Fic Toll de Miss Anunnaki

Capítulo 11

Se encontraba acostado en su cama, observaba el techo como si una obra abstracta estuviera pintada sobre la misma y él intentaba descifrar el mensaje principal de centenares.

Habían pasado dos días desde que vio a Bill con Shannon, él nunca volvió a su departamento, ni tampoco quería llamarlo o dejarle un mensaje para saber cómo estaba. No tenía ganas, no sentía que era necesario hacerlo, se quedó pensando en esa situación. ¿Cómo era posible perdonar? Se requería amar con todas sus fuerzas para poder perdonar algo como eso, aunque ni él mismo sentía culpa cuando se lo hacía a las chicas, pero verlo a Bill llorando y devastado lo hizo sentir la más mierda de todas las personas.

¿Por qué sintió aquel vacío? Nunca lo supo, tal vez ni siquiera quería averiguarlo porque sabía que la verdad iba a ser realmente sorprendente para él, aunque de apoco las respuestas se iban acercando.

Su móvil empezó a vibrar constantemente, lo tomó al instante y atendió. Uno de sus amigos de parranda lo invitaba a un club nocturno para despejarse del trabajo y poder conseguir chicas. Tom al principio se negó, pero luego de que sus amigos de atrás, en la otra línea, le rogaran, él les dijo que estaría en la casa del que le llamó en media hora.

Se dio una ducha, se higienizó, se puso todo bien chulo para asistir al club nocturno. Debía dejar de lado esa amargura que le había ocasionado aquella situación que no se la esperaba. Y tal como lo había dicho, en media hora llegó a la casa de su amigo, se saludaron y bebieron mientras esperaban las pizzas para irse con los estómagos llenos. Hablaban de las chicas con las que se podían encontrar, intentaban ganar lugar para tirarse alguna y decían quién iba a ir con quien, en este caso Tom no participaba mucho, se refugiaba con su cigarrillo.

— ¿Se acuerdan de la amiga de Lissa? —Dijo Matt mientras le daba un sorbo a su botella, todos asintieron. —Va a estar ahí, claro que la otra también. ¿Alguien se la quiere ligar?

Pronto el resto de sus dos amigos empezaron a discutir sobre quien iría primero con la tal Lina, pero Tom no, él estaba tan serio, sobre todo porque él era el único de los cuatro que sabía la verdad de la amiga de Lissa.

—Es delgada, y me gustan las delgadas. —Decía Sam. —Pero no vayan a pensar cualquier cosa eh, yo digo porque en las épocas antiguas…

—Ay, ya va a empezar con su historia. —Dijo Matt de adrede.

Tom se quedó callado, por un momento quería reírse, burlarse de que creyeran que en realidad Bill era una chica. Continuaron hablando de chicas pero ya no hablaban de Lina, eso alivió a Tom porque no quería escuchar más de él/ella, no era por lo que había visto, si no porque extrañamente no quería oír de Bill.

Las pizzas, risas, y un par de cervezas más atravesaron por el grupo de cuatro personas, Tom cada tanto se reía pero siempre volvía a cerrarse en su burbuja con su cigarrillo. En cuanto estuvieron en el club nocturno no tuvieron que esperar tanto para ingresar ya que Matt conocía al de seguridad y los dejó pasar apenas le vieron. Observaron a su alrededor, la ambientación estaba más que perfecta, aunque no podías ver una mierda, unas luces juguetonas iluminaban de un lado al otro y solo los que portaban prendas claras resaltaban por la luz negra.

—Bien, vamos a pedir un trago, me muero de sed. —Todos siguieron a Matt.

Tom iba último en la fila. Había chicas con vestidos cortos a pesar de que afuera hacía un poco de frío, todos parecían estar divirtiéndose, era una noche realmente esplendida para tener un poco de ocio.

El de rastas era observado por unas chicas, las pocas que se percataban de sus rastas rubias, no era tan común ver a un tipo con ese tipo de peinado, ni mucho menos que lo dejaran ingresar, así que les llamó mucho más la atención. También porque Tom no era para nada feo ni horrible, él tenía su estilo y no había que tacharlo de un patito feo cuando era todo lo contrario.

