«About money» Fic de LadyScriptois

Capítulo 4: Cuatro millones de euros

Todo lo que le sucedía era extraño. ¿No se suponía que debía temerle a Tom? ¿Qué le debía molestar que sea su dueño? ¿Qué quería alejarse de él, no adorar estar a su lado? Todo, absolutamente todo era bizarro y estaba mal. Eran hombres, no debía gustarle que Tom lo acariciara y lo besara, no debía gustarle Tom y tampoco debía sentir lo que sentía por él, pero no podía evitarlo.

—Iremos un par de días a Alemania. – le explicó durante la deliciosa cena que le preparó su pelinegro. —Y visitaremos a tu madre.

— ¿En serio? –  preguntó sin poder creérselo.

—Sí. – afirmó sonriendo ante la expresión de Bill.

—Pero…  Yo pensé que no…. pensé que no querías que volviera con mi familia. – confesó con dificultad.

—Con tus tíos no, pero es tu madre. ¿No te alegra verla?

—Sí, sí. – afirmaba frenéticamente.

—Pues, terminamos la cena y empacamos. ¿Te parece?

Y Bill creyó entender porque empezaba a querer a su propietario. 

&

—Pero aquí no es. – le informó a Tom cuando supuestamente llegaron a donde vivía su madre.

—Sí, lo es. – intentó ocultar una sonrisita que buscaba eliminar su semblante serio, pero siempre le sucedía estando junto al menor. — Bajemos, apuesto que nos está esperando.

Bill  lo miró confundido, pero antes de decir algo, el joven mafioso bajó del auto.

Con Oli en sus brazos entraron al lujoso edificio, uno de los pocos que había en aquel pueblo, y más dudas llegaron a su cabeza. ¿Cómo su madre podría estar viviendo en un lugar así? Creía firmemente que era un error cuando salieron del ascensor y se dirigieron a una de las tantas puertas del piso.

—Me sigues la corriente.

— ¿Qué? No. Tom, no creo que sea mi mamá. – le dijo cuándo su acompañante golpeó una blanca puerta.

—Espera. – le pidió.

—Pero, Tom…– sus palabras murieron cuando una linda rubia de al menos cuarenta años abrió la puerta, brindándole una cálida sonrisa y ojos conmovedores.

—Bill…Mi pequeño… – le abrazó desesperada y añorando a su bebe.

—Mami…– le correspondió lagrimeando y provocando una conmovedora escena para el trenzado, que sonrió ante esa sensación de hacer feliz al pelinegro.

—Mira que perrito tan lindo. – acarició la rubia a Oli que contento ladró en lo que su corta edad le permitía. —Y tú, debes ser Tom. – le sonrió al trenzado.

—Un placer, señora. – le devolvió el gesto tendiendo su mano, pero en cambio recibió un abrazo por parte de Simone.

—Gracias. – le brindó y su hijo le miró confundido.

—A usted por permitirme estar al lado de Bill. ¿Verdad, cielo? –  le miró y el pelinegro juró que su impresión lo dijo todo, ya que su madre lo miró interrogante y Tom desafiante.

—Si… sí. – dijo por fin sin entender nada y recordando las palabras del trenzado.

Se adentraron a aquel apartamento que no desentonaba con los demás con respecto a los lujos y comodidades, y que por alguna razón le recordaba mucho al estilo sobrio, moderno y elegante con el que las residencias de Tom estaban decoradas.

—Mamá…– le llamó. — ¿Esto? – preguntó refiriéndose a la estancia luego de darle un juguete al perrito quien se fue a un rincón a morderlo.

—No te había podido contar, bebe. – contestó emocionada y tomando su mano hasta dirigirlo al sofá. — Toma asiento. Tú también Tom. – ofreció sentándose al lado de su hijo.

— ¿Y?… – volvió a preguntar.

—Fue, no sé. – hizo un gesto de no entender, pero feliz. — Coloque un anuncio en el diario de empleada doméstica y me contrataron para el mantenimiento de este apartamento, pero nunca venia aquí nadie, siempre estaba solo. – relataba. — Pero luego un día, mientras limpiaba el lugar, llegó el dueño, durmió aquí unos días y me pidió que por favor cuidara este apartamento por unos meses, ya que el saldría del continente. ¡Imagínate Bill! – contaba emocionada. — Me pidió que viviera aquí ese tiempo y lo mantuviera como si fuera mi hogar. ¡Me pagan por vivir aquí! Y además, todas las cuotas de condominio y servicios las paga el señor Schäfer.

