Notas: Muchas gracias a mis niñas: Ady, Julie, Miusensei y Aurora, quienes continúan comentando cada capítulo. MUAK, las adoro, chicas.

«Believer» Fic TWC de MizukyChan

¿Puede alguien caminar sobre las brasas sin quemarse los pies?

(Proverbios 6:28)

Capítulo 19: Dance with the Devil

Cuando Mitch entró en la habitación C35, ese día ya por la noche, no pudo evitar sentir una punzada de dolor al ver al joven sacerdote tendido en la cama, con el ceño apretado y una mano hecha puño sobre las mantas.

¿Está bien? —Preguntó al hombre sentado en la silla.

Sí, ha dormido la mayor parte del día y lo hará hasta mañana o quizás más —respondió John, soltando un bostezo.

Deberías ir a descansar —sugirió el sheriff—. Apenas tienes los ojos abiertos.

Estás en las mismas —bromeó el sacerdote, fijándose en las oscuras bolsas bajo los ojos del sheriff—. ¿Alguna novedad? —Preguntó tras un leve silencio.

Aparte de saber que dos menores de edad han desaparecido —contestó con sarcasmo—, no, nada nuevo.

¿Crees que los haya tomado el asesino? —Preguntó temeroso.

John bajó la mirada, pese a la ira que sintió al enterarse del acoso de Ben a su amigo Thomas, jamás le desearía al chiquillo algo malo, sólo un par de puñetazos que él mismo estaría dispuesto a dar, jamás dejarlo expuesto a las sádicas medidas del asesino en serie.

No lo sé, John —el sheriff pasó una mano por su cara—. Ruego a Dios que tanto Ben como Jennyfer hayan huido al verse descubiertos en su travesura —aunque travesura no era la palabra más adecuada en este caso—. Porque si este loco, fanático religioso, los ha capturado como “pecadores”, me temo que no los hallaremos a tiempo.

Pero debe haber una forma —alegó el sacerdote.

Si la hay, por favor, dímela, porque me siento realmente atado de manos aquí —se defendió el policía, reflejando su desesperación en las arrugas que se marcaron entre sus cejas.

Lo siento, Mitch, no pretendo presionarte —se disculpó el cura.

Mary Ann está convencida de que esta serie de asesinatos no es algo al azar —Mitch cambió de tema y caminó hasta la ventana de la habitación, mirando a través de la oscuridad de la noche—. Y no me refiero a que el hombre ha investigado a sus víctimas, para tacharlos de pecadores, sino que hay algo más, algo en el M.O. que utiliza.

¿M.O.?

El Modus Operandi.

Oh. ¿Ella cree que esto ha ocurrido antes?

No de la misma forma o con la misma eficacia, pero sí —contestó soltando un suspiro—. Ahora mismo está investigando algunos casos anteriores.

Y si ya ha ocurrido antes y no han descubierto al criminal, ¿servirá de algo ahora? —Preguntó John, bostezando nuevamente tras su mano.

En estos momentos, toda información nos será útil —respondió el sheriff—, aunque la mejor fuente de información ahora mismo yace dormida aquí —señaló la cama del Padre Kaulitz.

No creo que Thomas sepa más de lo que nos ha contado, Mitch.

Lo sé. Él no nos ocultaría información, pero su visión de las cosas nos sería muy útil.

Sí te refieres al hecho de que es un sacerdote, yo les puedo ayudar.

Sí, apreciaría tu ayuda. Pero para eso, necesito que estés descansado. Ve a dormir un poco, ¿está bien?

No quiero dejar solo a Thomas —respondió el sacerdote, bajando la mirada.

Esta vez hay un buen policía en el corredor —le aseguró Mitch—. Y también está Donna, apuesto a que esa enfermera se ha tomado como misión personal mantener a salvo a nuestro curita —dijo para aligerar el ambiente.

John no pudo evitar sonreír—. Es cierto.

Vamos, te llevaré a la iglesia.

En realidad me estoy quedando en un motel.

Bien, te llevaré hasta allá.

Gracias.

&

Tom abrió los ojos con pesadez, sentía su cabeza punzar y una leve sensación de nausea, miró la habitación notando que estaba en penumbras y no había nadie con él. Decidió sentarse y beber un poco de agua para intentar disminuir la amargura en su boca, tuvo que cerrar los ojos para detener el mareo que sintió con el movimiento.

