«Apostemos» Temporada I

Capítulo 12.- Toda la noche

By Bill

— Ya, no estoy en el estudio para continuar con el tema. — me quejé mullendo un poco la almohada y recostando mi cabeza.

— Tú empezaste.

— Sólo te comenté que la cría ni se movió, fue todo.

— Vale, vale. — suspiró y no dijo nada más, a lo que yo me extrañé.

— Es tiempo de que te vayas, ¿no crees? — lo miré dubitativo.

— No hay ganas.

— Es mi cuarto y es tarde.

— Lo sé.

— Lárgate, Thomas.

— Qué directo eres. — murmuró fingiendo tristeza. — Tengo algo para contarte. — Se separó de la pared donde reposada su espalda hasta el momento y caminó con ánimos hacia la cama donde yo estaba acostado.

— Sé breve, aún tengo que cambiarme.

— Georg vino a hablarme. Digamos que quiso advertirme acerca de ti. — casqueé la lengua.

— Últimamente soy tema de conversación de varias personas.

— Pero me hizo pensar, ¿sabes?

— Oh, demonios, Georg es milagroso. ¿Qué pensaste?

— Pensé que quizás sigues siendo el niño que eras cuando me marché. No quiero que llores de nuevo. — Se encogió de hombros, con gesto burlón.

— ¿Qué acabas de decir, imbécil? — interrogué en un violento susurro, en su oído. — ¿Quieres ver si sigo siendo ese niñito? — asintió con los ojos cerrados y bajé la mano lentamente hasta más debajo de su pecho, sin romper el contacto en ningún momento. — Estás jugando con demasiado fuego.

— Puedo controlarlo, descuida.

— Yo no estaría tan seguro. — apreté el cuello de su remera en mi puño, haciendo que bajara la mirada allí y sonriera atento a mis palabras en su oído. — No pudiste una vez, no podrás ahora.

— ¿De qué vez hablas?

— De cuando te marchaste. Te fuiste por cobarde, no pudiste con lo que sentías.

— Jaja… así que de esa teoría te has mantenido todo este tiempo.

— Para nada. Te conozco y es todo lo que sé.

— No me conoces ni un pelo.

— Sí. Créeme, te conozco demasiado.

— ¿Cuánto?

— Lo suficiente para saber que aún te vuelvo loco. — Negó riendo.

— ¿Tan importante eres?

— No sé si es importante la palabra, pero algo parecido.

— Qué ingenuo.

— Domino en tu cabeza todo el tiempo, Thomas. ¿Crees que no me doy cuenta? — Borró su sonrisa. — Puedo asegurarte que, si pasaba algo entre nosotros esta tarde, sí funcionabas. — Lamí su cuello hasta el lugar por donde me oía, mordiendo su lóbulo con suavidad y tirando de él. Una de sus manos fue a dar con mi rodilla, apretándola. — ¿Y sabes por qué eres más débil que yo?

— A ver… te escucho.

— Porque, por muchas ganas que yo tenga de ti, puedo controlarme. ¿Tú puedes?

— Claramente sí.

— Sólo con unas cuantas palabras sucias al oído ya te tengo devorándome. — Volteó la cabeza hacia mí, mirándome fijamente a los labios.

— ¿Y eso me hace más débil que tú? ¿Un simple polvo? — Ouch. — Dolió, ¿no? Te duele todavía.

— Te encantaría que me doliera. Te encantaría que me importen tus palabras, tus actos y hasta tú. Pero no, Tom. Lamento decirte que nada relacionado a ti me interesa. — Sonrió ampliamente.

— Me vuelves loco con esa actitud de puta resentida. — Mordió su labio inferior e hice chocar mi piercing en mis dientes, reteniéndolo en el exterior de mi boca por un instante.

— Lo sé. — Rió y se arrimó para plantar un beso en mi boca, pero me hice hacia atrás, mirándolo divertido. — La apuesta… ¿qué hay de eso?

— A la mierda la estúpida apuesta.

— Ganaré. — recordé.

