«As the lights go down» Temporada 2

Capítulo 24

Semanas después de la intensa discusión, Bill y John vivieron en una tensa calma. La relación entre ellos se había vuelto frágil, y las palabras que habían intercambiado seguían flotando en el aire como un peso constante. A pesar de los intentos del inglés de acercarse y comunicarse con Bill, el pelinegro seguía manteniendo una distancia emocional.

La rutina diaria continuó, aunque con un ambiente de incomodidad palpable en su hogar. Bill se centró aún más en su embarazo, asistiendo a consultas médicas y preparándose para la llegada de los gemelos. John, por su parte, trató de ocuparse de algunas tareas cotidianas y mantenerse ocupado en su estudio, pero no podía evitar sentir que algo estaba roto entre ellos.

Para animar un poco el ambiente, John había invitado a los gemelos Bell a pasar un rato en su casa, pues había pasado mucho tiempo desde la última vez que vieron al pelinegro y James moría por verlo en su estado.

Así que allí estaba Bill con James, en el jardín, en medio de una sesión de meditación que James intentaba liderar. Sin embargo, la emoción del gemelo Bell parecía no tener límites. A pesar de los esfuerzos de Bill por centrarse y encontrar un poco de tranquilidad, James no dejaba de hablar sobre los bebés, haciéndolo reír y relajarse por completo.

– No puedo creer que estés a punto de convertirte en padre de gemelos. Es tan emocionante. – Hablaba James animadamente mientras intentaba guiar a Bill en una meditación que ya había perdido su camino

Bill sonrió, rindiéndose a la risa – James, sinceramente, no sé si la meditación es lo mío, pero gracias por intentarlo.

– ¡Oh, no hay de qué, Bubu! – sonrió el gemelo inglés – Estoy tan emocionado de ser tío de tus hijos. Ya estoy planeando todo lo que haremos juntos cuando crezcan Sabes que soy el tío más genial, ¿verdad? Ni siquiera Tom podrá igualarme – bromeó

La sonrisa del pelinegro inmediatamente abandonó su rostro ante la mención de su hermano, quiso esbozar una sonrisa, pero terminó siendo una mueca que no pasó por desapercibida por su amigo.

– ¿Tuviste problemas con él? – preguntó James notando el drástico cambio del otro

Bill negó con la cabeza tratando de continuar con su meditación; sin embargo, James no dejaría pasar el tema.

– Oye… Tu y él… – comenzó a decir Bell cautelosamente – ¿John es el padre? – preguntó sin más

Bill volteó a él, con los ojos casi desorbitados, como si no pudiera creer lo que su amigo le preguntaba.

– Por supuesto, James – mintió, con un tono de fuerte indignación

– Ok… lo siento – se disculpó el inglés temiendo por su vida – Digo, como tu y Tom estuvieron juntos… ¿estás seguro? – volvió a preguntar

– James – dijo Bill mirándolo con expresión de reproche.

El pelinegro resopló en resignación. James era su mejor amigo y confidente, pero a esta altura de la situación, ni siquiera a él podría confiarle la verdad. Era demasiado peligroso que alguien supiera que sus hijos eran de Tom, así que por más que le doliera mentirle a su amigo, debía pensar en la seguridad de sus bebés. Así que era hora de actuar…

– Tom… Hicimos una prueba de paternidad apenas fue posible – comenzó a decir tratando de sonar lo más convincente – El resultado fue negativo, así que… decidimos dejarlo, nos dimos cuenta que en realidad no tiene sentido estar juntos, menos ahora – finalizó acariciando su vientre

– ¿Cómo? ¿Lo dejaron? – preguntó el gemelo Bell sorprendido, Bill asintió – ¡Vaya! No lo esperaba…pero es lo más conveniente, cariño. No vale la pena arriesgar todo solo por una aventura

El moreno se sintió herido por el comentario de su amigo y por supuesto por tener que negar la paternidad de Tom.

Pasaron el resto de la tarde en compañía de los gemelos Bell. A pesar de la tensión inicial, Bill logró relajarse un poco y disfrutar del tiempo con sus amigos. James, consciente de la situación delicada del cantante alemán, evitó mencionar a Tom o cualquier otro asunto que pudiera ponerlo incómodo. Pasaron el tiempo compartiendo risas, anécdotas y, por supuesto, hablando sobre los bebés, un tema que emocionaba a todos, especialmente a James, que estaba ansioso por conocer a los pequeños.

A medida que la tarde avanzaba, la atmósfera se llenaba de un aire más ligero y cordial, pero Bill sabía que tarde o temprano tendría que enfrentar nuevamente la realidad. Los gemelos se despidieron, dejándolo a él y John a solas.

Cuando la puerta se cerró detrás de los invitados, la tensión volvió a llenar la habitación. Durante los últimos días, habían tratado de mantener una relación cordial. Tom no había vuelto a ser mencionado en la casa, en ocasiones compartían momentos agradables relacionados con los bebés, como cuando fueron a comprar algunas cosas adicionales para la habitación, cuando Bill dejó que John sintiera a los bebés moviéndose y cuando surgió la idea de un nombre para la bebita.

