
Fic Toll de Miss Anunnaki
Capítulo 10
—Gracias por dejar que me quede. —Le decía Bill casi en un susurro.
Estaba dolido, se podía apreciar sus ojos hinchados y el maquillaje corrido, la nariz roja y la voz ronca, casi tenue. Había estado llorando por una hora más o menos y Thomas lo único que podía hacer era abrazarlo y decirle que lo sentía muchísimo, a pesar que no era él quien le metió los cuernos de esa manera tan vulgar y sin códigos.
—No tienes por qué hacerlo —Tom le regaló una sonrisa de compasión, en verdad, no le gustaba ver así a Bill, se sentía un poco culpable. — ¿Algo más que pueda hacer por ti?
El pelinegro negó con la cabeza y tomó la toalla que el de rastas le había tendido segundos atrás. Estaba en deuda con el rubio ya que le había permitido quedarse a dormir, aunque sea, por esa noche en su departamento luego de haber presenciado aquel acto de traición de dos personas que quería mucho.
—Ya hiciste suficiente. —Disimuló una sonrisa. Ambos se miraron.
—Bien, estaré en el living si necesitas algo. —Tom salió de la habitación, y antes de cerrar la puerta y dejar al pelinegro con su intimidad, volteó una vez más para mirarle. —Buenas noches.
El pelinegro asintió con la cabeza en forma de agradecimiento, y se cerró la puerta, hasta la última instancia no se dejaron de mirar. Tom se quedó mirando la puerta, como si en realidad continuara mirando a Bill, echó un suspiro, había sido un día bastante largo y tenía ese final tan triste. Se dirigió hacia el living y se tumbó en el sofá, apenas era miércoles y todavía quedaban dos días para disfrutar del fin de semana.
Tomó el mando pesadamente y encendió el televisor, volteó sus ojos hacia el pasillo, por donde conducía a su habitación y a la de huéspedes, se quedó pensando en Bill y su reacción ante aquel acontecimiento. No podía aguantar ese momento, era como si una parte de él sintiera empatía por él, como si él hubiera vivido lo mismo y estuviera sufriendo. Quería sacarlo a la mierda de ese lugar, pero el shock del momento, y además de que no era nadie para hacerlo, lo rehusaron de cometer cualquier movimiento.
En vez de intentar enfocarse en el trabajo, en las anotaciones, en los argumentos de su jefe, se concentraba más en la triste mirada, en los sollozos y llantos tan desolados del pelinegro. Jamás se había sentido así por alguien, tan culpable como el victimario. Se sentía completamente extraño para con Bill, y pensó que tal vez se trataba de que había sido por pasar tiempo con él y sentirse estúpidamente atraído como una abeja a la miel.
Empezó a cambiar de canal mientras se acomodaba mejor en el sofá e intentaba despabilar toda la jornada. Se quedó cómodamente desplomado en el sillón y continúo haciendo zapping buscando algo entretenido, tal vez una porno o una sexóloga hablando de culos y tetas para intentar sacarse esa absurda imagen del novio de Bill y el otro sujeto. Cerró sus párpados intentando olvidarse de aquello, no tenía nada en contra de los homosexuales, pero era la primera vez que presenciaba a una pareja en acción de cerca.
— ¿Tom? —Escuchó y cuando abrió los ojos, se encontró con el día siguiente. No recordó cómo demonios había conseguido quedarse dormido, pero una molestia por dejar que el tiempo pasara rápido se le venía a la cabeza. Se reincorporó en el sofá, volvió a cerrar sus ojos debido a la luz del exterior. Se acomodó las rastas y continuaba sentado sin abrir sus parpados.
— ¿Qué hora es? —Preguntó dormido.
El pelinegro se fijó en su móvil.
—Son las siete de la mañana. Estuve preparando el desayuno.
Al oír eso, Tom abrió sus ojos y se puso de pie, nunca nadie le había preparado el desayuno, ni siquiera esas zorras que se agarraba en los antros y luego las llevaba a su cama. No, ellas siempre querían todo servido y él debía preparar el desayuno para dárselo a las suripantas.
—No tenías que hacerlo —Comentó él disimulando el asombro mientras se dirigía al baño para comenzar con la rutina.
