A dos bandas 14

«A dos bandas» Fic de rubelangeltwc

Capítulo 14

Desde ese día, Bill faltó una semana o más, Gustav siempre me esquivaba o siempre me ignoraba cuando intentaba preguntarle por qué Bill no venía.

Aunque tan solo se lo pregunté un par de veces porque siempre estaba con mí pandilla y no podía acercarme a él.

Le pregunté por mensajes a Bill por qué no venía, pero nunca me contestó.

Ahora siempre salía con Georg y mí panda por ahí todas las tardes y por el o no iba a su casa, fui una vez tan solo, pero estaba todo oscuro, no había nadie, así que me resigné y todas las mañanas me quedaba mirando su taquilla, esperando que apareciera por la puerta y dejara sus libros allí, para después ir a alguna de las aulas y poder besarnos. Cada vez mí preocupación era más extrema, mí móvil estaba lleno de mensajes y llamadas a Bill sin contestación.

¿Por qué esto tan repentino cuando estábamos tan bien? Cuando él mismo me había confirmado que me quería y yo… Yo cada vez estaba más confundido. Todas las noches cuando llegaba a mi casa, le mandaba un mensaje, preguntándole por qué no venía, pero siempre era lo mismo; mensajes sin contestar. Y cuando mandaba el mensaje, comenzaba a dar vueltas en la cama durante horas, y de vez en cuando conseguía dormir al menos unas dos horas.

El césped ya estaba vivo y perfecto, cada vez que lo miraba, durante esas dos semanas sin verle, me recordaba a él. Hasta hoy, cuando después de dos semanas, el jueves, apareció tras la puerta con una muleta en una mano y la mochila en la otra. Me había resignado después de dos semanas esperando que cruzara esa puerta, y hoy, por fin, vino. Cuando le vi, sentí que algo en mí pecho se oprimía y se movía algo dentro, mire alrededor y Georg estaba hablándome de algo que en ese mismo instante no me importó una mierda. Quería hablar con él, quería que se fueran para poder acercarme a él. Quería abrazarle y que me dijera todo lo que había pasado.

Pero lo único que obtuve fue una fugaz mirada de su parte, tan rápida, que ni siquiera pude observar sus ojos, enseguida bajó la cabeza y se acercó a nosotros, mi corazón retumbaba con fuerza contra mi pecho y, cuando estuvo cerca, Georg se giró y le miró. Pude ver que en su mano también tenía un sobre, un sobre que con cuidado le tendió a Georg. No pude ver su cara, pero cuando habló, descubrí que ese Bill, no era el alegre que tanto me gustaba.

– La tarea… Siento no haber venido y… – le tendió la carpeta, pero él seguía sin mirarme. Sabía que estaba ahí, pero no se giró.

– Piérdete, inválido – y eso lo dijo por la muleta que llevaba. ¿Por qué la llevaría? Oh, no ¿Habría tenido algún accidente? Joder. Bill asintió y esperé pacientemente que me mirará, esperé que se diera cuenta de que le había echado de menos aquí dentro y todas las tardes que tuve que pasar con la pandilla y no con él. Pero no, no me miró, ni siquiera lo intentó, y ni siquiera, al menos, cruzó los dedos. Tan solo anduvo un poco cojo hacía su taquilla para meter los libros y después, simplemente, se fue. Mire el reloj, faltaban unos minutos para que las clases empezaran, tenía que hablar con él, joder.

– Oye, tío – dije a Georg, mirando de soslayo a Bill, que se metió en el aula de química. 

– Me piro a mear, luego hablamos – él asintió y se giró para hablar con los otros de la panda, yo anduve rápidamente hasta el aula de química, donde solo estaba Bill, el cual se giró y en cuanto me vio, anduvo unos pasos y me abrazó. Me quedé confundido por un momento, pero también le abracé y cerré la puerta con el pie. – Te he estado llamando todos los días y no me has contestado ni una vez – no lo dije en forma de reproche, parecía más un tono preocupado que él entendió.

– Mi… mi móvil se cayó por las escaleras y se rompió, lo siento, pero esta tarde me darán otro – al menos no habla tenido un accidente, así que suspiré más que aliviado. – Tuve gripe y estuve una semana enfermo, y como soy tan patoso pues además del móvil, yo también me caí por las escaleras, por eso llevo la muleta – escuché una suave risa que me tranquilizó. Quizá cuando fui a su casa estaba en el médico, sí, seguramente hubiera sido eso.

