«As the lights go down» Temporada 2

Capítulo 28

– David, ¿qué mierda? ¿Por qué tardas tanto? – preguntó el pelinegro entrando de mala gana a la oficina del mánager

David le miró con una expresión indescriptible, Bill frunció el ceño extrañado hasta que el mayor habló.

– Cierra la puerta – le mandó al pelinegro

– ¿Qué? ¿Estás loco? – rio el pelinegro sarcásticamente

– Pequeño pedazo de mierda, cierra la puerta si no quieres que todos se enteren de esto – le amenazó el hombre mostrándole la hoja que tenía en la mano.

Bill sintió como un frío recorría su espina, como su alma abandonaba su cuerpo a ver la hoja que David le mostraba ¿Cómo carajos había llegado eso allí? ¿Acaso se había equivocado de archivos cuando envió las impresiones? Como fuera, el hombre tenía en su poder los resultados de la prueba de paternidad donde claramente se podía leer que Thomas Kaulitz era el padre de sus hijos. El pelinegro, aterrado cerró la puerta como se le ordenó y volteó hacia David mientras pensaba como saldría de eso.

– David, yo… – balbuceó Bill, sin encontrar las palabras adecuadas para justificar lo que estaba viendo. Sabía que, en ese momento, se encontraba en una situación precaria.

– Mira que sabía que ustedes se trataban de una manera poco común ¿pero revolcarte y embarazarte de tu hermano? – cuestionó David – Mierda, es tan bizarro y asqueroso, incluso para mí

– David – repitió el pelinegro con un hilo de voz, incapaz de articular otra palabra

– ¿John sabe esto? ¿Es por eso que se están separando? – preguntó el otro

– ¡No! No le digas nada a John – se apresuró a decir con voz quebrada

– Uh, así que no lo sabe – cantó el mánager con una sonrisa de victoria – No sabe que le pusiste el cuerno con tu propio hermano

– David, por favor… no digas nada – sollozó el moreno sintiéndose acorralado

El hombre mayor le miró con una expresión triunfante, tenía a Bill Kaulitz en la palma de su mano, y no lo desaprovecharía.

– Bien, bien – canturreó comenzando a caminar hacia el cantante – Como todo negociador, creo que podemos llegar a un acuerdo – Bill le miró aterrorizado como se acercaba de manera insinuante – Creo que ya sabes que tienes que hacer y tal vez así… logres callarme – murmuró tomando un mechón del cabello del pelinegro

– No… – sollozó el moreno – Por favor

– ¿Entonces quieres que todos sepan tu sucio secreto? Sabes que eso destruiría tu vida, la de tu hermano, la de John y la de… lo que sea que tengas en tu vientre – le amenazó con una sonrisa socarrona

Bill rompió a llorar, sintiéndose derrotado. En su cabeza corrían demasiado pensamientos que no lo dejaban pensar en otra salida para ese embrollo.

– ¿No le dirás nada a nadie? – sollozó el menor

– Por supuesto que no – rio

David comenzó a besarle con fuerza, arrinconándolo entre la mesa y su cuerpo. Intentó corresponderle, pero entre el miedo, llanto y disgusto no le fue posible. David abandonó para pasar a su cuello y bajó sus manos hasta su trasero apretujándolo.

– David, detente – lloriqueó Bill intentando separarlo de él – Por favor, ahora no… – por supuesto que no quería que le tocara, mucho menos en su estado, se sentía sucio

– No, ya no tienes vuelta atrás – gruñó el mayor tomándole con fuerza las manos para evitar que lo empujara

El pelinegro rompió a llorar más fuerte, intentando removerse del agarre del otro; sin embargo, sabía que si lo hacía, todo terminaría peor.

– ¿¡Qué mierda le estás haciendo maldito imbécil!? – escucharon

Pronto Bill sintió como le quitaron de encima a David de un solo tirón y vio una cabellera castaña frente a sus ojos. Georg había llegado y le había librado de David, dándole un empujón y un puñetazo en la cara que le dejó desconcertado por un rato

– Georg – sollozó Bill

– ¿Estás bien? ¿Te hizo algo? – preguntó el bajista preocupado tomándolo por los hombros

El pelinegro negó repetidamente y se dejó abrazar por su compañero.

– Vas a pagar muy caro esto, pequeña putita – dijo David dirigiéndose al moreno mientras limpiaba la sangre de rostro – Tu esposo… Todos se darán cuenta de quién eres

El mánager salió del lugar rápidamente, llevándose consigo la hoja de la evidencia, que le permitiría destruir la vida de los gemelos en un pestañeo.

