«As the lights go down» Temporada 2

Capítulo 26

Después de su decisión de dejar a John, Bill se sentía aliviado por un lado, pero también lleno de incertidumbre.

Se encontraba en su casa de Berlín, instalado en la tranquilidad de su hogar. Había llegado en la madrugada del día anterior, lleno de pensamientos tumultuosos y emociones encontradas. Mientras se acomodaba en la casa, su mente se llenaba de recuerdos. Un álbum de fotos descansaba en sus manos, capturando los momentos más felices de su relación con John. Aquellas imágenes de sonrisas genuinas y abrazos cálidos ahora parecían pertenecer a otra vida, a otro tiempo.

Ignorando el golpe que tenía en su labio, Bill se sentía abrumado por la culpa al pensar en el estado actual de John, en su lucha contra las adicciones y en cómo su matrimonio se había desmoronado. Se culpaba a sí mismo, preguntándose si había hecho lo correcto al haber enviado esos cinco años por la borda. A pesar de todo, la idea de que John estuviera sufriendo por su culpa le rompía el corazón. El inglés se había equivocado, no debió involucrarse inicialmente en su relación con Tom, pero mientras estuvieron juntos, le hizo vivir un cuento de hadas y eso era algo que el pelinegro no podía ignorar, había sido el mejor esposo que podía haber tenido y él le pagó engañándolo con su hermano. Esa era una culpa que Bill jamás podría quitarse de encima.

Mientras contemplaba las fotos, Bill se dio cuenta de que todo había cambiado. La felicidad que alguna vez compartieron parecía haberse esfumado, reemplazada por una amargura que se interponían entre ellos. La idea de enfrentar la realidad de su matrimonio le provocaba un nudo en el estómago, pues sabía lo que ello significaría si su esposo decidía abrir la boca por despecho.

El sonido de un claxon desesperado le sacó de sus pensamientos, dejó el álbum de fotos en su cama y caminó hasta la ventana de su habitación. Fuera de su cada, estaba Tom en su auto, tocando la bocina repetidas veces. El mayor no se veía nada contento y sabía por qué.

Bajó hasta el primer piso, abrió el portón y la puerta principal para que su hermano pudiera entrar. Le esperó en la entrada, viendo como Tom bajaba del auto y corría hacia él torpemente.

– ¿Por qué no contestas tu teléfono? – reprochó el mayor mientras se acercaba – ¿Qué estás haciendo aquí? Si no fuera por las noticias, ni me entero que estás aquí

– Tom – resopló el cantante – Yo…

– ¿Qué es eso? – preguntó Tom escandalizado al ver el golpe en labio inferior del menor, este solo suspiró sabiendo lo que se venía encima – No me digas que… Voy a matar a ese hijo de puta

– Tom no es nada – dijo el menor

– ¿Nada? ¿Qué sucedió? En las noticias están especulando lo peor – dijo Tom alterado

– No pasó nada… solo peleamos, John perdió el control y ya… – comenzó a decir el pelinegro molesto – Me golpeó, caí en pánico y me fui

– Jesus – suspiró Tom incrédulo – En serio voy a matarlo ¿cómo se atrevió a golpearte en tu estado?

– Está herido, Tom – le defendió el moreno con voz quebrada – ¿Cómo estarías tu si perdieras al amor de tu vida?

Tom le miró fijamente y pudo observar la tristeza y preocupación que había en los ojos de su hermano. Allí se enteró que la situación era más grave de lo que Bill le había comentado durante esas semanas.

Terminaron de entrar en la casa, instalándose en el salón, donde Bill es dejó caer pesadamente en el sofá más grande, su hermano se sentó a su lado, acariciándole la espalda en señal de invitación a que le contara todo. El menor comenzó a contarle detalladamente toda la situación desde como se había comportado, sus peleas que habían sostenido hasta las disculpas de John y la despedida que tuvieron.

– Debiste ver su cara, Tom – sollozó el menor limpiando las lágrimas que rodaban por sus mejillas – Nunca lo había visto así, está completamente destruido…

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Cuando alcanzó el primer piso, encontró a John sentado en el sofá, con la mirada perdida en un punto distante. Sus ojos enrojecidos reflejaban la angustia y la culpa que lo consumían. Bill pudo ver la desesperación en su rostro, una expresión que nunca habría imaginado ver en su esposo. La imagen le partía el corazón.

