
«B (F) F» Por Haruxita
Capítulo 6: Sexy Medusa
Al abrir la puerta Tom se encontró con la altura sobrenatural de su novio llenando todo el marco, Bill ya era bastante alto por si mismo, Tom no comprendía su afición por los tacones.
—Le entró un virus, ¿lo podrías formatear? —explicó el otro chico, extendiendo el laptop que cargaba en sus brazos, con una expresión compungida que Tom no se tragó ni por un segundo.
Lo miró con diversión por un momento antes de hacerse a un lado y dejarlo entrar
Estaban en plena época de exámenes, Tom llevaba recluido estudiando casi una semana. Comenzaba a preguntarse en qué momento su novio se dejaría caer.
—Vas a tener que buscar una nueva excusa, —aconsejó, dándole el beso del bienvenida que, sabía, el otro chico esperaba ansioso.—es la tercera vez que tu ordenador se «infecta» este semestre.
—Tal vez deba estropear la impresora—propuso refugiándose con gusto en sus brazos—, no será una gran pérdida de todas maneras, ha venido fallando mucho últimamente.
~*~
Tom había retomado su lugar en el sillón con sus apuntes, Bill acurrucado en su pecho ronroneaba suavemente ante las caricias que le prodigaba en su cabello.
—Amor…¿Y si hablo con Simone? —planteó de pronto, bajando su cuaderno— Tal vez ella reconsideraría…
—Olvídalo Tomi, ella no entiende razones, sólo conseguirías otra retahíla de insultos, no quiero hacerte pasar por eso nuevamente
—Correré el riesgo, no me agrada que tengas que arrancarte o mentir por mi causa.
—No es tu culpa, Tomi. A mamá le desagrada todo lo que tenga relación con mi persona.
—Pero no estás obligado a soportar su mala leche, ya eres mayor de edad. Acá estarías mucho mas tranquilo, y no tendrías que arriesgarte a tomar un taxi en medio de la noche para verme.
Bill suspiró, Tom venía proponiéndoselo desde mucho antes de ser novios, antes incluso de que él se mudara de casa de sus padres. Cuando lo había arrastrado por medio Berlín en busca de apartamento.
«Mi casa es tan tuya como mía».
Bill se incorporó sobre su pecho, y lo miró con seriedad.
—Tomi, me encantaría vivir contigo…
—¿Pero? ¿Ronco muy fuerte, tengo los pies fríos, no te gustan mis waffles?
Bill sonrió por las tonterías de su novio.
—Sabes que no es nada de eso. Vivir juntos es un gran paso, me gustaría que el día que decidamos darlo sea porque nuestra relación está madura, no para huir de mi madre.
Tom tuvo que darle la razón, Bill tenía un punto.
Lo tomó de la barbilla y le dio un cariñoso piquito.
—Gracias de todas maneras, por preocuparte por mi.
—Siempre voy a cuidar de ti, Bibí. Eres mi amado hermanito.
Tom se dio cuenta de que la había cagado en cuanto las palabras dejaron sus labios y el semblante risueño de su novio se ensombreció.
Bill se incorporó de prisa y corrió hacia la habitación mascullando: «Ándate a la mierda, Tom».
Asustado, corrió tras él.
¿Ahora cómo le explicaba a Bill que la fuerza del hábito le había jugado una mala pasada? ¿Cómo conseguía que su mejor amigo/novio le creyera que aquél sólo fue un desliz estúpido, que nada tenía que ver con sus verdaderos sentimientos? No ahora al menos.
~*~
Tom no sabía con exactitud cuando había sucedido, probablemente se trataba mas bien de un proceso gradual que de un único suceso que gatillara el cambio en sus sentimientos. Aunque ciertamente la línea entre el amor filial y el romántico comenzó a difuminarse la tarde en que aceptó la particular propuesta de Bill y cada pequeño beso, cada caricia tentativa ayudaron a borrarla por completo.
De lo que si estaba seguro Tom era del momento concreto de su toma de consciencia. El instante en que el incierto «Creo que me estoy enamorando de Bibi» dejó de ser una posibilidad para convertirse en una realidad para él.
Esa mañana su profesora de física tuvo una emergencia familiar, motivo por el cual los liberó veinte minutos antes de la hora del receso. Ton no lo pensó dos veces y se escabulló hasta la sala de arte en donde Bill tomaba su clase de Dibujo 101.
Era un habitué del lugar, por tanto los compañeros de su novio sólo sonrieron al verlo colarse en la habitación.
