«As the lights go down» Temporada 2
Capítulo 21
Otro día de tour, otro hotel, un nuevo encuentro entre los gemelos.
En la habitación que compartían los gemelos Kaulitz, solo es escuchaban los jadeos y gemidos que soltaba el menor mientras el otro le embestía con toda la pasión y delicadeza del universo. Y es que en las últimas dos semanas, desde que Bill entró al segundo trimestre de embarazo, sus lívido había aumentado y Tom había “sufrido” las consecuencias. El mayor debía admitir, que su hermano tenía un brillo especial que lo hacía ver más irresistible y adorable que de costumbre, por lo cual, no era un “gran sacrificio” satisfacer las demandas del menor.
Con una última embestida, ambos terminaban completamente satisfechos y exhaustos, mientras compartían mil susurros y caricias de amor.
– Te amo tanto, Tom Kaulitz – sonrió el pelinegro mientras delineaba el rostro de su hermano con uno de sus dedos
– Y yo a…
Allí estaba de nuevo. Tom se quitó de encima de Bill como un relámpago, dejando al menor un poco confundido, corrió hasta el baño y allí el cantante escuchó como su gemelo devolvía todo su estómago.
No solo Bill había estado experimentando cambios. Sus náuseas y mareos habían mermado; sin embargo, desde hace una semana, era Tom quien estaba experimentando las náuseas que lo traían loco, pero eso no era lo peor, el guitarrista entró en crisis cuando comenzó a notar que cada vez se le caían más hebras de su sedoso cabello. Cuando se pusieron a investigar, dieron con que Tom estaba sufriendo el Síndrome de Couvade.
– No es justo, esto no te pasó a ti – lloriqueaba el guitarrista mientras pasaba su mano por el cabello
– ¿Qué no? – preguntó el pelinegro ofendido – ¿No recuerdas cómo dejaba el cepillo cada vez que me peinaba, de milagro no perdí una rasta
Bill se cubrió con la sábana de la cama y caminó hasta la puerta del baño donde aún se escuchaba como Tom devolvía todo. Espero unos segundos más y cuando no escuchó nada, se adentró al lugar para arrodillarse a su lado.
– ¿Estás bien? – preguntó el menor pasándole una mano por la espalda
– Estoy muriendo, pero nada más – dijo Tom con voz lastimera
– Ya pronto pasará – intentó consolarlo el menor con una cálida sonrisa
– No sé como hiciste para sobrevivir a eso – agregó el guitarrista
– Bienvenido a mi mundo – rio el cantante – Ven, vamos a darnos una ducha
Entraron al cálido baño, dejando que el agua caliente cayera sobre sus cuerpos cansados. Mientras se enjabonaban y se lavaban el uno al otro, el estrés del día comenzó a desvanecerse. La sensación del agua y la presencia del otro los reconfortaba.
Tras salir de la ducha, se envolvieron en toallas suaves y volvieron a su habitación para ponerse sus respectivos pijamas. Se tumbaron en la cama, Bill apoyando su cabeza en el estómago de Tom mientras ambos se entretenían acariciando el ya bastante notorio vientre del menor y conversaban del gran día que le esperaba mañana, pues sería el día en que finalmente conocerían qué serían sus bebés.
– ¿Niño o niña? – preguntó Tom
– No lo sé… Las niñas serían algo diferente y hermoso – respondió el menor con una enorme sonrisa – Pero los niños también son adorables, imagínalos con un traje de marinerito
– ¿Crees que sean del mismo sexo, ambos? – cuestionó el mayor curioso
– No había pensado en lo contrario – sonrió el cantante, pero luego su expresión cambió a una más tranquila – Creo que sonará muy cliché lo que diré pero… realmente no me preocupa lo que sean, solo quiero que estén bien – dijo mientras acariciaba su vientre con ambas manos
– Están bien, no te preocupes – sonrió el mayor
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El día de la cita para conocer el sexo de los bebés finalmente había llegado. Bill y Tom estaban en la sala de espera de la clínica, con los nervios a flor de piel. Las miradas cómplices entre ellos delataban su emoción y ansiedad compartidas.
Bill no dejaba de mover su pierna mientras veía como llamaban a otras parejas, Tom tratando de calmar a su hermano, le sostuvo la mano con ternura.
– Todo estará bien, Bill. Sea cual sea el resultado, serán nuestros bebés y los amaremos con locura – sonrió Tom con ternura
Bill asintió con una sonrisa temblorosa – Lo sé, Tom, pero no puedo evitar sentirme nervioso. Me muero por saber – su voz delataba la emoción que sentía.
Finalmente, llegó su turno, y entraron al consultorio de la doctora Murphy, quien los recibió con una enorme sonrisa. La mujer preparó al pelinegro, quien ya sabía todo el procedimiento de arriba bajo. Tom por su lado, estaba a la par muy atento, observando fijamente el monitor, Bill ya estaba de 18 semanas, por lo cual ya el sexo debía identificarse sin problema, siempre y cuando dejaran verse.
