Fic Toll de Miss Anunnaki
Capítulo 12
La mudanza había sido concluida, en todo lo que restaba del fin de semana se habían encargado de mudar todo al departamento de Tom, claro que Lissa no podía creer una mierda que eso estuviera sucediendo, se contenía de chillar como una fangirl frente a sus ídolos.
El lunes por la mañana iba a cambiar rotundamente sus vidas, sobre todo porque la convivencia soñada que Tom esperaba había llegado. El pelinegro preparaba el desayuno, ya era costumbre que lo hiciera. Por la entrada apareció Tom con una de sus anchas remeras y unos pantalones cortos, aún le costaba aceptar que había alguien más en su casa pero se lo tomó con tanta naturalidad el hecho de que casi andaba en paños menores.
—Buen día. —Dijo el pelinegro, tenía un delantal de cocina rosa pegado a su ropa de trabajo, ya estaba listo para irse a trabajar y solo tenía tiempo para desayunar con el de rastas.
—Buen día. —Le contestó el de rastas mientras se sentaba en la silla para desayunar. —Esto lo descontaré de tu parte.
Le dijo a modo de broma, Bill le sirvió una taza de café como si estuviera en su trabajo, se lo colocó frente a él y le puso todo a su alcance. Él también se sentó pero frente al muchacho y comenzaron a desayunar tranquilos, de fondo se escuchaba la radio local que pasaban los éxitos más destacados del momento. El pelinegro soltó la cuchara cuando escuchó una guitarra y batería que sonaban firme, y luego, una voz que le hizo estremecer.
Se quedó mirando a la nada, Tom lo notó y no pudo evitar preguntarle.
— ¿Te encuentras bien? —Le miró con curiosidad.
El pelinegro alzó la vista y le quedó mirando, sintió que sus ojos se cristalizaban. Trümper cambio su aspecto, dejó todo y se levantó de la mesa para acercarse a él. La canción se trataba de un desamor, o de un amor que no llegó a ser, o tal vez de que a alguien se le rompía el corazón en mil pedazos pero aún así lo seguía amando.
—La canción. —Dijo cuando Tom agarró una silla y se puso a su lado. —Esa canción es de Jared, de su banda en realidad.
Tom observó la radio que estaba detrás de él, y luego al pelinegro. ¿Acaso estaba hablando de su ex? Al parecer así era, pero el de rastas no quería que llorara de nuevo frente a él, así que quiso apagar la radio pero un agarre se lo impidió. Cuando quería ver, Bill le sostenía el brazo sin mirarle.
—Déjalo, supongo que también me hace recordar buenos tiempos.
Él suspiro, Tom volvió a su lugar y solo se quedó mirándolo. No sabía por qué de repente se había puesto así, pero tenía los indicios necesarios para rescatar que ese tipo que estaba cantando tan apasionadamente, se trataba de uno de sus ex novios. El pelinegro no tardó tanto en hablar, quería apaciguar un poco el nudo en la garganta, y sabía que era el momento de contarle un poco de su vida.
—Jared, es el hermano de Shannon. —Los dos se miraron, el de rastas se sentía confundido. —Es una larga historia.
Ya lo tenía fríamente calculado, el de ojos azules sabía cómo terminar una relación; dedicarle esa canción le haría saber lo que sentía al respecto sobre la situación que ambos estaban atravesando.
El pelinegro era joven, su cabello le llegaba un poco menos de los hombros, se veía tan niño. Bill estaba en la sala de ensayo junto con los miembros de Mars, se tenía que acostumbrar a la vida de un cantante, de músicos en realidad. Siempre que salía de la jornada escolar iba a verlos en el estudio que quedaba en el centro de la ciudad, esperaba un poco paciente a que Jared, el chico de ojos azules, saliera de ensayar.
Bill estaba tumbado en el sofá de espera, siempre aguardaba ahí para no molestar a los miembros de la banda. Tecleaba con su móvil a su mejor amiga, hablaban de chorradas del colegio, les sacaban el cuero a unas idiotas que se la daban de guapas pero por estar pintarrajeadas pasaban desapercibidas. La puerta se abrió y él se acomodó para quedarse sentado, la asistente de Jared le mostró una sonrisa e ingresó cerrando la puerta.
—Jared quiere que esta vez vayas a verlos ensayar. —Le dijo contenta, ni ella sabía lo que al pobre le iba a suceder.