– Joder, es que ya estaba pensando que habías tenido un accidente o algo, y encima el puto Gustav me esquivaba – me separé de él y le miré a los ojos, como confirmando que estaba bien. – Pero estás bien, ¿No?

– He estado mejor, pero sí, supongo que sí – sonrió y no pude evitar apretujar sus mejillas para que pusiera esa jodida cara que tanto me encantaba – ¡Tom! – gritó intentando quitar mí mano de su cara.

– Me dijiste que podría hacértelo siempre – dije alzando las cejas en forma de obviedad, el río. Pero justo ahora, cuando miraba a sus ojos, me daba cuenta de que no lo hacía del todo natural, que… quizá no sonreía de verdad. Bah, tonterías. Seguramente no haberle visto durante dos semanas ya me estaba haciendo delirar o algo. Dejé de hacer fuerza en sus mejillas y besé sus labios. – Hoy voy a tu casa – dije, pero él me miró dudoso y se mordió el labio inferior.

– Hoy tengo médico también porque me duele un poco la cadera… – murmuró, y yo asentí justo cuando él timbre sonó. Deje un suave beso rápido de nuevo en sus labios y vi que tenía los dedos cruzados en mi pecho que se deshicieron cuando me separé y abrí la puerta.

– Entonces hasta mañana – dije antes de salir por la puerta con una sonrisa en los labios. Me encantaba que cruzase los dedos.

Si, bueno, lo que no sabía era que esa iba a ser, quizá, la ultima vez que besara sus labios.

Ese pequeño momento, fue el, probablemente, último que tendría con él sonriendo.

Pasaron las horas en el instituto, comimos un poco en la hora de descanso, y por la tarde, como usualmente hacía ahora, fui con mí pandilla a fumar y beber un poco. Pero ese día no bebí ni fumé, ese día solo estaba Bill en mis pensamientos, de lo bien que me sentía estando con él haciendo música o besándole. Se sentía mucho mejor que estar aquí, con mi panda de amigos, fumando y bebiendo. Prefería la tranquilidad con él.

Y esa noche, cuando llegue a casa, llame a Bill, esperaba que le hubieran dado el móvil para poder hablar con él, pero no tenía cobertura su móvil ya que no hizo ni los típicos pitidos cuando llamas a alguien, así que sin más me resigné después de tres llamadas perdidas, y esa noche sí que pude dormir, porque sabía que al día siguiente podría verle.

Así que a la mañana siguiente, creo que ni siquiera desayuné para llegar un poco antes al instituto. Vi el césped completamente vivo y sonreí, para después montarme en el descapotable y conducir hacía el instituto, llegando, como siempre, cinco minutos antes. Entré por la puerta y miré alrededor, viendo que Bill aún no había llegado, lo que me hizo dudar ya que siempre llegaba un poco antes. Fui a mi taquilla y metí ahí los libros, miré el reloj cuando ya todos comenzaban a entrar, y vi que solo faltaban un par de minutos para que comenzaran las clases y él aún no había aparecido, entonces vi a Georg, él cual ahora venía también un poco antes porque decía que sus viejos le obligaban después de las calificaciones de mierda que había sacado.

Suspiré y le saludé sin muchas ganas con un choque de hombros.

– Por fin viernes, joder, me tienen hasta la polla los putos estudios – dijo Georg haciendo crujir sus nudillos.

– Sí… A mí también – dije poniéndome contra las taquillas, mirando la entrada.

– Oye, Reber no quiere saber nada de ti y no quiere hablar conmigo, ¿Qué coño le pasa a esa puta? – le miré e iba a contestar, cuando de repente el puto sonido del timbre sonó, y entonces, por arte de magia, vi a Bill entrando, pero no iba solo, su madre estaba al lado. Fruncí el ceño y al parecer todo el mundo se dio cuenta de que el pringado iba con su madre, vi a nuestra pandilla entrando también al instituto y Georg tiró de mi sudadera para ir con ellos, había como un corrillo alrededor, y entonces Simone empezó a hablar con Bill al lado quien miraba al suelo.

– Madre mía, el pringado ha caído más bajo si podía – se burló Georg.