– ¿Dónde está Tom? – preguntó Bill entre lágrimas, desesperado

– Espera aquí – dijo Georg yendo a buscar al guitarrista

Bill se dejó caer en uno de los sillones de la oficina mientras respiraba agitadamente, sentía que en cualquier momento se desmayaría. Pronto escuchó como su hermano, Georg y Gustav hablaban atropelladamente y ser acercaban a paso rápido a donde él estaba.

– El idiota huyó – gruñó Georg – Juro que quiero romperle la cara

Tom entró al lugar con una expresión entre furia y preocupación, corrió cuando vio a su hermano sentado en el sofá con cara de terror.

– Oye, ¿estás bien? ¿Te hizo algo? ¿Te lastimó? – preguntaba el mayor mientras revisaba a su gemelo

– Sabe todo, Tom… – soltó el pelinegro entre sollozos – Lo sabe…

Tom le miró con cara de espanto. El shock y el miedo se apoderaron de él mientras intentaba procesar lo que le decía.

– ¿Qué? – susurró apenas siendo escuchado por su gemelo

– Fue mi culpa… Lo siento, Tom – lloró amargamente el menor

Tom se sentó junto a su hermano, tomándolo en sus brazos con extrema preocupación. La noticia de que David conocía el secreto los ponía en una posición peligrosa. Pidió a sus amigos que se retiraran para que su gemelo y él pudieran hablar con más privacidad.

– Tranquilo. Respira hondo. Explícame lo que pasó – Tom intentó calmar a su hermano mientras acariciaba su espalda con ternura

Bill tomó una bocanada de aire y comenzó a relatar lo que había sucedido en la oficina de David, desde el momento en que entró hasta la amenaza y el chantaje del mánager.

Tom escuchó con atención, y su expresión pasó de la preocupación a la furia. No podía creer lo que David había hecho, sabía que era una escoria de persona, pero jamás le creyó capaz de eso. Bill, por otro lado, se sentía culpable por haber llegado a esta situación.

– Esto se ha salido de control – dijo Tom con determinación – No podemos quedarnos aquí, debemos irnos de este país antes de que todos se enteren e intenten retenernos. Tenemos que largarnos y empezar de nuevo en otro lugar

Bill asintió, aunque sus ojos seguían llenos de lágrimas. Sabía que Tom tenía razón. Tenían que tomar una decisión drástica. Sabía que no tenían muchas opciones si no quería que le quitaran a sus hijos.

– Lo haremos juntos, Bill. Siempre juntos. – Tom abrazó a su hermano con determinación, prometiéndole que superarían esta difícil situación.

Con la decisión tomada, los gemelos Kaulitz comenzaron a trazar un plan para su partida. Nueva Zelanda, ese sería el país en donde se exiliarían. El pequeño pueblo de Waitaki, en las orillas de un lago, había llamado su atención por su baja densidad de población y su relativo aislamiento. Era el lugar perfecto para comenzar de nuevo, lejos de miradas curiosas y peligros potenciales.

De regreso en la casa de Bill, la tensión era palpable mientras empacaba lo esencial para su viaje. Ropa, documentos importantes y algunos recuerdos. El pelinegro miró con nostalgia la habitación que habían preparado con tanto amor para sus bebés.

Cuando pasó por la habitación de los bebés, Bill no pudo evitar sentir una mezcla de amor y tristeza. Imaginó a sus pequeños en su cuna, durmiendo tranquilamente en su nuevo hogar. Pero también sabía que, en este momento, la prioridad era su seguridad.

– ¿Crees que estaremos haciendo lo correcto? – preguntó Bill con voz temblorosa, mirando a su hermano

Tom lo abrazó con ternura y le acarició el vientre suavemente – Sí, esto es lo mejor para nosotros y para nuestros bebés. No podemos permitir que nadie les haga daño. Vamos a empezar de nuevo y darles la vida que se merecen

El viaje no sería fácil, y Tom tenía razón en estar preocupado. Bill estaba en las últimas semanas de su embarazo, y un viaje tan largo y agotador no sería ideal. Sin embargo, sabían que no tenían otra opción.

Mientras Bill empacaba, Tom compraba los boletos para Nueva Zelanda, pero se dio cuenta de que el próximo vuelo disponible era para el día siguiente, con múltiples escalas y un viaje que duraría 45 horas en total. Tom miró a su gemelo con preocupación.

