«As the lights go down» Temporada 2

Capítulo 29

– ¡JOHN, NO! 

Bill se incorporó bruscamente en la cama, con el corazón latiendo desbocado y el sudor perlado en su frente. El eco del grito de «no» aún resonaba en su cabeza mientras se esforzaba por recuperar el aliento. Después de unos momentos de confusión, encendió la lámpara de su mesita de noche. La realidad del sueño se desplegó ante él, y un suspiro de alivio escapó de sus labios.

Bill se acurrucó un poco, tratando de tranquilizar su mente inquieta. Entonces, un suave murmullo llamó su atención. Miró hacia el lado y vio a uno de sus pequeñitos agitándose en la cuna.

El pelinegro se levantó y se acercó a la cuna. Louis estaba allí, con sus ojos curiosos mirándolo, mostrando sus encías como sonrisa. Una tierna sonrisa iluminó el rostro de Bill al ver a su bebé despierto y alerta.

– Hey, ¿por qué no estás durmiendo? – preguntó acariciando la barriguita de su bebé – ¿Te desperté? ¿Tienes hambre?

El bebé solo comenzó a hacer más gorgoritos y agitó sus manitas, como si estuviera respondiendo a la voz de su padre.

– Tu hermana duerme como un tronco – murmuró el cantante – Lo que significa… que es hora de cariñitos solo entre tú y yo – sonrió como si estuviera a punto de realizar una travesura

Con cuidado, levantó a Louis de la cuna y lo llevó a su cama. Sentándose cómodamente, comenzó a acariciar suavemente el tierno rostro del bebé. Louis, con ojos traviesos, sonreía mientras su padre le hacía cosquillas, jugaba con sus pequeñas manitas y le cantaba Beautiful Boy de John Lennon.

El cuarto estaba lleno de risas apacibles y el cálido murmullo de un vínculo padre-hijo que se fortalecía con cada caricia. Bill se dejó envolver por la ternura del momento, agradecido por la paz que su pequeño le proporcionaba.

Luego de un rato, Louis bostezó, indicando que estaba listo para volver a dormir. Bill, con un suspiro cariñoso, lo acomodó con cuidado sobre la cama. El bebé se acomodó, y el cantante lo abrazó suavemente, sintiendo el latir de sus corazones en armonía.

Mientras observaba a Louis quedarse dormido, sus pensamientos viajaron hacia el pasado. Seis meses habían transcurrido desde aquella fatídica situación que lo había sumido en una pesadilla. Seis meses desde que su vida había dado un giro de 180 grados. Seis meses desde que John disparó, llevándose toda la paz, tranquilidad y alma de Bill.

Con la mirada perdida en la suave luz de la habitación, Bill abrazó a Louis con más fuerza. Se sentía agradecido por cada momento tranquilo y sereno que compartía con sus bebés. El moreno se quedó contemplando en silencio a Louis mientras el pequeño dormía plácidamente. La habitación estaba impregnada de una calma que, por momentos, lograba aplacar la tormenta de emociones que seguía latente en el corazón de Bill. La presencia de sus bebés, cada uno con su inocencia y serenidad, actuaba como un bálsamo para su alma herida.

A punto de dejarse llevar por el sueño, cuando la puerta se abrió silenciosamente. Tom ingresó con cautela, sosteniendo dos biberones en sus manos. La luz tenue reveló su expresión preocupada al ver a Bill despierto.

– Lo siento… no sabía que estabas despierto – murmuró apenado – Traje biberones nuevos, vi que ya se habían acabado los anteriores – agregó dejándolos en la mesita de noche del menor

– Gracias – suspiró el cantante con voz suave

– ¿No puedes dormir de nuevo? – preguntó Tom, acercándose con paso tranquilo

Bill asintió levemente, sus ojos reflejando el rastro de la pesadilla que lo había perturbado. Tom entendió de inmediato; después de todo, había compartido suficientes noches inquietas con su hermano gemelo.

– Tal vez esto te ayude a tranquilizarte – intentó bromear Tom, ofreciendo uno de los biberones

Bill rio suavemente ante la tontería de su hermano, el mayor se sentó en el borde de la cama al percatarse de la expresión tan consternada del menor.

– ¿La misma pesadilla? —preguntó Tom con suavidad

Bill asintió nuevamente, sus ojos encontrando los de Tom en un intento de transmitir la complejidad de sus emociones.

– Es como revivir una y otra vez el momento – resopló el cantante pasándose ambas manos por la cara en señal de frustración – Simplemente, no puedo olvidarlo…

El fatídico desenlace de esa noche fatídica estaba grabado en lo más profundo de la memoria de Bill y Tom. Ver a John dispararse en la cabeza frente a ellos fue un evento que dejó cicatrices imborrables.

&

El estruendo del disparo resonó en sus oídos como un eco y el caos se apoderó de la escena.