El pelinegro bufó, ya estaba cambiado, listo para irse a trabajar. Normalmente siempre era él quien le preparaba el desayuno a Shannon, pero como había estado tan acostumbrado, cuando se dio cuenta que estaba haciendo el desayuno en casa ajena y para alguien que no era su novio, sintió un poco de melancolía, pero se desvaneció al instante cuando pensó en la generosidad de Tom al dejarle dormir en su habitación, en su cama, entre sus sabanas.
Oyó una puerta cerrarse, segundos después el grifo de la ducha. Él ya debía marcharse, su turno empezaba en media hora. Logró caminar hasta la habitación de Tom, se quedó parado frente a la puerta del cuarto de baño. Estaba por llamarle cuando su móvil comenzó a vibrar y se alejó rápidamente para estar en el pasillo y contestar la llamada.
—Antes de que digas algo, voy a decirte una cosa primero. —Sentenció Bill antes de que Shannon le respondiera. —Ni aunque traigas un puto ejército de mosquitos, vas a hacerme cambiar de opinión con respecto a nuestra relación. Y que te quede claro, Shannon, entre tú y yo ya no hay nada excepto esos muebles que compramos juntos, y nada más. Adiós.
Cortó la llamada y apagó el móvil. No quería saber nada sobre Shannon y el otro imbécil que arruinó la confianza en sus amigos, ahora ya se hacía la cabeza de que tal vez su ex novio se tiraba a todos sus amigos, y él, como un idiota los hacía entrar en la casa sin saber absolutamente nada sobre eso. Retomó nuevamente lo que estaba haciendo, debía decirle a Tom que ya iba a marcharse y agradecerle por la hospitalidad, ahora tenía que ir con su mejor amiga para que ella pudiera socorrerlo de algún modo.
Tocó la puerta, ya no escuchaba el grifo de la ducha. Segundos después la puerta se abrió y se encontró a Tom con una toalla amarrada a su cintura y sus rastas recogidas en una coleta alta.
—Ah… Yo solo quería decirte que —Le dio un vistazo rápido y luego desvió sus ojos hacia otro lado, a pesar de que ambos tenían la misma fisionomía, el pelinegro trataba a Tom como si él en realidad fuera una mujer y el de rastas él mismo. —Que… Gracias por tu hospitalidad.
Intentaba cualquier cosa por no mirarle, el reojo que le había lanzado antes de que sus mejillas se tornaran un poco rositas, le habían dado indicios de que no era un tipo atlético pero que de vez en cuando se ejercitaba para mantener todo en su lugar. Tom no era como Shannon, Tom era todo natural, sin tatuajes ni pectorales o abdominales bien definidos.
—Oh, lo siento —Se dio cuenta de que estaba en paños menores. —Es que estoy acostumbrado a estar solo.
Sonaba tan fracasado en él que dijera eso, sobre todo porque no era verdad. Tom siempre estaba en compañía, y eso hasta el pelinegro lo sabía, claro, ¿Quien no querría estar en compañía con el guapísimo de Tom? Él era tan buen tipo que todas quisieran estar con él al mismo tiempo.
—Descuida. —El pelinegro negó estúpidamente. —Bien, creo que me iré.
Volteó a mirarle, ambos se quedaron en el pasillo, mirándose a los ojos. Tom no sabía qué mierda le estaba sucediendo que no reaccionaba a los esplendidos ojos color miel del pelinegro, unos similares a los suyos. Se quedó embobado mirándolos, como si fueran una especie de imán o algo parecido, estaba conmocionado con su mirada angelical destruida por el imbécil de Shannon. Aún así, aún con pequeñas bolsas debajo de sus ojos, no dejaba de ser un encanto, no dejaba de ser hermoso.
—Está bien —Dijo él luego de unos segundos. —Espero que puedas continuar con eso, y si necesitas hablar, solo llama. ¿De acuerdo?
Bill asintió, Tom extendió su mano húmeda a modo de saludo. El pelinegro le quedó mirando y después la estrechó.
—Espero volver a verte. —Bill le sonrió.
Deshicieron el agarre y el de rastas carraspeó. Recordó que él debía salir a abrirle.
