«As the lights go down» Temporada 2
Capítulo 19
– ¿Estás seguro de que podrás solo? – preguntaba John mientras cerraba su maleta
– Sí amor, ya estoy listo, con mi pijama puesta y se supone que los chicos estarán aquí mañana a primera hora – respondió Bill sentado en la cama
– Está bien – suspiró el inglés – En serio, me encantaría quedarme, pero…
– Lo sé – sonrió el pelinegro
Habían transcurrido tres angustiosos días desde que Bill había regresado a la casa de Múnich en compañía de John. Era la primera vez que volvía en años y, en circunstancias distintas, habría deseado hacerlo con Tom. Sin embargo, por razones ya conocidas, se encontraba allí con su «amado esposo».
El viaje hasta la casa había sido una experiencia tensa y Bill estaba seguro de que merecía una nominación a los próximos Premios Oscar por la actuación que estaba desempeñando en el papel de «esposo abnegado». Su actuación era digna de aplausos.
Cuando finalmente llegaron a la casa de Múnich, el menor dejó atrás sus preocupaciones por un momento y disfrutó de la sensación que siempre le brindaba su antiguo hogar. Tom se había asegurado de que todo estuviera listo para su llegada, el jardín estaba recién arreglado, con el césped recién cortado y algunas flores nuevas. Además, el auto de Bill ya estaba allí, aunque con su brazo herido, no podría conducir. Sin embargo, tenía planeado pedirle a su hermano que lo llevara a todas partes donde pudiera comprar artículos para bebés.
En una grata sorpresa, cuando estaban admirando el salón, una persona se asomó por la puerta. Al inicio pensaron que era un paparazzi inoportuno; sin embargo, el cantante alemán tuvo que ahogar un grito de emoción cuando vio que era su vecino y amigo de toda la vida, Jude. No había tenido noticias de él desde que se fue del pueblo, por lo que su presencia era una sorpresa inesperada y bienvenida.
El chico se acercó con cautela, quizás pensando que, debido a la fama de Bill, lo rechazaría o lo trataría de manera distante. Sin embargo, la realidad fue completamente diferente. Se fundieron en un efusivo abrazo, como si los años de separación se desvanecieran en ese gesto de afecto. Después de compartir una rápida charla para ponerse al día, acordaron planear una cena para una de las noches próximas. La emoción de reencontrarse con su amigo de toda la vida llenó el corazón de Bill de alegría.
Dentro de la casa, todo estaba impecable, como si hubiera sido habitada a diario. Bill, emocionado, le dio un «tour» a John por la casa, ya que su esposo nunca había estado allí. La simple idea de estar en su hogar llenaba al pelinegro de emoción. Las habitaciones seguían igual que siempre: la de Tom, como cuando tenía 15 años; la de sus padres y la suya, igual que la última vez que la había visto.
Durante esos tres días, todo había transcurrido con normalidad. Se levantaban, desayunaban y luego decidían qué hacer durante el día, ya sea ver una serie, salir a comer algo al pueblo o cualquier otra actividad. Aunque John se había esmerado en mimar a Bill, este solo deseaba que esos tres días pasaran rápidamente para que John tuviera que irse y Tom pudiera llegar. El pelinegro le había asegurado a John que Georg y Gustav también estarían allí, pero, por supuesto, solo estaría su gemelo.
Una vez que Bill se despidió de John y observó cómo el taxi se alejaba rumbo al aeropuerto, sintió un alivio profundo. Finalmente, podía desprenderse de la máscara que había sostenido con tanto esfuerzo en los últimos días. La culpa que le carcomía por dentro se había intensificado, especialmente después de la conversación que habían tenido una de esas noches.
El pelinegro se dejó caer en el sofá de la sala, liberando un suspiro pesado mientras sentía cómo la tensión de los días pasados comenzaba a abandonar su cuerpo. Se tomó un momento para recoger sus pensamientos y, finalmente, se levantó. Con pasos lentos y determinados, se dirigió hacia la cocina. Allí, abrió el congelador y tomó una tarrina de helado de menta con chocolate. Aunque no era su sabor favorito, su antojo de ese dulce específico era incontenible desde hacía unos días atrás.
Luego, subió al segundo piso de la casa hasta llegar a su habitación. Se acomodó en su cama con el manjar en la mano y comenzó a devorarlo con una mezcla de gusto y culpa. Mientras disfrutaba de cada cucharada, encendió la televisión para ver una de las series que había estado ansioso por terminar. La combinación de sabores y la distracción de la serie le ayudaron a alejar momentáneamente sus pensamientos y preocupaciones, además, disfrutaba tener esos momentos a solas con sus bebés para platicarles como si fueran a responderle.