La sangre de John les salpicó a ambos y la misma comenzó a teñir el suelo. Bill, en estado de shock, apenas podía procesar lo que acababa de suceder mientras se soltaba de Tom y corría hacia el inerte cuerpo de su ahora exesposo, gritando desconsoladamente su nombre. Su mente luchaba por comprender la realidad mientras su corazón latía con una mezcla de incredulidad, dolor y culpa.

Tom, por su parte, se sentía paralizado, incapaz de reaccionar de inmediato ante la tragedia que se desarrollaba ante sus ojos. Se dejó caer apoyado en la pared hasta quedar sentado en el suelo, mientras veía, sin aliento, a su hermano llorar sobre el cuerpo de John.

La situación dejó a los gemelos en un estado de aturdimiento. Cuando los servicios de emergencia llegaron, tuvieron que forzar al pelinegro para que se soltara del cuerpo y poder atenderlo a él y a su gemelo también. Desde ese momento, Bill cayó abismo de desesperación.

Los gemelos Kaulitz se vieron obligados a proporcionar sus declaraciones sobre los hechos que llevaron a la tragedia. Por supuesto, omitieron cualquier detalle sobre la infidelidad de Bill hacia John y otros aspectos sensibles de la situación. Una vez que la policía recabó la información necesaria, y se realizaron los procedimientos legales pertinentes, la muerte de John fue oficialmente declarada como suicidio, atribuyéndolo al consumo de sustancias psicotrópicas. Del mismo modo, el asesinato de David fue excusado por las autoridades, considerándolo como un acto de defensa por parte de John ante el intento de abuso del mánager hacia Bill.

El pelinegro fue ingresado en una clínica de salud mental. La decisión no solo buscaba brindarle al cantante el tratamiento necesario para abordar el trauma que le dejó presenciar la muerte de John, sino también para protegerlo del acoso implacable de los medios de comunicación. Su estado emocional estaba tan afectado que apenas podía articular palabras, y su mirada perdida reflejaba el tormento interno que estaba experimentando.

Los días posteriores a la trágica muerte de John fueron un torbellino de emociones para Bill y Tom. El funeral de John se convirtió en un evento sombrío, donde amigos y familiares se reunieron para despedirse. Bill, aún en estado de shock, asistió con un semblante demacrado y ojos vidriosos.

Después del funeral, el pelinegro regresó a la clínica de terapia, donde intentaba lidiar con el trauma que había experimentado. Las sesiones eran intensas, explorando cada detalle de aquella noche fatídica. La culpa pesaba sobre sus hombros, y el dolor se manifestaba en cada lágrima derramada.

Las grietas en la relación entre los gemelos también eran evidentes. La culpa se interponía entre ellos, creando una barrera emocional que se reflejaba en los silencios incómodos y las miradas evasivas.

La culpa se apoderó del espacio que antes compartían Bill y Tom, marcando el inicio de una dolorosa etapa de distanciamiento. Mientras Bill lidiaba con el trauma en la clínica de terapia, se cerró emocionalmente, sintiendo que la presencia de su gemelo, era un recordatorio constante de los eventos que llevaron a la muerte de John.

Tom, por su parte, anhelaba buscar y ofrecer consuelo y apoyo a su gemelo, pero las puertas de la clínica permanecían cerradas para él. Cada intento de visita era rechazado por Bill, quien se aferraba a su sufrimiento como si la penitencia personal fuera la única manera de expiar la culpa.

La llegada de los bebés trajo consigo una mezcla de emociones contrastantes. La alegría del nuevo comienzo estaba teñida por la sombra de la pérdida de John. Los medios ayudaban a que la historia se tornara más sombría, cuando pasaban reportajes amarillistas donde expresaban lo lamentable que era que John no haya podido conocer a sus hijos, porque sí, legalmente y para los medios y los demás, los gemelos eran Layla y Louis Taylor. Así lo habían decidido los Kaulitz, para evitar más inconvenientes innecesarios.

Bill salió del hospital y junto con Tom, volvieron a Londres, pues el pelinegro podía sentir un poco de consuelo en la casa que compartió con su esposo, cada rincón se lo recordara.

La atmósfera estaba cargada de silencios incómodos y conversaciones truncadas. La relación que alguna vez fue un refugio se desvanecía, sustituida por una sensación de desconexión y soledad compartida. Cada uno dormía en una habitación aparte, pues por obvias razones, Bill no podía compartir con Tom la cama que alguna vez compartió con John.

A pesar de la tristeza que envolvía su hogar y la culpa que ambos llevaban como una pesada carga, Bill y Tom hicieron su mejor esfuerzo para cuidar de los pequeños. Los bebés se convirtieron en un lazo que proporcionaba un motivo para seguir adelante.

Aunque las diferencias y la distancia emocional persistían entre los gemelos, encontraron una especie de entendimiento silencioso cuando se trataba de los bebés. La responsabilidad compartida de cuidar a los pequeños creó un espacio en el que, por momentos, podían dejar de lado las tensiones y concentrarse en el amor que sentían por sus hijos.