— ¿Crees que yo no? — reímos al unísono y, ahora sí, me atrajo por la nuca a su boca desesperada. Yo lo tomé por las mejillas, ladeando la cabeza al instante y comenzando a jugar con nuestras lenguas sin perder tiempo. Su cuerpo se movió con lentitud y cuidado de no molestar en la acción, volteándose para así quedar con su rodilla derecha sobre la cama y su otra pierna apoyada en el suelo. De este modo quedamos enfrentados y con más acceso al cuerpo contrario. Sus besos… ¡carajo, sus besos! Terrible experiencia combinada con las urgentes ganas de devorarnos y consumirnos en la cama la noche entera. Acariciaba todo mi interior, moviendo de un lado a otro mi perforación, deslizándose por mi paladar y saliendo de vez en vez para delinear el contorno de mis labios o para morderlos también.

Bajé mis manos a su cuello, presionando con la yema de mis dedos apenas, sin dañarlo. Continué con su pecho, estirando la prenda que lo cubría de paso. Le tenía demasiadas ganas.

— Me pregunto por qué eres tan deseable.

— Porque soy prohibido. — Colé mis manos bajo su camiseta, acariciando con deleite la piel de su abdomen. — Te encanta lo prohibido. — Continué subiendo mis manos debajo de la prenda que me impedía verlo en su totalidad y sentirlo. Apoyé mis manos abiertas en su totalidad sobre su pecho, indicándole que se echara más hacia atrás y así poder subirme sobre su regazo.

— Joder, sí. Amo cuando estás arriba. — Fui a por su cuello, comenzando a besarlo y a chuparlo con suavidad para hacerlo desear más y más.

— Amo tu perfume. — susurré aspirando su aroma y acariciando su abdomen con la punta de mis dedos.

Mordí su piel y estiré un poco de ella sabiendo lo mucho que le gustaba eso.

— Sácate toda esta mierda de ropa de una vez, Bill. — Me alejé de su cuello para mirarlo a los ojos.

— Sácamelo. — Sin pensárselo dos veces empezó a desprenderme la camisa con manos veloces. Y aunque estuviera con sus manos en mi ropa, sus ojos no se despegaban de los míos. Era como si estuviéramos hablando en ese preciso instante a través de nuestras miradas. Llenas de deseo, de malicia y de dominio sobre el otro. — ¿Qué quieres hacer esta noche, hermanito? — pregunté divertido mientras me sacaba por completo la camisa inservible y me sonreía. Ahora iba por mis pantalones, pero sólo jugó en el borde de la parte frontal.

— Hacértelo una y otra vez hasta quedar sin fuerzas. — remojé mis labios y no pude evitar volver a besarlo.

Comencé a moverme de adelante hacia atrás cuando sus manos así me lo exigieron tomándome por la cintura. Bajó por mi mentón con su lengua llena de saliva de ambos, dejando un camino totalmente mojado hasta mi nuez. Yo eché mi cabeza hacia atrás y cerré los ojos soltando un jadeo cuando se puso a repartir besos por mi piel. Me enderecé más para que lo hiciera por mis hombros y pecho. Me estaba enloqueciendo.

— ¿Sabes?, cuando estaba con Richael, esta tarde, conseguí calentarme por un momento.

— Ah, ¿sí?

— Te imaginé a ti. — confesó — Te imaginé desnudo conmigo… tu piel — acarició mis brazos desde los hombros con delicadeza. Alzó la mirada y se encontró con mis ojos viéndolo con atención, esperando expectantes a que siguiera. —, tu boca, tu pelo, todo. — Mordí mi labio inferior y empecé a desabrochar mis propios pantalones sintiendo que ya no podría esperar mucho tiempo más.

Me ayudó guiándome al colchón para sacármelos él mismo sobre mi cuerpo.

— He estado con tantas personas — Terminó de desabrochar el pantalón con lentitud, luego acarició mi abdomen ocasionándome un brusco estremecimiento. —… pero nadie como tú.