– ¿Crees que podrás soportar ese largo viaje en tu estado? – preguntó, preocupado por la salud de su hermano y sus bebés

Bill se mordió el labio, luchando contra las lágrimas que amenazaban con caer – Haré lo que sea necesario por nuestros hijos, Tom

Tom asintió, sabiendo que Bill tenía razón. No había tiempo que perder, y estaban decididos a darles a sus bebés un comienzo seguro en un nuevo país.

En horas de la noche, Tom decidió ir a su casa para recoger sus pertenencias y documentos mientras Bill se quedaba en la suya esperándolo. Se prometieron que se reunirían lo más pronto posible para partir juntos.

Mientras Tom estaba en su casa, Bill se quedó en su habitación intentando descansar y aclarar su mente. Luego de unas horas, decidió encender el televisor para ver si había alguna novedad sobre ellos en las noticias. Sin embargo, lo que vio en la pantalla lo dejó completamente atónito. En los noticieros, apareció un anuncio que impactó al cantante hasta lo más profundo de su ser: David Jost, había sido asesinado a tiros en la discográfica hace apenas unos minutos.

Bill se quedó mirando la pantalla, con los ojos abiertos y la boca entreabierta. No podía creer lo que estaba viendo. El pelinegro no podía evitar sentir una oleada de shock y horror ante la noticia de su muerte. Las imágenes del lugar del crimen se mostraban en la pantalla, con la policía y los paramédicos rodeando la escena. Bill sintió un nudo en el estómago y un escalofrío recorrió su espalda.

Escuchó como la puerta de su habitación se abría y sin quitar la mirada del televisor soltó.

– Tom, alguien mató a David – jadeó

Al no obtener respuesta, volteó y la imagen que vio le dejó helado. En el umbral de la habitación, estaba John. Sangre cubría su ropa y manos, y su expresión era aterradora, visiblemente drogado. En una mano sostenía un arma, y en la otra, un papel arrugado y ensangrentado.

Bill se quedó petrificado, sin palabras, mientras observaba a su esposo. El shock y el miedo lo invadieron cuando se dio cuenta de que algo terrible había ocurrido.

– John, ¿qué has hecho? – murmuró el cantante, su voz temblorosa mientras sus ojos se fijaban en el arma

John no respondió de inmediato. En lugar de eso, le tiró el papel ensangrentado a Bill. El pelinegro lo recogió con manos temblorosas y leyó el contenido. La prueba que tenía David. El mensaje era claro y escalofriante que dejaba en evidencia un acto violento.

– Solo dime que no es cierto – John le pidió con urgencia, completamente fuera de sí, sus ojos rojos desesperados buscando algún tipo de consuelo o negación de la verdad

Bill seguía en estado de shock. Las implicaciones de lo que estaba viendo y oyendo lo abrumaban. Luego, la realidad de la situación comenzó a hundirse, y la gravedad de la prueba se hizo evidente. Bill levantó la vista y se enfrentó a John, con el corazón en la garganta.

– ¿Mataste a David? – preguntó en voz baja y temblorosa, sus ojos llenos de lágrimas y miedo

John lo miró fijamente, sus propios ojos reflejando un tormento insondable.

– Te prometí que no dejaría que nadie te hiciera daño – respondió, su voz llena de determinación. Su mirada estaba llena de una intensidad feroz mientras sostenía el arma con firmeza

La habitación se llenó de una tensión dolorosa mientras Bill y John se enfrentaban a la terrible verdad. Los ojos del moreno estaban nublados por las lágrimas, mientras que la expresión de John reflejaba un profundo dolor, rabia y confusión.

– ¿Por qué hiciste esto? ¿Cómo pudiste traicionarme de esta manera? – preguntó John con voz quebrada, incapaz de comprender completamente la traición que había descubierto – ¿Por qué él?

Bill, por su parte, se sintió como un criminal en el banquillo de los acusados. Su voz temblorosa resonó con pesar mientras luchaba por encontrar las palabras adecuadas para explicarse.

– Lo amo – admitió el cantante sin más, sin saber de dónde había sacado el valor para decir eso – Te amé John… muchísimo, pero… él es el amor de mi vida

John cerró los puños con fuerza, tratando de contener sus emociones. Su voz era un susurro lleno de angustia.

– Éramos felices, Bill. Lo éramos hasta que Tom regresó a nuestras vidas. ¿Por qué no pudiste decirle que no? ¿Por qué no pudiste elegirme a mí? – preguntó, con voz llena de ira y los ojos llenos de lágrimas

– ¡Tu sabías lo que sentía por él! – gritó Bill desesperado – Tu fuiste quien le sugirió que me dejara, sabías que nos amábamos y aun así…

– ¡LO HICE PORQUE ESTABA ENAMORADO DE TI! – gritó el inglés de vuelta frustrado – Lo hice porque odio a Tom, lo hice porque su relación estaba mal, es una abominación, ¡BILL SON HERMANOS!

