Fic Toll de Miss Anunnaki
Capítulo 13
El turno ya había terminado, veía como la gente de a poco se iba yendo, el pelinegro debía esperar a que todos abandonaran el local para poder comenzar a limpiar y ordenar todo para el día siguiente. Se había ofrecido a quedarse hasta tarde, no quería regresar al departamento de Tom porque de seguro estaría ocupado.
Luego de toparse con la vecina del chico de rastas, hubo un par de indirectas e inmediatamente Trümper cambió de idea de llevar al pelinegro a su lugar de trabajo, por lo que amablemente tuvo que decirle a Bill que no podría llevarlo, a lo que él le dijo que no había ningún problema. Por dentro, odió a la rubia por no permitirle a su compañero de departamento llevarlo a su trabajo, nunca había odiado a una mujer cuando se acercaba a un hombre pero a ésta en particular no le cayó para nada bien.
—Buenas noches, Bill —Le dijo el gerente, siempre era el último en abandonar el café.
El pelinegro alzó su vista del suelo y le saludó con la mano en alto, vio que cerró la puerta tras su paso y desapareció al instante. Se quedó mirando la puerta de cristal un momento pensando en el día de mañana, apenas era lunes y él ya quería que sea sábado para descansar un poco más de la cuenta. Observó que alguien se acercaba a la entrada, cruzando la avenida. Entrecerró sus ojos un poco para poder ver mejor y descubrió que uno de sus colegas se acercaba con unas gafas de sol.
Suspiró y empezó a ir hacia la entrada para evitar que ingresara. El otro individuo se quedó parado del otro lado al ver que el pelinegro iba en su dirección. Bill se frustró y sin más vueltas abrió la puerta, una suave brisa golpeó su rostro acompañado de un familiar perfume. Eso lo hizo estremecer por dentro, hacía tanto que no sentía esa fragancia cerca de él.
— ¿Qué haces aquí? —Le preguntó serio mirándolo de forma amenazadora.
El otro sujeto se quitó las gafas para poder apreciar con sus ojos al pelinegro. Se quedaron observando por unos instantes, luego Bill abrió del todo la puerta para poder ingresar, y cuando lo hicieron, Kaulitz cerró la puerta con llave por seguridad.
—Vine a verte —Le contestó la pregunta un rato después mientras se sentaba en un taburete alto, se dirigió a él con la mirada y apoyó un brazo en el mostrador. Bill se cruzó de brazos, estaban a una distancia que no los incriminaba a algo.
—Ya te fue con el chisme, ¿verdad? —Dijo adrede el pelinegro, el otro sonrió, divertido en la manera en la cual lo había dicho.
Con su sonrisa había dado por entendido de que era cierto lo del chisme, Bill bufó y miró sus pies, su ex ya había esparcido por todos lados el rumor de que ellos habían terminado. Eso le molestaba, no podía guardarse nada, no podía poner todas las situaciones en privado.
—Tranquilo, solo lo sabemos las personas que nos preocupamos por ti —Intentó arreglar ese alboroto.
El pelinegro no podía evitar reírse ante aquello, ¿A él le importaba Bill? Ni él se lo podía creer, tal vez era una manera para despertar aquellos recuerdos de ambos y poder empezar a cuestionar el por qué del final.
—Mira Jared —Le dijo cuando se calmó un poco. —No te importé en su momento, ni tampoco creo que te importo ahora.
El que estaba sentado saltó para ponerse a centímetros de él, Bill retrocedió pero unas manos tomaron su rostro para lograr que se enfocara en su oponente. Sus ojos se abrieron un poco más, impresionado de la actitud que Jared, su ex, había tomado para con él. Sintió unos recuerdos invadir su mente, sintió la frescura de su aliento cuando le decía que no se quedara dormido aún, que permaneciera despierto porque tenía miedo de que todo fuera un sueño.
Bill tan solo tenía diecisiete años, era menor de edad, no tenía la más puta idea de las trampas del amor.
—No digas esas porquerías —Le dijo mirándole a los ojos. Bill se estremeció al ver los ojos azules de Jared. —Siempre me importaste, el hecho de que no te lo pregunte siempre, y que no me contestes cuando te llamo, no significa que no lo haga.