– Mi hijo todo este tiempo ha estado encerrado en su habitación haciendo la… jodida tarea de cuatro personas más, y pienso quejarme al director, pero antes quiero saber quienes han sido los… desgraciados que tenían a mi hijo entre la espada y la pared… – todo el mundo cada vez se iba acercando, estando casi todo el instituto allí – o de aquí no me muevo – terminó de decir Simone. Georg y nuestra pandilla comenzó a reírse mientras los susurros del resto incrementaba, pero entonces ocurrió el detonante de todo, Simone me vio – ¡Tom! – gritó mi nombre, y enseguida las miradas de todos se pararon en mí, oh no, no me jodas… – Tú eres muy amigo de Bill, seguro que lo sabes…

– Mamá… – dijo Bill en forma de queja por primera vez, apretando su brazo para que seguramente se callara. Los susurros incrementaron y Georg y la pandilla me miraron casi con asco mientras la ira circulaba por mis venas.

– ¿Cuando venías a casa era porque también te tenían como a Bill? – los murmullos, con esa pregunta, terminaron explotando. Siempre supe que esto algún día iba a pasar. Nunca debí haberme acercado a Bill, nunca. Bill subió su mirada apenada y yo le miré con rabia y odio. ¿Ahora qué coño iba a ser de mí, eh?

– ¿Qué coño dice esa vieja, Tom? ¿Has ido con el pringado? – me dijo Georg, con asco en sus palabras. Lo sabía, ahora todos se iban a distanciar de mí, por… un puto capricho como era Bill. Nunca debí haber parado para ayudarle, nunca debí hacerlo…

– Yo a usted no la conozco de nada, lo siento – dije por encima de los murmullos, intentando aparentar que no la conocía de nada.

– Claro que sí, siempre vienes a casa – apreté la mandíbula y escuché que todos mis amigos empezaron a preguntarme mierdas. Mi puesto… se había ido a la mierda por Bill, por el puto pringado – Tom…

Miré a Bill una vez más, y este volvía a tener la cabeza gacha, apreté los puños y mi odio e ira incrementó, empujando a la gente para salir de allí.

– ¡Tom! – gritó Simone cuando salí del puto corrillo y comencé a andar fuera del instituto – Cariño, ¿Por qué se va? – escuché que le preguntaba seguramente a Bill.

– No sabes nada, mamá, ¡Nada! – dijo Bill, y escuché a todos comenzando a hablar de mí con fuerza, escuchando los murmullos… – Tom, por favor… –escuché su voz no muy lejos, así que deduje que había salido del corrillo de gente y me estaba persiguiendo. Me tocó la espalda y cuando me giré, le enfrenté con la mirada.

– A partir de hoy sigues siendo el pringado Kaulitz, ¿Me oyes? A partir de hoy tú sigues siendo el pringado que no se puede acercar a mí porque yo pertenezco a otro puto bando que no es el tuyo. Me has jodido la vida, Bill, olvídate de mí de una puta vez. ¡Qué coño pensaran ellos al sabes que estuve contigo, con el pringado del instituto, con el… Kaulitz! – dije casi con asco – Nada de estos meses ha ocurrido, nada, así que olvídame.

Seguía con los puños apretados a cada lado de mi cuerpo, sintiendo que la ira me invadía cada vez más y más, Bill se tapó los labios y vi que de sus ojos cristalizados, comenzaron a salir lagrimas. Se lo tenía merecido. Me di la vuelta, importándome una mierda que estuviera llorando, sin embargo, me agarró del brazo.

– Tom… – susurró mi nombre en un sollozo, escuchando como lloraba – ¿Y… todas esas veces que me besaste y me dijiste que yo te gustaba? – preguntó, y si podía apreté un poco más los puños para controlarme.

– Suéltame – dije decidido.

– Cuando hicimos el amor… – susurró con la voz rota.

– Te he dicho que me sueltes – demandé, cansado y agresivo.

– Yo te quiero, Tom. Te quiero… – y comenzó a llorar mucho más, sus sollozos al decirme eso me taladraron los oídos y solo pude contestar con la verdad a pesar de verle tan roto.