—Am, toma —El de rastas se fue a la habitación y el otro le siguió. Tom agarró unas llaves que estaban en la mesita de luz y se las tendió. —Estoy seguro que puedo confiar en ti, así que puedes volver cuando lo desees.
El pelinegro le quedó mirando, asombrado por la seguridad que el otro tenía para con él, apenas se conocían y él ya le entregaba las llaves de su departamento.
—Aunque puede ser que ya no vengas más aquí. —Le dijo con algo de decepción.
—Oh, claro que vendré. Vendré cada que pueda, en serio estoy en deuda contigo por todo lo que hiciste conmigo. No sabes cuánto te lo agradezco.
El pelinegro le brindó una sonrisa autentica, una que denominaba amabilidad, se mostraba tan alegre de realizar aquello aún sabiendo que la noche anterior la había pasado fatal. El de rastas le quedó mirando un poco nervioso, verlo sonreír de esa manera le hacía sentir extraño, fue como si esa sonrisa era la causante del terror que le tenía al compromiso. Esa sonrisa tan compradora, tan comprometedora, tan de confianza era lo que temía por el simple hecho de que las mujeres siempre le lanzaban ese tipo de sonrisas cuando le proponían verse una vez más, y él, literalmente, huía como un niño.
Pero esta vez se quedó mirándolo, como si estuviera impresionado en la forma que lo había hecho, como si no le tuviera miedo a pesar de que era esa sonrisa. Sin pensarlo, él esbozó otra, así que ambos se mostraron sonrientes, a Tom se le ponían pequeños los ojos debido a que ejercía un poco más de fuerza de lo normal, aún así lo hacía ver adorable.
—Nos vemos después.
Eso fue lo último que dijo Bill, luego tomó sus pertenencias y salió del departamento en menos de medio minuto. El de rastas quedó mirando la entrada, se quedó pensando en la sonrisa, en sus ojos grandes, en la forma de su sonrisa que utilizó para con él, en el lunar que adornaba su mentón cerca de sus labios. No sabía qué le estaba sucediendo, bien decían que una sonrisa podía cambiar absolutamente todo, pero para Tom, esa sonrisa le estaba destruyendo su interior, más que nada porque ahora no sabía qué le estaba ocurriendo. Claramente podía darse cuenta cuando le gustaba una chica por su físico, siempre había sido así, escogía a las mujeres por su cuerpo y nada más; jamás había pensado en la personalidad o la especialidad de cada una, se había planteado que nada de compromisos, y que solo debía disfrutar de la noche y del cuerpo de la acompañante que estuviera a su lado.
Y en este caso, sentía que todo ese planteo era en vano porque ninguna de esas promesas servía en ese momento. Estaba pensando si de verdad su método estaba aplicado solo en mujeres, porque con Bill, las cosas se habían tornado de otra manera, y eso le incomodaba. Decidió entonces seguir con la rutina, el día apenas comenzaba y él ya andaba con muchas preguntas, dudas y acotaciones que lo mareaban. Necesitaba liberarse de lo que había sucedido.
En la cafetería, Bill intentaba actuar como si nada hubiera sucedido, recordar a Shannon era como tirarle cubitos de hielo por la espalda, pero luego se acordaba de la amabilidad y sonrisa de Tom que lo hacía olvidar. Tomaba los pedidos como siempre, los hacía con un poco de gracia, intentaba ponerle un poco de humor al día. El jueves estaba próximo al viernes y eso le ponía más contento, podía salir tarde o temprano del trabajo y no le importaría retrasarse ya que no había horario definitivo solo porque era viernes.
Cada tanto bromeaba con sus compañeras, a veces ellas le preguntaban si se encontraba bien y él solo asentía sonriente. Bill era caracterizado por su cálida sonrisa, a veces podías verlo sonreír de forma hipócrita, pero cuando lo hacía de verdad podías quedarte admirándolo durante segundos.
—Muchas gracias por su compra. —Le tendió el café y siguió con los pedidos, reconoció la figura de inmediato, desvaneció su sonrisa y el buen humor se fue a la mierda al ver a Shannon frente a él.
Tenía la vista cansada, si te fijabas bien podías notar que tenía pequeñas bolsas, al parecer también había estado llorando, o tal vez era por otra cosa. Aunque Bill nunca había visto antes llorar a su ex novio, así que de seguro estaba muy arrepentido de lo que hizo. Él bufó y tomó un vaso para disimular que se conocían. Shannon tragó saliva.