– ¿Ya te vas? – murmuró el inglés con voz baja, como si temiera la respuesta

Bill asintió débilmente y vacilante se sentó a su lado, sus dedos temblando mientras encontraban su lugar en el regazo del inglés. El chico se veía completamente afligido, perdido, como si su alma hubiera abandonado su cuerpo. La habitación estaba cargada de tensión y tristeza, como si el aire mismo supiera que algo importante se estaba desmoronando.

– John – le llamó Bill con voz suave

– Lo lamento, Bill… lamento todo esto – comenzó a decir bajando la mirada, sus lágrimas volviendo a fluir – Intenté ser el mejor esposo… realmente lo intenté pero no pude… y ahora te estoy perdiendo – sollozó

Bill sintió un nudo en la garganta y se mordió el labio inferior para contener sus propias lágrimas.

– John, no… No puedes culparte de todo esto. Has sido el mejor esposo que podría tener. Es solo que… no estamos en un buen momento – dijo intentando consolarlo

– De igual manera, nunca dudes que te amo con todo mi ser, siempre lo haré – continuó el inglés – Eres todo para mí, tu y los niños son mi vida, lamento tanto haberles fallado

– Ambos hemos cometido errores, pero eso no significa que no te quiero. Realmente te quiero – finalizó el menor

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– ¡Dios! Me siento tan culpable de haberle hecho esto – se reprochó Bill con los ojos llenos de lágrimas – No lo merece

Tom acarició su espalda, tratando de consolarlo – John está en una de sus crisis, lo he visto así antes, verás como pronto se recupera – intentó tranquilizarlo

Bill negó con tristeza – No lo sé… Me temo que ya sospecha que tú y yo tenemos algo – confesó, su voz temblando de ansiedad – Creo que fui demasiado obvio

– ¿Te dijo algo? – preguntó Tom tensándose inmediatamente, con su rostro lleno de preocupación

– No, pero… no sé, algo en su mirada, su voz – respondió Bill, incapaz de contener sus lágrimas – Solo espero que no sospeche que los bebés… No sé cómo podría reaccionar si se entera de la verdad. Todo saldrá a la luz tan pronto y no sé qué haremos – murmuró entre sollozos.

– Hey, tranquilo – susurró Tom abrazándolo fuertemente – Haremos lo que sea necesario, aunque tengamos que largarnos a un lugar lejano, pero no permitiré que nadie nos haga daño – sentenció

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A medida que los días avanzaban, Bill se adentraba cada vez más al séptimo mes. Continuaba con los preparativos para la Navidad y se esforzaba junto a Tom en la decoración de la habitación de los bebés en su casa en Berlín. Los sentimientos encontrados en su interior lo acompañaban constantemente: la felicidad y la emoción por la llegada de los bebés contrastaban con la tensión constante entre él y John.

La comunicación con su esposo era mínima y se limitaba a cuestiones prácticas, como saber el estado de los bebés y los preparativos para el concierto promocional que John tenía programado en Berlín la próxima semana. En ningún momento John le pidió que asistiera o que se vieran una vez estuviera en el país. Bill tenía la necesidad de mantener cierta distancia para evitar confrontaciones, pero consideraba que esta podría ser una oportunidad para tratar de calmar las aguas entre ellos.

A pesar de esa tensión constante en su relación con John, con Tom y todo lo que le rodeaba, Bill estaba decidido a mantener la calma y enfrentar la situación con serenidad. A fin de cuentas, lo más importante para él en ese momento eran los bebés que llevaba en su vientre, y haría lo que fuera necesario para garantizar su bienestar.

Continúa…

Bueno, fue un capítulo cortito para ir sentando las bases del gran final. Pronto los tres estarán en el mismo país y no sabemos que podrá pasar.

He de admitir que en este momento, siento lástima por John. Lo único que ha hecho es amar a Bill y el otro le paga con semejantes cuernos.

No se pierdan las próximas actualizaciones que se nos viene el final de esta historia.

por Kaulitz Angel

Escritora del fandom

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