La mujer comenzó a mover el aparato por el vientre de Bill iniciando la ecografía y en la pantalla se revelaron las imágenes de los dos pequeños seres que crecían un poco apretujados dentro del pelinegro. Ambos miraban con expectación, esperando la noticia.
La mujer sonrió y anunció – ¡Vaya! Aquí tenemos un bebé que nos demuestra orgullosamente que es un niño
Las lágrimas llenaron los ojos de Bill, y no pudo contener su emoción.
– ¡Un niño! – chilló tomando la mano de Tom fuertemente
– Y por acá, tenemos un bebé un poco más pequeñito que no se quiere dejar ver – continuó diciendo la mujer mientras seguí moviendo el apartado
– Un marinerito – susurró Bill con emoción hacia Tom
– Sí – sonrió el mayor de vuelta
– Vamos a ver, ya casi está – dijo la mujer mientras agitaba un poco el vientre del menor – ¡Oh, allí estás! Por acá tenemos una hermosa princesita
– ¡Una niña! – exclamó el moreno con alegría mientras miraba a Tom – ¡No puedo creerlo!
Tom estaba igualmente emocionado y conmocionado. Sus ojos brillaban por las lágrimas mientras observaba las imágenes de los bebés en la ecografía.
– Es perfecto – dijo con voz entrecortada – No podríamos pedir nada mejor
Los futuros padres se abrazaron con una fuerza que expresaba toda su emoción y alegría. Era un momento inolvidable que marcaría un nuevo capítulo en sus vidas. Bill no podía dejar de mirar la pantalla, donde las imágenes de sus dos pequeños tesoros llenaban su corazón de amor. La idea de tener un niño y una niña le pareció la perfección hecha realidad.
La noticia de que la niña parecía un poco más pequeña que su hermano en la ecografía no disminuyó su felicidad en lo más mínimo. La doctora, atenta a todos los detalles, recomendó algunas vitaminas adicionales para el menor, y Bill aceptó de inmediato, decidido a hacer todo lo posible por garantizar el bienestar de sus bebés.
De camino al venue donde se llevaría a cabo el concierto esa noche, la charla sobre nombres se convirtió en un juego divertido, Bill y Tom lanzaron sugerencias al aire. Pasaron de nombres tradicionales a nombres más inusuales, riendo con cada ocurrencia. La elección de nombres se volvió una cuestión de diversión y amor, y sabían que encontrarían los nombres perfectos con el tiempo.
Luego, comenzaron a hablar de la decoración de la habitación de los bebés. Bill tenía una viva imaginación y comenzó a describir cómo le gustaría que fuera el espacio, mientras Tom hacía sus aportes. Se imaginaban colores suaves y cálidos, una cuna en cada rincón y juguetes esparcidos por el suelo.
El auto se llenó de risas y lágrimas de felicidad de nuevo por parte del pelinegro, mientras celebraban la noticia de que la familia Kaulitz crecería con un niño y una niña. La emoción era contagiosa, y la pareja no podía evitar mirarse el uno al otro con amor y gratitud.
Al llegar a la localidad, Bill y Tom estaban llenos de energía y felicidad, incapaces de mantener la noticia solo para ellos. Se dirigieron directamente al camerino, sabiendo que Georg y Gustav querían saber apenas ellos se dieran cuenta. Empujaron la puerta de la habitación y entraron con sonrisas de oreja a oreja. Sus amigos estaban charlando y riendo con Liz y David, y al ver a los gemelos entrar, inmediatamente notaron la expresión de alegría en sus rostros.
Bill fue el primero en hablar, incapaz de contener la noticia un segundo más.
– ¡Chicos, tenemos que contarles algo increíble! – anunció con una emoción palpable en su voz
– ¡Dios! Me haré pipí – rio Georg con emoción – ¡Habla de una vez!
– Son niño y niña – soltó el pelinegro sin más
Las expresiones de sorpresa y alegría en las caras de Georg, Gustav y Liz no se hicieron esperar. Hubo gritos de emoción, abrazos y felicitaciones en todos los idiomas posibles. Liz lloró de emoción y se apresuró a abrazar a Bill. Georg y Gustav compartieron risas y se burlaron cariñosamente del futuro caos que les esperaba.
Bill y Tom compartieron detalles sobre la ecografía, cómo la niña parecía ser un poco más pequeña que su hermano, y cómo ya el cantante estaba pensando en nombres y en la decoración de la habitación. La habitación se llenó de risas y emoción mientras compartían su felicidad con sus amigos. Por supuesto, Tom tenía que mantenerse en el papel de que sería “un tío genial” y le dolía un poco no poder compartir ese momento como le correspondía, pero eso no impediría que disfrutara de ese momento, fácilmente lo ubicaba como el segundo mejor día de su vida, siendo el primero cuando supo que los bebés eran suyos.
Continúa…
¡Awwww, un niño y una niña! Creo que no podría ser mejor ¿cierto?
Fue un capitulito más rosa, pero creo que este par se merece un descanso de todos los problemas ¿no creen?
¡No se pierdan la continuación, nos vemos pronto!