—Me parece extraño. – le manifestó a su madre. — Habla con ese señor, dile que no puedes trabajar más aquí.

—A mí me parece bien la idea. – le detuvo Tom. — Conozco al señor Schäfer. – le sonrió a Bill y luego enfocó su vista en Simone. — No es un hombre malo.

— ¿Ves, Bill? Tu novio lo conoce. – recalcó entusiasmada.

— ¿Mi novio? – preguntó confundido. — No, no… ¿De dónde lo conoces? – eso era más importante para Bill, y algo le decía que el trenzado estaba metido en todo eso.

—Claro, tú también. Un señor rubio – le decía despacio para que el pelinegro procesara. — Gafas gruesas, negras. – enfatizó. Eso era lo que más caracterizaba a Gustav entre todos sus hombre.

—Tom…– susurró al entender quién era el señor Schäfer.

—Recordaste. – fingió sorpresa y besó castamente a un conmocionado Bill.

—Que bellos se ven juntos. – aplaudió Simone la escena haciendo que los colores del menor se encendieran.

—Mamá, Tom y yo debemos hablar a solas. – pidió un poco cohibido, no quería que su madre pensara algo que no era con eso de que eran novios.

—Claro, cielo. Al fondo esta su habitación.

—Cuida a Oli. – le pidió.

Bill juró haber escuchado su habitación, pero sabía que ese era solo un detalle más en aquello que no entendía

— ¿Que tienes que decirme, amor? – le preguntó cuándo estaban a solas y probando lo cómoda que se veía aquella gran cama.

Definitivamente tenía buen gusto.

—Tom…– le reprendió. — ¿Qué está sucediendo? – preguntó firmemente en lo que sus adorables mejillas y ojos confusos le permitieron.

—Parece que compartiremos cama. – se desentendió.

— ¿De dónde conoces a mamá? ¿Por qué está viviendo en el apartamento de Gustav?

—No es de Gustav, era mío. – corrigió.

—Tom, explícate, por favor.

—Eso. Tu mamá trabaja para el dueño del apartamento, aunque el dueño no sea Gustav y tampoco sea porque está de viaje.

— ¿Por qué lo hiciste?

—Tu madre no estaba en una buena situación. – le explicó con seriedad. — El apartamento está a su nombre. – finalizó.

—No. – se negó el peliliso. — No lo va a aceptar.

—Bill, es un regalo.

—No lo queremos. – rechazó.

—Tu madre no tiene trabajo, la casa que compró es deplorable, le robaron el único dinero que tenía y apenas le alcanza para comer.

—Yo la ayudaré. – aseguró.

— ¿Tu? –  cuestionó con una ceja enarcada. — ¿Cómo? Ni siquiera puedes estar aquí. – le recordó.

Los ojos del menor se cristalizaron al aceptar que Tom tenía razón y que no podría hacer nada.

—Acepta. – se acercó acariciándole sus cabellos suavemente y limpiando una lágrima que se escapó. —Sé que te preocupas por ella y con esto estarás seguro de su bienestar y no le faltara nada, mientras tú estés conmigo.

—No puedo Tom, ya no quiero deberte nada más. – le confesó. — Y cuando solvente lo que te debo no quiero seguir en deuda contigo. – explicó con sus mejillas ya húmedas.

—Está a nombre de tu madre. – le recordó. — No me deberán nada… Y cuanto tú te liberes, podrás ayudarla y pagar los servicios o lo venden, no sé, es vuestro ahora. – Bill lo miró con el desconcierto plasmado en sus ojos. Tom lo estaba ayudando en el ahora y velando por su futura estabilidad. — Por favor. – rogó. — Acepta.

—No sé qué decirte. – suspiró. — Gracias. – concedió pensando también en su madre, lo abrazó y recibió un besó en sus calientes mejillas. —Y…

—Lo sé. – adivinó lo que preguntaría ahora el peliliso. — Georg le dijo a tus tíos que huiste con tu pareja. – le explicó abrazando al menor. — Tu madre se enteró y me justifique con eso para hablar con ella, le pedí hacerle una visita y aquí estamos. – confesó con sonrisa de niño que acaba de cometer una travesura.

—Gra… gracias. Nuevamente.

—Y tenemos al parecer dos años juntos. – rio causando lo mismo en Bill.

— ¿Dos?

—Sí, eso lo dijo Georg. 

