Notas: Otro poco más del bizarro muñeco Bill y sus maquiavélicos planes 🙂

Fic TOLL de MininaTHmp

Capítulo 4

—¿Amiguito? ¿Qué haces aquí? —exclamó Tom asombrado, pues el pequeño muñequito estaba muy bien escondido en su gran mochila de colegio—. Que no recuerde yo no te había puesto ahí adentro.

—¡Tom! Apúrate que se nos hace… —calló de repente su amigo Georg, su vista había caído al pequeño muñeco que tenía en las manos y un ceño fruncido de extrañeza se formó minutos después—. ¿Acaso no es ese muñeco el que encontraste tirado el otro día? —Un asentimiento—, ¿Entonces por qué… lo trajiste aquí? Ya no eres un niño Tom.

—Tengo ocho años imbécil, y aunque no lo quiera, mi pubertad comienza a los 13 años… pero de una u otra forma, yo no lo traje aquí, siquiera me acuerdo de haberlo metido a mi mochila… es muy raro.

—Si bueno, quería ver si me acompañarías un momento a sacar unos documentos que me pidió el de física, Gustav vendrá con nosotros, no tardaremos mucho porque tenemos gimnasia después… ¿Qué dices?

—Bien, dejo mi mochila en el salón, ahorita venimos a recogerlas ¿De acuerdo? —cedió, viendo al otro asentir e irse tal como vino con Gustav para esperarle en la entrada del salón—. Bien amiguito, tengo que dejarte un momento, no hagas travesuras y pórtate bien —rió ante su ocurrencia, y luego en un muñeco. «—¡Estoy absolutamente loco, joder!» pensó.

—Trümper —llamó el profesor desde el escritorio—, ya no te quiero ver distraído de nuevo o la próxima vez estarás en los finales.

—Sí profesor, lo siento —contestó cabizbajo y con un leve tono de enojo, odiaba que le dijeran qué hacer y cuándo hacerlo—. ¿Nos vamos chicos?

—Andando.

Por su parte, un pequeño amiguito bajaba el zipper de la mochila para tener una mejor visión, descubriendo al mismo profesor reñirle a su Tommy, y más amenazándolo ¿Quién se creía para hacerle eso a su niño? No era nadie y así se lo haría saber.

Salió de su pequeño escondite, aprovechando la distracción del profesor que supuso de literatura y procedió a meterse en su portafolio negro que pronto tomó. Minutos después de escuchar la misma voz aburrida del profesor decir infinidad de veces «—Sí, buen día, hasta luego—.» sintió que al fin lo habían puesto en una superficie plana. «—¡Mierda! Olvidé los exámenes del 204… con lo que odio volver —refunfuñó» escuchó decir para luego hacerlo con una puerta de coche cerrarse y pronto ver desaparecer entre las sombras del estacionamiento una figura que desde el principio odió.

Esa era su oportunidad, claro que no la desaprovecharía, menos si tenía el tiempo contado.

&

—No recuerdo haber dejado mi mochila abierta, bah, como sea, todo sigue aquí —comentó extrañado mientras revisaba sus cosas, viendo que todo estaba absolutamente normal.

—Estás loco amigo

—Sí, lo estoy… —Sacó al muñeco para poder llevarlo en su pecho, por ahora era su nueva posesión y lo cuidaría como a los demás—. Ven pequeño, ahí adentro te maltratarás y me costó mucho embellecerte.

—¡Hablándole a un muñeco! Santo dios, estás perdido —se burló Gustav.

—Sí también lo acepto, pero así soy y así me quieres, ni negarlo.

—¡TOMMY! —Pronto escucharon un grito agudo proveniente de una rubia niña que se llevaba muy bien con ellos, o al menos con Gustav, Georg y el rubio de Andreas que no sabían dónde se había metido, puesto que solo era una acosadora compulsiva con el pobre de Tom, que había hecho de todo por huir. Sus tres amigos ya habían compartido unos tímidos besos con la niña, solo faltaba él… pero no lo haría.

