Believer 21: Desenmascarar

«Believer» Fic TWC de MizukyChan

Y no participéis en las obras estériles de las tinieblas, sino más bien, desenmascaradlas (Efesios 5:11)

Capítulo 21: Desenmascarar

Señora, hemos encontrado un cuerpo. Creemos que es Jennyfer Stevens, esperamos confirmación de sus huellas.

La voz del oficial por la radio, se repetía en bucle en la mente de Tom, quien lejos de poder relajarse, parecía cada vez más tenso con la situación.

Será mejor que cambies la cara, si no quieres que la enfermera Donna vaya a cazar ella misma al asesino con tal de alegrarte —dijo John, cerrando la puerta de la habitación, más fuerte de lo necesario, para sacar a Tom de sus pensamientos.

John —dijo el joven, mirando a su amigo con el ceño fruncido—. ¿Qué?

¿Estás así por la medicina o porque ya te enteraste de las noticias? —Preguntó el sacerdote, dejando su vaso de café sobre la mesita y preguntando con la cabeza, si Tom quería beber un poco de agua.

Me enteré —respondió y negó con la cabeza al ofrecimiento del mayor—. La oficial Mary Ann estaba aquí cuando le informaron del hallazgo. Lo escuché inevitablemente. ¿Ya confirmaron que es la amiga de Mandy?

No lo sé —confesó John y volvió a sostener su brebaje—. Sólo repetí lo que escuché en el corredor. No he hablado con el sheriff aún y no creo poder hacerlo hasta que, bueno, hasta que él tenga tiempo.

Tom pasó una mano por su cansado rostro y John arrugó el ceño. No le gustaba verlo en tan mal estado y temía que su protegido se fuera a romper como en su juventud. No podría lidiar con ello ahora, quería demasiado al joven, además, tenía a un asesino tras sus pasos.

¿Thomas, estás bien? —Se atrevió a preguntar.

No, John —No puedo estar bien, sabiendo que Bill está matando gente.

La respuesta fue corta y honesta, pero a John le molestó su frialdad, Thomas siempre recurría a él cuando se sentía mal, pedía su consejo o un hombro en el que apoyarse, nunca se había refugiado en el silencio.

¿Quieres hablar de ello? —Preguntó, intentando recuperar la confianza del más joven.

Tom levantó la vista y miró de frente a su amigo—. Es mi culpa que esos chicos estén muertos, John, ¿de qué más hay que hablar?

John apretó el vaso en su mano y bajó la mirada. ¿Qué podía decir a eso?

No sabemos aún si los dos están muertos, Thomas —dijo suavizando la voz—. Y nada de esto es tu culpa.

Es mi culpa. ¡Es mi maldita culpa! Gritó Tom en su mente, pero nada en voz alta.

John caminó por la habitación hasta el baño y sonrió al tomar un guante negro que estaba a la vista—. Creí que lo había perdido.

Tom abrió los ojos grandemente cuando vio lo que el sacerdote sostenía en su mano. El guante de Bill.

¿Por qué pones esa cara? —preguntó el mayor con tono de broma—. El negro siempre hace juego con la sotana.

Tom quiso fingir una sonrisa, pero no pudo. Sus facciones estaban congeladas. Si John descubría a quién pertenecía realmente ese guante, Bill estaría acabado, la policía no tardaría en buscar huellas o fibras para reconocer su ADN y lo cazarían como a un animal. Vio con horror, como John metía la prenda en uno de sus bolsillos y volvía a dar un sorbo a su café.

&

Las horas pasaban rápidamente y todo el cuerpo de policía estaba movilizado, enfocado en hallar el paradero de Ben Collins, había oficiales acordonando el área donde fue encontrado el cadáver de Jennyfer y un equipo de peritos había peinado el sitio, buscando todo tipo de evidencias, que ayudara a esclarecer los hechos.

Mitch Pileggi, leía el informe de la autopsia que acababan de entregarle, mientras apretaba la mandíbula al recordar las imágenes de esa madrugada, cuando recién reportaron el hallazgo del cuerpo de la chica.

Tienes cara de necesitar un café —dijo una voz femenina entrando en su oficina. El sheriff alzó la vista y le dio una semi sonrisa a la rubia, quien dejaba un vaso tapado sobre su escritorio—. Cargado, con crema y nada de azúcar.

Lo recuerdas —dijo Mitch, mostrando una sonrisa más natural esta vez.

Algunas cosas no se pueden olvidar —respondió ella, sentándose frente a él—. ¿Es el reporte de la autopsia? —él asintió—. ¿Algún rastro de ADN?