— Tom… — gemí transformando mi rostro sonriente en una mueca de placer algo impaciente, estirando mi cuello y enterrando la nuca en la almohada.

— También te encanta. — metió sus dedos por el borde de mis pantalones, tirando de ellos y dejando un poco más expuesta mi piel. Levanté las caderas, incitándolo para que me desvistiera completamente.

— Sólo hazlo… — Deslizó la prenda suavemente, llegó a mis pies, donde se topó con las molestas botas de taco bajo. Las sacó y se oyó el ruido que provocó al chocar contra la madera. Volvió sus manos al borde de los pantalones; pasó por mis pies y me sentí desnudo frente a sus ojos. Totalmente desnudo.

— Esta noche sólo somos tú y yo. — Su mano entera rodeó mi pene casi erecto, pero que no dudaría en estarlo en cuestión de minutos gracias a su sola presencia. — Sí, sí… — Volvió a subir a la altura de mi estómago y bajó a él, reposando sus labios húmedos en mi piel. El sonido que produjo aquello me enloqueció. — Hoy enloquecerás varias veces. — bajé la mirada atónito, pareciera que leía mis pensamientos.

Clisó su mirada con la mía, sonrió y su lengua participó de un sensual lamido en donde había besado anteriormente. Deliñó con su lengua el tatuaje de estrella en el que todos suelen perderse hasta enloquecer, pero esta vez era yo quien se perdía entre las sensaciones tan placenteras que sus manos y su boca entera, me estaban haciendo experimentar. Esto arrancó múltiples jadeos y gemidos de mi garganta mientras emergían con más fuerzas las ganas de tenerlo dentro mío, haciéndonos una sola persona durante algunas horas.

Continuó punta por punta con su lengua, y a medida que mis gemidos y jadeos aumentaban de volumen y velocidad, sus ganas parecían chocar contra el techo del cuarto. Oía su respiración acelerada mientras ejercía su tarea con la máxima concentración en mis gestos.

— No debes volver a hacerme esperar de este modo. — murmuró y subió a mi boca rápidamente, sin dejarme contestar a ese planteo sorpresivo que no esperaba. Sólo me quedó responder a ese beso apasionado y desesperado con mi lengua mientras oía su bragueta bajar. Acaricié su espalda sobre la prenda que aún tenía y que empezaba a mojarse por el sudor y tiré de ella por el borde. Molestaba de sobre manera.

Su boca rozaba la mía, pero la cercanía se rompió cuando se quitó la camiseta con desespero y la lanzó a algún sitio incierto en el cuarto.

Mordí mi labio inferior sin interés en continuar con la charla. Sólo quería sentir el sabor de su piel cuanto antes; era como una droga que busca el adicto. Yo que sé de eso puedo asegurarles que es igual. No te alcanzan los minutos o las horas que estés disfrutando de esa droga, siempre quedas insatisfecho y esperas por más, como si jamás la hubieras poseído en su totalidad. Crees que siempre se puede disfrutar un poco más y mueres por corroborar esto.

— Esta ha sido una estúpida apuesta. — Me senté de un momento a otro en mi lugar aprovechando que él se encontraba totalmente erguido entre mis piernas abiertas. Ahí, con su pecho frente a mí, no me privé de proporcionarle un guarro y descuidado lambetazo a la transpiración que le chorreaba. — ¿De qué ha servido, ah? He pasado días sin sexo por culpa de todo esto.

— A mí me sirvió para reafirmar mis teorías acerca de lo vulnerable que eres — Acaricié con mis manos sus brazos marcados y mordí con fiereza la piel del principio de su abdomen. Gruñó bajo sin alejarse o detenerme. —, y a ti te sirvió para estar más caliente que una pava esta noche.

— En ese sentido también te beneficias tú.

— Claro. — Sonrió y me tomó por el cabello, haciendo que alce la cabeza lo más que pueda, pero sin llegar a su altura. Simplemente observándolo.