—Hola Chantelle… —murmuró viendo a su muñeco, como si algo especialmente no hubiese visto en él, aunque ya había visto muchas cosas.

—Hola chicos —saludó de nuevo la chica, con menos efusividad a sus otros dos acompañantes—, Tom, ¿Te gustaría salir al parque hoy?

—Eh… es que tengo que estudiar en literatura… hoy me regañó el profesor y no tengo mucho tiempo, lo lamento linda —le guiñó el ojo, haciendo que la otra suspirase de pura alegría y una pequeña mentecita comenzara a trabar de una manera no muy positiva; al menos no para la pequeña rubia.

—No te preocupes, simplemente con que me prometas que algún día estaremos juntos, entonces te dejo en paz… —Tom iba a contestar una negativa, pero al no verse rechazada rápidamente el tema cambió— oh… ¿Qué tienes en tus manos Tommy? ¿Puedo verlo?

—No me digas Tommy, no me gusta y sí, es mi nuevo muñeco… —le tendió el pelinegro muñeco a la rubia, que lo tomó encantada.

—Oh, sí… estoy por enterada que coleccionas muñequitos ¿Cierto?

—Sí, me gustan mucho… éste es especial, no sé porqué pero lo es… es raro, diferente pero lindo —sonrió ante su propio pensamiento dicho en voz alta.

—Sí, tiene su propio estilo —alagó de dientes hacia afuera, solo quería congeniar con aquel chico que todavía no era “suyo” y haciéndoselo saber al inmóvil muñeco—; bueno… eh… ¿Quieren desayunar con nosotras? Vamos, que solo es un solo desayuno. Necesito comer mi sándwich de jamón que mamá me envió o se enojará… por favor.

—Pues… —no sabía cómo hacerle entender que no quería estar cerca de ella, sin embargo a veces sus amigos le hacían pensar lo mismo.

—¡Claro que sí! Digo, como tú dices: solo es el desayuno, ¡Vamos Tom! —aclamó Georg, jalando al niño hacia el comedor.

Asintió, viendo como su rubia amiga guardaba al pequeño juguete entre sus cosas— ¡Con cuidado! Es… delicado —sonrió forzadamente, tratando de ver cómo con la más delicadeza posible Chantelle metía al muñeco.

Negro fue lo que vio, solo atento escuchando lo que su Tom y esa rubia odiosa hacían en el exterior. Supo que Gustav y Georg no traían comida y tuvieron que retirarse a pedir algo. También fue testigo de la no muy amena conversación del que fue aprendido su pequeño niño.

«—Y bien, ¿Has pensado en lo que te dije Tom? —había hablado, con un tono de voz provocativa que sin duda no había escuchado antes, poniéndolo en alerta.

—¿El qué? No recuerdo muy bien, lo lamento es que… no tengo muy buena memoria…

—Bueno, Tom… me interesas demasiado… mucho, quería ver si tengo una oportunidad AHORA de estar contigo…

—Chantty, ya habíamos hablado de eso y por igual te había dicho que no… no ahora, por favor…

—Pero no me rendiré, tú serás mío… eres mío Tom ­— terminó afirmando.»

Aquello fue la gota que derramó el vaso… esa afirmación era por demás falsa, ¡TOM NO ERA DE NADIE MÁS QUE DE ÉL! Que le quedara claro a esa rubia estúpida que solo quiere quitarle lo que es suyo… no lo permitiría.

Sus ojos se tornaron rojos de nuevo, aquellos rojos como la lava ardiente y la temperatura subió al grado de quemar a quien lo tocase, por fortuna nadie estaba cerca… nadie estaba con él dentro en la mochila.

