
«As the lights go down» Temporada 2
Capítulo 20
– Si realmente quieren ver algo aterrador, tienen que ver a Bill sonámbulo – comentó Tom entre risas mientras ayudaba a su hermano a cortar su porción de lasaña en trocitos
– Ay no empieces, Thomas – refunfuñó el cantante codeándolo
La noche de la cena tan esperada finalmente había llegado, y la casa de los gemelos estaba llena de risas y conversaciones animadas. Mientras compartían una agradable charla, se remontaron a tiempos pasados, recordando anécdotas y travesuras de su juventud. La atmósfera era relajada y cálida, llena de afecto y amistad.
El plato principal de la cena era una deliciosa lasaña que Tom había preparado con la supervisión y guía de Bill. La preparación de este plato se había convertido en una auténtica odisea culinaria, con el pelinegro al borde de la desesperación en más de una ocasión debido a la ineptitud de su hermano en la cocina. Hubo momentos en los que Bill estuvo tentado a golpear a Tom con una cuchara de madera, pero el resultado final demostró que el esfuerzo había valido la pena. La lasaña estaba deliciosa y todos los comensales la elogiaron, aunque el menor todavía lanzaba miradas asesinas a su hermano de vez en cuando.
Jude y su prometida Nicole, aportaron una deliciosa ensalada verde con fresas, uvas y almendras, que proporcionó un equilibrio fresco y crujiente al plato principal. Gareth y su esposa embarazada, Nancy, se encargaron del puré de papas, que resultó ser una guarnición suave y reconfortante. Klaus y Franz, amigos de la infancia y antiguos vecinos de los gemelos, también hermanos entre ellos, llevaron una tentadora torta selva negra para el postre, que coronó la cena con un dulce sabor e hizo que a Bill casi se le desorbitaran los ojos al ver semejante manjar.
– Es cierto, ya una vez nos la hiciste, Bill – secundó Klaus – ¿Recuerdan cuando fuimos a la cabaña de Oberammergau y Jude nos despertó a gritos terroríficos en medio de la madrugada porque Bill estaba parado a la par de su cama mirándolo fijamente como alma en pena?
Todos estallaron en carcajadas, excepto Bill, quien hizo una mueca.
– Ja, ja, ja ¿cómo olvidarlo? – rio el pelinegro sarcásticamente – Casi me quiebras la nariz de un puñetazo – agregó en tono indignado
– Agradece que fue Jude y no Gareth – comentó Franz con su característico sentido del humor – Con un puñetazo de él no solo te quiebra la nariz, te reinicia la vida
– ¿En serio? – preguntó Tom interesado – Nuestro compañero, Georg también ha estado a punto de romperle la nariz a Bill por darle unos tremendos sustos cuando nos toca dormir juntos – rio
– Si alguno de ustedes llega a romper mi preciada nariz, dense por muertos, es el mejor rasgo de mi hermoso rostro – dijo el moreno mientras hacía muecas como si estuviera modelando su cara
La velada continuó entre risas y conversaciones tontas mientras disfrutaban de la deliciosa cena. Con la llegada del postre, decidieron que sería una excelente idea acompañarlo con unas buenas partidas de «Basta». Bill fue el principal promotor de la actividad hasta que cayó en cuenta que con su brazo herido no podría escribir, pero como siempre tan competitivo, escribiría con la mano izquierda. Por supuesto no fue tan fácil como pensó, ya que realmente se le dificultaba escribir las palabras y no le daba tiempo de terminar.
– ¡No es justo! – se quejó al ver que todos terminaban
– Ni siquiera estoy seguro si estás escribiendo algo, son solo rayas – rio Gareth al ver la hoja del pelinegro
– Te estás inventando todo – secundó Tom entre risas
– ¡Ay, que les den! – refunfuñó el pelinegro – Aquí dice “amarillo” claramente, están ciegos
Mientras las horas pasaban, las conversaciones variaban desde historias de la infancia hasta anécdotas recientes, compartiendo experiencias y risas. Los selfies no se hacían esperar, capturando la diversión y la alegría de la noche.
Poco a poco, con un dejo de melancolía, los gemelos comenzaron a despedir a sus amigos. Abrazos, agradecimientos sinceros y promesas de futuros encuentros llenaron el aire. Todos sabían que, debido a las apretadas agendas y al estilo de vida de los gemelos, reunirse nuevamente podría ser un desafío, pero eso no disminuía la calidez del momento.