&

— ¿Y porque no me cuentan cómo les ha ido? – cuestionaba curiosa Simone durante la cena que ella había preparado para su hijo y yerno.

—Bill va muy bien en los estudios. – respondió con una mentirita.

— ¿Y tú a que te dedicas? – interrogó interesada.

—Al negocio familiar.

—Oh, que interesante. ¿Y qué edad tienes?

—Veintiún años. – informó.

— ¿Y estudios universitarios?

Bill se sentía apenado por el interrogatorio que le estaba imponiendo su madre a Tom, y lo más asombroso de todo es que el trenzado se comportaba como todo novio que buscaba agradar a la familia de su pareja.

—Sí. Administración de Empresas y otro título en Economía Internacional. – reveló para asombro de los otros dos. El pelinegro no sabía aquello. —Estudie en Austria, cuatro años cursando ambas carreras simultáneamente. 

—Tan joven. – suspiró Simone. — Que buen partido, Billi. – le susurró, o esa fue la intención ya que Tom lo escuchó y sonrió satisfecho. 

&

—Tu mamá parece más tranquila. – comentó saliendo del baño de la habitación que compartiría con el menor. — Cuando hable con ella estaba bastante preocupada y sorprendida al mismo tiempo. Estuvo difícil explicarle la situación.

—Si… Fue bueno visitarla. – dijo pensativo acariciando a un juguetón cachorro. — Ve a dormir, Oli. – le pidió acariciando su cabecita peluda y el perrito hizo caso yendo a la cama que habían llevado sus amos para él.

El menor recordó la plática a solas que tuvo con su madre hace minutos. No había sido lo más sorpresivo la vivienda, el regalo, no. Era como su madre aceptaba aquella unión homosexual. 

¿No tienes nada que decirme? – preguntaba tímido luego de ducharse y aprovechando que Tom y Oli estaban distraídos jugando.

¿Con respecto a que, cariño? – acarició sus manos.

¿La iglesia, Adán y Eva, Tom?

¿Lo amas, no es así? Lo veo en el brillo de tus ojos cuando lo miras y el rubor constante cuando está a tu lado. 

¿Lo amaba? Amaba a Tom. Esa situación en la que se encontraban, siendo de él; lo mucho a lo que podía ser obligado, sin embargo era cuidado y protegido; el beso de aquella noche y lo mucho que sentía su ausencia.

Si…

No hay nada más sagrado que el amor. Dios no juzga a quienes aman de esa forma tan pura.

¿Entonces…?

Entonces, permítete amar a Tom. Como tu corazón lo quiera, cariño. 

¿Permitirse amar a Tom?

Su madre estaba bien cuidada gracias a ese hombre que hacía lo mismo con él, y el que le atraía y gustaba mucho, el que despertaba muchas sensaciones en sí y que aceleraba su corazón.

—…Schäfer, ¿Cómo estás?… Bien. Sí. Prepara el jet para mañana a primera hora. Gracias. Que tengas buenas noches. – finalizó la llamada que había sacado de su pensar a Bill.

— ¿Nos iremos mañana? – preguntó.

— Sí. Pasaremos al menos una semana en Francia.

— Viajas… Viajas mucho.

—Es lo malo de este negocio. – le comentaba, mientras acomodaba algunas almohadas en el sofá de la habitación. — Pero ahora es más divertido cuando me acompañas. – le confesó y se tendió en el mueble para dormir.

— ¿Dormirás en el sofá? – le preguntó observando a Tom y luego al inmenso espacio que quedaba a su lado.

—No hay otra habitación. – razonó en un bostezo.

— ¿No es incómodo?

—Está bien.

—No estás acostumbrado a dormir en lugares como ese. – alegó.

—Buenas noches. – puso fin.

Bill apago la luz, pero no podía dormir.

—Hay mucho espacio acá. – informó tímido y no recibió respuesta. Pensó que estaba durmiendo, pero luego escuchó como se removía. — Tom…– llamó casi con las mejillas sangrantes por la forma en la que le insistía al trenzado para que fuera con él a la cama.

—Descansa. Mañana tenemos que viajar.

—Ven. – pidió tomando valor.

—Aquí estoy bien.

Tom disfrutaba que le rogara el pelinegro. Si ya lo quería o le permitía que estuviese a su lado era porque estaba ganando su confianza. Y su deber era proteger al menor ¿No? Aunque ya no era un deber para él, era un deseo, y necesitaba mucha confianza del pelinegro para poder seguir haciéndolo por al menos unas semanas más, ya que si bien, los hombres de Dan no merodeaban tanto, sabía que aún estaban allí, esperándolo.