Mucho él no le daba importancia, más se concentraba en encontrar a Bill, aunque claramente tendría que decirle Lina porque ninguno de sus amigos sabía la verdad.

—Estás vivo. —Escuchó detrás.

Se giró de inmediato al notar esa voz familiar. Cuando pudo postrar sus ojos en la persona, una sensación extraña lo abrazó y desapareció al instante, el pelinegro estaba frente a él sonriente y con un daiquiri en mano.

—Oh, Bill —Le dijo asombrado, el otro tan solo le mostró una sonrisa.

Estaba tan deslumbrante como siempre, el maquillaje y la ropa lo hacían ver como una chica, por un momento Tom tenía un pensamiento depravado con respecto a él, y más, luciendo unos borcegos oscuros, un pantalón de jean negro y una remera con burbujas de metal con tirantes que le colgaban. Llevaba el cabello medio alisado y medio rebelde, como si pareciera un león. Sus ojos estaban perfectamente delineados, la sombra resaltaba el color de sus ojos y los labios carnosos que brillaban por el gloss.

Increíblemente Tom no sabía cómo reaccionar ante su presencia, se veía toda una diva, tan femenina, tan delicada y angelical, claro, pero esa sería su definición si fuera verdaderamente una mujer.

— ¿Estás solo? —Preguntó alzando un poco su voz, pero el rubio negó y se señaló el oído haciendo una mueca, indicándole que por la fuerte música no podía oírle de forma clara. El pelinegro se echó a reír y se acercó más a él para hablarle al oído, le repitió la pregunta.

—No, estoy con Matt y tres amigos. —Le contestó acercándose a su oído.

Bill dejó de sonreír, su mejor amiga no le había dicho una mierda sobre la llegaba de Jackson al club, tal vez no quería alterar la salida y que ella terminara yendo sola, por un segundo quería enojarse pero recordó que eso estaba en el pasado y que Matt no podría acordarse de él porque en aquel entonces tenía otro estilo y otro corte de cabello.

—Oh, bueno, entonces te veo después. —Dijo a medida que se iba alejando, pero antes de que lo hiciera Tom le tomó del brazo, el pelinegro se giró rápidamente para observarlo sorprendido.

— ¿Sucede algo? —Preguntó con el ceño fruncido. Observó la unión y luego volvió a mirarle.

— ¿Cómo va entre tú y Shannon? —Quería saber, la curiosidad lo mataba, y él era uno de esos tantos gatos que les gustaba la noche y la curiosidad.

Al de melena bicolor se le revolvió el estómago. Le dio un sorbo a su bebida antes de contestarle, debía tener la garganta preparada para soltar esas palabras.

—Terminamos, hoy precisamente. —Dijo de forma neutral.

A Tom le pareció rara la forma en que lo había dicho, ya que cuando había visto a su ex con su amigo en la cama, su corazón se había roto en mil pedazos y sus ojos derramaban lágrimas a más no poder. Además, también los había visto a la salida del café de muy buen humor, bueno, no tanto, pero al final todos eran felices.

— ¿En serio? —Le preguntó confundido, no tenía en claro muy bien sus ideas.

—Por supuesto —Dijo Bill con mucha seguridad. —Claro que quiso remediar las cosas al día siguiente pero al final de la jornada fuimos a cenar y luego a casa, ahí fue que le dije que en verdad no podía seguir con eso porque ya me habían dañado bastante como para volver a soportarlo, y yo necesito a alguien en mi vida que solo me quiera a mí y que no tenga que ir a buscar compasión a otra parte.

—Oh, cuanto lo siento —Dijo apenado.

El pelinegro negó con la cabeza y le dio otro sorbo.

—No hace falta, ya lo superé. Hoy terminé de mudar mis cosas al departamento de Lissa, viviré con ella desde ahora.