– No tenías derecho a entrometerte – recalcó el menor

John gruñó en desesperación. Caminó por la habitación como si buscara respuestas mientras se pasaba una mano por la cara en señal de frustración. Todo esto bajo la atenta y aterrorizada mirada de Bill.

– Mira… Solo dejemos todo esto atrás ¿sí? – comenzó a decir John tratando de recapacitar – Podemos volver a ser los de antes, puedo hacer que te enamores de mí de nuevo, estoy dispuesto a criar a esos niños como si fueran míos… ¡Dios, Bill…! Te amo y no quiero perderte… Eres todo para mí

– John, basta… – susurró el moreno con un hilo de voz

De repente escucharon como Tom llamaba a Bill desde el piso de abajo, John rápidamente apuntó el arma hacia su esposo para que este no reaccionara. Bill se quedó completamente atónito al ver como John, le apuntaba sin dudar mientras escuchaba los pasos apresurados de su gemelo.

– Bill – volvió a llamar Tom llegando a la puerta.

Tom quedó petrificado ante la imagen, había visto las noticias también y ahora todo cuadraba. Seguramente David se comunicó con John, aprovechando que este estaba en Oberhausen, a solo unas cuantas horas de allí, le habría contado la verdad y John en su estado…

Los ojos de Bill se ensancharon mientras miraba a su hermano y luego como John cambiaba de objetivo hacia Tom. Bill, asustado, se interpuso entre ellos.

– ¡John, por favor, no hagas ninguna tontería! – rogó el cantante, su voz temblorosa mientras miraba a su esposo con desesperación. Tom rápidamente movió a Bill para ponerlo a su espalda, si alguien saliese herido, no sería el menor ni los bebés.

John, con una expresión desquiciada, apuntó el arma hacia Tom, cuyos ojos estaban llenos de sorpresa y temor.

– Ahora que estamos todos juntos, podemos ponerle fin a esto de una vez por todas – John murmuró, su mirada fija en Tom llena de odio.

Tom trató de mantener la calma, aunque su voz temblaba también – John, no puedes resolver nada de esta manera, necesitas bajar esa arma

– Por favor, esto no te llevará a ninguna parte, baja esa arma – Bill luchaba por mantener la calma mientras hacía un último esfuerzo para evitar una tragedia

John miró a Tom con una mezcla de rabia y tristeza en sus ojos. Le recriminó por haberse entrometido en su matrimonio.

– ¿Por qué? ¿Por qué tuviste que quitármelo a él también? – gritó John – Eras mi mejor amigo, eras como mi hermano…Te dije, Tom, te dije que si en algún momento te atrevías a quitarme a Bill, haría lo que fuera necesario. Si eso incluye matarte, no dudes que lo haré – John murmuró con una voz temblorosa mientras cargaba el arma

– Si quieres matarme, hazlo… pero deja que Bill se vaya – dijo Tom con valor, colocándose firmemente frente a su gemelo

– Tom… – jadeó el pelinegro

– Esto es entre tú y yo, John – continuó el guitarrista

John apunto con más firmeza el arma hacia Tom; sin embargo, su expresión vacilaba entre ira e impotencia al ver al mayor protegiendo con su vida, literalmente, a su gemelo.

– ¿Por qué, Bill? ¿Por qué tuviste que hacerme esto? – cuestionó dolido – Solo ven conmigo… sabes que ustedes no serán felices juntos… yo… juntos podemos ser felices, te amo y sé que aun sientes algo por mi – sonrió débilmente, más como una súplica

– John… – sollozó el pelinegro – Acabas de matar a una persona… la policía vendrá por ti… tú y yo, ya no podemos estar juntos… – finalizó

Las palabras parecieron afectar a John, su expresión cambió a una de confusión. Miró sus manos manchadas de sangre con horror, como si las viera por primera vez. La realidad de lo que había hecho comenzaba a hundirse en su mente. Las lágrimas brotaron de sus ojos, y sus manos temblaron.

– Tú me hiciste hacer esto… – murmuró apuntando de nuevo el arma hacia ellos con determinación – Lo siento, Bill…

– ¡JOHN, NO!

Continúa… 

No se pierdan el próximo capítulo, tendremos el final y un epílogo.

por Kaulitz Angel

Escritora del fandom

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