— ¿Qué haces? – se sorprendió cuando sintió un cuerpo delgado buscar recostarse entre sus brazos.

—Dormiré aquí también. – se impuso.

—Ve a la cama. – le dijo sonriendo.

—Ven conmigo. – le pidió y antes de que el mayor concediera su suplica, sus labios fueron capturados, captura a la que se entregó gustoso. 

&

Llegaron a Francia en altas horas de la tarde, casi al anochecer.

—Peter, llévanos a un restaurant, por favor. – le pidió a su chofer y volvió a su posición al lado de Bill. —Has estado callado. –señaló, aunque el pelinegro tampoco era de mucho hablar. — ¿Te sientes enfermo? – se preocupó tocando su frente.

Sucedía que el menor no estaba acostumbrado a viajar tanto y mucho menos a los repentinos cambios de climas a los que había estado sometido en los últimos dos meses, por lo que algunas veces padecía algún malestar y Tom siempre estaba alerta.

—Estoy bien. – le regaló una cálida sonrisa al trenzado, de esas que eran exclusiva para aquel hombre.

—Iremos a cenar, ¿Quieres hacer algo luego? – cuestionó. Quería complacer a su pequeño.

—Lo que tú quieras está bien. – aseguró.

—Podemos ir al teatro o de compras. Hay linda ropa aquí, tal vez quieras algo.

—El teatro estará bien. – escogió a conocimiento de lo mucho que le gustaba a su dueño el arte.

Era  un país donde predominaba el arte, el diseño y la alta costura, así que, aunque no era lo primordial para el joven níveo, y luego de ir a cenar y ver una obra, el primogénito Kaulitz decidió hacer una visita a diversos diseñadores donde compró la más exquisita y fina ropa para ambos y algunas cosas para el cachorro, además de algunos accesorios, perfumes y maquillaje. 

&

—Nunca imaginé que a los mafiosos les gustara la moda. – comentó mientras colgaba la ropa nueva comprada.

Era un aficionado al orden y lo disfrutaba, así que le entretenía mucho desempacar la ropa, tanto la suya como la de Tom.

— ¿Mafioso?– le preguntó el aludido abrazándolo por la espalda y apoyando su mentón en el hombro del más bajo.

—Disculpa. – se avergonzó. —No quise ofenderte. – se excusó.

—Oli, me harás caer. – le regañó haciendo reír a Bill.

Sucedía que Oli era un cachorrito muy cariñoso, y pensaba que si sus dos amos se daban cariño él también podía participar.

—No me ofendes. – continuo luego que el chucho se rindió y fue a beber agua. — Lo soy. Y pues, supongo que soy un mafioso moderno. – hizo que el otro se girara y besó sus mejillas encendidas.

—Eres muy joven…– apuntó. — Y… Lo de la universidad en Austria, ¿Es cierto? — preguntaba con curiosidad.

—Sí, te mostraría los títulos, pero están en la casa de allá.

—Y, ¿Por qué? Es decir, ¿Por qué te dedicas a esto? – seguía interrogando. Tom lo abrazó más y rio ante tanta curiosidad del menor. —Perdón. – dijo rápidamente. — No debes responderme… Yo… Lo siento. – el menor sintió la temperatura en su rostro y esquivó la mirada del mayor.

—Está bien. Es el negocio familiar. Papá comenzó muy joven y logró dominar toda Europa. Alguien debía continuar con esto. – se explicó.

— ¿Y a ti te gusta? – no pudo evitar preguntar.

—Claro. De no ser así no hubiese estudiado para ello, porque aunque no lo creas, en estos tiempos, para controlar la mafia de todo un continente, que es bastante, se necesita mucha preparación.

—Pero, ¿Y tu familia?

— ¿Mi familia? La conocerás mañana. – le informó y se entregó a besarlo. 

&

Bill estaba nervioso, muy nervioso. Conocería a la familia de Tom, y no era solo eso, era que por alguna extraña razón quería agradarles.

—Te ves hermoso. – le halagó besando castamente sus labios y provocándole un lindo rubor.

Usaba su cabellera lisa junto a una moderna americana negra y sobre ella un lindo collar plateado; jean oscuro ceñido y unas botas de cuero y tacón fino. Terminaba de maquillarse cuando el trenzado lo besó y una duda se plantó en él.

—Tom… ¿Tu familia, sabe?

— ¿Qué cosa? –  le preguntó, mientras intentaba de ajustar el nudo de su corbata morada.