Las noches compartidas de desvelo, los biberones a altas horas y los pañales cambiados se convirtieron en rituales que brindaban un sentido de normalidad en medio de la tormenta emocional. En esos momentos, la conexión entre Bill y Tom trascendía las palabras no dichas y la culpa que aún pesaba sobre sus hombros.

Aunque el camino hacia la curación era largo y complicado, el amor compartido por los pequeños ofrecía destellos de esperanza. En esos momentos, la tristeza se veía eclipsada por la determinación de brindarles a los bebés un hogar lleno de amor y cuidado.

&

– Desearía poder solo… borrarlo de mi mente y ya – murmuró el moreno

– Lo sé… yo tampoco puedo eliminarlo de mi mente – secundó Tom – Solo el tiempo nos ayudará a sanar

Fueron interrumpidos cuando escucharon como Layla, comenzaba a refunfuñar para luego soltar. Tom, se levantó para atender a la niña

– Hola princesa ¿tienes hambre? – dijo el mayor tomando a la niña en brazos – ¿Quieres dárselo? – preguntó hacia Bill, extendiéndole uno de los biberones

– Me encantaría, pero sé que en el fondo… tu eres su favorito – bromeó el moreno entrecerrando los ojos como si hubiera confirmado una sospecha

Tom rio ante la ocurrencia, pero sí debía admitir que la niña adoraba estar en sus brazos. Algunas veces, cuando Bill no lograba calmarla, solo él podía silenciar su llanto. A medida que alimentaba a la pequeña, Tom le dedicaba palabras de amor y sonrisas cariñosas, mostrando la conexión que tenía con sus hijos.

Bill, con la mirada perdida en la escena, sintió una oleada de emociones encontradas. Tom, a pesar de todo lo que habían pasado, demostraba ser un padre excepcional. Vacilante, el pelinegro se levantó de la cama y abrazó a Tom por la espalda apoyando su barbilla en el hombro del mayor para poder ver a su pequeña devorando la leche como si la vida dependiera en ello, deseando haber compartido más momentos como ese juntos. El guitarrista por su parte, se sobresaltó al sentir ese contacto de Bill, pues desde hace meses, no se tocaban de esa manera.

– Lo siento… – murmuró el moreno en su oído – He estado tan distante, y no es justo para ti… Aunque las cosas han sido difíciles, quiero que sepas que te sigo amando, incluso más que antes porque eres un excelente padre – expresó Bill con sinceridad, dándole un beso en la mejilla – Por favor, discúlpame por no haber estado ahí como debía

Tom sonrió débilmente y asintió comprensivamente, para luego voltearse y quedar frente al pelinegro.

– Los dos estamos trabajando en ello, Bill… juntos superaremos esto – sonrió el mayor pasando un brazo por la cintura del menor para atraerlo a él sin apretujar mucho a Layla – Y yo también te sigo amando con mi vida

El pelinegro sonrió bobamente y se dejó abrazar por su gemelo, mientras ambos le hacían cariñitos a la niña que descansaba en el otro brazo del mayor y luego observaban el otro angelito que chupaba su dedo mientras dormía plácidamente en medio de la cama del menor.

Después de esa noche, las cosas fueron mejorando poco a poco. Bill sintió que lo mejor era irse de la casa de Londres, pues sentía que era hora de intentar sobrellevar de mejor manera el duelo y como Tom había dicho, poco a poco, la culpa iría remitiendo, dando paso a la resignación. Decidieron que volverían a Alemania; sin embargo, no volverían a la casa de John y Bill. Luego de pensarlo seria y ampliamente, esta sería vendida, pues el pelinegro no consideraba correcto continuar su relación con Tom en una casa que había adquirido y compartido con John. Así que temporalmente, se fueron a la del guitarrista, la cual pronto también fue vendida, ya que los gemelos decidieron comprar una un poco más grande y apta para poder criar a sus bebés.

Bill sí se quedó con la casa de Londres, pues tenía demasiado significado para él y así, sus hijos y él tendrían un lugar donde quedarse cuando los “abuelos” por parte de John, quisieran ver a sus nietos.

Con respecto a la herencia de John, todo quedó a nombre de Bill; sin embargo, este decidió donar todo el dinero a las distintas causas benéficas y asociaciones que tenía con John, renunciando a cualquier beneficio personal. No era correcto que él o sus “hijos” disfrutaran de algo que no les correspondía y así se aseguraba que la memoria de John perdurara en acciones altruistas.

Con todas estas acciones y cambios, Bill consideraba que finalmente, podría iniciar una nueva vida al lado de sus hijos y al lado de su amado Tom.

Continúa…

Ehh, se asustaron ¿verdad? Creyeron que Tom había muerto… ¡pues no!

¿Qué les pareció el desenlace? Creo que solo extrañaré a John.

¿Creen que los gemelos puedan superar la culpa y salvar la relación? No se pierdan la continuación, lo más probable es que ya sea el epílogo.

¡Muchas gracias a los que han llegado hasta acá, se les agradece infinitamente el apoyo!

por Kaulitz Angel

Escritora del fandom

2 comentario en “ATLGD 29”

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