— ¿Qué será lo que me tiene tan obsesionado contigo? — remojé mis labios. — ¿Será porque somos hermanos, o por lo cambiado que estás? — Con la mano derecha comencé a manosear el bulto en sus pantalones. Joder, estaba totalmente duro.

— Así que no conseguiste olvidarme una vez que te fuiste.

— Vas muy rápido, nene. — Se mordió el labio con saña a partir de los movimientos en mi mano. Me puse en plan de desabrochar sus pantalones, ansioso de ver su polla totalmente erecta. — Acuéstate.

— ¿Tan así? — reí abandonando mi tarea cuando sus dedos ansiosos me reemplazaron.

— No doy más, pequeño. — Hice caso a su pedido volviendo a recostar mi cuerpo en el colchón, consiguiendo un hermoso panorama de su pequeño show de striptease.

— ¿Y si me echo para atrás ahora?

— No puedes. Estás tan o más caliente que yo. — Miró mi paquete con una ceja alzada.

— Lo admito. — Sonrió triunfante bajando sus jeans y dejando a la vista su hombría imponente frente a mis ojos y toda para mí. — Tom…

— Te gusta.

— Me encanta. — dije embobado y por demás caliente.

— ¿Viste que sí funciona?

— ¿Y qué pasó con la puta esa?

— Me aburrí. — Dio unos pasos con sus rodillas, liberándose por completo de los pantalones y tirándolos al final de la cama. — Llega un cierto momento en donde te aburres de ciertas personas.

— Me sentí indirectamente tocado. — Hice morritos y sonrió apoyándose a ambos lados de mi cabeza, con sus manos hechas puños. Rozó sus labios con los míos, sin hacer la menor fuerza; acariciándolos.

— Ya me cansé de ti una vez… quizás suceda de nuevo. — Reí clavando mis uñas en su espalda y remojándome los labios, tocando con la punta de mi lengua los suyos que tan próximos se encontraban.

—- En realidad nunca te cansaste. — Me besó fugazmente haciendo un sonido dulce, pero mirándome de una manera apasionada. — ¿O cómo se explica que hoy estés encima de mí, a punto de follarme como un demente? — Sonrió y sin decir palabras que negaran lo recientemente dicho, llevó una de sus manos hacia la parte baja de su cuerpo. — Amo tener la razón en todo momento. — dije al fin. Rodeé su cintura con mis largas piernas, esperando recibir la penetración que empezaría un inconsciente viaje a la locura, placer y el pleno goce.

— Aquí vamos… — La punta presionó en mi entrada mientras echaba su cabeza hacia atrás. Su cuello quedó totalmente expuesto a mi mirada y se pudieron notar los chupetones que me encargué de hacerle. Alguien se molestará mañana en el estudio cuando lo note.

— Oh… sí, sí…

— Joder, Bill. Amo lo caliente de tu cuerpo. — Apreté las sábanas a ambos lados de nuestras figuras. La cama ya estaba totalmente desarreglada, nuestros cuerpos comenzaban a mojarse y nuestras respiraciones estaban empezando a desesperarse más de lo común, llegando al punto de necesitar más y más oxígeno.

Una vez totalmente adentro, bajó de nuevo la cabeza y clavó su mirada en la mía. Si uno no lo conociera en momentos como este, pensaría que estaba a punto de matar a quien tiene enfrente. Cargada de lujuria, asemejándose al odio.

— Muévete, Tom… no aguanto más. — Se acercó más a mi boca, sonrió y lamió mis labios de una manera casi asquerosa que… me encantó.

— ¿Cómo lo quieres, hermosura? — Con una de sus manos recorrió mi costado izquierdo, con suavidad. Parecía que su mano estuviera prendida fuego, porque me quemaba a cada roce. Pareciera que mis sensaciones estuvieran intensificadas al punto máximo.

— Lo quiero como — Bajó más, hasta el comienzo de mi muslo. Ahí presionó con la yema de sus dedos. Jadeé. —… como sabes hacerlo tú. — Mordió su labio inferior y salió lentamente, deleitándome con la sensación. Y así empezó. Una serie de movimientos de salir y entrar de mi cuerpo, con nuestros ojos conectados y nuestros rostros formulando muecas de placer.

