«A dos bandas» Fic de rubelangeltwc
Capítulo 7
– Joder, cómo coño se te ocurre pegar a Georg Listing, ¿No te han quedado claras las normas del instituto? Nunca provoques a alguien que está por encima de ti – dije apretando la gasa contra su labio roto, haciendo que pusiera una mueca de dolor mientras aguantaba las ganas de quejarse. Dejamos a Gustav en su casa porque él me lo pidió, y después llevé a Bill a la mía porque sabía que no iba a haber nadie en ella y Bill me dijo que en su casa hoy iba a estar su madre, y bueno, supongo que no sería muy agradable estar tres horas antes de que se acabe el instituto y encima con un gran moratón en la mejilla y el labio roto, ¿No?
– Si hiciera eso no podía ni siquiera mirar a nadie – murmuró mirándome, yo también le mire, y moje la gasa con alcohol. – Vamos, si siguiera las putas normas no nos hubiéramos conocido – y apreté de nuevo el alcohol contra la herida.
– Si hubieras seguido las reglas ahora mismo estarías en el instituto siendo el niñato invisible como siempre y yo estaría suspendiendo todas las materias, con mis amigos fumando en alguna esquina del instituto – murmuré – como siempre – dejé escapar entre mis labios, le quité la gasa del labio y me levanté del suelo donde estaba sentado para poder curarle ahora la mejilla. Hubo un incesante silencio mientras yo le daba la espalda a Bill y buscaba entre el botiquín otra gasa.
– ¿Prefieres eso? – susurro – Siento no ser como tus putos ideales y tus putos amigos quieren que sea, ¿Vale? Siento ser… ¡Raro! ¡Un bicho raro! Siento si no me gustan las fiestas, si no fumo un paquete de cigarrillos al día, si no suspendo todo, si no voy creyéndome el mejor del instituto o… Si no voy por ahí insultando a los demás – respiro por un segundo, antes de volver a hablar -. Pero yo soy así Tom, he nacido así y… Siento decepcionarte y no ser lo que quieres que sea, pero no voy a cambiar, ¿Me oyes? No quiero, ni puedo cambiar – dejé de buscar entre el botiquín y apoyé las manos contra la mesa, cerrando los ojos y suspirando. Pasaron unos segundos de un molesto y denso silencio, el cual se podía cortar incluso con un cuchillo enrobinado. Duró demasiado tiempo para mi gusto, por un momento no supe dónde quedaron todas esas buenas tardes con Bill entre risas y bromas, supongo que ahora mismo no era como una de esas tardes, ahora era… algo más serio, algo que sabía perfectamente que en algún momento sucedería después de estar tantos meses siendo «amigo» de Bill . – Ni siquiera sé por qué te he contado todo esto – susurro, con un tono de voz roto, mientras soltaba una corta y dolorosa risa -. Yo… mejor me voy – ni un músculo – Dile a tus padres… que me ha surgido un imprevisto y que no podré venir a cenar – no podía mover ni un músculo. Me quedé paralizado en la misma posición y escuche cómo Bill se levantaba de mi cama y recogía todas sus cosas antes de sentir una leve brisa cargada de su colonia impactar contra mi cuerpo cuando pasó por mi lado y salió de mi cuarto. – Nunca debiste haberte parado con el coche aquel día – lo dijo tan suave y bajo que lo logré escuchar de milagro, y gracias a ese puro silencio que inundaba absolutamente toda la casa.
No sabía qué pensar, mi mente estaba colapsada en ese instante, tan solo escuchaba una a una las pisadas de Bill mientras yo cerraba más fuertemente los ojos. Tenía que irse este sentimiento, sabía perfectamente lo que era, joder, y tenia que irse, tenia que irse…
Lo único que me hizo abrirlos nuevamente fue el leve portazo que escuché de la puerta principal.
Cuando vi que mi mejor amigo iba a impactar su puño contra Bill… Cuando vi a Bill en esa situación… Probablemente hubiera matado a Georg si no hubiera sido mi mejor amigo, hubiera saltado contra él, le hubiera tirado al suelo y después… Hubiera inundado mis nudillos de sangre. Pero tuve que recordarme dos veces que con quien peleaba era mi mejor amigo, y que si defendía a Bill todo el mundo empezaría a sospechar de mi, y justo en ese momento lo comprendí, joder, comprendí lo que sentía.
Todo el camino en coche estuve pensando, y me arrepentí 1000 veces de el o, pero miré a sus ojos 1001 veces más, y entonces todo rastro de arrepentimiento se esfumó.
Pero ahora… Joder, ahora que lo pensaba con claridad… Esto podría arruinarme la vida. Mis mierda de sentimientos podrían arruinarme la vida. Y… joder, ¿Estaba dispuesto a correr ese riesgo? Después de todo… ya había arriesgado mi reputación juntándome con Bill Kaulitz, el pringado y nerd del instituto. Si tan siquiera lo mantuviese oculto… ¿Lo iba a hacer?