El de rastas podía ver que detrás de todo ese maquillaje se ocultaba un rostro destrozado, con bolsas debajo de sus ojos, con la mirada cansada. ¡Pero qué maravillas realiza el maquillaje!

Continuaron hablando, Tom intentaba hacerle reír con sus bromas estúpidas, y lo conseguía. Jamás se había sentido tan contento de animar a alguien con sus porquerías, con sus anécdotas bromistas y sus puntos de vista graciosos. El de melena bicolor realmente se reía de sus bromas, le encantaba pasar tiempo con él, le gustaba reírse con él. Los dos se sentían cómodos, era como si fueran amigos de toda la vida y ahora pasaban el tiempo en clubes y bebiendo daiquiris.

Bill le contaba que en el departamento de su amiga, las cosas se habían tornado un poco difíciles ya que también vivía otra amiga y apenas pudieron entrar los muebles y la ropa. Él les dijo que solo era temporal y que hasta que no consiguiera un lugar donde dormir, se iba a tener que quedar allí. A todo esto, a Tom se le ocurrió una idea, y no dudó ni un segundo en hacérselo saber:

—No sé qué vas a pensar al respecto de esto. —Dijo mientras movía su cabeza de un lado a otro al ritmo de la música. Bill estaba apoyado sobre la barra y le miraba atentamente. —Pero… ¿Recuerdas que te di las llaves de mi departamento?

Kaulitz le quedó mirando pensativo pero también sorprendido por sus palabras. Claro que Lissa le había dicho de preguntarle si se podía quedar en su departamento por un tiempo, pero no sabía si al chico de rastas rubias le iba a agradar la idea, y ahora se lo proponía.

—No quiero molestarte, Tom. —Dijo negando con la cabeza, claramente se moría por encontrar un lugar. —Es tu espacio, invadiré tu privacidad, ya sabes.

El otro empezó a reírse de las ocurrencias de la diva, claramente tenía temporadas en que se tiraba a media población femenina, pero había otras veces que preferiría estar solo y en compañía de una buena taza de café cargado. Siempre se preguntaba qué sería de su vida si compartía el departamento con alguien, cómo sería la convivencia entre él y otra persona. Bueno, esa opción acababa de surgir.

—No molestas —Le dijo con una cortés sonrisa, lo que hizo que Bill le mirara con mucha atención. Cuando veía a Shannon sonreír se le formaban hoyuelos en sus mejillas. Cuando Tom sonreía, sus ojitos se ponían pequeños y las arrugas le acompañaban pero eso lo hacía ver aún más lindo.

—Es más, creo que te haría bien, yo casi no estoy en todo el día. —Le hizo señas al barman para que se dirigiera a él. —Solo en la noche, y de paso podrías ayudarme a pagar la renta… Esta temporada se está poniendo pesada.

Se rió, el pelinegro pensaba su propuesta. No sabía si era correcto aceptarlo, además porque al principio de todo quería saltarle a la yugular, o tal vez Tom también tenía ganas de eso y solo quería aprovecharse del pobre Bill.

—Una cerveza. —Le dijo al tipo y éste asintió. Momentos después le tendió una botella al de rastas y sonrió en forma de agradecimiento, volteó sus ojos para ver al pelinegro y aún continuaba mirándole. —Entonces… ¿Qué dices?

La diva estaba debatiendo en su mente, se hacía muchas hipótesis de lo que podría suceder en el departamento y no todas eran agradables.

—Ah, bueno —Comenzó. —podrías ayudarme y yo ayudarte, creo que sería un buen trato para ambos.

—Está hecho. —Dijo el de rastas. Levantó su cerveza en alto y le miró. —Hay que celebrarlo.

Los dos chocaron sus respectivas bebidas y bebieron con entusiasmo. A Tom no se le podía haber ocurrido una idea mejor que esa, la verdad que ni siquiera él sabía por qué lo había hecho pero se sentía a gusto de hacerlo.

Continúa…

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por MissAnunnaki

Escritora del Fandom

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