Tranquilo, Tom, el piso no se mueve, sólo es tu cabeza. Se dijo mentalmente, aferrándose a la cama hasta que el vértigo pasó.

Ya lograste sentarte, ahora ponte de pie. Era mucho más fácil pensarlo que hacerlo, considerando que sus piernas parecían creer que estaban sobre en un barco en alta mar, en plena tormenta invernal.

Sintiendo que se tambaleaba sin cesar, estiró una mano para apoyarse en la primera superficie sólida que tocó, que resultó ser la mesita junto a su cama. Abrió los ojos y se enfocó en la tarea de llenar el vaso con agua del jarrón que estaba allí mismo. Bebió dos grandes sorbos y soltó un largo suspiro de alivio, tenía hambre, pero sabía que, por el momento, su cuerpo no resistiría comer nada sólido y el agua fresca calmó su desesperación. Volvió a tomar un sorbo y casi se ahogó cuando la luz se encendió.

Oh, Dios mío, ¿qué haces despierto? —Preguntó una voz femenina, reflejando su preocupación.

Pensé que preguntaría que hago levantado, no despierto —dijo Tom, sonriendo y bajando el vaso, todavía sujetándose de la mesita, con los ojos cerrados.

Deje que le ayude —dijo la mujer, dejando en la silla lo que cargaba en sus manos, para sostenerlo con seguridad de un brazo y devolverlo al borde de la cama, para que se sentara—. ¿Cómo se siente, Padre Kaulitz? —Preguntó con una sonrisa.

Bien, creo —respondió el joven, cerrando los ojos una vez más—. Como si hubiese dormido un mes.

Sí, bueno, no ha sido tanto, pero todavía necesita dormir más, hasta que el efecto del barbitúrico salga por completo de su sistema —explicó la mujer.

Tom levantó un poco la cabeza para verla a los ojos y le ofreció una sonrisa débil—. Gracias…

Donna, mi nombre es Donna, lo he atendido algunas noches, pero siempre ha estado fuera de combate —dijo en tono ligero, logrando sacar otra sonrisa al paciente.

No creo haber estado aquí por tanto tiempo —comentó Tom, ladeando un poco la cabeza.

Uno no mide el tiempo cuando está en el hospital —mintió la mujer. No quería estresar al paciente contándole que nuevamente había sido drogado.

Es cierto.

¿Quiere un poco más de agua? —Preguntó la enfermera, lista para llenar el vaso otra vez.

La verdad es que sí, pero me gustaría echarme el agua encima.

¿Qué?

Quiero darme un baño.

Donna arrugó un poco el ceño—. No quiero ser la mala aquí, pero preferiría que uno de los paramédicos le diera un baño de esponja. No me puedo arriesgar a que entre en la ducha y se desmaye.

Fue el turno de Tom de arrugar el ceño—. Ya no estoy tan mareado, puedo hacerlo sin matarme en la ducha —la mujer seguía con el ceño apretado, así que Tom insistió—. Por favor. No me agrada la idea de otra persona dándome un baño de esponja. Soy sacerdote. Hay reglas, pudor, ¿me entiende? —Tom no quería usar la carta del sacerdote, pero quería darse un baño y nadie se lo iba a impedir.

Vamos a hacer lo siguiente, Padre, voy a llamar al oficial que custodia el pasillo y él estará justo fuera de la puerta. Si siente un mareo, o nauseas, o cualquier sensación de desvanecimiento, va a gritar y él entrará a ayudarlo, ¿está bien?

Mejor él que usted, me va a disculpar, Donna, pero no me gustaría que una mujer que no tiene edad de ser mi madre me vea desnudo —dijo bromeando, ganándose una sonrisa de la enfermera.

El baño tiene una ducha pequeña, lo suficiente como para sostenerse de las paredes, en caso emergencia. Su amigo, el Padre Morgan trajo ropa de cambio, la dejaré a mano para que pueda vestirse, ¿está bien?

Sí, gracias Donna.

La mujer se movió en la habitación, sacando del closet una bolsa de lona y buscó en su interior, una toalla, ropa interior, un pantalón holgado y una camiseta—. Creo que será suficiente, después de todo tendrá que volver a la cama después de la ducha.

¿Tengo que hacerlo? —Se quejó Tom, levantándose de la cama con mejor equilibrio esta vez.

Órdenes del médico —dijo la mujer, guiñándole un ojo.