— Eres perfecto, Bill. — Acaricié toda la longitud de su espalda, remojándome los labios y haciendo chocar la bolilla plateada con mis dientes.

— Lo sé… aaah… — Sorpresivamente, su lengua penetró mi cavidad bucal y nos fundimos en un desenfrenado beso. Totalmente experto, lo exploró todo sin excepción. Nuestras cabezas se ladearon y lo que pensamos que sería un beso más del montón, condujo al aceleramiento de sus caderas. El ruido de la penetración era cada vez más fuerte y mis gemidos se ahogaban en su boca. El beso llegaba a doler de a ratos, ya que mordía mi labio de vez en vez. Pero más me gustaba. Dudaba acerca de lo contagioso de su obsesión con el sexo masoquista. — Más fuerte…mmás… ¡Aaaah, Thomas, sí! — El cosquilleo en mi interior aumentaba y cada vez era más intenso. — ¡Sigue, sigue!

— Mierda, Bill, tu padre… tu padre está en la otra habi… — Mi dedo índice se adosó a sus labios, haciendo que haga silencio.

— Dijiste… que no lo nombrarías.

— Es verdad. — Aliñó su cuerpo, formando entre ambos un ángulo de noventa grados perfecto. Se movía tan masculinamente… Dios, era irresistible. Sus abdominales marcándose a medida que entraba y salía, sus ojos recorriendo mi cuerpo al igual que sus manos. Me tocaban suavemente y apretaban según los espasmos de placer que azotaran su cuerpo. Su torso entero mojado en sudor, con pequeñas gotitas descendiendo hasta algún punto que no podía ver desde mi posición. Y su rostro igual de brilloso a la luz de la lámpara del cuarto.

— Aah… aah, no pares, ¡dame más fuerte, Tom! — Sonrió y me tomó por la cintura con firmeza, girando en la cama de dos plazas y dejándome sobre su cuerpo, con mis piernas fuertemente aferradas a sus caderas, sin salir de mi interior en ningún momento.

— Vamos, muévete duro, muñeco. — Tomé mi miembro entre los largos dedos de mi mano y empecé a subir y a bajar por toda su longitud. — Oh, serás jodido.

— ¡Ah, ah, ah, ah!

— ¡Mierda, Bill, cállate!

— Te… te encanta oírme. — rió de un modo que me pareció de lo más sexy. Su pecho subiendo y bajando me estaba enloqueciendo. Simplemente no podía resistir tenerlo todo mojado debajo de mí y no besarlo y chuparlo en total libertad. — Tengo tantas ganas de…

— Si tienes ganas… hazlo. Soy todo tuyo esta noche, preciosura. — Sonreí de lado y torcí mi postura hasta su pecho, sin dejar de moverme de arriba para abajo, proporcionándonos placer mutuo.

Mordí su piel una y mil veces. Su olor me parecía tan alucinante. No era olor a algo, sino que era su olor. Con eso bastaba y sobraba para acabar con lo poco de cordura que suelo poseer.

— Dios santo. Dime quién…te enseñó a moverte así. — Sonreí oculto a sus ojos y acaricié sus costados con manos decididas. — Conmigo eras bueno… pero has mejorado notablemente. — Sus manos fueron llevadas por las mías sobre su cabeza, inmovilizándolas contra el colchón. Esto me daba un total dominio de su cuerpo y de la situación.

— Tom… — Enterró su cabeza en su almohada con notoria excitación. Lo solté para dejar que acariciara mi piel enteramente suya durante todo lo que queda de noche. Y lo hizo. Presionó con fiereza todo lo largo de mi torso con sus manos abiertas. — ¡Ah, sí, joder, sí! — Subía y bajaba, sin poder cansarme nunca de ello. Por muy necesitado de oxígeno que me encuentre, por muchas ganas de dejarme caer en la comodidad de mi cama, era más la excitación y la cima del placer que quedaba sólo a unos cuantos pasos de distancia de donde estábamos ahora. Encima, como si todo esto no fuera suficiente, tomó mi pene y lo estaba masturbando sin preguntarme ni nada de eso. — No… no, espera.