A Bill se le cortó el aire en ese momento, que su ex le dijera eso realmente le conmovió, pero no quería dejarse llevar por esas mentiras, porque así fue como logró enamorarse de él, y ahora solo eran amigos.
—No… —Susurró el pelinegro mientras tomaba las manos de Jared y las apartaba. —No lo vuelvas a hacer. No entiendo por qué vienes aquí, no sé qué quieres lograr con todo esto.
Se separaron, Jared lo observaba con pena y compasión, aún seguía amando al pelinegro y sus relaciones con el mundo de la música lo habían obligado a abandonarle, porque ninguno de los dos iba a resistir la separación, además de que Bill era un adolescente, no podía abandonar el país ni sus estudios.
—Sabes que me preocupo por ti, solo eso —Dijo él y empezó a alejarse para no crear más intimidad entre ellos.
El pelinegro tomó un trapo amarillo y el gatillo con desinfectante para pasarle a las mesas. El de ojos azules recorrió el mostrador buscando la radio, conocía un poco el lugar, un par de veces lo había visitado y él, siempre al final, lo sacaba a patadas debido a la intención sexual que tenía Jared para con él. Mientras tanto, el pelinegro meneaba un poco su trasero mientras hacía círculos con sus manos limpiando las mesas de madera barnizada. Una música pegadiza reinó en el lugar y él se detuvo, se irguió y observó el mostrador. Jared salía sonriente, había elegido una canción movediza y totalmente bizarra.
Bill bufó logrando mover un mechón de pelo de su rostro.
—No puedo creer que aún sigas haciendo el ridículo. —Le dijo Bill, arrojó el trapo sobre la mesa.
—Lo sabes —Dijo Jared mientras se acercaba a él mordiendo su labio inferior, dándole una mirada divertida, al tiempo que movía sus hombros al compás de la música como si se tratara de una canción de salsa. Se echó a reír de su patética actuación, solo cuando estaba con alguien que le transmitía absoluta confianza se mostraba extrovertido y bromista. Caminó hasta acercarse a él y le tomó de las manos convirtiendo el Café en un club nocturno.
—Jared… Esto es ridículo —Decía Bill mientras el otro le daba una vuelta, se mostraba serio y sin ganas, pero a él también le encantaba esa canción estúpida.
—Deja de ser tan amargado, antes no eras así —Le dijo intentando animarlo, quería hacerlo, romper con un Leto era el infierno. —Sabes por qué lo hago, ¿verdad?
El pelinegro se detuvo quedando cara a cara con su oponente, sintió que algo raro iba a suceder pero ni siquiera quería moverse de su lugar, se quedó ahí, quieto, esperando a que el otro dijera alguna palabra.
—No lo sé, supongo que fuiste un buen amigo al principio, debe ser por eso.
Contestó Kaulitz mientras observaba con detenimiento los ojos de Jared Leto, siempre le habían cautivado sus ojos, siempre le agradaba la forma en que lo hacía. Lo miraba como si Bill fuera un pequeño gatito que había sido arrojado a la calle, y él lo tomaba entre sus manos para estrecharlo contra su pecho, darle cariño y calor.
El pelinegro tragó saliva, en un intento por despabilar aquellos recuerdos, él siempre le recordaba, en realidad recordaba a todo el mundo, todos fueron parte de él, así que jamás iba a poder olvidarse de esas personas.
—Y si te dijera que aún permaneces en mi mente. —Habló con determinación Leto.
Bill no sabía qué decir ante esas palabras, quería salir corriendo, darle una patada y sacarlo del Café pero no quería hacerlo. Es decir, quería y no quería, estaba indeciso.
—No empieces con eso, no quiero terminar llorando como siempre —Se alejó de él y retomó su trabajo.
Jared se quedó esperándolo, en realidad no sabía por qué lo esperaba, tan solo se había quedado ahí sentado viendo como el otro limpiaba, en un momento se ofreció a ayudarlo para que terminara rápido pero el pelinegro le remarcó que él «era una estrella de rock» y que por lo tanto «tenía que tener todo servido», dejándole en claro que Jared no se rompería una uña por alguien, pero por Bill lo haría.
Media hora después, Bill tenía su bolso al hombro y el cabello suelto. Jared se colocó las gafas y le dijo:
— ¿Quieres ir a cenar? —El pelinegro le dio una mirada mientras avanzaba hacia la salida.