Mitch pasó una mano por su cara—. Decenas de rastros —dijo y luego se estiró para tomar el vaso de café—. Hay ADN en todo el cuerpo de la chica.

Mary Ann arrugó el ceño—. ¿Coincidencias?

Ben Collins —respondió el hombre—. Hay sangre sobre ella y en sus manos, como si hubiese luchado. Hay rastros de semen. Todo de Ben.

Esto no tiene sentido.

Todo tiene sentido, Mary Ann. Joder, todo tiene sentido —dijo Mitch con los dientes apretados—. Ese condenado chiquillo…

No es el asesino que estamos buscando —interrumpió la rubia.

Lo sé, pero la chica.

Quien ha matado a Jennyfer Stevens, no es la “Mano de Dios”. Este crimen es demasiado descuidado, carece de la planificación de nuestro sospechoso, no tiene nada que ver con las escenas del crimen halladas hasta ahora. Diablos, tú mismo viste lo que le hizo a O-Conell en el hospital. La “Mano de Dios” hace una investigación previa, escoge a sus pecadores, no mata al azar, no deja huellas, a menos que quiera hacerlo, como los mementos que ha dejado en la iglesia, o las notas con las referencias bíblicas.

El hospital y el Padre Kaulitz ubican al asesino y a Jennyfer en el mismo lugar —afirmó el sheriff—. Quizás la chica se cruzó en el camino de la “Mano de Dios” en el momento equivocado. Joder, incluso temo por la vida de Ben. Diablos, si ese condenado chiquillo no se hubiese obsesionado con el sacerdote, ni él ni Jen estarían… —muertos—, involucrados.

Mary Ann miró a su colega y arrugó el ceño—. Tenemos que enfocarnos en encontrar a Ben. No sacamos nada con pensar en las cosas que pudieron ser. Debemos tomar los hechos, analizarlos y formar un patrón. Debemos entrar en la mente del asesino.

Sí, sí, el perfil psicológico, lo sé, lo sé —dijo Mitch, desestimándola. Estaba demasiado cansado y simplemente no podía entrar en la cabeza de alguien que creía ser la mano de Dios en la Tierra. Era cristiano, como la mayoría de la gente en Avery, pero de eso al fanatismo que profesaba este ser misterioso, había un abismo—. Para eso estás tú, ¿no?

Ella se tensó ante la actitud de su colega, pero sabía que era el estrés lo que hablaba por el sheriff—. Sí, para eso estoy yo —dijo en cambio y se levantó, saliendo de la oficina.

Fuera, la secretaria de la estación, Nancy Hoffman, levantó la vista de su computadora y sonrió a la oficial—. Tengo los informes que me pidió, oficial Smith.

Mary Ann —la corrigió la rubia—. Sólo dime Mary Ann, ¿okey? —Se acercó al escritorio de la mujer y recibió las carpetas—. Gracias —arrugó el ceño ante el peso de los documentos—. Vaya, son más de lo que pensaba.

La chica le dio una sonrisa rígida—. Los que usted solicitó son los primeros cinco —dijo un poco avergonzada—, agregué unos datos a la búsqueda y aparecieron más informes, eso los dejé abajo. No estoy segura de que tengan relación, pero concuerdan con el M.O. que usted solicitó.

Gracias, Nancy —Mary Ann sonrió y con todos los documentos asegurados, se retiró a la oficina que le habían asignado.

&

John estaba inquieto, había salido de la habitación del Padre Kaulitz, más veces de las que recordaba, y es que nunca antes se había sentido tan ansioso junto a su protegido. El joven sacerdote había estado leyendo la biblia sin parar desde que el mayor llegó esa mañana, o más bien, desde que decidió dejar de culparse por la muerte de Jennyfer.

John notó el cambio en los ojos de Thomas, de verse casi aterrados, a brillar con una determinación que sólo había visto años atrás, cuando el chico le dijo que quería entrar al seminario. Obviamente, no había dicho una palabra al respecto, porque sin duda era mejor tener a un Thomas activo y decidido, aunque eso lo asustara un poco, a uno avergonzado por una culpa inexistente.

¿Estás seguro que no quieres nada? ¿Comida de verdad, por ejemplo? —Insistió una vez más, antes de dirigirse a la puerta, por la nueva negativa del joven—. Tú te lo pierdes —terminó y salió del cuarto, exhalando ruidosamente al verse fuera.

¿Pasa algo, Padre? —Preguntó el sheriff al verlo.

Mitch, hola. No creí que te vería hoy —respondió el sacerdote, caminando hasta el policía.

¿Estás bien? —Insistió el hombre al notar el repentino cambio de tema.

Yo, sí, por supuesto —contestó, bajando la cabeza. No se le daba bien mentir.

