Fic Toll de Miss Anunnaki
Capítulo 1
No podía ser cierto, no creía que fuera verdad que aquellos ojos de miel pudieran atravesarse por los suyos, y enfocarse entre sí, buscando algún tipo de información. Bill sacudió su cabeza, e intentó sonreír amablemente.
—Buenos días, señor, ¿Qué desea? —Preguntó señalando la cartelera, iba con todas sus buenas intenciones, y era la primera vez que adoptaba aquella mirada tierna.
Pero sus expectativas se desvanecieron cuando la persona a la que hablaba, le contestó de vil manera.
—Dame un maldito café expresso, con esa mierda de muffin negro. —Le dijo mientras tenía su teléfono pegado al oído. Rápidamente su sonrisa se apagó, y acogió aquella postura que siempre se veía en él.
—Oiga, si quiere que lo traten con respeto, primero respete a alguien que se gana el sueldo atendiendo a imbéciles como tú. Y es muffin de chocolate.
Siempre le había gustado ese tipo, siempre se sonrojaba y suspiraba como una colegiala cada vez que le veía ingresar al café en el cual el muchacho trabajaba. Pero jamás le había tocado la oportunidad de atenderlo, y hoy que se presentaba esa suerte, todo se estaba yendo por la borda.
— ¿Cómo dices? —Apartó el móvil de su oreja, le observó indiferente, ofendido y molesto.
Pero él tipo ya venía molesto de antes. Había perdido la ocasión de mostrar sus ideas a una empresa que le prometía un empleo más allá de lo que se esperaba, pero el tráfico no le ayudó y correr tampoco, por lo que perdió el turno y sus ilusiones se fueron directo a la basura.
—Hablas de respeto y me insultas, mejor vete a fregar platos niñita.
Dicho eso, volvió a hablar por teléfono y empezó a caminar para salir del café. Bill lo miró y apretó los dientes, pero antes de que el sujeto se largara, él le gritó:
— ¡Vete, vete con tu mierda de aparato! —Chilló y miró a una señora mayor, le observaba atónita, como todos los que se encontraban en el café.
Se disculpó y el gerente le llamó para hablar en privado.
Honestamente hablando, Bill lo único que sabía del tipo era su nombre. Había chismeado cuando una de sus compañeras le tomó el pedido y colocó el nombre en el vaso de plástico, la muy puñetera había puesto el nombre y un corazón al lado. Bill recuerda que, cuando el dueño de ese vaso lo tomó entre sus manos, leyó su nombre y le sonrió a su compañera, el de pelo bicolor hirvió de celos.
Se dirigió más allá de la puerta marrón, y como era de esperarse, el gerente le regañó por… Ya ni sé cuantas veces van regañándolo.
— Kaulitz, debes aprender a controlarte frente a esas personas, tú sabes que tu puesto está en riesgo.
— Hice mi mejor esfuerzo, pero ese idiota me sacó de quicio —Se quejó tocándose el pelo. Lo tenía atado con una goma elástica, le dolía el pelo de tanto estirarle, pero más le dolía saber que en cualquier momento podrían despedirlo.
— Mira, mejor tomate el día libre, no quiero tener que ver tu dramática escena de «Oh, dios mío, siento que me falta el aire» o de esos de «Me dará una taquicardia». — Dijo el gerente imitando la voz de Bill, moviendo su mano como todo un homosexual salido recientemente del closet.
Aunque Bill había salido del closet hacía bastante tiempo, y todos en el trabajo sabían de su orientación sexual pero no lo odiaban por ser gay, claro que no, solo era un ser humano con un gusto diferente por las personas, en especial por los hombres.
Kaulitz iba a abrir su boca para negarse pero el gerente levantó una mano en señal de silencio, y asintió con la cabeza seriamente, dando por entendido que le daba el día libre. El de pelo bicolor bufó y fue hacía su locker. Se quitó la ridícula gorra gris y soltó su cabello.