Estaba más que claro que yo le gustaba a él, estaba claro que Bill Kaulitz era gay y que yo le gustaba. Y… ¡También estaba claro que a mí me gustaba él! Joder. Desde el día que me dio el beso en la mejilla comencé a dudarlo y plantearme esa idea de que quizá me gustaba un chico, pero hoy lo confirmo y… lo peor de todo es que es un chico, y encima el más pringado de todos.
A mí me gustaban las tetas, no los penes, tal vez fuese por su apariencia tan femenina… No lo sabía, pero nunca había sentido esto por ninguna guarra con las que me acostaba. Sabía que esto era diferente, y que Bill no me atraía físicamente como todas esas putas, me atraía su forma de ser y expresarse. Me gustaban sus ojos… como cantaba y… Oh, dios, me gustaba todo de él.
Suspire y tire al suelo el botiquín, a la vez que le daba una fuerte patada a la mesa, descargando toda la ira, pero ese sentimiento aún no se iba, nunca se iba a ir.
– ¡Joder! – grité. Todo sería más fácil si él fuera una chica, todo sería más fácil si no fuera un pringado y pudiera arruinarme la vida. Todo sería más fácil si… Joder, ¿Desde cuando me ha gustado lo fácil?
Tiré la gasa que tenía en la mano contra el suelo y entonces corrí fuera de la habitación, bajando las escaleras sin caerme afortunadamente y, después de suspirar un par de veces más, abrí la puerta principal.
No podía haberse ido muy lejos. Mire de un lado a otro y, cuando enfoque la vista al frente, vi que andaba muy lentamente por el jardín, andando raro, como el primer día que le conocí. ¿Se habría hecho daño en el pie en la pelea con Georg?
Dejé la puerta abierta y corrí por el jardín, el cual era totalmente diferente al de Bill, el que yo tenía estaba muerto y con malas hierbas, y el que tenía él, estaba simplemente lleno de vida y de un verde fosforito.
Supongo que el jardín de nuestras casas era una metáfora sarcástica de cómo éramos ambos de diferentes.
Corrí hasta estar junto a él, y sé perfectamente que me escucho, pero aun así siguió andando, o al menos lo intentó.
– Bill – murmuré su nombre y le agarré del codo.
– Me voy a mi casa, Tom. Suéltame – dijo, manteniéndose parado.
– ¿Andando? – pregunté, ya que su casa no estaba precisamente a la vuelta de la esquina.
– Como sea – volvió a demandar.
– Bill…
– Déjame, Tom, por favor – di un paso y me coloque frente a él, observando perfectamente que en sus párpados ya no quedaba rastro de maquillaje a causa de la humedad que desprendían sus ojos rojos. El giro su cara y se escondió de mi vista.
– Mírame – demandé ahora yo, Bill se mordió el labio inferior y, después de unos segundos de puro silencio, levantó su rostro y conectó sus ojos llorosos con los míos. Yo le solté del codo y dejé que se restregara los ojos contra la manga de su fina chaqueta y, cuando volvió a mirarme, colocándose bien las gafas, volví a ver sus perfectos ojos, y de nuevo sentí eso.
– ¿Qué qui…? – no le dejé terminar la pregunta cuando enseguida pegué sus labios contra los míos sin siquiera pensarlo, sin procesar lo que acababa de hacer, tan solo me di cuenta de ello cuando sentí un pequeño escalofrío junto a una electricidad que recorría mi cuerpo entero gracias única y simplemente por ese beso. Cerré los ojos y le agarré por la cintura, oh dios… Era el sentimiento más bueno que había llegado a sentir gracias a alguien. Sin duda no era el beso más espectacular de mi vida, pero sí el que hizo que algo en mi pecho se removiera.
Había merecido totalmente la pena correr el riesgo.
No llegamos a profundizar en el beso, tan solo fue casto y sin humedad de por medio, Bill temblaba contra mi cuerpo, inseguro. Me separé de él, pero nos quedamos cerca el uno del otro, Bill seguía con los ojos cerrado y tenía la cabeza gacha, sin mirarme. Me quedé callado con el pulso a mil por hora y entonces me di cuenta de lo que acababa de hacer, le había besado, oh dios, le había besado…
Tenía los labios entreabiertos y pude ver que abrió sus ojos lentamente, subió la cabeza sin llegar aún a mirarme, yo le solté de las caderas y entonces él se separó de mí. Fruncí el ceño y cuando me miró, supe que estaba llorando.
– ¿Bill? – pregunté extrañado, joder, ¿Había hecho algo malo? Él siguió mirándome y se limpió de nuevo con la manga sus húmedos ojos – Oye… –murmuré.
– Joder, cállate – sin duda no me lo esperé para nada cuando volvió a conectar sus potentes ojos brillantes contra los míos y también volvió a conectar su boca contra la mía, agarrándome de la nuca muy suavemente mientras yo volvía a agarrarle de la cintura. Yo fui el primero en abrir la boca y él siguió mis movimientos, dejando escapar nuestras lenguas, la suya más que inexperta, y después besarnos de una forma realmente tierna ya que me quedó más que claro que este era su primer beso. Joder, yo era el primer beso de Bill Kaulitz. Quizá para el resto sonara demasiado penoso, pero para mí, en ese preciso instante, sonó más que bien.