Iba a quedarse quietecito en un rincón, espiándolo hasta que la clase acabara.
Esa sola idea debió ser un claro indicio de lo estaba a punto de descubrir.
No tuvo dificultades en localizar a su pareja, Bill siempre se situaba al costado derecho de el (o la) modelo, era una de sus muchas manías. Se había recogido las rastas en una coleta y llevaba un guante de dibujo en su diestra. El resto del mundo —Tom incluido— parecían no existir, completamente absorto en su boceto.
Y Tom lo supo.
No hubo luces destellantes ni fanfarrias, sólo un chico dibujando con la pasión y meticulosidad que ponía en todo lo que hacía. En todo lo que era realmente importante para él.
Tom supo que no podía poner restricciones al amor que sentía por él. Lo que sentía por Bill —Su Bibi— iba mas allá de un fraternal instinto de protección, mas allá incluso de esa perturbadora atracción sexual que lo traía de cabeza el último tiempo.
~*~
Bill se había atrincherado en el dormitorio y ni siquiera se dignaba a responder sus ruegos.
Suerte para Tom que conocía al chico como la palma de su mano.
—Bibi, tus lociones desmaquillantes están en el baño. Si no quieres amanecer pareciendo un mapache, ábreme.
La puerta se abrió de inmediato. Tom adivinó que parte de la expresión cabreada de su novio se debía al hecho de que lo conociera tanto como para usar sus debilidades en su contra.
Por que lo conocía bien, tampoco intentó un acercamiento físico. Bill era como un gatito. Un sexy, sedoso y ronroneante minino del cuál era mejor mantenerse a resguardo cuando se encontraba fastidiado.
Y Tom pocas veces lo había tan furioso… y dolido.
Cerró la puerta con un suave ‘clic’ y se reclinó contra la hoja de madera. Dándole a Bill todo el espacio que parecía necesitar.
—Sólo pido el beneficio de la duda. —solicitó, luego de varios minutos en que ambos no hicieron sino estudiarse en silencio.
—¿Por qué, Tomi?
—Todo acusado tiene derecho a…
Un chasquido de esa lengua perforada y un rodar de ojos le dio claros indicios de que no había comprendido el trasfondo de sus palabras.
—¿Por qué me mentiste, Tomi? ¿Por qué aceptaste lo nuestro si no estabas…?
—¿Enamorado?
Los ojos almendrados se achinaron antes de que el moreno desviada la mirada.
—Te amo, pensé que eso bastaría. —alegó, con una sonrisa algo tímida.
—¡Cómo a un jodido hermanito pequeño al que hay que proteger! No como a un…
—¿Amante?
Los ojos de Bill se posaron en él nuevamente, esta vez todo rastro de dolor visible reemplazado por furia líquida.
—¿Quieres dejar de hacer eso? Odio cuando completas mis frases, odio que sepas exactamente que hay en mi cabeza, casi antes de que tenga tiempo de procesarlo. Odio que… —hizo un molinete, buscando las palabras que se le escapan en su furia. Finalmente se sentó en la cama, luciendo derrotado— Odio que esta discusión no tenga sentido, porque lanzarás un par de frases tontas, me mirarás de esa forma adorable que tienes y yo caeré como el idiota que soy, como hago siempre. Y no quiero, Tomi. No quiero que esto continúe, porque aunque pocas veces he deseado tanto algo en mi vida, no quiero que estés conmigo por «cariño», o » compañerismo», o para sobre protegerme como lo has venido haciendo, ¡cada jodido día desde que me tragué ese jodido hueso de esa jodida cereza! Por favor, Tomi. No nos engañemos más, ambos sabemos que nunca me veras como a un hombre. Lo supimos siempre.
Tom vaciló un momento, tocado por el dolor e impotencia que trasuntaban de las palabras del otro chico.
Finalmente se atrevió a adelantarse los escasos metros que lo separaban de la cama y arrodillarse ante el que aun era su novio y mejor amigo.
Tomó las estilizadas manos entre las suyas, Bill le devolvió una mirada herida pero no las retiró.
—Cuando yo era pequeño (realmente pequeño, no mayor de cuatro años) estaba empecinado en una sola cosa…
Con suma calma Tom le relató la historia que aun resultaba dolorosa para su familia, y que aun con la estrecha confianza que le tenía a Bill la había mantenido oculta. La historia de como perdió a su hermano y adoptó a Bill como tal.
—…y desde ese día has sido mío, Bibi.