– Bueno, espero verlos pronto por acá de nuevo – dijo Jude mientras chocaba el puño con Tom – Igual, si quieren hacer algo más en estos días, estamos al lado – agregó abrazando al otro gemelo
– Espero que la próxima vez que volvamos sea para tu boda – rio el cantante
– Dios, te oiga – respondió Nicole entre risas
– Bueno, ya mucho güiri-güiri, muévanse que Franz se está cagando – dijo Klaus mientras empujaba a Jude y a su novia hacia la salida – Chicos, en serio fue un placer, que se repita pronto – sonrió mientras se despedía de un abrazo de ambos
– Fue realmente grandioso verlos – se despidió Franz con un abrazo a ambos – Y estamos muy orgullosos de ustedes
– ¡Oh, Franz! – sonrió Bill conmovido
– Gracias, viejo – agradeció Tom mientras picaba con un dedo la barriga de su amigo
– Basta, no me estoy cagando – se quejó Franz – ¡Eres un idiota, Klaus! – le gritó a su hermano que ya iba subiendo a su auto
– Chicos, realmente ha sido una noche muy divertida y fue un gran honor conocerlos – dijo amablemente Nancy, la esposa de Gareth – Agradecemos mucho la invitación
– El gusto fue nuestro – sonrió Bill dándole un abrazo – Te estaré escribiendo para que me des tips de paternidad
– ¡Claro! – sonrió la mujer – No te preocupes, todo estará bien ¡Nos vemos! – agregó mientras comenzaba a caminar a su auto
– ¡Bye! – dijeron los gemelos al unísono con un ademán
– Bien Bill, me alegra mucho ver que estés de maravilla – comenzó a decir Gareth con una sonrisa genuina – Me hace inmensamente feliz que al fin hayas logrado llevar no uno si no dos bebés, es realmente sorprendente
– Gracias Gareth, creo que tu mejor que nadie sabe lo que esto significa para mí – agradeció el pelinegro
– Lo sé – respondió el rubio – Y tú, más te vale que le sigas cuidando como hasta ahora, si no quieres que te reinicie la vida – rio para Tom
– No gracias, ya lo hiciste una vez y créeme que funcionó – bromeó el guitarrista
– Nos vemos luego – sonrió Gareth retirándose del lugar
– Vaya, eso fue grandioso – chilló Bill con alegría mientras cerraba la puerta – Hace tanto no me divertía así
Tom sonrió al ver a su gemelo tan contento. Él siempre quería que estuviera así, pero por razones obvias, el pelinegro últimamente no se divertía tanto. Pronto se pusieron a acomodar un poco, no era mucho pues habían utilizado platos y cubiertos desechables para no tener que lavar platos después de la cena.
Una vez listo, subieron a la habitación de Bill dispuestos a descansar. Tom tuvo que contener una carcajada mientras el menor trataba de destender la cama lo mejor que podía con un solo brazo, el pelinegro lo miró como si quisiera decapitarlo en ese momento, entonces el guitarrista con sus encantos se paró detrás de él para “ayudarlo”.
– Sabes, no es necesario que te pusieras a restregarte contra mi trasero – rio el pelinegro tratando de no caer en la sucia jugarreta
– ¿No? – preguntó Tom pegándose más a él y comenzando a besarle el cuello
– No – jadeó el menor inútilmente ante el contacto
– Lástima – dijo el mayor chasqueando la lengua – No sabes… cuanto… he tenido que… contenerme… durante toda la noche – decía entre besos
– ¿Sí? – preguntó el moreno intentando no sonar muy “necesitado”
– Estás irresistible esta noche – susurró en su oído
Bill jadeó sintiendo como escalofrío recorría su espina. Tom sabía, el maldito sabía que en los últimos días sus hormonas habían hecho que el lívido estuviera a 1.000 y el muy maldito, sabía cómo provocarlo.
– ¿Por qué no me dijiste? – preguntó girándose para quedar frente a su hermano
– No estoy seguro si podemos… –
– Los doctores dijeron que no había problema – respondió con más rapidez de la que quiso, Tom rio – Obvio si vamos despacio y no como la bestia que sueles ser
– Gracias a eso estas esperando gemelos – bromeó el mayor – Pero entonces, si tiene que ser lento, lento será – sonrió comenzando a besar a su hermano apasionadamente.
&
Pasaron varios días desde la divertida cena con sus amigos y Bill comenzó a sentirse más enérgico, por lo que pensó en volver a la casa de Tom en Berlín, para trabajar en algunos demos de canciones nuevas en el pequeño estudio que tenía el guitarrista. Quería aprovechar su inspiración y plasmarla en música antes de que los bebés llegaran y su vida se llenara de nuevos compromisos y responsabilidades.
Bill le comentó su plan a Tom, y este estuvo encantado de que su hermano volviera a donde todo inició después de tantos años. Ambos empacaron sus cosas y se dirigieron a la casa de Berlín. Sin embargo, la noticia de su presencia en la gran capital no pasó desapercibida en los medios. John se enteró de que estaban en la casa de Tom a través de las noticias que habían capturado imágenes de los gemelos en un centro comercial cercano. Esto, por supuesto, desató una tensa conversación entre John y Bill por teléfono.