El pelinegro no podía creerlo, al principio de la relación él rogaba por presenciar esos ensayos, pero ahora ni quería aparecer por allí debido a que quería que su chico respirara y tuviera su espacio. Se puso de pie y guardó su móvil, dejó la mochila sobre el sofá y los dos salieron de la habitación. Por el pasillo se encontraban muchos discos, de platino y de oro, de diversas bandas de la disquera que iban a ensayar en sus días y horarios.
Ingresaron a la sala de ensayo, la asistente lo dejó con los chicos y ella se fue a la otra habitación para verlos con el productor. Jared estaba de espaldas, su amigo Tomo le hizo una seña con la cabeza y él se giró. Le mostró una sonrisa cínica, de esas que sentías que algo malo te iban a hacer, Leto se acercó a él y se apartaron un poco como para que nadie pudiera verlos.
Shannon estaba en su lugar con la batería, a cada tanto los miraba, claro, ya sentía algo por el pelinegro. Estos tipos eran unos depravados y pedófilos, debía admitir, Bill tan solo tenía diecisiete años.
— ¿Qué sucede que de pronto puedo entrar a los ensayos? —Le preguntó sonriente. Observó el collar que consistía en líneas que tenían un significado un tanto extraño para él, y llevó sus ojos hasta los azules de Jared.
—Necesito que escuches esto con atención. —Le dijo serio. —Quiero que sepas que pase lo que pase, nunca dejare de amarte.
Ahora Bill no entendía una mierda, no sabía a lo que se estaba refiriendo.
—Me estás asustando. —Dijo intentando reírse de los nervios.
Sin decir nada, Jared se le acercó para besarlo pero el pelinegro sintió algo distinto en aquel beso, como si algo le estuviera dejando, como si una parte de él lo estuviera abandonando, y así era, Leto se estaba despidiendo. Se alejó de él, Bill le quedó mirando. Tal vez había escuchado mal y le iba a dedicar una canción que simbolice su amor, la unión que ambos tenían.
El cantante les dio la indicación a los miembros de la banda, por lo cual empezaron a entonar las notas.
—Esto es… The Kill. —Dijo, y empezó a cantarla.
—Así fue como rompió conmigo por primera vez. —Le dijo el pelinegro al de rastas. —Claro que me fui corriendo de allí al terminar de oírla, estaba llorando como un condenado y no quería que nadie más me viera así. Unos meses después, cuando él volvió de una gira corta, me llamó y me pidió para volver, claramente lo hice porque lo amaba tanto.
Echó un suspiro, la canción había terminado seguido del locutor promocionando su disco, aún seguía vigente, esa banda tenía mucho éxito. Tom ahora entendía un poco más los sentimientos de Bill, sabía cómo actuaba frente a alguien. También sabía que era una persona que no le iba bien en el amor, porque ya sabía de la relación de los Leto y que ambos fueron un fracaso.
—Supongo que no estás esperando al indicado —Habló Trümper. —Las personas siempre buscan consuelo en otras personas, o simplemente una vez que se ata a alguien no puede estar solo después de romper una relación.
—Estuve con tres chicos en mi vida, todos fueron una mierda. —Dijo más calmado. —Los tres terminaron conmigo, no sé si yo soy la persona que no encaja o ellos conspiraron contra mí.
—Creo que simplemente debes esperar, la paciencia es una virtud. —Dijo y luego bebió de su café
—Si tan solo yo fuera paciente… —Bill alzó sus cejas. —En verdad, no sé porqué existen las parejas, ojalá no existiera ese sentimiento de enamorarse, de besar a alguien.
—Créeme que si eso no existiera, el mundo sería mejor, o peor, depende de tu punto de vista. —Comentó el de rastas. Se impresionó un poco de sus palabras, básicamente a él le importaba una mierda las relaciones, le tenía un poco de pánico al compromiso.
El pelinegro asintió comprendiendo el punto al cual el de rastas quería llegar. Por lo menos no lo atormentaba como Shannon u otros de sus ex novios lo hacía, le decían cosas sobre ello, como por ejemplo «Por idiota te sucede eso», o, «Si te hubieras dado cuenta…». En cambio Tom lo único que quería hacer era animarlo de alguna manera, nunca quiso echar atrás a nadie, ni siquiera él mismo lo hacía, ¿por qué tendría que hacerlo con otras personas?
—Bueno, será mejor que terminemos de desayunar y vayamos a trabajar antes de que nos pateen el trasero. —Dijo el de rastas sonriendo.
El pelinegro le quedó mirando risueño, le agradaba cuando su amigo le sonreía, porque se le achicaban los ojos y sus pómulos se acomplejaban y se ponían duritos. También se podían notar diminutas líneas de arrugas a los costados de sus ojos, era tan adorable verlo sonreír.
