolescente y sabe lo que hace – ese era su padre.

– ¡Tiene 19 años!

– Razón de más, nosotros la perdimos a los 17, no me vengas con eso, no iba a ser virgen toda la vida, además Tom es un buen chico, ha estado viniendo todas las tardes para verle a él, no me jodas que no sabías que esto no iba a ocurrir.

– Bill quiere a Tom, eso ya lo sé, es mi hijo, Jörg, lo noto. Pero Tom…

– Mira, Simone, si Tom no quisiera a Bill no hubiese venido todas las tardes a casa y no precisamente para tener sexo, los dos sabemos que siempre hablaban y hacían música y todo eso. Joder, Simone, hasta juega con nuestros hijos pequeños – suspiró.

– Supongo…

– Bueno, yo me voy a dormir que… – y ahí dejé de escuchar la conversación, cerraron la puerta y la luz que me despertó proveniente del pasillo se apagó, seguramente se metieron en su habitación para dormir. Joder, nos habían pillado, qué vergüenza ahora cuando tuviera que mirarle la cara y supieran que se la había metido a su hijo.

Pero aún así ellos se equivocaron: yo no quería a su hijo. Tan solo me gustaba.

El equivocado siempre fui yo.

Bill… me dijo que me quería antes de caer dormidos y… dios, algo en mi estómago se removió, haciéndome cosquillas al recordarlo.

Le miré y la poca luz que se filtraba de la luna, iluminaba su rostro que acaricié. Qué mono era cuando dormía.

Estuve un tiempo así, pensando y admirando lo precioso que era, hasta que me levanté con cuidado para no despertar a Bill y me vestí. Cuando lo hice, cogí su ropa y la dejé encima de la cama.

Miré una vez más a Bill, y entonces salí por la ventana para irme a mi casa.

Ojalá le hubiera dejado una nota que pusiera «Te quiero». Hubiera sido lo más verdadero que alguna vez hubiese dicho, pero claro, ¿Qué iba a saber yo si creía que solo me gustaba?

Era obvio que no solo me gustaba.

Esa noche… fue la mejor de toda mi vida, estoy seguro. Y no por haber tenido sexo con él, sino por haberme unido mucho más a él, joder, ya era mi necesidad tenerle cerca y que nunca me dejara.

Esa noche fue especial, más de lo que no me di cuenta que era.

Me enamoré tanto de su cuerpo, de su rostro cuando estábamos haciéndolo.

Yo lo llamé «sexo», pero lo que hicimos no fue eso. Nosotros, esa noche, hicimos el amor.

Me hubiera encantado poder responder sus palabras con un «yo también te quiero».

Me hubiera encantado susurrarte lo precioso que me parecías o lo mucho que te amé cuando nos unimos solo los dos, absorto a todo.

Me hubiera encantado tirar todo a la mierda por ti, solo por ti.

Así que una vez más te pido perdón.

Una vez más te echo de menos.

Una vez más… quiero que estés a mi lado.

Para decirte lo que no fui capaz de ver, incluso esa noche, cuando yo mismo sabía que fue diferente, que yo estaba diferente, estaba enamorado hasta las entrañas.

Continúa…

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