¿El Padre Kaulitz está bien? —Preguntó el sheriff, quedándose junto al sacerdote, sin avanzar a la habitación del aludido.

Esta vez, John exhaló largamente y negó con la cabeza—. Sí. No. En realidad no lo sé.

Mitch lo miró con el ceño apretado, pero no dijo nada, para que se explayara.

Esta mañana estaba destrozado —explicó—. La oficial Smith estaba aquí cuando le informaron sobre el cuerpo de la chica muerta y como siempre, él…

Se culpó de esta nueva muerte —ofreció el sheriff.

John asintió y continuó—. Estuvo muy mal durante la mañana, pero luego… —se detuvo, sin estar seguro de cómo seguir.

¿Qué pasó luego?

Cambió. Negó con la cabeza—. Thomas está… diferente.

¿Diferente, como?

No lo sé. Está frío —No me ha contado nada de lo que le pasa por la cabeza, como hacía antes—. Decidido. Me temo que hará algo. —Una locura.

Mitch entrecerró los ojos y tomó al sacerdote por los hombros—. ¿Algo como qué, John? ¿Revelará la confesión? ¿Sabe quién es el asesino?

Morgan negó con la cabeza—. No lo sé, Mitch. No puede revelar el secreto de confesión. Y no creo que sepa quién es el asesino, por eso esto es… —mucho peor de lo que me atrevo a imaginar.

¿Crees que irá tras el asesino? —Preguntó el policía y John levantó la mirada y lo vio con expresión suplicante—. Eso sería una locura.

Morgan se apoyó contra la pared—. Tal vez no sea eso, Mitch. No sé qué está pasando por su cabeza. No ha querido hablar conmigo.

¿Sabes lo que ocurrirá si va tras la “Mano de Dios”, verdad? —John se puso tenso y bajó la mirada—. Lo mismo que pasó con Jennyfer Stevens. Terminará en una bolsa negra.

¿Qué puedo hacer? —Preguntó el sacerdote, la expresión de tristeza en su cara le dijo al sheriff todo lo que necesitaba.

Por ahora, nada. Vete a descansar. Hablaré con Thomas y le daré la orden de permanecer en este recinto. Y si se niega, lo haré arrestar por desacato —dijo con una sonrisa, aligerando el ambiente.

Gracias.

Ahora vete de aquí. Te ves peor que yo y yo me siento como mierda ahora mismo.

El sheriff le dio una palmada en el hombro a John y lo envió por el corredor. Al verlo desaparecer, giró y dio unos pasos hasta la puerta C35, llamando antes de entrar.

Buenas noches, Padre Kaulitz —saludó.

Buenas noches, sheriff —dijo con entusiasmo el joven—. ¿Tiene novedades del caso?

Hey, hey, despacio —respondió el hombre—. Lo primero es lo primero, ¿cómo está hoy, Padre? —Preguntó y acercó la silla a la cama del paciente, sentándose tranquilamente.

Tom arrugó el ceño—. Bien. Yo estoy bien. No puedo decir lo mismo de la amiga de Mandy, porque, oh, está muerta —terminó con sarcasmo.

El policía ignoró el comentario y preguntó—. ¿Ha dormido suficiente? ¿Ha podido comer bien?

Tom se enderezó en la cama y alzó la voz—. ¿De qué se trata esto?

Se trata de su bienestar, Padre, porque usted es un civil y como tal, es mi deber protegerlo —Mitch estiró la mano y tomó, sin avisar, la biblia abierta, leyendo rápidamente antes de agregar—. Aunque a veces parece olvidarlo.

Lo siento, sheriff —Tom se disculpó en voz baja.

—”Y no participéis en las obras estériles de las tinieblas, sino más bien, desenmascaradlas” —leyó fuerte y claro—. Vaya mensaje, Padre.

Tom carraspeó y desvió la mirada. Había estado meditando en esa escritura durante todo el día y había llegado a la conclusión de que si no podía revelar la identidad de Bill, por el secreto de confesión, pues entonces lo cazaría él mismo, porque no iba a permitir que ese embustero, que se hacía pasar por su gemelo, siguiera asesinando gente en nombre de Dios.

Dígame, Padre Thomas —comenzó el sheriff, mirando cada pequeño músculo en el rostro del joven, que continuaba mirando en otra dirección—. ¿Conoce al asesino? —La mandíbula de Tom se tensó, sus manos se hicieron puños, pero ni siquiera parpadeó—. Es lo que pensé.

Tom lo miró de frente y alzó las cejas—. ¿Qué? ¿De qué está hablando?

Padre Kaulitz, tiene orden de permanecer internado en el hospital al menos una semana más —el sheriff se levantó de la silla en la que estaba.