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Bill se despertó de una breve siesta, sintiéndose un poco más descansado. Se levantó de la cama y comenzó a buscar a John por la casa, hasta que llegó al estudio. Allí, lo encontró cantando y tocando apasionadamente una guitarra y entregado por completo a la música.

El pelinegro se quedó en el umbral del estudio, admirando la expresión de concentración en el rostro de John mientras tocaba una melodía de rock. La música fluía con pasión, y Bill quedó impresionado por su habilidad para tocar con sentimiento, John vivía por la música y el pelinegro debía admitir que el chico era un genio musical.

Layla

You’ve got me on my knees, Layla

Begging darling please, Layla

Darling, won’t you ease my worried mind?”

Sin querer interrumpir la música, Bill esperó pacientemente hasta que John percibió su presencia y detuvo su interpretación.

– Lo siento ¿te desperté? – preguntó quitándose los audífonos dejándolos en su cuello

El pelinegro negó con su cabeza y preguntó interesadamente – ¿Cuál es esa canción?

John le sonrió, guardó la guitarra y se volvió hacia Bill – Es “Layla” de Eric Clapton, una de mis canciones favoritas – el menor le miró curiosamente, levantando sus cejas, el inglés continuó – De hecho, pensaba en sugerirte el nombre Layla para la bebé

Bill lo miró con sorpresa, luego entró al lugar para sentarse en el taburete del teclado que estaba al frente de John – Layla… – suspiró con una expresión pensativa – Es un hermoso nombre, y además empieza con “L”, como Louis.

Durante una de las tantas conversaciones que había tenido con Tom antes de que tuvieran que cancelar el tour, habían estado pensando en nombres para sus bebés. Después de múltiples opciones decidieron que el nombre Louis sería perfecto para su niño; sin embargo, para la niña no habían podido elegir uno, tenían muchas opciones, pero ninguna parecía digna para la pequeña princesa, tenía que ser algo único.

Layla era un nombre hermoso, poco común. En su vida no había conocido personalmente a una mujer llamada así y además, la letra de la canción, describía como se sentía en ese momento hacia su hija, lo tenía de rodillas, rogando al cielo porque pudiera llegar a término.

– Creo que es una idea encantadora, John – admitió con una sonrisa

Por supuesto, luego de esa conversación corrió escaleras arriba para hacerle una videollamada a Tom y contarle sobre la propuesta, a pesar de no estar muy emocionado por ser una sugerencia de John, el guitarrista tuvo que admitir que el nombre sería el adecuado para su preciosa bebita.

Layla y Louis, esos serían los nombres de sus hijitos.

&

Desde aquella noche, no había día en que Bill no le cantara la canción a su bebita. Cada tarde, se ponía en la habitación a bailar, meciéndose de un lado a otro, mientras abrazaba su barriga con ambos brazos. Se sentía mal por no tener una canción para su bebito, pero de momento no había canciones dulces con el nombre Louis, así que comenzó a escribir una canción que nombró “In your shadow I can shine” dedicada a sus dos bebés.

Into the dark

Into the room

Into the world of our cocoon

You are the sun and I’m the moon”

A pesar de toda la situación, Bill se aseguraba de disfrutar al máximo su embarazo. Cada día, se sentía más conectado con los pequeñitos seres que crecían en su vientre. Pasaba largos momentos acariciando su barriga, hablándoles y cantándoles canciones suaves. La sensación de sentirlos moverse dentro de él cuando escuchaban su voz, le llenaba de asombro y alegría.

En las noches, antes de dormir, tenía el hábito de conversar con sus bebés. Les hablaba sobre deseo de tenerlos en sus brazos, les prometía que siempre los cuidaría y les contaba anécdotas de su día. Sabía que los bebés no podían entender sus palabras, pero le reconfortaba la idea de que su voz y sus palabras eran lo primero que escuchaban en este mundo.

A medida que avanzaba el embarazo, la barriga de Bill crecía y los movimientos de los bebés se volvían más intensos. Eran esos momentos especiales en los que sentía una conexión única. Cada patadita, cada vuelta que daban, eran recordatorios constantes de la vida que estaba creciendo dentro de él.

Bill estaba decidido a disfrutar cada instante de su embarazo y a brindarles a sus hijos todo el amor y cariño que podía ofrecerles. Aunque personalmente su vida fuera un caos emocional, no dejaría que ello opacara los momentos mágicos con sus bebés. Con encontraba paz y felicidad.

Continúa…

¡Aww, al menos ya los bebés tienen nombres!

¿No les parece tierno como Bill disfruta con sus bebitos? A pesar de todo, se asegura de brindarles todo el amor del mundo

Por si quieren saber de cuál canción tomé el nombre, les dejo el link de la canción “Layla”: https://www.youtube.com/watch?v=5dCSUD37qxQ

¡Nos vemos en la continuación!

por Kaulitz Angel

Escritora del fandom

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