Bill recibió la caricia en su mejilla con indiferencia aunque, luego de un par de segundos de tensión, acabó por cerrar sus ojos e inclinarse buscando más contacto.
—El último par de meses ha sido bastante extraño, nunca…
—Tomi, ¿podríamos sólo dejarlo?—articuló, con la voz pequeñita.
Tom le cogió el rostro con ambas manos, instándolo a verlo a los ojos.
—Bibi, siempre hago todo lo que me pides sin replicar. Esta vez debo negarme
—Tomi… Por favor.
—No. No voy a dejarte ir. No ahora que eres mío por completo. No quiero perderte.
—No lo harás, seguiré siendo tu hermano putativo, como todos estos años. —Tom secó con sus pulgares las lagrimas que arruinaron su maquillaje.—No necesitas seguir fingiendo.
—¡No estaba fingiendo!
—Tomi, te oías como actor porno.
Bill se sonrojó al recordarlo y Tom se rió por lo bajo.
—De acuerdo, tal vez exageré un poco. Pero nada de eso fue mentira, siempre he pensado que eres precioso. Quizá la forma en que lo dije no fue la indicada.
—No se oía nada natural.
—Lo siento. Tu amas los halagos, yo no soy muy vocal cuando estoy en la intimidad.
—No quiero que vuelvas hacer algo sólo por complacerme. Por eso lo mejor es dejarlo. Ser solo los mejores amigo, como antes.
—Compláceme tu a mi ahora. Se mi pareja, Bibi. Esta vez sin mentiras ni secretos, dejemos de «probar si resulta» y sólo hagámoslo.
—Pero tu no me…
—Te amo de tantas maneras que no sabría por donde comenzar a explicarlo. Y si lo que te inquieta es mi heterosexualidad… No te mentiré asegurando haberme convertido de la noche a la mañana en bisexual, o en gay. Porque no es así. Solo te quiero a ti, solo te deseo a ti.
—Tomi, por favor. No me hagas esto, no lo digas sólo porque es lo que deseo oir.
—Me conoces mejor que nadie, sabes diferenciar perfectamente cuando miento de cuando estoy siendo sincero.
—Esto no puede ser real, tengo miedo Tomi.
—¿Alguna vez has tenido motivos para temerme?
Ante tan rotundo argumento, la ultima resistencia de Bill cedió. Estrechó con todas sus fuerzas a Tom en sus brazos.
—No quiero que cuando me acaricies suenes como si estuviéramos en una porno de bajo presupuesto —dictaminó—. No quiero que digas o hagas nada que no sientas. Sé mi Tomi, del que me enamoré.
—Como tu quieras.
—No, como tu quieras.
Tom sonrió abiertamente y le dio un besito en la punta de la nariz.
—No puedo evitarlo, amo cuando me das órdenes. Y me encanta obedecerlas.
Tom cogió su mano y lo llevó hasta el baño, lo tomó de la cintura y lo sentó sobre el vanitorio.
Bill pasaba tanto tiempo en el piso de Tom (aun de antes que fueran novios) que tenía cosas suyas desperdigadas por todas las habitaciones. Incluyendo un estuche con maquillaje en el baño.
Con una de sus toallitas desmaquillantes Tom le quitó el desastre que el delineador corrido había provocado.
Dejó los labios para el último
—Si no me quitas el labial mancharé tus sábanas.—advirtió Bill, con seriedad.
Tom le dio una mirada misteriosa y arrojó las toallitas sucias al basurero.
—Tengo una técnica mucho mejor…
Lo tomó con suavidad de su barbilla y lamió su labio inferior muy despacio.
Hizo lo mismo con el superior para finalmente regresar a chupar el de abajo con glotonería.
Los pies de Bill se curvaron dentro de sus tacones, embargado por una deliciosa sensación de placer.
Respondió al beso entreabriendo sus labios, a la espera que Tom hiciera otro tanto y su lengua perforada pudiera invadir la cálida cavidad que codiciaba.
Tom separó sus piernas, ubicándose entre ellas. Bill no tardó en apresarlo entre ellas
Completamente perdido en esa delicia de beso —silencioso, sin comentarios que lo desconcentraran—se olvidó completamente del lugar en que se encontraban. Solo importaba Tom, su lengua que competía por el control con la suya, sus caderas que se mecían contra su ya despierta erección, estimulándola. Sus manos que se escabullían bajo su camisa y sus…
—¡Mierda!
—¡¡¡Bibi!!!
—¡Lo siento!