Sus ojos se toparon con un pequeño botecito rosa, un cilindro alargado que adivinó contenía un fresco jugo de zanahoria que por lo que escuchó era el favorito de la oxigenada. Luego, inspeccionando el “terreno” y tratando de calmar su furia, dio con otro pequeño frasquito café oscuro que su formula no reconocería, pero aquel dibujito de muerte lo reconocería donde fuese.

Una maquiavélica sonrisa se formó en sus labios, yendo hacia él y destapándolo.

—Así que química uh… veamos qué reacción tiene el clorhídrico… —con sumo cuidado vertió una considerable cantidad con ayuda de un gotero en el refrescante jugo que la botella contenía. No se veía absolutamente nada y qué mejor para él.

Volvió a tapar el frasco muy bien para evitar ‘accidentes’ y volvió a su posición original.

Unas manos lo apresaron fuertemente y lo sacaban al exterior, conoció la suavidad de otras que poco a poco se fue acostumbrando y al saber de quién provenía entonces una sonrisa apareció en su rostro.

—Ehh… tengo que irme ya, la clase está por empezar y aún no he hecho el trabajo que me pidió —explicó el niño—. No quiero que me vuelvan a reprender como hace un momento en literatura.

—Está bien, espero verte mañana mi amor —sorprendió a los presentes ahí tras decirle eso al pequeño Tom, mucho más al robar una porción de sus labios en un intento de beso fallido. Por supuesto que eso traería un mal humor al menor que pronto salió de ahí, mejor para él.

Un intenso calor sintió en su mano, justo donde un muñeco que a la vista parecía enfurecido se situaba— Hey, ya sé que es molesta, y se pasó ésta vez… pero de mi cuenta corre que no se vuelva a repetir —afirmó para sí mismo el niño, hablándole al muñeco que en pocos minutos volvió a su temperatura natural.

Ya lo había decidido. Dentro de pocos días sería completamente suyo por toda la eternidad y nadie se lo iba a impedir.

Las clases transcurrieron normales para todos y sin despreocupación se fueron a sus respectivas casas, el muñeco viendo el hermoso paisaje de regreso que le fue impedido ver en la mañana al ir encerrado en la claustrofóbica mochila.

Un barullo de gente se arremolinaba más adelante y pronto vio como muchos de esas personas eran de su misma escuela, pues muchas caras conocidas se presentaban estáticas frente suyo.

—Hey amigo… —habló Steve, un compañero de clase.

—¿Sabes qué ha pasado ahí? Se ve que hubo un accidente.

—Así es… uno terrible —su cara dio paso a uno de lamento, que pronto Tom comprendió que era algo terrible que quizás e implicaba también él—. Es… es el profesor de literatura…

La sangre se le heló. Estaba bien odiarlo, incluso desearle que se le hiciera tarde por las mañanas para no tener que lidiar con su clase… pero eso era muy diferente a saberle accidentado en un choque que se veía fatal.

—¿Cómo está? —preguntó con miedo.

—Pues, no sobrevivió. Me caía mal pero… pobre de él. Se quedó sin frenos y fue a estamparse a un poste con una velocidad impresionante… dudo mucho que alguien así hubiera librado su vida.

—Pobre… espero que donde quiera que esté… esté bien.

—Lo mismo digo… valla pésame.

—Sí que lo es.

No quiso mirar, al fondo le dolía pues era una pérdida de una persona que conocía y que a pesar de haberle caído mal, jamás en su corta vida imaginó que el destino se lo llevaría así… como si nada. Estaba muerto justo después de haberle dado clase hace unas cuantas horas… o menos.

Resignado siguió su camino, evadiendo la masa de personas curiosas y chismosas que se arremolinaban junto de su fallecido maestro. Llegó a casa donde su madre lo esperaba.

—Hola cariño… ¿Y esa cara?

—Bueno, acabo de enterarme que mi profesor de literatura acaba de morir tras un terrible choque o algo así… es impactante saber que hace unas horas me regañó.

—No me digas… pero qué noticia tan impactante. Oh, pobre señor… ojalá esté bien donde esté ahora mismo.