— ¿Qué haces aquí? —Le preguntó efusivo, no estaba para nada contento y se aguantaba las ganas de gritarle y llorar. —Ya te dije que no quiero saber nada contigo.
Anotó su nombre y luego seleccionó lo que iba a tomar, lo conocía tan bien que no tuvo que preguntarle.
—Bill, necesito que me escuches —Se acercó un poco más al mostrador. —Esperaré hasta que salgas, y aunque te escapes por la puerta de atrás te seguiré.
Una hora después, Bill saludaba a sus compañeras y a su jefe, no vio a Shannon por lo que se alivió. Salió del café y observó que su ex estaba frente a él con su motocicleta estacionada, lista para que él se subiera. Resopló y dejó que su cartera cayera para que la tomara con su mano. Comenzó a acercarse a paso lento, de forma perezosa. Shannon tan solo lo miraba, se sentía apenado, él sabía todas las historias, todo lo que atravesó con sus anteriores novios y verlo de pie, actuando como si nada hubiera sucedido, le hacía mostrar respeto, porque había aguantado tanta mierda que podías verlo de pie y sonriente, sin importar los escrúpulos.
Cuando estuvo a su lado, los dos se quedaron mirando. El pelinegro hacia un esfuerzo enorme por no llorar frente a él, y el otro tan solo quería pedirle disculpas.
—Reservé una mesa en el restaurante de siempre. —Argumentó Shannon. —Si me dejas que te explique, y hacer algo para que me perdones, juro que voy a hacer memorable esa cena.
Leto le miró con sus ojos realmente encantadores, no podías resistirte a su mirada, con esa mirada podía comprar hasta un continente entero. El pelinegro no quería rendirse tan fácilmente, pero estaba tan enamorado de él que le era imposible no hacerlo. Se relamió los labios y deslizó sus ojos hacia el suelo, si continuaba mirándole iba a perder.
—Bill… En verdad lo siento. —Dijo dolido el chico del tatuaje en el brazo. —Daria lo que fuera para que me perdones. Sé que fui un idiota, sé que tuve un desliz pero… ¿A quién no le ha pasado?
A mí, pensó Bill para sí. Él nunca tuvo esa intención de tirarse a otra persona o de coquetear con el amigo de su novio, no estaba en él esos planes, tampoco tenía por qué hacerlo. Si él tenía a alguien a quien a amar, ¿Por qué tenía que «amar» a otra persona? Le parecía absurdo y patético, engañar o traicionar a la persona que le decías te amo era realmente estúpido.
—Shannon…
—Por favor. —Tomó su mano y la entrelazó con la de él. Bill observó la unión de las mismas, su visión se estaba nublando y la nariz le picaba, sintió sus mejillas arder. Estaba sonrojado, aún no podía creer que haya pasado tiempo y que Shannon siguiera provocándole esa sensación.
—Está bien. —Sentenció el de melena bicolor. —Supongo que puedes hacerlo.
Dirigió sus ojos hacia su acompañante. Los de él estaban aguados, no quería llorar pero las lágrimas estaban ahí, mostrándole que a pesar de aparentar ser fuerte, él no lo era. Y era que a veces, por más que querías decir o demostrar que eras fuerte no podías, porque estaba bien sentirse así también, porque somos humanos, porque estaba en nuestra naturaleza sentirnos así. Porque no siempre podemos estar con la cabeza en alto, a veces necesitas quedarte estancado y pensar en estas cuestiones.
— ¿Un beso de reconciliación? —Propuso Shannon.
El pelinegro no podía más con sus mejillas rosas, estaba totalmente rojo como un tomate. Asintió de forma tímida, Leto no podía evitar sonreír ante una imagen tan angelical. Sin otra cosa más que pedir, el de pelo corto y aretes en las orejas, se acercó para besar a Bill, el pelinegro se inclinó ya que él estaba parado y Shannon sentado en la motocicleta. Nadie sospechaba de ellos, claro, Bill lucía como una chica. Se besaron como de costumbre, como si nunca hubiera sucedido lo de la noche anterior, como si él no hubiera sido engañado y el otro la vil rata que le había roto el corazón. Kaulitz estaba enamorado hasta la médula del señor Leto, así que no podía abandonarlo oficialmente. Se moría si lo hacía.