Tom dio pasos cortos, pero se veía bastante más estable, cosa que terminó de convencer a la enfermera, quien se dirigió a la puerta—. Iré por el oficial.

Gracias Donna.

Cuando la mujer salió, Tom entró en el baño y vació su vejiga, soltando un suspiro de alivio mientras lo hacía. Tras accionar el agua, procedió a lavarse los dientes, cerrando los ojos de gusto al sentir el sabor a menta en su boca, luego se quitó la ropa, sintiendo alivio cuando el aire acarició su piel. Abrió la llave de la ducha y entró en el pequeño espacio, sin esperar a que el agua se calentara, dejándose envolver por la frescura del líquido.

Por fin, esto se siente muy bien. Exhaló ruidosamente, mientras el rocío del agua impactaba contra sus adoloridos músculos.

La habitación del hospital estaba temperada y él no estaba acostumbrado a esos lujos, por su propio control mental, él prefería un ambiente más espartano, de hecho extrañaba mucho hacer ejercicios, aunque ya tendría tiempo para ello cuando saliera del hospital.

Escuchó la puerta del cuarto abrirse y arrugó el ceño, esperaba que el oficial no fuera a entrar en el baño, así que cerró la llave del agua cuando escuchó el pomo abriendo justamente esa puerta, necesitaba espacio, privacidad.

Estoy bien… —dijo y el resto de la frase quedó en su garganta—. ¿Tú?

Ya veo que estás bien. Estás muy bien, en realidad —dijo el hombre que cerraba la puerta del baño, poniendo pestillo—. Hola Tom.

¿Bill? ¿Cómo? ¿Qué haces aquí? —Preguntó apresuradamente el sacerdote, tomando a la rápida la toalla para cubrirse sus partes íntimas.

No pude evitar venir a verte —respondió el hombre, quitándose los guantes negros y bajando la capucha, dejando al descubierto su bello rostro—. O más bien, me vi obligado a venir.

Tom se olvidó de los mareos y nauseas, salió de la ducha y adoptó una postura defensiva. No había olvidado el sueño que había tenido donde Bill lo masturbaba, pero ahora que estaba despierto, sabía que no estaba lidiando con alguien normal, este era un asesino en serie, no era su Bill, no podía ser su Bill.

¿Qué haces aquí, Bill? No deberías estar aquí. Es más, ni siquiera creo que seas Bill, porque él… está muerto. —Y si te veo como a mi Bill, es sólo producto de mi imaginación. Son alucinaciones que me provocó el veneno.

Bill apretó la mandíbula y Tom notó como cada músculo en Bill se tensaba, lo había enojado.

Bien, no es el único que está cabreado. Yo tengo más derecho que él a estar furioso.

Sshh, Tom, no quieres que el oficial te escuche y vaya a entrar aquí, ¿verdad?

Tom arrugó el ceño. Debería gritar, debería llamar al policía y hacer que arrestaran al asesino, pero… ¿y si en verdad era Bill?

Es lo que pensé —dijo el hombre, dándole una sonrisa de lado, confiado en sí mismo, cosa que cabreó mucho más al sacerdote.

Debería gritar y llamar la atención, para asegurarme si otra persona es capaz de verlo. En cambio, sólo dijo—. No eres real.

¿No lo soy? —Bill dio un par de pasos y empujó a Tom, empotrándolo contra la pared y se pegó a su cuerpo—. ¿No lo sientes lo suficientemente real? —Preguntó, presionando su entrepierna contra la toalla que colgaba precariamente de la cintura del otro.

Tom tragó pesado, pero no cerró los ojos, mantuvo el contacto con los ojos avellana del chico—. No. Eres. Real —dijo con los dientes apretados.

La mirada de Bill se endureció y nuevamente meció sus caderas contra las de Tom—. ¿No lo soy? —Movió su cara y raspó con los dientes la mandíbula de Tom, para luego moverse al cuello y pasar la lengua por la vena que marcaba el acelerado pulso del sacerdote—. Entonces, ¿por qué puedo sentir el latir de tu corazón aquí? —Nuevamente pasó la lengua por la vena de su cuello—. ¿Y aquí? —Bajó una mano y la apoyó justo sobre la polla de Tom.

Tom tragó pesado, ni siquiera había notado en qué momento se había empalmado.

No es real. No es real. No es real. No PUEDE ser real.