Sonreí y lo llevé sin separarnos a dentro de mi casa de nuevo, cerré la puerta con el pie y continuamos besándonos. Yo tomaba el control y cada vez los torpes movimientos de Bill iban siendo mejores, llegó incluso a morderme mi labio inferior, y algo me decía que Bill Kaulitz quizá, tan solo quizá, no era tan inocente como parecía. Sonreí en medio del beso y puse una de mis manos sobre su suave mejilla.
Me sorprendió descubrir que tenía un piercing en la lengua con el cual me encantó jugar. Pasé mi mojada lengua por sus labios y sentí el sabor a óxido de la sangre a causa de la herido que aún tenía en el labio.
Joder, ¿Cómo podía ser tan jodidamente tierno Bill Kaulitz incluso besando?
– Bill… – murmuré su nombre, agitado.
– ¿Mhmm…? – preguntó aún besándonos.
– Tu labio… – susurré.
– ¿Qué? – volvió a preguntar de nuevo, ahora dejándonos de besar.
– Tu labio, está sangrando – dije poniendo un dedo sobre esos labios rojos y húmedos y… Tan gustosos y perfectos. Él también lo puso justo donde yo toqué y se miró el dedo después, viendo la sangre que emanaba de su labio.
– Oh, mierda. Lo siento, yo… – murmuró con un tono más que rosado inundando sus mejillas y parte de su nariz. No dejaba de mirarle, y sonreí al verle tan tierno y saber, que esa gloriosa vista, tan solo había tenido privilegio de poder contemplarla yo.
– Creo que me gustas – susurré tan suavemente que me sorprendió que lo escuchara. Era la situación más embarazosa que había tenido en la vida, pero aún así no dejé de mostrar mi parte masculina y creída. Bill era la primera persona que me gustaba, que me gustaba cómo era por dentro… Y, ¿Para qué engañarnos? También por fuera. No me importaba realmente que me gustara un chico, tan solo me importaba lo que podría llegar a pasarme si me gustaba uno. Alzó la mirada y me miró, descubriendo que ahora había algo diferente en el brillo de sus ojos, algo aún más diferente que todas esas veces en las que creí ver algo más. Sabía que Bill tenía unas tremendas ganas de sonreír, pero tan solo mostró una pequeña sonrisa a causa de la vergüenza.
– Yo… ¿Desde cuando? Tú no eres gay, Tom – dijo, haciendo crujir sus nudillos.
– Ya lo sé – no sé, podría haber dicho otra cosa como «Tú eres el primer chico que me gusta» o «Eres la primera persona que me gusta y no para un rato», pero no, yo no era esa clase de tío cursi, así que no dije nada más que ese simple e insignificante «ya lo sé» que estaba muy lejos de ser cursi o romántico.
– Tú me gustas desde el principio joder, y precisamente no te decía nada porque sabía que tú ni siquiera me veías como un amigo. Oh, vamos, no podía ni acercarme a ti en el instituto. Y ahora vienes y me besas después de pegar a tu mejor amigo, y encima me dices que crees que yo te gusto.
– Es de locos, lo sé – murmuré -. Ayer – dije, recordando perfectamente la conversación.
– ¿Ayer? – preguntó confundido.
– Sí, ayer, cuando me dijiste que creías que estabas enamorado, ¿Era de mí?
¿Estás enamorado de mí?
– ¿Nunca te has enamorado? – preguntó – En el instituto siempre corrían rumores de que tenías muchas novias.
– No eran mis novias, solo era un ligue de unas semanas, pero para ser populares decían que eran mis novias. Siempre acabo cansándome de ellas y las termino dejando – dije – ¿Y tú? ¿Te has enamorado alguna vez?
– ¿Yo? – preguntó un poco dudoso, la línea se quedó en silencio durante un par de segundos para después escuchar la voz de Bill – Creo que sí – murmuró, y pude imaginarme que le salía una sonrisa de sus labios.
– ¿Y yo? ¿Soy tu ligue de unas semanas? – me sonrió con autosuficiencia y se pasó la lengua por la herida de su labio.
– Si le preguntas a alguna chica con la que salí si alguna vez le dije que creía que me gustaban, todas te contestarán lo mismo.
– ¿Que sí?
– Que no – le sonreí y él también me sonrió, entonces le sostuve mucho más fuerte de la cintura y chocamos contra la pared, antes de volver a juntar nuestros labios y comenzar a comerle la boca.
– Yo… Creo que sí estoy enamorado de ti – susurró en ese beso húmedo, ahora mucho más perfecto que el anterior. Bill aprendía rápido, y no solo en la escuela.
Hubiera estado besándole todo el día y parte del siguiente, sus besos siempre me habían sabido diferentes, siempre eran especiales.
El primer beso fue el que me quedaré siempre para mí, y el que sin duda recordaré toda mi vida.
Pero ahora, sabía que ese «Creo que me gustas» era sin duda un «Estoy jodidamente enamorado de ti».
Ojalá te lo hubiese dicho antes.
Ojalá no hubieses dejado de besarme.
Continúa…
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