Lo tenía por los hombros, y poseía dos colores, su cabello en sí era rubio castaño pero él lo había teñido todo de negro, se había dejado unas mechas rubias para darle un aspecto más sexy a su mirada.
Guardó la gorra y se quitó la camisa del trabajo, se colocó una remera oscura con un estampado de calavera, se dejó los jeans grises. Agarró su bolso y cerró el locker, verificó si tenía algún mensaje de texto o alguna llamada. Tomó una bocanada de aire al ver que tenía treinta llamadas pérdidas y quince mensajes de texto, todos de la misma persona: su mejor amiga heterosexual.
— Esta tipa va a matarme… —Susurró mientras marcaba el número, se mordió el labio y apoyó el teléfono sobre su oreja.
Dieron dos tonos, y de repente oyó:
— ¿DÓNDE MIERDA ESTABAS? ¡ME IMPORTA UNA MIERDA QUE ESTES TRABAJANDO, SOY TU MEJOR AMIGA!
Para ese entonces, Bill había extendido su mano a todo lo que alcanzaba, y aún así podía escuchar el griterío de su mejor amiga.
— Bueno, ya me calmé. —Dijo en tono bajito y tranquilo. Bill acercó de nuevo el aparato a su oreja.
— ¿Qué sucedió? —Preguntó, si había dejado toda esa cantidad de llamadas y mensajes, era porque había algo bueno por allí.
— En realidad, es para decirte si quieres acompañarme a una cita, no quiero ir sola. —Se rió del otro lado la joven.
— ¿Estás loca? —Masculló Bill mientras ponía su bolso al hombro, y se dirigía hacia afuera. —Es tu cita, tú debes ir.
— No, no y súper mega no. —Chilló. —Me acompañaras, además, no creo que sea una cita de todos modos, digo, mi cita estará con sus amigos.
— ¿Me estás diciendo que un idiota está organizando dos salidas al mismo tiempo? —Bill saludó a todos con su mano, y salió hacia afuera, contemplando la ciudad, o un pedazo de ella.
— Bueno, dos salidas… Solo me invitó. —Balbuceó la joven, Bill suspiró.
—Mira, no es una cita si te invita y están sus amigos, es más como un «Ven a rellenar la butaca vacía».
—Oh. —Soltó su amiga con desgano. —Entonces eso era…
Había un silencio por parte de los dos, Kaulitz se imaginaba que su mejor amiga estaría tomando un cuchillo de toda la colección que su padre guardaba en uno de los cajones de la cocina. Pero esa idea se esfumó cuando volvió a oírla.
—Bueno, de todas formas vendrás conmigo. —Dijo en tono seco, y cortó.
A Bill no le había dado el tiempo de excusarse, en verdad no quería arruinar el momento de su mejor amiga con su ligue. Bufó y guardó el móvil en su bolso, comenzó a caminar hacia la parada del autobús. Para enfrentar a su histérica mejor amiga, primero debía llegar a casa, comer algo y dormir una siesta.
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— ¿Cómo es eso de que no vendrás? —Preguntó la joven y puso sus brazos en jarra. —Entonces dime… ¿Para qué mierda viniste hasta aquí? Tu casa queda al otro lado de la ciudad.
Bill se dejó caer sobre el sofá, resoplando y rodó sus ojos. A veces su mejor amiga se comportaba como si fuera su madre, y era que varias veces él le llamaba mamá.
— Está bien, no me pondré más paranoica —suspiró y se sentó en el suelo.
— ¿Estás con el período? —Preguntó el de cabello bicolor.
— ¡Mierda, no! —Chilló. —No lo llames, o vendrá y juro que te mataré, por una gran mierda.
Bill asintió, mirándola un tanto extraño.
— Bien, también debes dejar de decir heces. —Replicó el chico.
— ¿Heces? ¿Qué mierda dijiste? —Frunció el ceño. Bill se echó a reír, pero la chica mantenía aquella mirada de confusión.
— Heces, mi queridísima amiga, es mierda. —Dijo entre risas.