Sólo estás en mi mente —dijo con la voz ronca.

Bill no ocultó su enojo y lo golpeó nuevamente contra la pared, sacándole un jadeo de sorpresa, que aprovechó para besarlo con ganas.

Tom se defendió, pero estaba débil tanto por el veneno como por las drogas, o quizás… no quería defenderse. Hizo un poco de presión y logró moverse lo suficiente para despegar a Bill de su cuerpo—. Ya basta —gruñó, sujetándose mejor la toalla, cosa que lo dejó en desventaja contra Bill, quien arremetió de nuevo, haciéndolo girar y volvió a pegarlo contra la pared, embistiendo contra su trasero y mordiendo el punto de unión entre el cuello y los hombros.

Deja de jugar, Tom.

Eres tú quien parece estar jugando. ¿Qué pretendes? —Preguntó con la voz ronca, apenas en un susurro—. ¿Que sea tu aliado? ¿Que me enamore de ti, sabiendo que estás asesinando personas, sabiendo que estás muerto?

Hay cosas que no comprendes, Tom, pero que entenderás más pronto de lo que crees. Sólo debes recordar. Debes recordarme…

Una mano de Bill se metió entre el cuerpo y la pared, aferrándose a la mano de Tom que sostenía la toalla y, sin mucho esfuerzo, la quitó, dejando que la prenda cayera al piso, dejando expuesta la erección del sacerdote. Pasó la lengua por el cuello de su presa y sostuvo su carne, masajeándola con cuidado, hasta que sintió la humedad de la punta, cosa que usó como lubricante para acelerar el movimiento, sin dejar de embestirlo por detrás.

Tom gimió, ronco contra la pared, cerrando los ojos, dejándose envolver por las sensaciones del momento, correspondiendo a Bill con un suave vaivén de sus caderas, hasta que no pudo más y eyaculó con fuerzas en la cálida mano del otro.

Bill bombeó su carne hasta que quedó vacío, deleitándose en los temblores de Tom contra su cuerpo. Lo soltó, dejando que recobrara la respiración, pero no se apartó demasiado, quería que su voz erizara cada trozo de piel de Tom y susurró—. Me amas, Tom, y no me refiero al amor de tu religión, no me refiero al amor que debes tenerme por ser tu gemelo. Hablo de una conexión que tenemos desde hace mucho tiempo, pero que te has negado a aceptar. Por eso, no podrás delatarme hasta que toda esta obra esté concluida, hasta que se haya hecho justicia, porque entonces y sólo entonces, podremos estar realmente juntos.

Tom lo escuchó en silencio, asimilando sus palabras, recuperando el aliento y luego giró, aferrando a Bill por los hombros y lo besó, con fuerza y pasión, dejándolos a ambos con la respiración entrecortada.

Vete de aquí. Vete ahora, porque no estamos en el confesionario y no hay nada que me impida entregarte. Vete, Bill.

Nos veremos pronto, Tom. Tan pronto salgas de aquí, te buscaré, porque ya no puedo, no quiero estar sin ti —abrió la puerta del baño y salió.

Tom no quería escuchar qué pasaría afuera, así que abrió la ducha y se metió bajo el agua, tratando de bloquear todo lo que había vivido tan sólo segundos atrás. Sin pensar, bajó una mano hasta el corte en su muslo y lo arañó, rompiendo nuevamente la piel, dejando que el líquido carmesí se derramara por su pierna y desapareciera, diluido con el agua fría de la ducha.

Cuando sintió que sus manos se arrugaban y su piel dolía por el agua helada, decidió secarse y abandonar el baño. Se vistió con la ropa escogida por Donna y se metió en la cama. La cabeza le dolía de tanto pensar.

¿Padre Kaulitz? ¿Padre? ¡Thomas!

El sacerdote giró el rostro, sorprendido de ver a la enfermera junto a su cama, no había notado el tiempo que había pasado desde que Bill lo dejó en el baño. Solo.

¿Está bien?

Yo… no lo sé —respondió el hombre.

Será mejor que descanse, como dije, todavía quedan restos de barbitúrico en su sistema. Debería dormir todo el día de mañana —la mujer se acercó para ayudarlo a recostarse mejor y movió las almohadas para que estuviera cómodo.

¿Donna, el oficial de la puerta…?

Oh, está afuera.

¿No vio a nadie entrar o salir? —Preguntó, dando un bostezo, sintiendo que el peso de las drogas lo volvía a hundir en el mundo de los sueños.