—Sobre mí. – decía jugando con el tubito de cristal del brillo labial que acaba de aplicarse.

—Sí. Ayúdame con esto. Siempre sufro con las corbatas nuevas. – se acercó a Bill.

El menor la anudó correctamente y reparó en que su dueño se veía muy bien con aquella camisa lila y pantalón negro.

—Perfecto. – le aduló al menor luego de verse al espejo. —Nos están esperando. 

&

Jörg miraba con asombro al chico, era más hermoso de lo que esperaba y su esposa, Rocío, también pensaba lo mismo.

— ¿Es el novio de Tom? –  le preguntó a su esposo sonriente cuando vio al joven que acompañaba a su hijo.

—No, es el hijo de Gordon. – le respondió sin perder la sonrisa de los labios para que los otros dos no notaran que hablaban de ellos.

—Oh…– rio por la confusión.

—Pero se ven bien juntos, ¿No crees? – le cuestionó a su esposa.

—Sí. Es adorable.

Los esposos Kaulitz detuvieron su plática cuando su hijo llegó a la mesa con un tímido Bill.

—Hijo. – le estrechó la mano y luego lo abrazó.

—Papá. ¿Cómo han estado? ¿Cómo llevan las vacaciones? – soltó a su padre y abrazó a su madre depositando en su mejilla un beso.

—Muy bien, cariño. ¿Tu? – le respondió Rocío.

—Lo mismo digo. Mamá, él es…– decía con intenciones de presentar al pelinegro.

—Bill. Eres tan lindo. – se adelantó la señora provocando un sonrojo en el menor.

—Gracias, Señora. – decía sonrojado.

—Oh, dime Rocío. – pidió. — Y él es mi esposo, Jörg. – le presentó.

—Un placer Señor Kaulitz.

El almuerzo al principio fue incómodo para el menor, pero el matrimonio intentó siempre no desagradar al invitado, hasta que lo consiguieron y Bill empezaba a participar más en la conversación

Rocío y él se llevaban muy bien, y mientras los otros dos se marcharon a la terraza del restaurant para fumar, ellos se quedaron hablando sobre un libro que ambos habían leído. 

&

— ¿Cómo va todo con el chico? – le preguntó su padre.

—Dan aún tiene interés, siguen llegándole compradores, ofrecen bastante, pero ya no ronda tanto como antes. Supongo que dentro de poco podrá volver a la normalidad.

— ¿A la normalidad? – cuestionó con una ceja enarcada el adulto.

—Algo así. – rio.

Su padre tenía razón, mientras el siguiera vivo, Bill no tendría una vida totalmente normal. 

— Le he regalado un apartamento a su madre y allí vivirá él. Dos de sus vecinos serán gente de nosotros que se encargaran de su seguridad, continuara su vigilancia a distancia y como quiere vivir con su madre estudiara en la universidad de la localidad. Ya se están haciendo los trámites.

—Está muy bien. Además, ahora que él ya sabe de nosotros podremos ofrecerle ayuda más directa.

—Sí, supongo que podremos intervenir más. – contestó perdido en el humo de su cigarrillo.

No le agradaba mucho hablar de cuando no estuviera con el menor.

—Tengo curiosidad ¿Sabes? Como has hecho para que siga contigo, ya van dos meses y en vez de parecer obligado, parece que le agrada estar contigo, corrección, parece que les encanta estar juntos. – hizo énfasis en la última frase.

—Un trato donde establecí que tenía que solventar lo que pagué por él y le presenté una alternativa. Nunca la aceptó o rechazó, creo que hasta la olvido, pero entendió que no puede irse sin pagar su deuda y creo que con el tiempo me he ganado su confianza.

— ¿Y si no logra pagarte?

—Sera mejor para ambos. – sonrió. — Podre seguir cuidando de él, tengo planes también en esa alternativa. Y en caso de que lo haga, bueno, ya te comente, no pretendo abandonar lo que me pediste.

Jörg notó agrado en Tom cuando hablaba del hijo de su difunto amigo, nostalgia cuando se hacía referencia a su posible ausencia y alegría al comentar que estaría con él por un tiempo más.

No sabía de qué iba totalmente el trato, pero suponía que era de esos doble filo que solía tramar su inteligente hijo. Siempre se basaban en una salida rápida, pero arriesgada y en algo que le favorecía a Tom.

Continúa…

Gracias por leer

por Lady Scriptois

Escritora del Fandom

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