Tom salía como de costumbre, había estado esperando ansioso ese día, no solo porque era jueves sino porque al terminar la jornada de trabajo iría al café a pedir lo mismo de todos los días, y Bill estaría listo para recibirlo. Al salir del inmenso edificio, sonrió en dirección al café, la gente salía apurada y sin ver a su alrededor, por lo que a tientas podía ver el lugar. Comenzó entonces a caminar, pidiendo permiso a veces y otras empujando sin querer pero debido a que iban tan lentos no le quedaba otra alternativa.
Quería llegar y que Bill le esperara ya con su café, sabía sus horarios así que un momento antes se tomaba su tiempo para prepararle el capuchino moca. No sabía porque se sentía tan desesperado por ir al café y ver al de melena bicolor con su café en manos, mostrándose sonriente, con esa sonrisa que le había lanzado por la mañana, una sonrisa que nunca en su vida había podido contemplar con detenimiento.
Cruzó la calle, estaba a unos cuantos pasos de distancia, por poco y corría por tan solo poder verlo, aunque en un segundo se detuvo a pensar por qué lo hacía, por qué tenía esa necesidad de poder mirarle una vez más y admirar su sonrisa angelical, admirarlo a él y a su rostro intangible. Por el momento lo era, porque no había tenido la oportunidad de tocarlo con sus manos, de sentir con sus dedos la piel de sus mejillas o sentir la humedad de sus labios.
Estaba en la misma cuadra que Bill, se detuvo de inmediato cuando reconoció la figura, mejor dicho, las figuras, que salían del café. Tom decidió ponerse a un costado para no ser visto, se apoyó contra un cristal de un negocio de zapatos, una columna a su lado lograba taparlo un poco. El pelinegro había dejado caer su cartera pero en un acto reflejo logró atraparlo con su mano, el otro sujeto tan solo le miraba, también estaba embobado al igual que Tom cuando lo había visto en la puerta del cuarto de baño.
Se sintió confundido, al parecer ellos estaban teniendo algún tipo de discusión pero sin llegar a alzar la voz y a revolearse cosas. Trümper observaba atentamente cada movimiento de labios que efectuaban los dos, podía notar que Bill aún conservaba un poco de lo de anoche, y que en cualquier momento se largaría a llorar de la impotencia de no poder afrontar como quisiera esa situación.
Tragó saliva, tal vez en cualquier momento Bill le golpearía y él tendría que salir en su defensa, pensaba que lo haría en cualquier instante, pero eso se desvaneció cuando vio que Shannon tomó la mano del pelinegro y la entrelazó con la suya. Se impresionó un poco, pues esa no era la situación que esperaba, vio que el pelinegro observó la unión y segundos después lo miró, parecía que estaba llorando. Podría ser que el tipo de la motocicleta le estaba terminando o algo peor, el de rastas se estaba preparando para lo que sea.
Fijó que el de melena bicolor se inclinó ante Shannon, que se encontraba sentado en la motocicleta, y se besaron. Él se quedó boquiabierto, no se esperaba algo como eso, pensó que entre ellos dos ya no había absolutamente nada, pero esa acción demostraba todo lo contrario. Cuando ambos se separaron, el pelinegro sonrió y afirmó su bolso contra el hombro, Shannon le tendió un casco y ambos se colocaron el protector para sus cabezas.
A todo esto, Tom no podía creerlo, de pronto esas ganas de verle sonreír, de verle esperando con su café se habían disipado al instante, y en lugar de eso sentía como un vacío en su interior. ¿Qué le estaba sucediendo? Él nunca se había sentido tan vacío con respecto a alguien o alguna situación, siempre se mostraba superado y positivo, pero ahora sentía que esas dos cosas eran una mierda.
Se limitó entonces a volver a su hogar, no tenía ganas de tomar café, no tenía ganas de nada. Unos sentimientos y sensaciones extrañas llegaron a su ser, y no entendía por qué los estaba sintiendo, era todo tan raro.
Continúa…
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Bill dónde quedó tu dignidad no la tienes tan fácil perdonaste a Leto 🤦