La conversación con John había dejado a Bill sumido en una profunda tristeza y preocupación. Como era de esperarse, su rostro reflejaba una mezcla de emociones: frustración, tristeza y miedo. Tom era testigo de ese cambio tan repentino en su hermano. A pesar de sus esfuerzos por animarlo, el pelinegro parecía incapaz de liberarse de la tensión que lo invadía.
El jardín trasero de la casa de Berlín, que normalmente inspiraba serenidad y alegría, se encontraba Bill, quien llenaba la atmósfera de pesar mientras acariciaba su vientre con profunda tristeza. El sol comenzaba a descender en el horizonte, tiñendo el cielo de cálidos tonos de naranja y rosa. Era un atardecer hermoso, pero el cantante no parecía notarlo.
Tom se acercó con cautela a su hermano, quien seguía perdido en sus pensamientos. Sin decir una palabra, se sentó a su lado en el césped y miró hacia el horizonte junto a él. Comprendía que Bill estaba pasando por un momento difícil y que necesitaba espacio y tiempo para procesar sus pensamientos, allí el moreno se sinceró sobre la situación que sucedió con John en Múnich.
El cantante alemán, atrapado en un torbellino de emociones, finalmente estalló contra su esposo, John. La situación en la que se encontraba lo estaba agobiando de una manera que le resultaba insostenible. Cada día que pasaba, Bill sentía que debía continuar representando un papel, como si nada extraordinario estuviera ocurriendo en su vida, mientras cargaba con la culpa y la presión de mantener este secreto tan abrumador.
El malestar y la frustración habían estado aumentando, y Bill estaba harto de esa situación, de escuchar a John hablar de los bebés como si fueran «suyos», cuando en realidad, ni siquiera eran suyos biológicamente. Se sentía limitado por la necesidad de mantener las apariencias y no podía darle a su hermano, Tom, el lugar que merecía en su vida, en especial en ese momento tan crucial.
El arrebato del menor estuvo a punto de desencadenar una revelación inesperada. La verdad estaba en la punta de su lengua, lista para salir y romper el silencio que había mantenido durante tanto tiempo. Sin embargo, sabía que no podía dejarse llevar por sus emociones en ese momento. Decidió achacar su explosión a las hormonas, una explicación que John aceptó, aunque con profunda confusión y pesar. Se disculpó nuevamente por no poder estar más presente durante esa etapa crucial de sus vidas y prometió que, cuando los bebés finalmente nacieran, estaría allí para ellos, lo cual solo provocó que Bill más asqueado.
– Debiste ver su cara – suspiró el cantante pasarse una mano por la frente – La verdad lo va a destruir… nos va a matar, Tom
– Lo sé, esto es muy jodido – resopló el mayor – Pero necesitamos tomar una decisión
– Ya lo sé – gruñó el moreno – Yo desearía decirle solo la verdad y que todo se vaya al carajo, pero no es fácil… Estoy aterrado… No sé qué hacer – decía mientras se pasaba las manos por el cabello
– Hay algo que no hemos tomado en cuenta – mencionó Tom con un tono muy serio, el pelinegro le miró confundido y asustado al ver la expresión de su hermano
– ¿Qué? – preguntó temeroso
– No quiero agregar una preocupación más a las que ya tienes, pero… – dijo el guitarrista, como si se arrepintiera de lo que estaba a punto de decir – No podemos ignorar que el incesto es ilegal en Alemania – soltó sin más, Bill frunció el ceño en señal de confusión, Tom suspiró – Si se enteran de que estamos juntos, puede haber implicaciones penales y te puedes imaginar qué pasaría si se llegara a saber que los bebés son nuestros
Bill ahogó un jadeo de sorpresa con sus manos mientras negaba repetidamente con su cabeza, con una expresión de completo terror en su rostro.
– No… quieres decir que… – comenzó a decir mientras sus ojos se llenaban de lágrimas – ¿Podrían… quitárnoslo? – preguntó con un hilo de voz
– No… no lo sé, Bill – respondió el mayor con voz quebrada – Puede ser una posibilidad
– Dios mío, Tom – sollozó el menor apoyando su cabeza en el pecho del otro
Tom intentó consolar a su gemelo acariciándole la espalda, pero la realidad era que él también estaba aterrado. La idea de que alguien quisiera llevarse a sus bebés lejos de ellos solo por cometer el “delito” de amarse, les dejaba en jaque.
Dejaban todo como estaba, amándose en secreto o enfrentaban a John y asumían todas las consecuencias que ello pudiera desencadenar.
Continúa…
¡Uyuyuy! Siguen los problemas… ¿Creen que los gemelos logren salir victoriosos de este problema?
Gracias por leer y nos vemos en los próximos capítulos.