A la mañana siguiente, Bill se despertó con una sensación de alegría que lo invadió por completo. La música resonaba en su mente, y una melodía alegre se escapaba de sus labios mientras se dirigía al baño para ducharse.
La ducha fue una pequeña odisea, ya que la limitación de su brazo le impedía hacer muchas de las cosas que solía dar por sentadas. Sin embargo, su determinación superó cualquier obstáculo, y finalmente logró terminar su aseo matutino.
Tras la ducha, se sirvió un tazón de cereal, disfrutando de cada bocado. Terminado el desayuno, se dirigió a la sala y se sentó en uno de los sofás. Mientras esperaba con ansias la llegada de su hermano, no pudo evitar mirar el reloj con insistencia, como si cada minuto fuera una eternidad. La emoción por ver a Tom, después de esos días separados, llenaba su corazón y su mente de anticipación, y estaba deseoso de reunirse con él.
Alrededor de las 9:00am, escuchó como un auto se detenía frente a su casa, salió corriendo rápidamente para asomarse por la ventana y en efecto era un taxi del aeropuerto, pronto el cabello castaño de su hermano se dejó ver.
El pelinegro lo esperó en la puerta, dando pequeños saltitos y con una enorme sonrisa, misma que el mayor devolvió mientras caminaba por el jardín.
– Tomi – chilló el menor abrazándole por el cuello con su brazo – Al fin estás aquí
– Hola, amor mío – sonrió el mayor devolviéndole el abrazo con fuerza – Y bebés – agregó separándose para acariciar el vientre de Bill
Justo en ese momento, el semblante del pelinegro cambió completamente, la tensión de esos días se esfumó y se sentía completo. La presencia de Tom le brindaba un sentimiento de seguridad y comodidad que había estado anhelando durante los días en que John estuvo a su lado.
Comenzaron a conversar sobre lo que había ocurrido en esos días sin verse, mientras Tom se instalaba y acomodaba sus cosas para su estadía, luego comenzaron a hacer planes para los próximos días, como días de simplemente relajarse. Dada la situación de Bill con su brazo herido, podrían optar por ver sus películas o series favoritas, preparar comidas juntos, caminatas locales siempre y cuando no hubiera gente curiosa y lo más importante, iniciar con los preparativos para la llegada de los gemelos. Este sería un buen momento para pensar en qué decisión tomarían, cómo enfrentarían a John y el enorme escándalo que se les vendría encima.
– Me topé con Jude el otro día – comenzó a decir Bill – Aún vive al lado, solo que ahora vive con su prometida
– No creí que siguiera aquí – comentó el mayor – Creo que luego pasaré a darle una vuelta, tengo siglos sin verlo
– Le he dicho que planeemos una cena, podría ser tal vez el viernes en la noche – sugirió el cantante con una sonrisa
– Me parece una excelente idea, veo que te pone muy feliz – sonrió el guitarrista moviéndolo hacia él para abrazarlo
– Sí – respondió el menor dejándose abrazar – ¿Sabes a quién más he visto? – agregó con un tono un poco seductor, Tom levantó las cejas para invitarlo a continuar – A Gareth
Tom le miró con expresión de reproche y Bill se carcajeó, solo quería molestar a su hermano.
– Tranquilo – rio el menor – Ahora está casado y su esposa está esperando el segundo bebé – continuó
– ¿Y eso que? – preguntó Tom mirándole de arriba abajo con una sonrisa ladina, dándole a entender que él también estaba casado y ahora estaba embarazado de su “amante”
– ¡Oh, mierda! – rio el moreno al caer en cuenta – Como sea, me alegra ver que aquí todo transcurre con normalidad y nuestros amigos son felices, a veces desearía no haber salido de aquí – suspiró con una ligera tristeza
– Lo sé cariño – afirmó el mayor – Todo sería mucho más fácil, pero dudo que estaríamos “así” – Tom le apretó más hacia él – Si no hubiera pasado todo lo de los últimos 7 años
Bill suspiró apoyó su cabeza en el pecho de Tom. Su hermano tenía razón, todos los acontecimientos que habían vivido esos 7 años, los habían llevado a ese desenlace, pero si tan solo hubiera omitido el pequeñísimo detalle de casarse con John, todo estaría mucho mejor y ellos estarían disfrutando de la dulce espera de sus gemelos sin ningún remordimiento y preocupación.
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La tarde del día siguiente se convirtió en una ajetreada sesión de coordinación para Bill, quien se dedicó a planear meticulosamente todos los detalles de la cena. En colaboración con Jude, se puso en contacto con un par de amigos más para la ocasión. Finalmente, por sugerencia de Tom acordaron invitar a Gareth y su esposa, primero porque sabía que los otros habían sido muy amigos y segundo, porque le dio curiosidad saber cómo estaría el “profesor” luego de que su hermano se lo mencionara el día anterior, con quien se habría casado después del “pequeño” malentendido que provocó que se rompiera su compromiso con el menor. Aunque Tom reconocía que su actitud había sido inmadura en el pasado, sabía que, de alguna manera, ese desagradable episodio había allanado el camino para que pudiera estar con Bill.