No lo creo, para eso está ahí, ¿no? —respondió ella, dándole una cálida sonrisa—. Descanse un poco, Padre.

Lo haré. Gracias otra vez, Donna.

& Continuará &

Chan, chan, chan. ¿Por qué Bill regresó al hospital sabiendo que habría más vigilancia ahora? ¿Cómo es que nadie lo ve? ¿Qué hará Tom ahora? ¿Habrá matado Bill a Ben y a Jennyfer? ¿O ese par habrá huido al verse pillado, como dijo el sheriff? Sólo hay una forma de averiguarlo y es continuando con la lectura. MUAK. Gracias por la visita.

por Mizuky

Escritora y traductora del fandom

11 comentario en “Believer 19: Dance with the Devil”
    1. La verdad es que la confusión (para el lector y para Tom) es parte de la trama, así que todo bien. Te invito a seguir con la lectura mientras se resuelve todo el misterio. Besos.

  1. Santo madre del porno ( mejor no lo hubiera dicho xD) que escenita noa regaló ese par de pecadores. .padre Thomas usted es la tentación andando y Bill joder, es sexy sexy y mandon (me encanta eso) casi casi un BotTom pero es que si yo fuera hombre también le diera Jajaja^//^
    Grandes misterios de la vida ¿cómo entró Bill? ¿porqué el oficial ni los vio ni escucho? ¿y qué rayos pasó con Bill para que Tom pensará que no está vivo?
    *se va a dormir con la mente calenturienta* XDD

    1. jajajajajajaja, mi querida Ady, voy por partes. Tom piensa que Bill está muerto, pues porque murió en el incendio con toda su familia, ¿no?
      Lo del oficial, que no lo vio ni escuchó, pues ese misterio se sabrá más tarde. Recuerda que no es la primera ni la última vez que Bill aparece y desaparece de ciertos lugares y nadie parece verlo.
      Y lo del casi BotTom, pues… que puedo decir, tampoco fue como que tan forzado, porque Tom (pese a estar recuperándose de las drogas y todo) es musculoso y podría haberse defendido, pero es que Bill es un personaje taaaaan misterioso que hasta el curita ha caído en sus encantos y, aunque está enojado y frustrado por los asesinatos, no puede ni quiere delatar a este Bill, que podría ser su Bill… al menos de momento… chan, chan, chan

  2. OMG … !!! Tom se resiste a pensar que Bill … «su Bill » esté vivo …. pero muy en el fondo sabe que no se puede resistir al amor de su vida …. como entro sin que el guardia lo viera ? debe ser (creo yo ) que Bill lo debe de hipnotizar …. y así se mueve con normalidad en todos lados . Gracias mi hermosa Mizuky por actualizar … gracias por esta obra de arte que nos deja con ganas de leer mas …. y que en mi, ya se ha convertido en una adicción … continua pronto porfisss …. me tiene atrapada este fic …. es tan adictivo como espectacular. Besos …. muakkk !

    1. Bill tiene una forma muy particular de entrar y salir a ciertos lugares sin ser visto, ya les contaré cómo lo hace, pero me encanta saber las teorías que ustedes pueden tener.
      Te agradezco por el amor que le pones a tus comentarios y que sigas leyendo el fic, se vienen cosas interesantes y también terribles, así que también estoy emocionada con la publicación de esta historia.
      Besos y gracias por leer.

  3. Ok :”v amo el fic no tengo mas que decir joderblo amo enserio lo amo sjdhshzhsyzhsy es como el aire que necesito cada semana joder sjshshh , no me agrada mucho el bottom pero me gusto la escena :3 me encanta como cada vez avanzan más:3 aunque me quedo con la anterior escena de la camilla uffff esta tbn me gusto veamos que es lo que sucede pero como diría una de mis antiguas amigas , quiero sexo en la iglesia 😉❤️❤️❤️❤️

    1. Jajajajaja, mi linda Miusensei, no alcanzó a ser BotTom, sólo una «pajita» jajajajaja pero es que Tom se siente culpable con todo lo que es sexual, así que Bill le dio una mano jajajajaja
      Y sobre la iglesia, pues habrá algo allí, pero una vez que Tom salga del hospital. No te diré si es lime o lemon, pero te invito a leer para que lo averigues por ti misma.
      Muak. Gracias por comentar

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