— Oh, ya entendí. Ok, dejaré de decir mierda, maldita sea.
Kaulitz se divertía tanto con su mejor amiga, ella siempre se la pasaba insultando, pero era porque todos en su familia eran hombres, su madre murió cuando ella nació y en su casa solo quedaron los cinco hombres, cuatro hermanos y su padre. Y bueno, ahora ya sabían porque tendía a insultar demasiado.
—Ahora, volviendo al tema de tu cita —Retomó Bill, entrelazando sus manos, inclinándose hacia adelante. —He meditado tu propuesta y, dado a que te comportas como un animal conmigo, no quiero que tu cita salga corriendo apenas te vea.
La mejor amiga de Bill sonrió de lado y saltó hacía él, abrazándolo, eso hizo que ambos cayeran al sofá, ella comenzó a llenarlo de besos por toda su cara, excepto sus labios. El de pelo bicolor se quejaba e intentaba apartarla.
— ¡Basta ya! ¡Me estas babeando toda la jodida cara! —La apartaba con sus manos, pero la mujer insistía.
—Eres el mejor amigo que la mierda de vida me haya podido dar —Decía mientras lo llenaba de besos.
—Está bien, gracias, ¡Pero ahora suéltame, maldita sea! —Jadeaba entre risas.
La mujer se separó de él y se sentaron en el sofá.
Los dos se calmaron y tranquilizaron sus respiraciones. Cuando todo estaba controlado, volvieron al tema de la cita.
—Entonces dime, ¿Quién es ‘tu cita’? —Bill se revolvió la melena bicolor, observando a su amiga.
Ella le hizo una sonrisa totalmente falsa, adoptando aquella dulce mirada que hacían los niños cuando se mandaban una de esas locuras e intentaban disculparse con una tierna sonrisa.
—No vas a poder creerlo, pero es Matt Jackson. —Se quedó mirando a su amigo, esperando su respuesta, pero ante todo, esperando su reacción.
Y ahí fue Bill.
— ¿¡QUÉ PUTA MIERDA LISSA!? ¿¡SALDRÁS CON ESE, EN SERIO, ES EN SERIO!? —Chilló mientras se ponía de pie y gritaba como una niña de quince años.
—Cálmate, mierda —Levantó sus manos en señal de tranquilizarlo, pero Bill suspiró y se sentó en su lugar. —Sí, saldré con él. Estaba pensando en no decirte primero, porque ya sabes, él te ha jodido la vida.
— ¿Pero qué tienes en la cabeza mujer? ¿Acaso no sabes todo lo que ese maldito hijo de puta hizo conmigo?
Mathew Jackson, la pesadilla de Bill. Habían sido amigos en la secundaria, no se despegaban uno del otro, Matt sabía de la orientación sexual del chico de cabello bicolor, y utilizó eso a su antojo. El día de baile de promoción, hacía unos años atrás, sucedió un acontecimiento que Kaulitz jamás olvidará, y que siempre recordaba con rencor, eso consistía en que se proyectara un vídeo inapropiado. Aquí va la historia de dicho contenido.
Bill y Liam, un compañero de laboratorio, se besuqueaban en la sala de laboratorio, los dos empezaron a salir en Marzo de su último año, pero lo hacían a escondidas, ya que la mayoría de ese jodido instituto era homofóbico, claro que también debían de haber otras parejas, y estaba claro que también se ocultaban.
Matt había llevado su videocámara para grabar algunas acrobacias con sus amigos que andaban en skate, y hacían piruetas como si tuvieran hormigas en el trasero. Pasaba casualmente, y en serio pasaba casualmente, por el pasillo y cruzó el laboratorio, hubiera seguido de largo porque no vio nada, pero se detuvo al oír unos gemidos. Se desconcertó al principio, luego de darse cuenta de que se trataba de que alguien le estuviera haciendo un favor al otro, retrocedió unos pasos y fijó su vista por la puerta. La abrió lentamente, asomando su cabeza.
Y Allí los vio, en pleno acto sexual.
Continúa…
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