Una vez que todos los detalles estuvieron cuidadosamente organizados, Bill le pidió a Tom que lo llevara al centro del pueblo, no solo para realizar las compras necesarias para la cena, sino también porque ansiaba visitar las tiendas de artículos para bebés. En cuanto llegaron a las tiendas, el pelinegro se sumergió en un mundo de emociones mientras seleccionaba cuidadosamente una variedad de ropa de colores neutros, ya que aún no sabía el sexo de los bebés. También eligió juguetes adorables, peluches mullidos, lociones suaves y todo lo que encontraba que pareciera indispensable para la futura llegada de sus pequeños.
Tom, por su parte, se convirtió en el fiel asistente de Bill, llevando las bolsas y disfrutando de la hermosa imagen que su hermano le regalaba. Observó cómo los ojos del pelinegro se iluminaban de emoción con cada nuevo artículo que consideraba necesario para la vida de sus futuros bebés. Cada compra impregnada de emoción y expectación, ya que los dos imaginaban a sus futuros hijos usando y disfrutando de todas esas cosas.
Cuando el cielo comenzó a oscurecer, Tom sugirió una actividad que no habían disfrutado juntos en mucho tiempo: ir al cine. Sabía que a Bill le encantaban las salidas al cine, y era una oportunidad perfecta para pasar tiempo de calidad juntos y comportarse como simples mortales.
Bill inmediatamente eligió una película de terror y al principio Tom se negó rotundamente, pues conocía bien la fascinación del menor por el género de terror, pero también sabía que su valentía se esfumaba al anochecer. Ya podía imaginarse a su gemelo despertándolo a altas horas de la madrugada, asustado por alguna escena de terror, y le pediría que lo acompañara al baño que se encontraba a unos 10 pasos de su cama. Pero como siempre, Tom cedió ante la mirada suplicante del menor.
Bill estaba más que emocionado por la experiencia. Compraron las entradas y entraron al cine, donde se sumergieron en la oscuridad y se prepararon para una noche película que prometía ser escalofriante. La tensión y el suspenso de la película mantenían a Bill en vilo, y a medida que avanzaba la trama, apretaba el brazo de Tom con fuerza cada vez que una escena impactante aparecía en la pantalla, clavándole las uñas y haciendo que su gemelo siseara y le regañara mientras otras personas los mandaban a callar.
A pesar de los sustos ocasionales, Bill disfrutó de la experiencia y de la compañía de su hermano. La película de terror los mantuvo pegados a sus asientos y, al final, ambos compartieron risas nerviosas mientras salían del cine.
Cuando llegaron a casa, y Bill estaba emocionado por revisar todo lo que habían comprado para sus bebés. Cada artículo que sacaba de las bolsas era una nueva ola de emoción y anticipación por la llegada de los gemelos. Se maravilló con las prendas de ropa, admiró los juguetes y peluches, y sonrió mientras inspeccionaba los artículos de cuidado para bebés. Pronto tendría que ir planeando y organizando la habitación de los futuros bebés.
Mientras el cantante exploraba los tesoros recién adquiridos, Tom decidió preparar su platillo especial: la famosa «pasta especial». Era una creación suya que consistía en fideos fritos, huevo y salsa de tomate. Bill no era precisamente un fanático de este plato, pero sus antojos habían adquirido proporciones épicas e hicieron que la comida luciera como el platillo principal de un hotel de 5 estrellas y lo devorara en menos de 10 minutos.
Cuando finalmente se metieron en la cama, Bill estaba lleno de energía, y su mente aún estaba llena de la película de terror que habían visto en el cine. Habló sin parar, compartiendo sus pensamientos y hablando de cualquier trivialidad, mientras Tom intentaba conciliar el sueño. Después de un tiempo y algunos regaños de Tom, la voz de Bill se volvió un susurro y finalmente se quedó en silencio.
Tom se sintió agradecido por el silencio y se dejó llevar por el sueño. Sin embargo, como temía, lo que había pronosticado finalmente sucedió. En medio de la noche, Tom fue despertado por la voz somnolienta de su hermano:
– Tom ¿me acompañas al baño?
Continúa…
Un capítulo más tranquilo y no tan lleno de drama como los anteriores. Quería darle un descanso a Bill.
¿Acaso no es lindo que tengan ese tiempo juntos, compartiendo como una pareja común y corriente?
No se pierdan la continuación 😊