— ¿Uhm? — saboreó sus labios deslizando su mano por toda la longitud de mi miembro.

— Me… ¡Aaah, mierda!

— ¿Te correrás? — asentí con los ojos apretados durante unos segundos. — Sí… sí, hazlo.

— ¿Qué? ¡No! — Apreté mis uñas en su abdomen en un débil intento de sacarlo de mi interior. Aunque el terrible placer que azotaba mi mente nublaba mis tácticas de defensa.

— Oh, sí, Bill…

— ¡Ah, aaagh! — Entre el placer de su mano, con el placer de su polla en mi ano, no me quedó de otra más que correrme antes de lo que yo deseaba.

— No dejes de moverte.

— ¡Vete a la mierda! — maldije enfadado por haber acortado mi tiempo de goce, no obedecería a sus pedidos.

— Ash… — Se quejó y aprovechó mi momentáneo éxtasis para voltear nuestros cuerpos, como estábamos antes. Esto me dejó totalmente expuesto y obligado a cumplir con su reciente orden. Estando él arriba, las envestidas continuaron. Jadeaba y gemía como un demente, disfrutando de su próximo orgasmo. — ¡Aaah, aah, sí, sí! —

— ¿Qué… qué haces? — interrogué cuando su dedo índice se arrastró por su propio abdomen manchado con mi semen y recogió parte de él.

— Muero… por sentir tu sabor de nuevo — dijo sin aliento y lo chupó ante mi atenta mirada.

— Mierda, Thomas. — jadeé calentándome por la escena.

— Exquisito. — susurró sacando el dedo de su boca y remojando sus labios, mientras continuaba con sus salvajes estocadas en mi cuerpo. Sonreí con morbo y yo mismo pasé mi mano entera por su vientre, recogiendo lo que quedaba de mi esencia y exponiéndola en su boca.

— Chupa todo. — Me mordí el labio con saña cuando noté en su mirada la complicidad que me regalaba. Tomó mi mano mojada y comenzó a chuparla sin dejar de observarme con densidad. — Eres un guarro, Tom. — Cuando chupó unos dos dedos, saqué mi mano sin consultarle y la arrastré por su mentón, manchándolo y haciendo de esto una completa locura.

— ¡Aaaah, mierda, me corro! — Yo seguía bajando. Ya estaba en su cuello cuando sentí la calidez de su semen mojando todo mi interior de una sola vez. — Oh… sí. Por el amor de Dios. — remojé mis labios observándolo en su momento de máxima vulnerabilidad.

— El sexo contigo es la gloria. — Caramba, salió un halago de mi boca, increíble.

— Lo mismo digo. Eres igual de sucio que yo. — Tomó aire y se dejó caer sobre mi cuerpo, besando mi hombro con lentitud y repetidas veces.

— Pero estoy enojado.

— ¿Por qué? — acaricié su espalda con mis uñas, sintiendo que se estremecía su piel involuntariamente y lo recorría un escalofrío.

— Porque me hiciste acabar demasiado pronto. — rió y se enderezó lo suficiente como para observarme a los ojos.

— Juro que necesitaba que te corrieras.

— No es justificación.

— De todos modos, ¿crees que hemos acabado? — Una sonrisa volvió a formarse en mi rostro. — Qué fácil se te va el enojo.

— Debes recompensármelo.

— Como dije: toda la noche. — Comenzó a besarme de una manera rápida y descuidada, queriendo excitarse con ese beso. Seguro lo conseguiría, teniendo en cuenta que aún estaba con su pene en mi culo, no sería difícil.

Lo tomé por la nuca y lo atraje más a mí, haciendo que nuestras lenguas puedan penetrar más la boca del contrario.

Estoy seguro que esto tiene para rato…

Continúa…

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por Antonella Ayelen

Escritora del fandom

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