— ¡Claro! —Dijo Bill con entusiasmo.
Los dos comenzaron a desayunar tranquilamente, aún tenían un poco de tiempo para alimentarse e irse luego, cada uno, a sus respectivos trabajos.
El de melena bicolor lo hacía de una manera tan fina, tan sofisticada. Bebía su café alzando el meñique, algo que a Tom le hizo reír en voz baja, ya que solo lo había visto en mujeres. También observó que comía como un gatito, que daba suaves mordiscos y se tomaba todo el tiempo del mundo para masticar, importándole poco si lo hacía más de treinta veces.
Con su rareza para comer, el de rastas continuaba en lo suyo. Observó como el pelinegro tenía todo tan ordenado a su alrededor, ni siquiera había restos de migajas de pan o gotas de café por la mesa. En cambio, él tenía todo desordenado, la cucharilla estaba al lado de la taza y estaba con un pequeño charco de café a su alrededor, y unos cuantos granos de azúcar adornaban su parte de la mesa. Las migajas parecían darle el toque final a la batalla campal de su lado.
Por un momento se sintió un tanto avergonzado por su desaliñada manera de desayunar en la mesa frente a un invitado, un ardor se asomó a sus mejillas demostrando la vergüenza en ellos. Alzó la vista y se dio cuenta que el pelinegro le miraba con algo de preocupación por su rostro, él ya había terminado. No había comido mucho, al parecer él llevaba una dieta estricta, a Tom le sorprendió eso; a menudo los chicos comían como cerdos al chiquero y les importaba muy poco el tema del peso.
—Bien, yo me voy. Luego me envías un mensaje para saber que voy a hacer de cenar —Le dijo Bill mientras se ponía de pie e iba por sus cosas.
Se fue a su habitación y Tom quería alcanzarlo pero no había terminado de desayunar. Se metió el resto de las tostadas con mermelada a lo bruto, y se puso de pie tomando su taza de café para luego beberlo de forma fugaz. Alcanzó a Bill cuando este ya estaba por salir por la puerta, se paró frente a él y el pelinegro casi saltó del susto. Le miró un poco extraño y aguardó a que el otro pudiera hablar.
—Puedo llevarte, sabes que puedo hacerlo. —Le dijo luego de haber tragado el desayuno.
El pelinegro abrió la puerta.
—No es necesario Tom, ya hiciste mucho por mí. —Le dijo mientras salía.
—Insisto. —Se acercó un poco, el pelinegro sintió su aroma a café y eso le recordó a Shannon, pero en él ese aroma era más dulce y se sintió a gusto de sentirlo. —Tu trabajo queda cerca de casa, no tengo problema.
Bill exhaló el aire mientras no dejaba de mirarlo, hubo un momento de silencio pero a ninguno pareció molestarle. El pelinegro tenía mitad del cuerpo adentro del departamento y la otra mitad en el pasillo.
Tom se perdió en aquellos ojos color miel, similares a los suyos, pero los de él eran más sublimes, poseían un brillo incomparable a otras miradas. Con el perfecto delineado sobre sus párpados y el brillo labial, el rostro angelical de Bill lo había hipnotizado, nunca antes había visto a un chico producirse tanto para ir a trabajar, pero no le quedaba mal, todo lo contrario, lo hacía destacar entre la multitud.
Podría haber continuado mirándolo, si no fuera por la persona que se interpuso entre ellos.
— ¡Hola Tommy! —Dijo con voz chillona una chica rubia. Ambos se separaron y Tom abrió del todo la puerta.
La chica era su vecina, y de vez en cuando se colaba en su departamento para poder tener un poco de diversión. Tenía la nariz respingada, unos labios finos y rosas, los ojos verdes y una sonrisa compradora. En cuanto a su cuerpo, se notaba que se esforzaba por destacar el culo y las tetas, usaba siempre ropas ajustadas, prendas que le marcaran totalmente aquellas dos cosas que solo las mujeres podían utilizar para dominar a los hombres.
—Oh, hola Gema —Le dijo Tom mientras observaba su tan provocador cuerpo. Pronto él se olvidó completamente de Bill y que tenía que llevarlo a trabajar, siempre que observaba a su vecina tenía unas ganas inmensas de tirársela. Intentó disimularlo, pero en cuanto vio que Gema le sonrió, perdió la batalla.
Continúa…
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hola Gema jumm hombres todos son iguales