– A mí a partir de hoy me vuelves a dar asco, pringado – demandé quitando mi brazo con fuerza de entre sus manos, las cuales cayeron sin fuerza a cada lado de su delgado cuerpo, le miré por última vez, viendo todo en cámara lenta mientras yo seguía andando lejos de allí, lejos de él. Cayó de rodillas al suelo y ocultó su rostro entre sus brazos, nunca le había visto así, roto, tan triste, esperando seguramente un abrazo de la persona que le había destrozado el corazón, de mí. Su madre me miró desde lejos y fue a abrazar a Bill, quien lloraba llamando la atención de todos, quien estaba destrozado.

Volví a mirar hacia delante y me metí rápidamente en el descapotable, podía seguir sintiendo las miradas de todos contra mi nuca, haciendo que mi ira aumentase e hiciera que pisase el acelerador con fuerza, haciendo rugir el plástico de las ruedas contra el asfalto, saliendo disparado como si de una bala se tratase del aparcamiento. Conduje lo más rápido que pude, me salté todas las indicaciones, solo me guié por la intuición y por el odio, ese que sentía ahora mismo en el pecho mientras sentía una lágrima bajar por mi mejilla, la cual limpié con tanta fuerza que pude haberme levantado la piel del rostro. Cerré los ojos y frené, comenzando a descargar todo lo que sentía en el pecho contra el volante del coche en un ataque de rabia e odio hacia Bill y hacia mí.

Hasta que acabé derrumbándome y comencé a llorar, sin saber realmente por qué, por haberme destrozado la vida, por creer que alguien como él podía llegar a gustarme, por haberme acercado a él cuando jamás tuve que haberlo hecho. Por dejar de lado a mis putos amigos y creer que con él estaba mejor, por odiarme ahora mismo de lo equivocado que estuve. Nunca, nunca debí pararme. Nunca debí hablarle. Nunca debí besarle ni tocarle. Nunca… Nunca debí dejar que creyera que me gustaba, y nunca debí dejar que me entregase su corazón, el que acababa de romper entre mis manos con fuerza y, en parte, eso se sentía bien.

¿Ahora qué pensarían todos de mí? Después de saber que estuve con el pringado al que nadie se acercaba ¿Me dejarían de lado? Sí, lo harían por su puta culpa, por juntarme con él ¿Qué coño sería de mi vida ahora? Mi reputación que tanto me había costado ganármela se iría a la mierda por una persona que jamás tuvo que entrar en mi vida. Había destrozado mi puesto, mi puta vida, mis putos amigos, mi puta reputación, a mí. Todo por un capricho, por un pringado que siempre debió de ser eso; un pringado. Por creer que sus ojos me encantaban, por creer que él me encantaba, por creer que era bueno y que sus labios eran los mejores que había probado nunca, por creer que fue especial cuando follamos, por creer en una mentira que yo mismo me inventé sin quererlo.

Bill Kaulitz había destrozado lo que me quedaba.

Bill Kaulitz, hoy, volvía a ser el pringado.

Bill Kaulitz, ahora, estaba muerto para mí.

Y le odiaba.

Le odiaba profundamente.

Todos los pensamientos de odio que cruzaron por mi mente ese día, aún siguen latentes en mi cabeza, nunca se me olvidarán. Nunca se me olvidará todo lo que odié a la persona que más amaba.

Ese día siempre estará marcado en mi mente, cuando creí que por su culpa toda mi vida se iba a ir a la mierda.

Qué puto imbécil fui.

Mi vida se fue a la mierda cuando decidí separarme de él, cuando decidí que la rabia y el odio me consumieran.

Cuando aún no sabía su historia.

Cuando fui un puto egoísta y no sabía lo que él sentía, todo el daño que llegué a ocasionarle con mis putos fallos.

Te pediría perdón todos los días de mi vida por lo gilipollas que fui.

Pero pronto iba a descubrir lo equivocado que estaba, me daría cuenta que siempre fuiste, eras, y serás el amor de mi vida de mierda.

No me di cuenta de lo que sufrías, Bill, no me di cuenta de que tú siempre apostaste lo poco que tenías por mí y que yo, terminara fallándote por un puesto que me importaba una mierda, por unos amigos que no valían nada, por una reputación que no iba a servir de nada en mi vida.

Bill, quiéreme, por favor, sigue queriéndome.

Esas lagrimas que salieron de mis ojos, no fueron por dolor ni rabia hacia Bill, fue por romperme a mí mismo el corazón. Fue por quererte, por estar enamorado de ti.

Y pronto me iba a dar cuenta.

Continúa…

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