—No estoy para juegos —Le dijo de mala gana. —Además tengo que preparar la cena para un amigo.
—Oh, claro, ese tal…
—Tom, mucho gusto —Dijo el de rastas mientras extendía su mano. Los tres estaban parados en la puerta del departamento de Trümper, el pelinegro quería asesinarse por haberse dejado convencer de que Jared le dijera de conocer al chico de rastas que había jodido la relación, según Shannon.
El de ojos azules le quedó mirando raro, no entendía como un tipo como él podía llevar todo el cabello sucio por todos lados, vaya uno a saber qué olor debe tener esas asquerosas rastas.
—Ah, Jared —Le dijo y estrecharon sus manos.
El pelinegro tan solo los observaba. Se dio cuenta, por la mirada de Jared, cosa que Tom no podía notar, que no le agradaba en lo absoluto. Parecía un padre que cuestionaba los gustos de su hijo, pero ni siquiera el verdadero padre lo hacía, ya que lo había echado de su casa al enterarse que era gay.
—Así que tú eres el nuevo amigo de Bill, ¿verdad? —Preguntó en un tono particular. Tom estaba un poco sorprendido de conocer a otro de los ex novios del pelinegro, no entendía cómo, después de romper una relación, aún podían verse y aguantarse.
Él mantuvo la calma ya que ese no era su asunto, pero una chispa en su interior le hizo sentir extraño, no le agradaba tener que verle la cara a una persona que logró hacer llorar a Bill en más de una ocasión. Lo detestaba sin conocerlo bien.
—Solo le doy una mano hasta que pueda establecerse, es todo. —Intentó sonar pacifico pero a cada segundo la irritación sin sentido comenzó a notarse. El menor de los Leto se fijó en el pelinegro, éste tan solo estaba un poco sonrojado, pero no sabía por qué. Necesitaba decirle algo antes de marcharse, así que le dijo al de rastas:
—Podrías dejarnos un momento a solas, ¿por favor?
El de rastas le quedó mirando serio, luego volteó sus ojos hacia Bill y él solo asintió en señal de que lo hiciera. Entonces Tom cerró la puerta despacio y los dejó solos.
—Parece buen tipo —Comentó Jared con cinismo. —Si tan solo se quitara esa maraña de pelo horrible.
—hey… —Susurró frunciendo el ceño el pelinegro. —Te puede escuchar.
Jared alzó los hombros como si fuera un niño pequeño que no le importaba si decía una grosería en frente de su madre. Observó la puerta, verificando que estuviera bien cerrada, el pelinegro también observó la puerta. Cuando quiso voltear para ver a Leto, se encontró con que éste se le acercó y le besó. Se quedó con los ojos abiertos de par en par mientras las manos de Jared sostenían el rostro del pelinegro, el otro tenía los párpados cerrados y movía su boca pero Bill de la sorpresa no podía hacerlo. Sus brazos se quedaron en el aire, como si fuera que iba a asustar a alguien, se quedaron a la altura del torso de Jared y se hizo para atrás mientras sentía los labios perfectos de Leto.
Unos instantes después, cuando saboreó un poco los labios de su ex, se separaron y el de ojos azules le sonrió tiernamente. Sabía que en Bill todavía podía encontrar un poco de amor y que no lo había olvidado completamente como se lo pensaba. En cuanto estuvo por hablar, el pelinegro le dio una cachetada que hizo un sonido estúpido, como si una chica le pegara.
— ¡Eres un idiota! —Le reclamó el pelinegro. —Y no lo vuelvas a hacer.
Se mostraba enfurecido, tenía el entrecejo fruncido, le miraba con ojos fulminantes. Jared puso su mano sobre el lugar donde recibió la cachetada, había sonado por todo el pasillo y pronto el ardor en esa zona se convertiría en una mejilla roja con la marca de la mano de Bill.
—Ahora vete, no quiero volver a verte, y si lo haces, antes te extirpo las pelotas.
Lo espantó con la mano mientras ponía la llave en el cerrojo.
—Le diré al portero que te abra la puerta —Fue lo último que le dijo antes de cerrar la puerta para no verlo más.
Continúa…
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