—Sí, lo mismo dije… subiré a mi habitación a tomar una ducha, y luego bajo… nos vemos mamá

—Anda con cuidado hijo.

Subió lo más que pudo las escaleras  a paso apresurado y apenas dejó al muñequito en su cama junto con sus útiles, procedió a desvestirse en su alcoba para minutos después entrar a ducharse con agua fresca y espabilar sus ideas.

Salió minutos después, aproximadamente 15 y se vistió con lo primero que pilló en el armario.

Se arregló y perfumó como solía hacerlo y acomodó sus cosas para el día de mañana en el instituto. Tomó al muñequito y empezó a entretenerse ni él sabía con qué en él.

—Oh, valla, qué tenemos aquí… —exclamó al darse cuenta de unas pequeñas letritas que hacían lugar en la espalda de su juguete—, Bill… así que ese es tu nombre… muñequito travieso, suena bonito.

El día transcurrió con normalidad, hasta cierto punto de olvidar lo vivido ese día y mucho más tras la cena que hasta ahora era invadida por risas y comentarios de madre e hijo.

—Buenos días Tom, que descanses y por favor mañana te quiero temprano… me agoto de estar tratando de levantarte cada 5 minutos y apresurarme porque tú te levantas tarde —regañó en tono maternal Simonne, acostando a su hijo que ahora abrazaba a su adorado muñeco, tras no encontrar al Sr. Teddy.

—Haré lo que puedo madre, no te prometo algo que no sé ni yo mismo si vaya a cumplir. —Se sinceró… acomodándose en las mantas—, preferiría no ir a la escuela y así no estaría siendo acosado por Chantelle… rubia pesada.

Simonne rio, ella sabía de la atracción que tenía la pequeña niña hacía su hijo, le parecía adorable e incluso molestaba a Tom con ese tema.

—¡Pero qué va! Esa niña es muy bonita y harían bonita pareja… ¿Qué te quejas? —sonrió al ver enrojecer a su hijo.

—Bueno, hoy casi me besa… eso no me gusta… me siento presionado.

Sonrió mucho más a tal grado de soltar una pequeña carcajada—. Si bueno, me gusta para nuera —sonrió aún más, luego dirigió la vista a su hijo y sus alrededores, percatándose de la penetrante mirada del muñeco que ahora sabía llamar ‘Bill’ en ella, haciéndola intimidar de un miserable muñeco que parecía furioso… un asesino.

—Tom, ese muñeco me da miedo… parece que está furioso. —El niño lo tomó y lo llevó delante suyo para observarlo mejor, pero no vio nada de eso… al contrario. Sus finas facciones le hacían considerarlo el muñeco más tierno que él pudo haber tenido… era muy bonito.

—Para nada mamá, es muy lindo y es tierno, míralo —ordenó el niño, mostrándoselo a su madre que se percató de que aquella mirada estaba menos intimidante… «—Me estoy volviendo loca—» pensó la mujer.

—Si bueno, tengo sueño… supongo que es eso… me voy a dormir mi amor… sueña con Chantelle —se carcajeó un poco ante la reprimenda de su hijo y salió de ahí con una pequeña sonrisa.

Después de una loca charla de niño a muñeco, el primero se quedó profundamente dormido y el segundo echando casi chispas contra su madre.

¿Cómo mierda se atrevía a decir que Chantelle pudiera estar con SU Tommy? No era nadie, siquiera por ser su madre… Tom solo era de él y para él.

Tras eso solo había cometido un error en hacérselo saber a su hijo y con el muñeco presente.

Puesto que puso una alerta en el juguete que solo le advertía que la vigilara, que tuviera cuidado con ella o con todo el dolor de su corazón o de su Tom, tendría que quitarla del camino.

Continúa…

🙂 Comentarios, críticas o cosas así las tomaría muy en cuenta.
Gracias 😀

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