Tom rodó los ojos y le apartó las piernas de sus caderas. Con un suspiro de resignación cogió un par de toallitas, le tomó la mano a Bill y meticulosamente retiró hasta el ultimo vestigio de crema hidratante.
—Lo siento. —repitió el torpe chico, avergonzado.
No podía evitarlo, cada vez que Tom lo besaba perdía la cabeza y acaban sucediendo todo tipo de accidentes ridículos.
—Esta bien, no pasó a mayores. Sólo recuérdame no besarte en la cocina.
Bill asintió, de pronto asimilando la realidad. Los besos de Tom (los presentes y los futuros) le pertenecían a cabalidad. Por legítimo derecho, que el mismo Tom le había otorgado.
Y no podía ser mas feliz.
—Vamos a la cama, Bibi. —pidió el de trenzas, tomando su mano.
—Pero no tengo sueño —alegó con un puchero.
—Yo tampoco.
~*~
Bill acabó de abotonarse su pijama y brincó contento a la cama.
En otro tiempo su pijama —una enorme camisa a cuadros rojo y negro—perteneció a Tom, hasta que él empleó las palabras mágicas; «Me gusta» y «Quiero».
Una parte de él aun temía que esa vieja costumbre pesara de forma negativa en su relación.
—¿Estás seguro de esto, Tomi? Podemos solo dormir abrazados como las otras veces —insistió, algo temeroso, en cuanto su novio se metió a la cama y lo jaló a su lado de la cintura.
El chico de trenzas le dio una extraña sonrisa, entre dulce y maliciosa.
Deslizó suavemente sus manos hasta sus caderas y, con un suave empujoncito, logró que ambas entrepiernas entraran en contacto.
Tom no dejó de frotarse espasmódicamente, poniendo de punta cada una de las terminaciones nerviosas en el espigado cuerpo de su pareja.
—Esto es lo que tu provocas, Bibi —confesó en su oído, con su voz espesa por el deseo—. Eres como una sexy Medusa.
Bill alzó una ceja.
—¿La… Gorgona con melena de… serpiente o el pez sin… cerebro? —consultó entre jadeos, con sarcasmo.
—La segunda es un ani… mal. Definitivamente la pri… mera.
—¿Y puedo saber el motivo de tan peculiar «halago»? —preguntó, apartándose del lado de Tom y cruzándose de brazos, ofendido.
—¿No lo adivinas? —Bil meneó su cabeza— Porque cuando me miras, parte de mi se convierte en piedra.
El rostro de Bill, que no esperaba semejante respuesta, se encendió de un lindo tono escarlata. Tom no mentía, tenía la prueba palpable —literalmente—frente a él. Se abrazó al cuello de su novio y muy bajito, le rogó al oído que no arruinara ese momento perfecto con comentario alguno. Su novio sonrió, iba a llevar un tiempo que Bill le perdonara (o siquiera dejara de molestarlo) por esa tontería.
Los recientes cuestionamientos del chico de rastas se diluyeron vertiginosamente, ante tan deliciosa fricción.
Tom subió lentamente sus manos hasta su espalda baja, logrando un sentido ronroneo de su parte. Adoraba la forma en que Bill respondía a cada caricia.
Había esperado que él actuara de forma demandante, se venía preparando psicológicamente para cuando el momento llegara. Inclusive había investigado por su cuenta y comprado lubricante y condones.
Pero Bill estaba de un humor juguetón. Deseoso de besos y mimos mas que de otra cosa.
Tom acabó de desvestirlo con calma, como si el deseo que emergía desde su virilidad, esparciéndose llameante hacia el resto de su cuerpo, no lo acicateara.
Esa noche se exploraron mutuamente, redescubriéndose y amándose en cada caricia, sin ningún tipo de apuro ni cortapiza.
¿Continúa?
Notas de la administración: Este fic ha estado “On hiatus” por mucho tiempo, aunque si lo pensamos mejor, es el momento ideal para terminar y dejarlo como un final feliz. De todos modos, si alguien tiene algún modo de contactar con la autora, sería ideal para invitarla a seguir con la historia, o compartir la tarea con otro escritor para darle un final. Gracias por la visita.

Haru dejo tantas historias en hiatus 😥😭😭😭😭😭
Tengo la esperanza que algún día retomará sus historias y le dará un final. Haruxita es una gran escritora.
Gracias por subir esta hermosa historia 😀😀😀😀😀
Concuerdo contigo en todo. Haru es maravillosa y esperamos con ansias que algún día sus obras más conocidas puedan ver un final. Besos y gracias por leer.