¿Qué? No puede hacerme eso.

Si sale de las instalaciones, será arrestado por desacato —continuó.

Pero, ¿por qué?

Porque es parte de una investigación policial, Padre, y no quiero que termine muerto como la chica de esta mañana —alzó la voz—. Si un civil se interpone en el camino de un asesino es lo que termina sucediendo.

Pero yo…

No quiero que acabe muerto, Padre, ¿me oye? Y si lo tengo que meter a la cárcel para mantenerlo con vida, créame que lo voy a hacer. ¿Está claro?

Sí, señor —respondió Tom, con los dientes apretados y el ceño fruncido.

Bien —Mitch cerró la biblia de golpe y la dejó en la mesita junto a la cama—. Que descanse.

Tom sintió las uñas marcando sus manos, al apretar los puños. Te atraparé Bill, así sea lo último que haga, te atraparé.

& Continuará &

Chan, chan, chan… El sheriff había decidido hace varios capítulos dejar a Tom internado, pero ahora ya es oficial, él no puede salir y, con toda la policía rondando, Bill no podrá entrar, ¿qué pasará entonces? ¿Cómo se comunicarán? ¿O no lo harán en absoluto? Bill le había dicho a Tom que lo vería al salir del hospital, pero ya faltó a esa promesa una vez, ¿lo hará nuevamente? Para saberlo, tienen que seguir leyendo. Están invitados. MUAK.

por Mizuky

Escritora y traductora del fandom

10 comentario en “Believer 21: Desenmascarar”
  1. Hay qué nervios! Ya quiero saber que les pasó a los amigos de Mandy y por qué! Y que sucede con el pasado de Bill y Tom :3 💕

    1. Bueno, Jen ya apareció muerta, aunque cómo murió y eso se sabrá más adelante. Sobre Ben, pues, habrá que esperar, no sabemos si está vivo o no, chan, chan, chan jajajaja. Gracias por el apoyo. Besos.

  2. Ok my friend, yo me declaro culpable jadfksdf, pues seria mi primer comentario en mi nuevo note, porque te debo como 100 comentarios mas xX, pero sin perderme ningún detalle, acá va mi Hipótesis… El curita está enamorado de Tom y mata a todo el que se interpone entre él y su protegido…CHAN CHAN ( ya sabes, estamos de moda con el libre albedrío que este tipo de religiosos se toma, así que como que no veo a Bill de tan sádico, entonces, cómo terminarían juntos? Ya no sé, será la hora, pero espero que este par se encuentre pronto, ya sabes, necesitamos incentivos en estos tiempos a falta del TOLL.

    Hugs! <3

    1. Tienes toda la razón en el final, necesitamos los fics como incentivo u.u
      En cuanto a lo demás, que bueno que tienes nuevo note, a ver si te veo más seguido por aquí. En cuanto a tu teoría, me encanta, no voy a afirmar ni negar, para no hacer spoliers, pero me encanta que te pases rollos.
      Y sobre Bill, mmm, sí es bastante sádico, pero tiene sus motivos, ya lo sabrás después.
      Te quiero, loca, y me alegro mucho que estés leyendo este fic. MUAK

  3. Sobre Jen, yo creo que fue Bill quien la mató, tenia motivos para ello, que el método ea diferente sí, pero no sé quién más pudo hacerlo.
    Yo ya quiero saber como murió Ben, porque el crimen que cometió para Bill es hasta motivo para darle una muerte dolorosa.
    Me gustó que Tom se preocupara por que no encuentren a Bill por el guante. .pero acaso Bill fue tan tonto de dejarlo. .un descuido muy grande.
    See you! ♥

    1. Ay, mi querida Ady, me encanta que te fijes en los detalles que dejo por ahí jijijiji.
      En fin, Jen está muerta, eso está claro. Ben, mmm, no hay cuerpo aún, pero tienes razón, Bill tenía motivos para acabar con él, el cochino estaba tocando a su Tomi >:(
      jajajaja, pero todavía quedan cosas que descubrir, así que no puedo adelantar nada, sólo invitarte a seguir leyendo. Besos. MUAK.

  4. Finalmente logre ponerme al día con la historia, vaya que han sucedido cosas importantes, Tom y Bill encerrados en el baño, el sacerdote sucumbiendo a la pasión por su hermano, la desaparicion de Ben y Jen y ahora Tom con la idea de ir tras su hermano.

    Nos leemos en el proximo, saludos 😊

    1. Es cierto, han pasado cosas, muchas cosas, y eso que Tom sigue en el hospital jejeje. Me alegro que sigas con la lectura, linda. Muchas gracias por comentar. MUAK

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